
La televisión de ahora no es como cuando era niño. Salvo programas y series que me han gustado, lo demás es bazofia. Mis padres ven el Canal Sur de Andalucía, se han cansado de Telecinco (el bodrío) ahora ven Antena 3 también. La televisión y, en especial Telecinco, tienen un tufo y una casposidad que no me apetece ver. Una vez oí a Buenafuente decir que era “ciencia ficción”. Y a mí me hizo mucha gracia. Porque es lo que parece. Canal Sur no es telebasura pero a veces es demasiado andalucista, aunque en otros aspectos sea cosmopolita, pero bueno, es el canal preferido de mis padres. La televisión es odiosa porque puede ser un medio comunicativo y educativo excelente. A mí no me gusta, y antes, mientras que mi ex veía Telecinco, yo leía. Leí muchos libros por aquel entonces. Lo que me gusta a mí es el cine, in Streaming y también compro alguna película. Pero la literatura, la escritura, el cine, la música y la radio son mis particulares modos de distracción. Tengo un odio hacia la televisión telebasura, me resulta repulsiva. La 1ª y la 2ª son mis preferidas y no siempre me embelesan. A mí lo que me interesa de la televisión lo encuentro en YouTube y otras plataformas especiales. Yo soy ese tipo de gente que busca algo más. Nunca la chabacanería y la televisión para gente vulgar, aunque mucha gente dice no ver Telecinco, La Sexta y otras bazofias y después la tienen siempre puesta en esos canales. Tenía un tío que veía dibujos animados, era obvio, de muy temprana edad tuvo que cuidar un rebaño de cabras. La televisión si fuese educativa tendríamos gente culta y personas con una ética y una moral exquisita. La televisión inteligente la llaman.
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A veces es necesario mentir, no pretendiendo mentir por mentir, sino para sobrevivir. Se miente para sobrevivir, porque, al fin, hay que de la verdad prescindir. Se miente llenando una sustancia vacua subyacente. Se miente para vivir, porque es difícil admitir cuestiones que no se deben decir. Mentir, mentir y mentir. Para dar y repartir. La verdad es una vaca flaca o un conejo que de una chistera se saca, ya que todo en esta vida consiste en mentir, para sobrevivir, para no sufrir, para no sucumbir. La vida es magia y mentira. Se debe del todo admitir, que esta vida sin mentira sería una sopa que se nos enfría, un fuego fatuo que se nos apaga y expira, un huevo de pato en un acuífero jardín, un chimichurri con ajo y perejil, un siete de julio, un San Fermin. Miente hasta un arcángel y un ángel querubín, mienten en una poesía sin fin, los poemas, los relatos, la literatura adulta e infantil. Miente el presente y el futuro es el fin, solamente el pasado la verdad sabe decir. Se miente por el porvenir, se miente porque un día sin fin sería un relámpago que resplandece y en segundos se escucha rugir. Mentir, mentir y mentir, en el cine, en la televisión, para sobrevivir. Dime si hay verdad en la vida y dime si es aconsejable la verdad admitir, pues te darán garrotín en la espalda, en tus carnecitas blandas y te dejarán una cicatriz que aborrecerá el adolescente, el adulto, el hombre senil. Mentir por mentir es decir irse en barco de Barcelona a Madrid, mentir es para sobrevivir, a este caos de verdad desnuda, de verdad sin su raíz. Mentir para ganar dinero, para negociar un beso sincero, para resurgir del nepotismo pueril. Mentir hay que mentir. Para evitar lo cáustico, lo caucásico, lo hostil, se debe decir la verdad y la verdad a veces es un acto para contradecir, tener memoria para mentir, como un actor secundario o una primera actriz. Mentir por mentir, callar para sobrevivir, tu madre te aconseja que siempre digas la verdad, que no se debe mentir, pero mentir también lo hace tu madre, entre lo económico, lo cómico y lo que se sugiere en esta vida infeliz. Decir que se es feliz también es mentir, no existe nadie feliz, no fueron felices ni comieron perdices, conversar con bestiario como lo hacía San Francisco de Asís, jamás lo hiciera San Agustín, ni el demoniaco Rasputín, mentir, no se debe mentir. Pero dime que me quieres, para que sea sólo un rato feliz, miénteme, quiero vivir. Quiero a la mentira sucumbir, derrotado, maniatado, demacrado, morir por fin, quisiera mentir para no herir, para ser buen amante, para ser insensato malandrín. No, no hablo chino mandarín, quiero un sinfín de virtudes en un serpentín, mentir en marzo, mucho más en abril, mentir es entregar un pedazo de golosina y regaliz, mentir por mentir, contradecir lo que suma unos diez mil. Mentir para que no hacer caso al ocaso y que seamos infelices hasta morir.

A mis 48 años estoy adentrándome en un sótano obscuro donde guardan barriles de amontillado. Estoy deseoso de que mis padres vivan. De que vivan la vida lo más alegremente posible. Este año es el aniversario de sus cincuenta años de matrimonio. Sus bodas de oro. Yo estoy en un momento delicado, ya que no salgo, no voy a ninguna fiesta ni celebración, pero yo no soy ninguna víctima, prefiero una vida tranquila y de pura contemplación. Sin duda he tocado fondo, pero no puedo quejarme. Podría ser peor. Aunque estoy en el fondo de la cloaca quiero vivir. Quiero vivir porque la vida es lo que da sentido a nuestra mortandad. Mucha gente dice cuando alguien muere, que en paz descanse. Y yo pienso que no descansan. Porque la energía ni se crea ni se destruye, se trasforma. Este tópico me lo enseñaron en el colegio. Yo no pienso en morirme, aunque tenga verdaderos problemas serios. Mi vida ha dado un vuelco. No pretendo escribir y redundar en las mismas cosas. Tener cuarenta y ocho años después de pasar ocho años de matrimonio, me ha hecho volver a meter otra vez la pata. Tengo una pasión por vivir totalmente peligrosa. El peligro es un estado en acción del que no reparamos, sólo cuando lo intuimos y mi intuición es totalmente nula porque prefiere serlo. Prefiero no darme cuenta de cuestiones certeras. La vida, aunque precaria certeza, es también una fantasía que dialoga con la realidad. No hay nada como estar loco por vivir. Vivir la vida lo más peligrosamente posible y caerte para levantarte, te sacudes y sigues. Sigues en la brecha, pero no hay delirio ni locura tan interesadamente concluidas como una jugada a ciegas para gritar de alegría, gritar con alegría efervescente, fugazmente volatilizada.
Posted on 7:19

Disculparse al toser es tan hipócritamente educado que yo me pregunto si yo puedo disculparme por haber molestado a toda esa gente que le tosía. Mi tos en tan tremendamente acuciante, que no es una tos, es un sonido en el silencio de los errados parajes que anduve. Yo tengo una tos que es todas las toses. ¿Por qué se pide disculpas cuando se tose? ¿Acaso no es una necesidad fisiológica? ¿Toser es tan necesario como buscar acomodo ante una mala postura? ¿Qué camino tomar ante las toses que son solitarias como un pensamiento que huye y no puede porque persiste de realidad material? Mirar este adentro mío. ¿Es lamento, es vacío o es miedo absoluto? No, no soy cobarde por tener un miedo que no es mío. Tan solo soy un educado hipócrita que se disculpa cuando tose. Soy un latido dentro de una coraza de autómata presencia. Me repito como en un ataque de tos molesto y repetido. Describo el agua sucia de mi negada pureza. Soy impuro. Como un perro, como un sucio destino de negatividad. Me medico porque no encuentro un alma samaritana que me dé su mano y me diga tranquilo. Tranquilo.

Me dijeron que porqué no me dedicara a otra cosa, yo les dije que era lo único que me consolaba en mi proceso psíquico. Me dijeron que eran mis amigos, incluso alguno me señaló como gran poeta. Hoy no quieren saber nada de mí. Y todo por intereses editoriales. Yo creía que tenía amigos, que otra vez estaba en la brecha. Pero era un espejismo. Todos me dieron la espalda. Todos menos dos. Mi amigo Juan and Cook que hace años lo conozco, y un amigo de la infancia. Los demás todos me dieron la espalda. Me llegaron a decir editores que no tenían una editorial, la que yo admiraba, me creía apreciado, y no era verdad, me dijeron que tenían una empresa. Jamás estuve pero estuve. Opté por que no me vieran la cara, mi personalidad. Pero pensé, hay tantos como yo en este mundo que no todos deben estar equivocados negando la gran verdad de la vida. Y entonces me dije: —Pero no la niegan por rencor, o porque estén carentes de amor, o por que estén todos locos. La niegan porque obedecen a su naturaleza. La naturaleza que les es negada. La naturaleza que, aunque parezca mentira, respira de su mismo oxígeno. Yo no creí jamás en las diferencias entre las personas. Hoy estoy muerto. Hace años que lo estoy. Mis padres son los únicos que lloran mi muerte en vida. Esto no es broma. Todos los seres a los que se les muere su naturaleza no pueden estar en consonancia. No es ninguna conspiración. Es parte de una prueba que pone a dos naturalezas en una balanza. La una, plagada de razones y de grandes verdades. De grandes dotes en el arte de amar. El otro, más desgraciado. Pero con la fuerza de la inocencia.
Posted on 1:21

Me dicen que me repito. Y tienen razón. Padezco una obsesión que redunda y redunda en los espacios abiertos, en los lugares con paredes y techumbre, en los espacios comunes, me cuesta asomarme a las ventanas, no me meto en la vida de nadie, y no permito que nadie se inmiscuya en mi vida. Pero es imposible. La gente te juzga porque es fácil mirar y diseccionar lo evidente, lo que perciben, y están tan seguros de ello como tú estás obsesionado en que se inmiscuyen en tu vida. A veces la vida es una mirada eterna que te desnuda, te despersonaliza. Te crea indefensión, vulnerabilidad, te hace débil y frágil. Pero bueno eso nos ocurre a todos en partes iguales o no. La vida no es como la imaginamos al principio de adentrarnos en su realidad. La vida contiene todos los pecados de los que reniega la Iglesia. Si me repito es porque no creo en otra cosa que mi imposibilidad y mi voluntad inútil para hacerme víctima de una causa que ni yo comprendo bien. Estoy entre un mundo y otro. No tengo respuestas, sólo preguntas. Y casi todas son incógnitas que se desmoronan.
Porque todos los poetas somos vanidosos, incluso los hombres y mujeres corrientes. Todos vanidosos. El hombre es vanidad. Y todo lo que reclama es protagonismo y tener verdadera importancia. Si el hombre es vanidad, ¿es lo que nos diferencia de los animales? ¿Y el conocimiento? El conocimiento de que somos vanidad y nada más que eso. Titubean los poetas alegando que no son vanidosos. Dale a un poeta reconocimiento y ensalzará su ego. Gritará dadme, dadme, dadme y será insaciable. Nunca se saciará. Porque la vanidad no sabe, no huele, no es cuerpo, no es materia, la vanidad la sustenta el ego, y el ego es el gran masturbador entre la prepotencia y la soberbia. Pero muchas veces caemos. En las débilidades del alma. Y el alma es mortal. Porque si el alma no fuese mortal ya se encargaría el hombre, en este caso el poeta, de comerse a los dioses que él mismo ha creado. La verdad tiene varios caminos. Pero coger el atajo más largo no es de idiotas, es la gracia de aquellos insensatos que en la inocencia se equivocaron y tropezaron. Y tropiezan por que son hombres, son poetas. Nada más nimio que eso. Nada más signo de mentira que su propia existencia. Equívoco tras equívoco aprendemos.

Me quiero porque estoy enfermo de literatura. De la que leo y de la que escribo. Yo, que era un chico más de extrarradio, ahora estoy amarrado a las palabras. Tal vez sea porque nada más me crea esa parcela de entretenimiento. Estoy en un lugar donde viajo sentado en el sofá. Estoy en el lugar preciso en el momento adecuado. Cultura, sin imponerla con mano dura, es más necesario no obligar a los chicos que lean, que lo descubran por sí mismos. Al fin y al cabo rendirse ante las palabras es cuestión de actitud. De querer enfrascarse en una historia. De elegir, porque la lectura es elección. Pero escribir es aplicar un diálogo consigo mismo en busca de un lector. La literatura es un paso hacia delante siempre. Cuando se está embutido en una historia, desgranando paso a paso las respuestas de una buena historia que se va hilvanando como una madeja de hilo. Estar enfermo de literatura es buscar para encontrar. Es abandonarse en la dialéctica de ensoñación e imaginación que conlleva alternar la buena lectura repleta de lucidez y aprendizaje permanente. La sensibilidad y el buen hacer de un escritor se basa en lo que lee, pero también en lo que oye y ve. Hay historias en todas partes. Una buena historia se desnuda como una mujer entregada al arte amatorio. Es reencontrarse con el sentido de la imaginación mediante a las palabras. Un buen consejo es tener el criterio de abandonar un libro que no te llena. Hay libros difíciles. Yo soy de los que creen que no hay libros peligrosos, sino escritores con un equivocado criterio. Cuando estás sumergido en una historia, no es la misma cosa que escribirla naturalmente. Escribir es abandonarse a la verdad desde la ficción sugerente.

Hay poemas que sólo se leen cuando los escribes. Porque duelen, porque te acercan a la tristeza. Esos poemas, por mucha vanidad que tengas, no podrás leerlos porque te hacen tanto daño y te mostrarás reacio a su lectura. Aunque el poema sea bueno, de los mejores que escribiste, pero te duelen. Te duelen tanto que no puedes releerlos. Los poemas que ya no conozco son aquellos que te llevan a la deriva del dolor y no quieres volverlos a recordar. Cuando te duele un poema es puro entre otros poemas. Por eso me cuesta tanto corregir los poemas que me hacen daño. Un poema puede ser una paliza propinada por tarugos y energúmenos. La lástima mía es no enfrentarme a lo ya escrito. Aunque haya destellos, resplandores, galaxias y constelaciones, luces en los umbrales de la inspiración. Relámpagos e imágenes maravillosas. No quiero enfrentarme a ese tipo de poemas, no, no puedo hacerlo. Es como estar con una mujer sombría que respira tanta melancolía que es la terrible víctima de su propio pensamiento. Todos tenemos poemas olvidados. Sólo los poetas cobardes y epígonos los recitan sin parar. Ellos sostienen la quimera del oro particularmente porque creen haber descubierto la luz y la belleza en cuatro versos presuntamente atiborrados de hermetismo. Los poetas no son la cura del mundo. Hay muchas clases de héroes, pero los poetas, en especial, no lo son. No lo son porque un poema no cura ningún mal. Un poema es espejismo, no obstante, tratan de escribir la resplandeciente metáfora que empacha.

No se puede ser nadie, no se puede ser nadie, nada más que nadie. Ser lluvia que cae a la tierra y se convierte en lodo. No se puede ser nadie, nunca ser nadie. No se puede ser aire que pasa parsimonioso como un acompasado sollozo de aliento. Nunca jamás ser nadie. Como el agua ocre que corre repleta de barrosa, como la mala hierba que se arranca sin más. No ser nunca nadie. Es imposible. No ser nada más que nadie. Como un peregrino que no sabe dónde va. Como un perro de nadie, como un semidiós enfermo de nadie, como un presagio sin presentirse. No ser más nadie. Ser la hojarasca seca y arrinconada en el otoño más gris. No ser nunca nadie. Como un pasmarote, o como un simplón sin más, o como un pasmado personaje sin sustancia, que ni comete ni merece. No ser más nadie. Como un preludio sin decir nunca más nada, como una pregunta sin un respuesta coherente. No ser ni sentirse nadie. Como romper de un plumazo el aliento de un bostezo. Como un orgasmo a medias. Como un destino sin pena ni gloria. No ser nunca más nadie. Como un perdedor que amasija veinte dedos en dos puños cerrados. Como los vientos de los soplidos de cansancio y hartazgo. No ser jamás más que nadie. Como al que le quitan el alma que ha sido y no puede aunque quiera volver a serlo. O como al que le arrebatan la esperanza a desengaños, a mentiras, a tropiezos. No ser nunca más nadie, pero nadie, nadie, solamente eso. Como el que encuentra una derrota que no quiere ser suya de ninguna manera. Ser nadie. Como el que frecuenta el vacío de no ser más nadie que lo que se ignora. No ser nadie, nunca nadie. Como el desmayo que para nada sirve pero que te derrota de nadería. No ser más nadie, nunca más volver a ser nadie. Poco importa regresar a no serlo. Porque al ser nadie se es todas las cosas que aparentan ser nadies. Nadie.

No sé por qué creo que soy el culpable de todos los desastres de estas tierras. De las migajas que me como. De los resquicios de vaso que me bebo. De los despojos y de la casquería. De los mal sabores de la mayonesa agría. De los pormenores de lo que se desmenuza como pan sin masa madre. De los hechos y de los deshechos. De loa acicates y de los incapaces. De los aires de bajeza y de los delitos que nunca cometí. De nacer silbando miedo y del vértice del escalofrío. De la descompasada canción del poeta ditirambo y de los sonidos de contrabajo solemne y con una nota sostenida lánguida a su suerte. Quiero ser un manojo apretado por la aurora y un conversador ingenuo con los nervios de aluminio. Me temo que tengo la culpa de todo. Soy el creador del tedio y de la absurda plegaria al viento. No quisiera mundos de parálisis permanente ni delirios ante una desmayada disputa con la leche del biberón helado. No quiero más tropiezos en la mesa donde te hago la cama más sedosa y cálida. No quiero imaginarte fría, ni herida de vértigo ni aburrimiento perpetuo. La culpa del desastre la tienen los ridículos bostezos en la sopa espesa y amarga de los arsénicos repletos de cloroformos ambiguos negadamente indispensables. La vulgaridad rompe el ocaso como una campana balbuceante de baba y burbuja compungida. Retales de mi pensamiento desgrano ante la embustera promesa del silencio en bancarrota. Suenan los timbres, suenan los estúpidos teléfonos, suenan las alarmas y suenan las sirenas. Yo no quiero ser segundo plato ante la muerte. Solamente quiero despertar de pasión y desgarrado de sentidos ante la curva presagiada de las luces que destellan en la muerte súbita. No quiero más litigios en la comparsa de enlaces que se muestran a quemarropa y sin el consuelo de no ir a ninguna parte. No quiero legajos, papelotes y pergaminos. No quiero la acequia lúcida si no es la de un libro de bolsillo. Ni una estratagema ebria de ti en el impulso luminoso de los peatones que se besan en los pasos de cebra. No querer andar no es no querer vivir. No querer vivir no es abandonarlo todo. No abandonar no significa un último suspiro. Un plato repleto de berzas es como quimeras y rutinas preñadas de vegetales maneras de vivir.

La asfixia no es una marca de laca. Es un sentimiento infravalorado aunque muchos la padezcan en ámbitos y síntomas como la ansiedad u otras causas con cierto parecido. Cuando te asfixias, tiendes a mantenerte a flote sin molestar lo más mínimo. Gritarías AUXILIO!!! Pero es inútil. La gente tiene sus propios problemas, y una pregunta quiero hacerles: ¿cuáles son los problemas que más dejan su impronta en síntomas como la asfixia, la ansiedad, o los brotes negros? ¿Qué clase de argucia inventar para que no se rían de tu ahogamiento en los mares? ¿Por qué vemos como normal que la gente se esté ahogando y no nos inmutamos por lo que le suceda a cualquier hijo de vecino? Unos se embarcan en la moda, en el último grito en vestir y en complementos solamente accesibles para unos afortunados. Yo intento salir de esta miseria. Pero mi tedio acompañado de mi soledad me hace víctima de este desconsuelo. Presumir palmito, decir que escribes, desarrollar tu interés literario, armar el Belén en carnavales, que se rían de ti aquellos que saben que tienen su alto vuelo asegurado ante tu personalidad inmutable. Reírse es fácil cuando la prepotencia tiene normas de conducta preferentemente beligerantes. La prepotencia es un coto vedado para según qué cazadores de trofeos de bestiarios y animaladas variadas. La asfixia es un síntoma evidente de que el oxígeno se te está negando. La injusticia de los ángeles caídos, y los serafines estropeados, es la base de todo el rencor contra aquellos que nada pueden implorar por que están en tierra de nadie. La asfixia es un canto en los dientes con los que damos algunos perseverantes del descrédito y la causa estéril. No, no me apetece tener voz para lanzar pedradas a la gente, todos tenemos problemas. Y algunos más que otros. Así es esto.

Cuando estuve encadenado en los calabozos jamás supliqué que me sacaran, aunque necesitara ser libre. Cuando necesitaba de una verdadera compañía jamás la busqué, tuve soledad hasta el hartazgo, y no me quejé ni me consolé siendo una derrotada víctima. Cuando me vi desmantelado, acusado por la culpa, maniatado por la esclavitud, jamás pedí auxilio. Mientras que el silencio ocupó mi vida, cuando todo alrededor era ruido, sonido aberrante, y grosería nunca tuve que renunciar a no ser yo mismo, pues ser yo mismo era lo más valioso. Cuando todos me olvidaron, sin quererlo me volví enemigo de voces que se exhiben prepotentes, del laberinto de ideas, del abismo que miré con estupor, impávido fui ante tales derroteros en mi clandestina manera de mirar. Todos somos víctimas de nuestra propia naturaleza. Todos tenemos una debilidad que muchos conocen. La vida no es un paseo, la vida es una caminata hacia la consolidación de la gran verdad. La vida se aleja de lo evidente, se aproxima a lo circunstancial, es duro tenerle miedo a la vida. Es la menor de las locuras, aunque la más generalizada. Renuncio a vivir del pensamiento. Prefiero vivir de lo que conozco totalmente.

Me aconsejan editores y poetas que haga presentaciones. Que lea mis poemas ante un público. Que promueva mi poesía. Y nadie entiende la razón de mi negativa decisión de no prodigarme mucho en cenáculos y presentaciones literarias. Muchos poetas creen así que van a vender más, y puede que así sea. Pero son para mí gente que mete a los demás en compromiso y tienen un alto ego a prueba de óxido y desagradecido protagonismo, del cual sólo se importan ellos a sí mismos. Éstos creen que van a perdurar, que van a destacarse en el Parnaso de los poetas laureados. Y muchos son epígonos. Normalmente ganan concursos de provincias, pero jamás un premio importante. Todos somos vanidosos ante la poesía y el hecho literario de llegar a un público numeroso. Pero la mayoría de este público son amigos. Yo tengo muy pocos amigos, y mis libros suelo regalarlos a quienes creo oportuno. Tengo pocos amigos (repito), la mayoría no lee ni a Mortadelo y Filemón, mi entorno no lee, sólo lee la prensa deportiva. Tengo familia que tampoco lee. No quiero meterlos en un compromiso. Tal vez sepa de antemano que no me van a leer. Promocionarte por las redes sociales es cuestión de tener un público seguidor de tu trabajo. Veo a los poetas y rapsodas como con una gran lástima porque comprendo su esperanza insatisfecha. No creo llegar lejos en la poesía, pero no es falsa humildad ni falsa modestia. Mi voluntad, hoy por hoy, me lleva a entregarme a la novela. No tengo ambición, aunque bien quisiera ganar un premio importante. Es cuestión de perseverancia y tener un criterio estilístico basado en el pudor evadiendo ciertas premisas que perjudican a la perspectiva de jurados e hipotéticos lectores futuros que puedas tener.
Posted on 1:42

El silencio de las bibliotecas contienen una charla entre los escritores de todos los tiempos en un presente de lectores fugaces. Que van y vienen acerca de una historia, de un poema, o una imagen. Las bibliotecas son la morada de la memoria del ser humano. El hecho de estar en una biblioteca implica silencio que nunca es del todo silencio. De los libros se puede extraer todas las cosas que se ignoraban y han mantenido la llama candorosa del vivo legado después de la vida efímera. Los libros son testimonio de que la absoluta verdad se puede encontrar escrita con una letra menuda y el papel, el divino papel ahora lacado y oloroso. El viejo papel amarillento. Sería un sacrilegio fumar en una biblioteca. Guantes blancos custodian los libros, los manuscritos, los legajos y en ellos hay secretos que el hombre entiende. Un libro es una fuente de ideas y un paseo por el conocimiento. Leer, leer, y leer, para después escribir. Se debe leer más que escribir, pero sin la lectura no habría escritura. Dicen que hay libros peligrosos. El único peligro que veo en los libros es que nadie engaña al ilustrado.

El hecho de ser escritor no es lo mismo que creerte escritor. Ser escritor es ser un trabajador que frase a frase crea un bloque en palabras tras otro. Párrafo a párrafo se congregan una serie de frases que estructuran un texto. Eso todos lo sabemos. Pero escribir bien no es escribir verdaderamente de manera satisfactoria. Escribir bien es decantarte hacia un abandono y hacia una soledad que solamente es un alargamiento del brazo, de una extremidad en busca del otro brazo esta vez del hipotético lector. Del lector en busca de luz que lo aproxime al diálogo que mantiene consigo mismo en busca de la conversación sagrada. La conversación sagrada es un lector enfrascado en tu texto, por que ¿qué significa escribir? ¿Qué es lo que nos motiva a escribir? Es una especie de introspección comunicante en busca de un receptor al otro lado. Sin duda ninguno de los dos se ven las caras, pero mantienen una comunicación que a veces es atrayente y otras no tanto. La conversación entre autor y lector es una especie de exorcismo. De pacto entre dos seres ante un postureo de curiosidad e inquietud preponderante. Plasmar una idea no es fácil. Escribir un libro es difícil. Abandonarse a la página en blanco es no tener ningún miedo y acercarte al lector con toda la desnudez que sugiera verdad absoluta. La prueba de verdad absoluta es la valentía. No tener reparos, aunque sin llegar al hecho de no prescindir del pudor. ¿Por qué soy escritor? No tengo ningún lector, me cobran por publicar, dedico mi poco dinero a un trabajo que no me es recompensado. ¿Por qué estoy en este galimatías circunstancial? La calle me expulsó de sus ambajes helados en la fiebre y escalofriantes remilgos en el calor soporífero.
Posted on 0:49
No sé si soy mi propio enemigo o soy un enemigo para los demås. Pero yo, siempre me he dejado llevar por mi naturaleza. Aunque mi naturaleza sea rara, insólita y contradictoria, no pretendo hacer daño a nadie. Nunca he sido mala persona. Ahora, justo ahora. Hago acopio de ciertas respuestas que la vida me entrega, como capas de cáscara y rastros donde yo por ahí he pasado. He pasado muchas veces. Escucho una canción que me habla. Me cuenta cosas acerca de su naturaleza. Las palabras son eso, palabras. Estoy amarrado a ellas. Catalogan mi poesía como radical. Pero yo no considero mi poesía radical. Yo creo que es un salmo verdadero. Es la verdad inmaculada. Un ruido suena en mi entorno. Yo no puedo satisfacer a todos los seres de la tierra. Quizá sea eso. Enemigo de mí mismo. No voy a suplicar la libertad. Hubo un tiempo en que era furgonetero. Con una R4 me recorría toda Barcelona.
Iba a publicar en Facebook esta fotografía, que no es mía, y me he echado para atrås. Pienso que para ser enemigo de mí mismo no basta sólo con pensar. También basta con hacerse pesado y presumir ante tuttilimundi. Que conste. No critico a todo aquel que se prodigue en cualquier red social. Pero pienso que para presumir de algo se tiene que carecer de aquello por lo que se presume. No quiero hacer hincapié en que mis compañeros publiciten su trabajo, merecido y meritorio lo es. Tampoco me molesta que la gente se divierta. Lo bueno sería derrochar alegría para todos. Pero yo seguiré siendo mi enemigo. Cuando la vida te cambia, también cambia a tu entorno. Solamente conozco a cuatro personas que no han cambiado un ápice desde que mi vida cambió para siempre. Ellas ya sabrán quienes son. También puedo añadir a otras personas. Pero bueno, me quedo con los buenos momentos. Sí es verdad lo que dicen. Estoy en tratamiento de los nervios. Eso parece ser un repelente fabuloso. No quiero ir de víctima. Tan sólo digo que gracias a mis padres, hermanos y la gente que me quiere todavía sobrevivo. No soy enemigo de mí mismo cuando digo la verdad. Pues antes mentía y jugaba a las marionetas como en un teatrito. Gracias. Me he enemistado conmigo mismo, pero con nadie más. He decidido optar por la verdad. La pura verdad.

¿De qué soy preso? ¿De estas cuatro paredes? ¿De mis libros? ¿Del exterior? ¿De lo de adentro? ¿De mi conciencia? ¿De mi intelecto? ¿De qué sigo preso? Si no puedo mantener mi equilibrio, si no puedo vivir el momento. Entregarte a la literatura parece una cosa fácil. Pero va en serio este juego lento, solitario, y lleno de trampas, encrucijadas, estados entre la llaga y los duros vericuetos. Ya no hay lugar para ser libre. Tengo un síndrome de abstinencia constante. A veces me falta sexo, otras ansiolíticos, otras un cigarrillo, otras un café, y otras el alma. ¿Por qué y a qué viene el acto de crear a un tipo como yo? Soy una especie de homúnculo que ni es brillante ni verdaderamente consciente del mundo en el que vive. ¿Sobre qué puedo escribir? Si nada sé sobre lagunas y destellos en esta otra parte del mundo. Soy un ascensor que baja y que sube. Todo se hace desde la latitud que a mí me tilda terrestre y a los demás despegados del suelo. Aún así me llaman loco. Mis hermanos del pueblo. Es placentero ignorar la verdad. La absoluta verdad que determina complicidad y camaradería con aquellos que poco les importa lo que ocurra a tipos como yo. La razón por la que soy sueño y tiempo es porque soy humano. Demasiado humano. Un día me evaporaré sin antes no cruzar campos minados, sabotajes premeditados, y conspiraciones con la voz del déspota. ¿Creen ustedes que basta con cerrar la llave? ¿Por qué será que donde quiera que voy me sigue una negra lógica? ¿Qué truco tendré que realizar para mantenerme con vida durante este desmantelamiento de mi inocencia? No es que prefiera ser inocente. Pero a fuego lento cocinan todas mis vísceras. Estoy ante un público que hace rato me ha humillado, me ha tirado huevos y tomates, y han roto en un estallido de carcajadas mi corazón. Estoy traficando con mi pensamiento, un juego que perdonan los ángeles, los ángeles son anfibios entre cielo e infierno. A veces te dan la vida y otras te la quitan con toda la alevosía. Soy un verbo que no se conjuga, una loca historia al salir del burdel, un elemento a parte de esta vida de carrusel, soy un miedo y soy una purga, soy una tregua que quisiera al fin volver, busco calmar esta sed cruda.
Posted on 0:41
Trato de que sea mi amante pero es imposible. Es un corazón de nadie. Aunque te dé cariño y besos a flor de piel. Ella es la chica más tolerante desde Barcelona a Barranquilla. Desde Tokio a Sevilla, desde San Francisco a la Blanquilla. Ella es la geisha más dulce de occidente y Cali. Todos saben a qué me dedico en mis ratos libres. Pero es temporal. Estas cosas deben durar poco. Hasta que encuentre la pieza que complete mi vida. Las chicas tienen la magia de la carne que se moja. El lubricante fantástico para meterte dentro de ella. Sí dios te creó con la costilla de Adán y si Adán fue creado con barro, es normal que tú, Eva de los excesos, dormites la canción distinta de los paraísos artificiales.
La verdad adherente a quien comió de la manzana. Si el diablo es más viejo que Adán no había mundo (o sí). Creo en la animalidad de nuestra especie. Por eso, cuando gimes de mujer completa te embelesas y yo me embeleso. Eres un regalo o una ofrenda para la cópula de dos que sexo piden. Resultas ataviada de pormenorizadas ideas. Me enamoras, compañera.
Una sexualidad compartida es dar placer y que ella te lo dé a ti. La sexualidad es cosa de dos. Debe ser recíproca. Es como un orgasmo al mismo tiempo. Al unísono. Una mujer cuando se entrega evoca todas las cosas tan maravillosas, como alimento a pedir de boca. Espero verla pronto. Como la vi por primera vez. Recuerdo su cariño. Sus caricias. Una mujer de los pies a la cabeza. De esas que te hacen perder la chaveta. Resulta comprensible. Es de esas mujeres que cortan el aire y se entremezclan unos deseos ocultos que vale la pena satisfacer.

Preservar la vida privada es fundamental. Sólo se puede hablar de la realidad a través de la ficción. Está claro que si no hablamos poéticamente nos volvemos vulnerables ante la plebe o el populacho. Hablar de la vida privada es algo peligroso. No es necesario ni aconsejable hablar de tu vida sin antes no tener que pagar un precio que pasará factura conforme vayamos interactuando. Exponerse no es algo que priorice el secreto de la fama. La fama es algo tan cutre y, al mismo tiempo, algo que se crea como un personaje nuevo de telebasura. Es efímera y no sabe a nada. No llena el espíritu. He comprobado cuando me expongo en mis blogs enlazados a mis redes sociales que hay gente que los comparte con mucha inquina. O sea, pura mala leche. En fin, muchas veces anteponemos nuestras debilidades hacia gente déspota y con mala intención. Los capítulos de una vida, o anécdotas vividas, no es obligatorio publicarlo todo visto lo visto. Después de haberte expuesto te haces un objetivo inseguro y vulnerable. Exhibición es el nombre para la nueva tribu que se recrean en unas críticas sin tener idea de lo que es una cosa. Cosas como el arte o sus demás disciplinas. Hablo de los influencers. Estos creen estar en posesión de la verdad y son realmente unos tarugos. Intentan polemizar desde la ignorancia y el acto de ser un déspota en esencia. Muchos desean el cheque Google. Y estos influencers son verdaderos idiotas que opinan y saben leer pero no ejercen. Son sinvergüenzas que ignoran sin haberse leído un libro. Creen saberlo todo viendo unos cuantos vídeos en YouTube. Son demagogos, meapilas y critican el talento. La vida privada no se debe exponer demasiado debido a ese tipo de gente.

Yo no intuyo las verdades completas, la electrónica manera de funcionar. Los otoños y las primaveras son dignas de la mitad del clima. Silicon Valley despierta con hipsters, geeks y nerds. Tres maneras de vivir como la contradictoria moral del que te hace la pirula. Este mundo no se merece lo que le estamos haciendo. La tierra prometida es el itinerario Paloalto. Mi madre espera que su hijo vuelva a casa. Por eso le compra bebida energética. Hoy mi madre me ha dicho que ya no era el mismo Capplannetta. Y yo le contesté que padecía la llaga de la vida. Mi madre se fue a dormir y yo me quedé entre sedado y ya basta de decir lo que no se debe. Para ti es tabú y lo seguirá siendo. Ahora me dan las fiebres de invierno, como si albergara un cuerpo extraño en mi interior. Mi tío antes de morir me dijo que de anciano iba a ser un cascarrabias. Y yo le puedo decir ahora que ya soy viejo y cascarrabias. Un código JavaScript se desmantela en la noche cibernética. Tantas veces he pernoctado el silencio que ahora sin él no soy nada. Como el hocico de un perro mi instinto es impuro.