
Después de haber visto el documental Anatomía de un dandy sobre la vida de Francisco Umbral, me quedo parado en el momento en que se habla de su libro Mortal y Rosa, que nos habla de su episodio cuando su hijo fallece y me da cierta lástima, ya que un niño tan precioso y lo que se deduce de la felicidad de su padre, aquel que tenga corazón que tenga pena, porque muy poca sensibilidad debe tener aquel que no se emocione tras la muerte del pequeño y la gran pena de sus padres. Hago esta parada en esta sección del documental ya que yo de niño fui testigo de lo que puede llegar a ocurrir cuando en cualquier persona se le cruza el maldito cáncer. No importa la edad, pero en los niños, qué dolor tan inmenso debieron sentir sus padres. Cuando yo era niño me diagnosticaron una simple anemia, todos sabemos a lo que conduce. Si no lo saben se lo diré, conduce hacia la leucemia, es decir, cáncer en la sangre. No tengo hijos de momento. Pero yo cuando iba a las consultas de la doctora Abadía veía niños de mi corta edad sin pelo y con juguetes caros. Yo le preguntaba a mi madre qué les pasaba a esos niños, mi madre siempre me contestaba con evasivas. Quizá para protegerme de lo dura que puede ser la vida en ocasiones. Porque esos niños, esas criaturas encerradas en un hospital, con su cabeza sin pelo. Niños, niños, niños. Ahora a estas alturas comprendo las pocas explicaciones sobre el asunto. Yo me curé de la anemia, pero ¿y esos niños? ¿Qué habrá sido de ellos? Me solidaricé con el maestro Francisco Umbral. En el documental pude ver la fotografía de la gran tristeza que sufrió y que llevó en toda su vida como una condena pues perder un hijo es un dolor indescriptible. Ahora estamos lamentando la muerte de la escritora Almudena Grandes, y pienso en Luis, en sus hijos. Debo decir que lo siento, lo siento por todos. Tengo sobrinos pequeños y me horroriza que pasen por ese amargo trago. No damos importancia a la vida hasta que nos arrancan la alegría, y llamemos tragedia, desgarro profundo, dolor infinito, lo siento, por aquellos a los que se llevó la parca, por los niños inocentes, por las personas válidas que he conocido. Tiene razón la viuda de Francisco Umbral cuando parafrasea los versos de Lorca, aquello de que la vida no es buena ni sagrada. Quisiera dar este homenaje en estas palabras que pesan. No por lo que supone la muerte de un adulto, que también, sino por la muerte que segará la vitalidad de aquellos niños en la sala de espera de la doctora Abadía. Este mundo se entiende desde el interior del alma, y en tanto debe ser interior, porque exterior el consuelo de los demás puede no ser suficiente. Tampoco creo que no deje a nadie indiferente, tengan Salud.

Vivo en un barrio de matrimonios mixtos y gente buena por doquier. El destino ha querido que venga aquí. En mi barrio hay africanos, árabes, emigrantes del sur de España, gitanos españoles y rumanos. También hay chinos. Para hablar de algo tienes que conocerlo. La gente no conoce y habla de una cosa u otra sin tener ni idea. La experiencia es un grado, dicen por ahí. Yo quiero vivir aquí hasta que mis padres sean ancianos, después de eso ya veré si me los traigo o me voy al barrio donde ellos han vivido casi toda su vida. La mala fama de este barrio mío que es Torre-Romeu es de gente o que ignora o mal interpreta lo que es un barrio de diversidad racial. Si Dios quiso que viniera aquí, será aquí donde debo vivir. Este barrio es un lugar alegre donde reina la armonía, y no lo digo porque sí, lo he vivido. En este mundo hay personas buenas y personas malas. Pero la variedad cultural también implica respeto y conocimiento. Es un error el que critiquen a un barrio sin conocer su vida diaria. Si les soy sincero, hay una cosa que no me gusta del barrio, y es que lo tengan como barrio marginal, es un barrio que se ha hecho a sí mismo, y como diría Rubèn Blades: el que habla mal de mi barrio me cae mal. Es hermoso ver las carrozas de caballos, tanto en las bodas gitanas como en el paseo de gente que tiene caballos con carruajes. Más adelante seguiré hablando de mi barrio. En post futuros irán comprendiendo que el destino a veces es un azar aún mejor ordenador que el intento de forzar las naturalezas indómitas. Lean a poetas como Noelia Cortés en su poemario Del mar y la muerte, poeta gitana que tiene mucho que decir. Si quieren escuchar buen flamenco les recomiendo a Jesús Méndez, gitano de Jerez. Recordando los versos de Lorca dedicados a Jerez Oh! Ciudad de los gitanos, ¿quién te ve y no te recuerda? Lo que quiero decir con esta coletilla que no es el hecho que las etnias sean distintas unas con otras, en la variedad está el gusto. Yo, que soy de Sabadell soy admirador de Duquende, como dijo Camarón En el cante y el toque gitano es mi fuente de beber. Como sentenció La Perla de Cádiz: Tronio Gitano es Barcelona. Y ella no se equivocaba,

Un día hábil o festivo, pudiera ser de los corrientes, en cualquier casa se hace amo el lodazal. Como si con un reproche provocaras una riña familiar, como si en una reunión en la comunidad abrieras la boca para tocar la mella, la llaga, la paz. Un día de los comunes, sin prevenirlo, sin culpable alguno, llorarán los vecinos tú desigual manera de aullar. Se critica lo más fácil, se apropian de tu dignidad, te patean el hueso y te apuñalan con cristal. Un domingo cualquiera, inoportuno y señalado vas a la consulta del médico y te asustas de que un muchacho te culpe de su mal. Hay días para los cuales partir peras del peral, hay fines de semana que se juntan para comer la proteína y lo que venga detrás. Un día peculiar acabas en un hospital, y te atan por portarte mal. Te pisa la frente el tabernero, te golpea el guardia de seguridad, te envenena la sangre una égloga vecinal. Se pelean los escritores por un discurso demencial, se cuecen habas en cualquier lugar. Un día singular se forma una reyerta plural, pues los hinchas de un equipo de fútbol acaban de ganar. Hay mujeres con un par, y hombres que no juegan ya, hay adolescentes apaleados que acuden al dentista por una rotura dental cuando venía borracho del cierre de aquel bar. Cuando todos duermen no se sabe lo que es escuchar un grito yugular que a una chica la despierta sin más. Entender por cada día que una riña, una voz quebrada, una paliza en cualquier lugar, acaba siendo barrizal, acaba siendo escarnio carnal, en algún lugar hay asesinatos contra gente de paz. La violencia engendra más violencia, eso dicen y es verdad. Violencia hay en la Biblia, auto sacramental.

Al parecer he cometido un delito. El delito es escribir, leer y mixturar. La verdad es que los periódicos y los críticos me han encerrado en el calabozo del ostracismo. Llevo unos años en el que me habré leído de tres a cinco libros en cada año. Lo único que me gusta es soñar. Mis amigos de antaño creen que sea parte de mi locura el que yo escriba o lea. La verdad es que he tenido amigos que no saben ni leer ni escribir. Ahora yo me pregunto, ¿caigo en el despropósito del intrusismo? Hace años, Truman Capote, en una reunión de amigos dijo que sentía escalofríos de lo tonto que era Marlon Brando. Y yo lector de Truman Capote, y admirador de Marlon Brando le hubiese dicho que de ninguna manera. Marlon Brando junto a Orson Welles son los dos en su trabajo lo mejor que ha dado Estados Unidos. De Truman puedo decir que de cocaína y unos tragos de güisqui puede decir mayores tonterías que Marlon. Esto viene al caso de que interpretar resulta más fácil que escribir, ya que el actor es un fingidor, al igual que el poeta, según añadiría Pessoa. Un amigo culto y un gran devorador de literatura es lo único que tengo en mi entorno referente al gran nivel de estudios. Existe cierta inercia entre la gente con estudios, ya que son una élite, y los que leemos, escuchamos y consumimos cultura por que así hemos querido somos extrañas criaturas. Hay mucho nepotismo, la mayoría de ellos son falsos cultos. Recuerdo que Roberto Bolaño pasó años y lustros hasta que le publicaran las grandes editoriales. Empezó con Anagrama, después ha ido publicando su obra a gusto de su viuda. La Editorial Seix Barral ha publicado también a Bolaño. Bolaño fue el que recomendó a Pedro Lemebel para Seix ,Barral. En Anagrama está Alejandro Zambra, novelista también brillante y un gran crítico. Lo mismo ocurrió con Enrique Vila-Matas. El camino es largo pero el éxito es efímero y no sabe a nada, es insípido. Yo tengo que decir algo al respecto. Yo estoy en una editorial pequeña, su director, poeta y dueño que es Pablo Méndez, de ediciones Vitruvio, yo, por el hecho de que estoy con Vitruvio tengo que serle fiel a Pablo en el ámbito de editar. Pablo, por ejemplo, es una persona íntegra, buena gente, un chico que no es pesetero.

En esta casa de cristal donde tengo mi morada me convierto muchas veces en fugitivo de la tragedia. Huyo de laberintos eternos, de abismos donde reside el miedo. No quisiera saber del emisario negro que me relata. La culpa es sólo culpa, señal de que el corazón es noble. He custodiado mi lamento y he cansado a los cíen reyes del mundo. Yo, fugitivo de mi tragedia también llevo a cuestas la tragedia de los demás. Quisiera compartir mi alegría, que el agua se mueva con fuerza poco me importa. Tengo la dicha de reunirme con mi soledad por eso camino despacio. No tengo risa para los esclavos del mundo, seis cicatrices tiene mi cabeza. Tal vez en un futuro inmediato acabe por tener compasión por los vigías del sentimiento. No quiero llorar ni gritar a los cuatro vientos. Me hago daño sin mi conciencia de paz tranquila. Solo hay un camino hacia la amistad verdadera y es que el amor con amor se paga. Pero yo fugitivo de mi propia tragedia y la de las personas que amo y querré esclarezco el lenguaje que veo entre rendijas y de cualquier manera. Tengo el miedo de las temidas calumnias, pero prefiero cantar y sacudirme de polvo. Hubo una vez que no corrí y era paciente, ahora pierdo la calma, pero sigo siendo latido alegre, que sueña con la noche de la azulada golosina. Gracias padre por traerme en esta noche, gracias mamá por el consejo, en un velero me iré con el corazón como rumbo. No debe haber peligro en lo que se notifica en susurros. Bajito, dímelo bajito. Yo que soy fugitivo de la tragedia, me quitaré la máscara y el pijama, me haré representante de la palabra sagrada. Me sumergiré en mi lago interior y sacaré una dulce estrella que ilumine mi destino. No, no pretendo ser el fanático de la última palabra, seré capitán de mi velero, no necesitaré nada más. El trasiego de las avenidas en las grandes ciudades tienen un misterio de individuo solitario, de ojos que buscan al sueño. Hay millones de fugitivos pero no de la tragedia. Poco importa si hay un reo en la Nocturnidad, o poco importa si se traga su maldición, las personas no nos conocemos, tan sólo el parentesco es el tótem de esperanza viva. Se despide este fugitivo, hoy luzco de sol, mañana será gris invierno.
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Todo poeta se impregna de naturaleza. Allí en el huerto de mi padre, mientras mi padre labraba la tierra yo era íntimo amigo de lombrices, hormigas y babosas. Mi padre trabajaba la tierra, y yo, siendo un niño embelesado por la naturaleza, envuelto en árboles y arbustos era feliz, era mi ecosistema. A veces venía mi madre y nos daba bocadillos. Las tierras de ese huerto no eran de mi padre. En ellas había un circuito de motocross que mi padre lindaba con cañas. Mi madre estaba joven, y era una maravilla verla entre vegetales presencias, parecía una Eva rubia con sus juegos y su risa fresca. Mi padre como buen Adán cosechaba y cosechaba. Eran varios los frutos que la naturaleza le propinaba. Cuando había carreras mi padre renegaba, pues levantaban polvo y le estropeaban los tomates, las habichuelas y los pepinos. En la barraca donde guardaban los aparejos olía a sudor de hombre. De un hombre adulto. Cierto día mi padre mató una langosta, y yo la enterré en un erial del huerto y le puse una cruz amarrada con hojas de hierba. El huerto de mi padre era usado por conocidos para ver las carreras de manera gratuita. Cosa que a mi padre no comprendía después del enojo que cogía cada vez que había carrera. Lo mejor de todo era cuando asábamos carne en unas barbacoas hechas con ladrillos. Pasando por el pasadizo de tablas de madera me picó una avispa en el pie y mi padre me echó barro en la picadura. Decía que así se curaría antes. Al menos eso creía. Había misterios otorgados por la naturaleza moldeada por las manos de mi padre, era como un paraíso hermoso donde comprendí el curso de la vida sencilla. Mi padre cuando trabajaba la tierra respiraba fuerte y caían gotas de sudor que se mezclaban con la tierra húmeda. Comprendí muchas cosas en ese huerto, comprendí que había hombres curtidos por cada linde y cada acequia que trasladaba el agua como unas venas de sangre en el cuerpo de un hombre. Labraba, sembraba, regaba, y después cosechaba, esa era la ley de la vida, la vida donde reinaba solamente la naturaleza. Esa era la ley por la que algunos hombres son fulanos sin fruto, y otros menganos son fértiles que dan y dan sin pedir recompensa. Esos hombres y mujeres son los imprescindibles.