La industria cinematográfica norteamericana nos ha enseñado cómo vender un producto y hacerlo tan visible, tan perpetuamente innovador, que lo encontramos atractivo hasta un cierto punto. El cine ha dejado de ser una experiencia de divertimento, para afianzarse en la publicidad de daños colaterales, y siempre haciendo énfasis en vendernos un producto: Estados Unidos de América. Es una experiencia que encarna la publicidad de una nación llevándola a extremos de vender todo aquello con trazos de libertad. Es parte de un chovinismo y una prepotencia que acapara el término de hacernos libres con la sangre de otros. Con la ignominia de los demás.
Desde el invento de los hermanos Lumier y Thomas Alva Edison, hasta nuestros días podemos ser testigos de un arte que combina todas las demás artes desde la poesía, la literatura, la música, la interpretación, la historia y la pintura.
Desde Pilar Miró, como cineasta y ministra, en su momento, que tanto luchó para conseguir un cine serio y de credibilidad; y también al gran productor Elías Querejeta, han logrado, en una brillante y verdadera apuesta, que el cine de calidad en la España actual y también en la transición sea algo de calidad.
Los estadounidenses (en definitiva, Hollywood) han vendido con éxito ciudades donde ha habido un gran interés turístico en todo el planeta, debido esto a la publicidad de las grandes pantallas, hasta el punto de convertirlas tópicos, y hasta ahora, en las pequeñas pantallas a través de plataformas in streaming. Pero eso los norteamericanos han sabido vender su país de manera brillante haciendo famosas urbes como Nueva York, o Washington, hasta Texas y otras ubicaciones norteamericanas.
Es importante que veamos al cine como una industria. El siglo XX ha sido totalmente acaparado por el celuloide. Y este siglo XXI ha sido innovador con respecto a un cine con la particularidad de que ya no se exigen requisitos como los de antes.
El píxel en movimiento es el cine de nuestros días. Y ese píxel conlleva a gastos que antes formaban parte del presupuesto en rollos de película. Ahora hay filtros, lentes, efectos especiales muy modernos, y todo con la gran evolución del cine por antonomasia.
Ahora hay una serie rodada en Islandia llamada Una mujer danesa que está haciendo furor. Trata de una mujer danesa empeñada en hacer de Islandia todo un compendio de actividades ecológicas, también de civismo y lleva a un extremo humorístico su lucha personal. Es una serie subvencionada por la Unión Europea, sí, ahora que las cosas en Islandia no van lo bien que debieran. Es, sin duda, otra manera más de usar el cine como reivindicación de una situación política. Los alemanes lo hicieron con la UFA en periodo de entreguerras, al igual que los americanos lo han hecho desde siempre.
No quiero dejar en el tintero al cine iraní, un cine de bajo presupuesto y de gran calidad expresiva, ya que es un cine que desnuda el régimen islámico, y en Korea del Sur, donde las telenovelas y la cultura K-Pop han hecho notable repercusión. También es necesario recalcar el cine Bollywood, realizado en la India, debido a su cultura resulta excesivo como a trasfondo épico y místico.
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La isla interior (2009)
de Dunia Ayaso
y Félix Sabroso
Tres hijos sufren la herencia de sus padres. Les afecta una tara psicológica, aunque eso no quita que tengan las mismas preocupaciones, satisfacciones o carencias que cualquier padre. Con un excelente reparto —Alberto San Juan (Martín), Candela Peña (Coral), Cristina Marcos (Gracia), Celso Bugallo (Juan, el padre) y como madre Geraldine Chaplin (Victoria)—, este filme es tan sugerente como también desgarrador. Estamos ante un suspense/drama que exterioriza muy bien lo que una enfermedad mental supone y puede ocasionar, no solo para los progenitores, sino para los hijos como víctimas de la descendencia injusta que éstos sufren.
Tener una enfermedad psíquica es algo complejo. Y por ese gran esfuerzo, tanto en la interpretación como en la credibilidad de estos grandes actores, incluidos los actores secundarios, que realizan una película que no dejará al espectador indiferente. Pero más complicado es para los personajes su rutilante día a día. Es importante recalcar que los actores logran que cada personaje sea creíble, llevándolos a un estrato más allá de la interpretación, porque se sumergen en el abismo de cada uno de ellos. Si la valoramos mediante el estigma sufrido, esta película no deja cabos sueltos. El estigma que sufre toda la familia se exterioriza y se interioriza. Es como tener miedo a su actitud en la que ellos mismos tienen como comportamiento una debilidad y una personalidad que los hace frágiles, ya que les ocasiona descrédito y miedo a los tres hijos por igual, y la culpabilidad del padre les muestra el lado oscuro de la enfermedad.
Los actores realizan un trabajo interpretativo excelente. Es una interpretación tan profunda la que llevan a buen puerto que a veces la ficción supera la realidad. El dramatismo de los cinco protagonistas es sugerente y embaucador, es arriesgado y verosímil. A pesar de lo que trasmiten el elenco está totalmente compenetrado. El personaje de Victoria posee una angustia un tanto optimista, debida a que ama y entiende a su marido enfermo. Sin embargo, el padre, a pesar de su enfermedad psíquica (esquizofrenia) denota preocupación por sus tres hijos. Son padres que viven alternando el bienestar como progenitores con el hecho de ser felices pese a sus limitaciones, hecho que tanto al padre como a la madre los acondiciona tanto que estos crean un atisbo de familia disfuncional creíble.
Huelga decir que, aunque los hijos finjan una inclinación de ser padres, o tener pareja, a veces es preciso evitar serlo, porque ese anhelo se convierte, o puede convertirse, en una total pesadilla. Ninguno de los hijos del matrimonio es apto para tener hijos. Y la cinta plantea problemas de identidad que son especialmente oscuros ante la posibilidad de una vida aparentemente feliz.
Cabe destacar los personajes de los hijos tan marcados, y subrayo en especial a Martín (Alberto San Juan), profesor de literatura y escritor, como el personaje más elaborado de la película. También es destacable el personaje de Coral (Candela Peña) que interpreta un papel con gran deleite de matices en su capacidad como la gran actriz que es, llevando a consecuencias extremas el hecho de ser señora de la limpieza y amante del marido/jefe a la vez. También cabe destacar el personaje de Gracia (Cristina Marcos) en los que cabe resaltar su interpretación en su labor como actriz de una serie, como en el papel de hija y enferma psíquica, lo que indica su gran versatilidad actoral.
No dejen de ver esta película, tanto si son enfermos psíquicamente como si no.
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Parásitos
2019
Director: Bong Yoo-ho
Una familia coreana de cuatro miembros, sin empleo, ha diseñado un plan muy gracioso, a la vez que inquietante. Consiste en vivir de lo ajeno de manera descarada. Empiezan desde su casa ubicada en un sótano a robar wifi y a realizar todo tipo de artimañas.
De forma muy fácil consiguen que les contrate una familia rica para trabajar a su servicio. La película es de un humor sutil, ya que, mientras fingen no ser familia entre sí, se van apoderando de todos los objetos, hasta de la casa y el coche.
Tienen un plan urdido tan meticulosamente satírico que empiezan a vivir deliberadamente de los demás. Así, como suena. Se introducen en comederos sociales, y hasta se emborrachan en la casa de la familia rica mientras la familia dueña está fuera. Para llegar hasta donde han llegado han trabajado concienzudamente.
Se convierten en impostores profesionales. Nada les hace pensar en la cinta que lo que todo comienza como un acto de supervivencia y comedia acabará de esta manera. Estos gorrones profesionales empiezan a perder su credibilidad y mantienen una impostura totalmente diseñada para vivir del cuento.
Acaban, como era de esperar, mal. Se podría decir con el agua al cuello. A sabiendas que perpetran su papel de parásitos comunicándose por WhatsApp, hacen un apropiacionismo de puro descaro y cara dura.
Está película, que ganó en Hollywood un Óscar a la mejor película en lengua no inglesa, es una cinta sarcástica, ácida e irónica. Resulta reveladora, pues vivimos en tiempos intempestivos. Considero que apropiarse de lo que otros consumen es todo un aliciente contemporáneo, y no me refiero a que te gorreen el wifi, en este mundo del gran capital mucha gente sobreviven como parásitos.
El mundo capitalista tiene un orden piramidal. Pues los jerarcas roban al pueblo, pero gente del pueblo vive del pueblo. De sus semejantes. Ya que, si los mandatarios son ladrones la gente, obrera también lo será, aunque no siempre.
El concepto de “parásito” está tan en boga en nuestra sociedad que no se dan puntadas de aguja sin hilo mientras haya incautos. Estamos en una era de apropiación indebida, de asalto electrónico, todos aquellos que están fuera del marco en tecnología es verdaderamente libre.
La película hace evidente una reflexión al mundo moderno, incluso es una metáfora del mundo cosmopolita, de los parques temáticos de las grandes ciudades, el mundo del ahora, del hoy; hay tantas estafas y fraudes que hemos conseguido que este planeta sea una vil trampa. Hemos conseguido que seamos desconfiados mezquinamente. Hemos conseguido que Internet sea un cautiverio.

Tengo la invisibilidad del viento en las entrañas del ecosistema a contracorriente. Tengo un as de corazones en los bolsillos chamuscados del horizonte. Tengo aspavientos amontonados en el fogoso latir de mis recuerdos. Tengo las vértebras que me arrancaron azules a la espera de Etta’s por hacerse realidad en los recovecos de la desmedida. Invisibilidad le doy al cielo porque lo imagino como a él quisiera dibujarse. No soy un hombre blanco cualquiera. No distingo el preludiode las promesas que saben a disolvente. Yo jamás diré Do you want me to give you a white son? Porque no me da la gana. Anunciemos otro ocaso en occidente. Un ocaso nacido del esperma de oriente. Eyaculan los camellos un orgasmo de humo espeso y blanco como micras de cocaína en el sueño de los viciosos del amoniaco. Se pudre el tiempo en el que andamos en la noche abierta de piernas, y un sol inerme se orienta con un cascabel con lazo verde en los circuncidados sueños de hojalata. Quisiera ser invisible a la vez que desnudo. Un hombre negro ruge de orgasmo rico en avatares de sombra y leche madura. No es una virtud ser mestizo en las rayas o en los mares. Se es más lisonjero con la ametralladora desde las fronteras. Vemos arribar a las costas que miran hacia África con un ojo de buey que nos mira de cerca. Avistamos tierra, y yerme la alegría porque estamos vivos. Una explosión en las manos nos estalla sepultando el oxígeno desde las rodillas. ¿Invisibles? Todos y nadies quisiéramos ser invisibles. Porque extrañamos el confort de los celofanes en los envoltorios y el cuero negro con falos grandes en el repertorio del azul plegaria en el pleamar que no vemos en ningún rincón del mundo. Cuando nos dicen sí, decimos tajantemente, no, cuando nos dicen no, decimos estrepitosamente, sí. Porque todo es mentira en la superficie del barro. Sólo nos queda averiguar el verso que le quitó la razón a un Nostradamus repleto de arcilla.

No estoy exiliado de mi país, tampoco de mi calle, como tal vez diría un Rolling Stone; la cosa es peor. Estoy exiliado de mi interior. Mi interior cabalga a por el placer de la duda y el silencio inmediato. Yo te doy mi libertad a cambio de las mieles de tu boca, y si estuviera cerrada los dos podemos ser libres. Ya no tengo dudas al respecto. Sé que sufres mi estúpida osadía. Dame aún el beneficio de la duda y no seas tan autoritario. La libertad no es de nadie, pero sí del que la profesa. Yo lo que quisiera que no te inmutaras lo más mínimo, pero mi inteligencia me dice que no estás dispuesto a ceder. Sé que la vida es muy antigua, pero también puede cambiar, todo no depende de la libertad que quieras para mí, sino la que quieras para los dos. Ya que donde acaba mi inocencia es donde termina la tuya, y toda la libertad que quieras darme refleja lo que me quieras. Si para ti la quieres toda, no me estás dando nada, pero me estás haciendo esclavo. La esclavitud es el recurso de los pobres de espíritu, que quieren todo un mundo infinito, pero la infinidad es solamente una prueba de que no hay un universo solo. Hay distintos multiversos. Y si no lo quieres entender te encontrarás remoto y vacío. Tiéndeme la mano y yo te la daré. Bésame incauto y yo también incauto te besaré. No quieras que me ponga de rodillas, tienes toda la ventaja, respeta lo que yo soy y yo te respetaré tu esencia. Te aseguro que los dos seremos libres, siempre y cuando, nos mantengamos el respeto. Pero una cosa es segura, que no te importe nada lo que digan o no digan. Ahí estará la verdadera libertad que buscas.

Os bendijo Dios con la diáspora para cruzar los pueblos donde en ningunos erais queridos, para ellos erais extranjeros sin Tierra, y condenados al holocausto por demonios os asfixiaron. Holocausto de personas sin poder unos de otros separados. Muchos os entregabais al suicidio electrocutado. Pero cuando cruzasteis hacia el Estado Palestino, ellos os dieron confianza y jamás esperaban que vendría un pueblo esclavo que entre más y más que iban llegando más y más plegarias sionistas ante el apoyo de otros pueblos, de no sé qué esperanza era breva e higo pero la diáspora os mandaba de muerte en muerte, pues os hicisteis fuertes y corazón de piedra. Estáis siendo tan vacíos contra los que no fueron testigos, veníais de occidente, escapabais buscando y buscando los desprecios soterrados, no diré que yo por ignorancia os apoyaba, pero cuando vi el contexto de vuestra sedienta reparadora paz para buscar la virtud que habéis negado. dejar a otro pueblo lo que no es gratitud es un tiempo repetido, como una repetida mañana que sube la cucaña el cerdo del que habíais negado. Sois los dos semitas, las dos culturas habéis sido esclavos. Seguid la estrella de la diáspora, entender que hay que dejar vivir y no arrinconar a los pueblos. Que no manchen vuestras manos de sangre y de pólvora. Ningún pueblo merece ejecución ni holocausto, desfiles de un tal Moises que os bendijo por noble pueblo que os despreciaba de vuestros secarrales y páramos.