El gemido tiene tres vertientes. Una es la sobreexcitación. La otra es el hecho de ver gemir a tu pareja, y la tercera y última, es el orgasmo, ya sea de mujer u hombre. Dicen que los cerdos tienen un largo orgasmo. También otros mamíferos en toda la fauna animal. Pero sobre esto, cabe decir, que los hombres y las mujeres tienen algún vestigio de orgasmo que puede durar incluso horas. Es lo que llaman la “eyaculación preventiva” de la que algunos seres humanos disfrutan normalmente. Eyacular sin coito es muy habitual en hombres con una gran lívido acentuada. Pero lo que no entendemos aún, es el hecho, de que la marcha atrás es un coito interrumpido de una sexualidad que olvida el gemido, tanto si es hombre o mujer. Masturbarse es otro sucedáneo. No hay cosa igual que apropiarte de los pechos de una mujer durante el acto sexual. Pero para un buen amante lo más genuinamente venerable, no siempre encontrado, es el hecho de que tu pareja gima de tal manera que te haga a ti eyacular. El sexo es un bien recíproco que debe ser compartido. Así, sin más.
Tengo por costumbre al igual que comer tres veces al día, la fiel costumbre de ir a gatas por la vida, a sabiendas que la vida me destrozó las rodillas. Tengo la fea costumbre de hacerme el corazón mil pedazos, y tengo la soporífera virtud de nacer cada día un poco, me desprendo de mí mismo poco a poco, minuto a minuto. Me deshago de buenas compañías, pero la vida es un entreacto y un sobresalto, la gente espera un milagro cada día, aunque no se multipliquen ni el pan ni los peces. Nadie tiene el milagro domesticado, es el milagro una derrota que cae desmayada perdida, sesgada y solitaria. Hemos cambiado para bien o para mal, algunos lo hicieron peor, y otros tantos, algo mejor. Ya han pasado los años como un viento imposible de sujetar con las manos. Ahora me afeito con el corazón lleno de canas, y con la esperanza manirrota, me conformo en no buscar nada en los pozos, porque sé de antemano que están vacíos, no voy a soñar en los laureles, no voy a escapar de este medio miedo redondo porque no quiero salpicar orgullo y desamparo. Yo también espero el milagro aquel que todos conocemos. Ese, que se sienta en la última fila, como un escolar que no quiere nadie. Como un esclavo unido a la desventaja. La costumbre nos dice que a todos nos duele el alma. Nos asomamos con la mirada perdida y con la experiencia trillada como fantasmas atados a nuestros sueños. No nos merecemos la canción del frío orgullo, tampoco merecemos la soberbia en los portales, ¿qué ganamos causando ruido? Un ruido que golpea en los corazones, y que para nada sirve.
Porque la vida va en serio uno/a se mete a poeta, si la vida no fuese en serio se arremangarían para escribir los payasos, esos seres con exageradas lágrimas que hacen reír en el circo de la vida. Porque nuestros secretos van abiertos la gente se mete a poeta y no lo hacen los coleccionistas, ni los que salen de paseo por el mundo, ni los insomnes niños sin esperanza. Porque la vida es camino en el que andar uno se mete a poeta y peregrino a la vez, porque busca un dios desnudo en los altares como un ecce homo ensangrentado, morado de martirio. Porque la vida es un aullido interminable uno/a se mete a poeta y no a lobo estepario, ni a sabiendas de que el verso no cura, ni hace milagros. Como la ficción es la única manera de contar la locura uno/a se mete a poeta porque la poesía es lo más parecido a lo que es el sombrajo de la metáfora. Los poetas buscamos la terapia del sueño en un sueño que nos coge despiertos y por eso es amor lo que soñamos, como bufones de una corte de abolengo disparatado, que nos arremete como un toro al torero. Aunque nada cura más que un abrazo, un beso en la sorpresa inadvertida, despertar de una pesadilla en la que te persiguen, y no avanzas, porque piedra que corre no cría moho.
En todas las partes del mundo hay una frontera inusitada. Me expulsaron del cielo con el estipendio de un alcornoque. Frío y calor comprenden las flores, aborrecida voz de los que siempre callan. Hubo alguien que cosía los ojos de una paloma blanca. En todas las partes de esta maldita tierra hay una frontera que reserva las guadañas en el infierno de sequía y en la montonera de desechos que Dios aguarda. Este mundo es impío como un hijo sin nombre, ni bautismo, ni peluquero. A todos nos llevan al matadero un día, y a muchos los degollan con la hojarasca de otoño, cuando ya el invierno se aproxima. Yo creo haber visto el horror entre la noche de Nuremberg. He visto ángeles que se sumergían como demonios entre la dura matanza de los inocentes. Leni, ¿qué te cabreaba ser o no ser mientras dabas tu mano a Hitler? Ahora es demasiado tarde para la vergüenza. A ti que siempre te gustaron los cuerpos esculpidos en bronce ahora te tapas la cara como si tú todo gesto fuese de mierda.
A mayor sufrimiento en vida del poeta o la poeta que se suicida, mayores serán las dádivas y los homenajes póstumos. Pero si en vida no le hacían ni caso, después de muertas todo serán elogios.
Hablaré de mujeres poetas. Por ejemplo, Alejandra Pizarnik, en vida no querían su poesía, aburría, cansaba, bostezaban de tedio, pero, una vez muerta, todo eran halagos y reconocimientos. Cuando ya no le iban a servir de nada. Porque dejó este mundo apartándose del carnaval rutinario. Otro caso que me llama la atención es Virginia Woolf. En vida era una lesbiana loca con esquizofrenia y justo cuando murió ahogada en un río todo devino lisonjas y buenas críticas. Se tiene muy poco en cuenta y nadie dice nada, pero estas mujeres están relegadas al olvido en vida y tienen el denominador común de que vivas no eran leídas, y fueron suicidas ejemplares. También ocurre el caso de Sylvia Plath. Hasta que no murió por el monóxido de carbono del horno de gas no tuvo ningún reconocimiento. Y todas eran unas grandes poetas, pero la vida ha sido mala e injusta con estas mujeres.
Decía Jim Morrison: —quieren tu muerte, hecho pedazos (…). Y sí es así la vida de un escritor/a, no vale la pena el agasajo estando ya muerta. Hay mujeres, muy buenas poetas, que imitan a estas tres mujeres. Pero, en fin, peor es que no hablen de ti ni muerto. No es cuestión de vanidad, es justicia poética.
Es malévolo el porvenir hipócrita hacia estas mujeres y huelga decir que tanto hombres y mujeres suicidas han escrito con ese destello tan extremadamente brillante por tener la valentía de plasmarlo en negro sobre blanco. Eran poetas atormentadas, su legado es el mayor homenaje que podemos tener, leerlos, disfrutadlos, aunque ellas no estén presentes está su palabra valiente.
Decía Shakespeare: —quien se quita la vida se quita el miedo a la muerte.
Hay muchas maneras de ser cretino. La primera por ejemplo es lidiar a propósito de una bandera. La segunda escudarte tras la piel de otro. Y la tercera es perdonar la risa del que te envidia, que te señala con un dedo, que te delata. Como nadie cuenta las micras de serotonina que segrega tu cerebro hay otras tantísimas maneras de ser cretino ante eso. Lo más normal es que te teman, aunque tu deber sea no ser normal. Aquel que te señala es porque envidia inhala. Si con el tiempo se decreta tu fiel verdad poco a poco entenderás la ley del silencio. La velocidad no te conviene. Te conviene más la lentitud, e inclusive, la quietud.
Me pregunto cómo has conseguido ser un maniquí del loco, un escaparate babea en tu interior y para afuera. Me pregunto cómo has logrado matar a tu padre, triste Edipo, desde y por y para la locura. Si no fueras un loco macuto, tendrías sentido del ridículo y tus semillas se pudrirían de vergüenza ajena, y tus linajes, abolengos y demás martingalas, se hundieron en las playas del sur de los besos negros del morbo y del olvido. Me pregunto qué sería de tu salud mental si te tragaras el humo de los alientos De Dios. Me pregunto qué culpa tiene la carcoma que te come la pata de palo. Qué rastro quieres pintarle a la muerte con tus jirones y muñones de un alma que busca un ajuste de cuentas con la orfandad de las verdades en cadenas de papel.
Recuerdo que debajo de las escaleras de la entrada al cine Rex, al antiguo cine Rex por entonces, había un agujero por donde cabía una persona grande, y ¿cómo no iba a caber un niño? Eso hicimos. Nos introdujimos en el mítico cine Rex. Ahora diré que cuando cierra un cine también se pone un punto a la historia del barrio, y también a la cultura en general. El barrio era Els Merinals, un barrio de gente emigrante y obrera, ahora lo sigue siendo de igual manera. Al meternos en el cine lo primero que se veía era su gran pantalla blanca rajada de esquina a esquina. No sé quién la pudo rajar pero era como poner un punto final a la historia de tanta gente. Estaban las butacas de terciopelo rojo, un pasillo en el centro donde hacían acto de presencia las ratas, pues hacía años que echaron el cierre absoluto. Nosotros anduvimos por todos los rincones. Desde las butacas del público hasta los entresijos del cine. Recuerdo habernos metido en la sala de reproducción y en las habitaciones contiguas descubrimos una especie de tizas en colores negro y grises, también otros colores. Recuerdo el reproductor en desuso imposible sacar de la sala de reproducción. Estaba prohibido entrar en aquel cine, ya que corría el riesgo de desplome. De derrumbe. Cada vez que cierra un cine es algo triste para la cultura en sí. Ahora la gente, aunque solamente una minoría, acude al cine hoy en día. La gente prefiere en época de pantallas ver cine en casa tranquilamente. Sin hacer colas, ya que hasta el famoso Pop-Corn (las palomitas de maíz por antonomasia) que no faltan en un cine, se ha convertido en un artículo más de supermercado. Estaba todo lleno de polvo. En un deterioro casi decadente, por no decir dejado a su propia desaparición. Había incluso carteles de las películas del momento. Cine, por aquella época de destape y humor un tanto superficial. De pronto aparecieron los videoclubes. Se veían las mismas películas entonces, pero desde casa. Eso fue la justificación a tanto tiempo de cine malo en España que pudo salvar la ministra socialista Pilar Miró. Mucha gente la criticó, pero consiguió hacer para el cine español con una cierta dignidad respecto al cine europeo. También ganó respeto. Ahora en lugar del cine hay unos apartamentos.
Como souvenir del Perú me traje una deuda y mi limpiaron los dientes con los que me comía la carne de Vallejo. Guardo el recuerdo fúnebre de una sombra de una gallera abandonada. Guardo tres naipes de espadas, un oro en la palma de mi mano, y un nombre que nadie quiere recordar. Me dirán cojudo los que no me vieron erguido. Me dirán extranjero los que no me han conocido. Me dirán loco los que nada de mí saben. Pero la última palabra sólo yo la tengo. Sé que incómodo abro los suspiros del hombre que nada de mí comprende. Pero dormí en una azotea oyendo los guachimanes, en el frío que resplandecen de esperanzas los ladrones que nada ya esperan.
El 1992 fue año olímpico. Pero el que recuerdo mejor fue aquel en que se bailaba rumba. Hasta llegar 1993 (el siguiente año sería fatídico), el lema era Amigos para siempre de los Manolos y también vete de los Amaya, Era el año que se emitió también el MTV unplugged in New York de Nirvana. Todo parecía tambalearse en los noventa.
Cuentan que Kurt Cobain y su grupo dudaban si tocar para un sello corporativo. Pero al final aceptaron.
En el 1994 aquel escenario haría historia por el álbum y el vídeo de la grabación en directo que se vendería más que los churros. Kurt pidió fervientemente que decoraran el escenario con velas encendidas y con lirios del tipo Stargazer.
Y el productor, Alex Coletti, le insinuó: — como en un funeral, y Kurt dijo: —Exacto.
Nadie presagiaba lo que aquellos años deparaban en un futuro temprano, demasiado temprano. La muerte y la calamidad.
Kurt Cobain se pegaba un tiro con una escopeta en su casa.
Se acababan entonces los años 90. Entre aquellos años se podía ver en VHS la película Trainspotting (1996) basada en la novela de Irvine Welsh, muy acertada como mensaje para la juventud de entonces. Pero el suicidio de Cobain cerraba un amplio capítulo negro en la generación X. Kurt estaba en las garras de la heroína y no pudo soportar la noria. O el tiovivo de subes y bajas constantes.
Entonces era la edad de piedra para la tecnología que nos marcaría a todos en un futuro más milennial. Entonces el arte eran los ideales que cada uno tuviese y la época grunge que abanderaba Kurt Cobain.
A los admiradores del flamenco, entonces, nos ocurrió otra fatalidad: se nos fue el rey del flamenco, Camarón de la Isla. Y se publicaba su obra última Potro de Rabia y Miel (1992). Álbum que evidenciaría la adicción a la heroína de José Monge Cruz, el divino Camarón.
Y otros que nos dejaron por sobredosis de heroína fueron Ray Heredia y Enrique Urquijo, de la banda Los secretos. Sin duda, toda una generación perdida. El cine patrio cerraba ese capítulo con el film Báilame el Agua (2000), protagonizado por el actor vasco Unax Ugalde junto a Pilar López de Ayala. Tiempo en que el viento se llevaba el espíritu de las dormideras dobles.
Las madres luchadoras obedecían su instinto cuidando a sus hijos, tanto de las drogas como de todo lo demás. Así en el año 2000 se cerraba un ciclo y era el comienzo para la generación Z y en el 2002 los años del euro.
De todo aquello reparo en una conclusión. Y es que todos aquellos años fueron fatales. Para algunos era como luchar contra un potro de rabia y miel, y otros no llegaron a contarlo. Pero fueron unos años en los que la juventud no tomaba drogas de diseño, aunque sí cocaína y heroína. Aparte de la hierba, que no la considero droga. Atrás quedaron unos años que nos marcarían para siempre a muchos. Y puedo decir que ojalá volvieran, hubiese querido evitar de un modo más enérgico alguna muerte.
Estoy harto del diagnóstico, de la repetida pregunta, de la culpabilidad presunta, de la sopa boba, de quien acusa y no pregunta, de la muerte rotunda, del cinco lobitos tiene la loba, del peloteo, de la coba, del asunto este tan feo, de los sentimientos que me hacen reo, de la neurosis y la broma, del video, del papeleo, del punto y la coma. De la coima, de la mordida, la verdad bien parida, del ciego titubeo, del depredador deseo, del mundo idiota, del patriota, poco importa la salida si ve lo que yo no veo, de la cagada de paloma o de gaviota, del que perdió la partida, y ahora su persona es otra. Vivo recluso de mi mismo, ¿quién me causó este seísmo? Este tsunami que arrasó al rizoma, del Louvre, del Prado del MoMa, de la égloga vecinal cuando mi soledad me ahoga, del dulce fermento del amor cuando asoma otro u otra. Del llanto saturnal, de la sexualidad por horas, de mi vida en soledad buscada, el agobio, el cansancio y el desprecio que pone precio a la persona. La persona del verbo, del momento, del recuento, del impertinente acervo, del prosimetrum que ahora ando escribiendo, del uno por ciento. Del latido hueco, del hueso, del carroñero. Del interés traicionero, del traidor beso, del acusador dedo, de la búsqueda de mi libertad, no es casualidad que la gente confunda sin razón ni peso. Del aprobado en Mates, del suspenso eterno, del miedo a los cates, del miedo de estar expuesto, del no fiarme ni del diestro ni del siniestro. Del estar siempre despierto, del perro y la perra en celo, del atarme para después desatarme, del remate como estandarte, de la clase y la elegancia que sabe a Lima Limón de los desmanes, a los buenos capitanes, al rancio olor del caudillo y sus secuaces. A la petulancia de los neoliberales, de los martes sin carnavales, del hacemos las paces con sorna, quien humilla, quien cuestiona, quien soborna, del sapo y loco mojigato, de la abandonada materia a quemarropa, del chivato, del mentecato, del que se apropia, del que no roba, de la cabra y de la soga.
Pienso que la idea de ser un un Ingenioso Hidalgo Don Quijote De la Mancha ya no alberga cabida en los corazones. En estos tiempos donde no hay escuderos Sancho Panza ni Quijotes ni Rocinantes a los que la locura momentánea les dé el impulso para luchar en contra de un bien común. Pues si no hay justicia ni luchas en las que ir en contra es algo que se pueda pensar pero jamás hacer público. Hay tantos Quijotes por el mundo como locos cría la Tierra. En el Quijote te ríes de sus locuras y disparates pero dice a ratos cosas de las que nadie ríe. Y te vienen súbitas ganas de decir “con la iglesia hemos topado, amigo Sancho” porque como bien apuntaba Cervantes serás la risa y el regocijo de los malvados. Serás manteado, serás la risa del populacho. Y eso es también una injusticia. España, país de locos que ponen su grano de arena en la lucha a lomos del rocín flaco. ¿Causas? Hay montones de causas por las que dar la vida. Causa de las que los que no hacen ni dicen nada ven como disparates. ¿Se puede ser Superman? ¿Se puede ser un héroe hoy por hoy? La respuesta ya la conocen. Prefiero ser un loco imprescindible que un cuerdo con aires de superioridad sin maldad y un revolucionario de bambolla. Ya no hay gigantes buenos y malos. Puedo sugerirles algunos ahora. Pero este mundo, carente de humanidad, no son comparables los buenos de los malos. Pienso y creo en el ser humano, y en las utopías. La vida no es fácil para nadie. Nunca nadie dijo que lo fuera. Pero necesitamos más Alonsos Quijano que malvados que tienden a hacernos perder la esperanza. El mundo, la humanidad, la mayoría, es buena. Y si te adhieres a la gente con una buena voluntad hacia los hombres comprobarás que la cosa no es absurdamente tan terrible.
Me pongo a bucear en el agua para no escuchar nada de la atmósfera exterior y poco estimulante. Buceando no siento. No oigo. Soy yo mismo. Y lo más asombroso que la terapia del agua dura poco mientras resistes la apnea. Sumergido eres libre por unos instantes. Medio minuto lo máximo. Admiro a los buceadores que resisten apnea. Siempre que escucho el exterior, escucho al mismo niño gritar jugando a fútbol, escucho la misma risa malévola, el mismo trasiego de coches. Ahora he descubierto la apnea de la música. A los Gipsy Kings, a Camarón, el neo-tango, a los Sex Pistols a todo trapo, a la Polla Récords, etcétera. La música es lo mejor que me ha ocurrido en la vida. Es el tesoro más particular del sitiode mi recreo. Es verdaderamente una maravilla. Los sumergidos creamos libros flotantes. Para que los lean en el oxígeno de la vida. Los sumergidos hablamos debajo del agua y las burbujas nos delatan. Pero no se entiende, es decir, nadie entiende lo que queremos decir. En fin, que vivir sumergido también tiene sus contraindicaciones, pero éstas pasan de largo cuando te obcecas en la petulancia.
Si no hubiera sido por las correcciones que me hizo Susi Underground en un agosto del 2022 ahora me tendría que gastar una pasta. Ella era anarquista, revolucionaria y, según ella decía, padecía un estigma social que la limitaba en las relaciones de tú a tú. Era fantástica amiga. Me hizo las correcciones íntegras de mi novela ya publicada en Ediciones Vitruvio. No la olvidaré NUNCA. Era totalmente altruista. Murió sin sufrimiento. De muerte súbita. Para ella van dedicadas estas palabras. Quisiera añadir que no la olvidaré nunca. Me hizo un gran favor, la invité a que se pasara por casa, pero siempre me daba una justificación que yo entendía perfectamente. Una gran amiga que no olvidaré.
Tanto los españoles como los anglosajones. A pesar de navegar por diferentes ríos, dicen ¡Oh, Dios Mío! Y Dios no es suyo ni de nadie. ¡Si no que se le pregunten a aquellos que ahora son extraños en una tierra que antes de la noche de los 500 años fue suya durante milenios! La verdad de Huancahuasi está en la mirada de todos ellos. La noche de los tiempos no lloró tanto por encontrar la luz de un nuevo sol en fifty fifty con la luna. Con la luna oscura de testigo satelital. Los astros se alegraron desde lejos. ¡Oh, my God! ¡Oh, Dios Mío! Se apropian de un Dios que no es de nadie ni él se considera así. Las guerras y las injusticias dominan este mundo, y el diablo es la humanidad que destruye la Tierra. El diablo somos nosotros mismos, y Dios no nos pertenece. Cuando la luna brilla es un abalorio. Pues ¿la luna estaba antes que el sol? El sol es un astro. Y debemos conformarnos con que la vida es efímera y nos pasa y nos pesa. A partes iguales. Cuando Dios se entregue a los hombres, dejará de ser Dios.
Nací en la Noche de Walpurgis. Y en los akelarres se contaba esta historia por las brujas y hechiceros, también se hablaba de homúnculos y de la noche de los tiempos. La inmensa noche de los tiempos. Las hogueras se encenderán y en otros lugares se expandirán las luces de LED. Sé de estas historias porque las llevo en la sangre. Los poetas y los demonios se entienden a su manera. Por eso Dios y los hombres no se entienden aunque vayan al templo. Sed leales. La voluntad De Dios es la única voluntad que tienen los hombres consigo. Ninguna más. Cuando Dios los empuja no es que sean fugitivos del deber. Ofrecen amor una sola primavera y su vida será otra mientras estos vivan. Y si mueren es porque La Voluntad De Dios lo ha querido. Esta es la ley de los siete días. Esta es la ley del derecho a ser distinto, y a ser libres de su voluntad, porque es la voluntad De Dios.
¡Oh, my God! ¡Oh, Dios Mío! Aún debe pagar la humanidad las locuras que se han cometido en el nombre De Dios. Y la Tierra volverá a ser noche mientras no se perdonen los hombres en la paz en la voluntad De Dios. Equilibrio, amor y compasión verdadera. La voluntad es De Dios, pero Dios no pertenece a Nada ni a nadie. Ahora todo es mentira, dos hemisferios. Un único sol y una luna que estuvo durante milenios agazapada. Dos mundos en esta otra parte del mundo. Salud y Libertad.
Mis poemas tienen a veces un lobo estepario, un niño con la mente opaca, una ingenuidad sin remedio. Este poema es la dedicatoria más hermosa que pueda yo escribir. Vivo solo; desde un tiempo hasta aquí me he apartado de mi manada. Soy un lobo blanco, un jaguar en la selva amazónica. Otorongo no come otorongo. Vivo solo sí, pero todo en mi vida de adolescente ha sido porque yo lo he elegido libremente. Nadie es culpable. Si hay algún culpable ese solamente debo ser yo. Soy feliz a mí manera. Vivo en un barrio de buena gente, y se alegran, algunos se alegran, cuando me ven solo por las calles. Es duro perder el alma, pero más triste es perder la vida. Este lobo estepario no se parece en nada al que relataba Hermann Hesse. La verdad es que he tenido suerte en mi vida, pues ser un lobo estepario no es fácil. Pero para nadie vivir es fácil. No me arrepiento de ninguna decisión tomada, aunque cuando en las noches se presentan las sombras como si tuvieran carta de recomendación, nadie es culpable. Nadie me ha obligado a nada.
Hay grandes diferencias entre la esquizofrenia de las mujeres y la esquizofrenia en los hombres. La diferencia es que la mujer tiene estrógenos y el hombre no. ¿Cuál es el problema la testosterona? Esa daría una respuestas clara y elocuente de por qué los hombres tienen una aceptación tan distinta a las de las mujeres. Y por eso normalmente estos recurren a las prostitutas. Es todo cuestión de hormonas, células y endorfinas. Que en definitiva son la misma cosa. Las mujeres, muy pocas engordan, los hombres sí. Los psiquiatras recomiendan el ejercicio. Pero para hacer ejercicio hay que estar también psicológicamente en forma. Recomiendo el documental Esquizofrenia 1% en YouTube. Donde hace de productor Julio Medem.
En primer lugar diré que la autoficción es un asco. Yo he escrito demasiado sobre experiencias, me he desnudado, he hecho concesiones varias. Y me he equivocado. Se puede dar una opinión personal, se puede escribir una anécdota, se puede hablar de algo que te atañe. Lo que no se debe contar es nunca intimidades. Ni siquiera a un amigo una noche de copas. Alguien dijo lo que no quieras que sepa nadie no se lo cuentes a nadie. Muchos, escriben sobre la vida de otros, y la suya la dejan entrever como un merodeo con el abrigo puesto en pleno verano. Buscan vender sobre la vida de otros son como pequeños escritores/as parásitos en hombros de gigantes. Se debe tener valentía. Al hablar de ti mismo no se debe ser cínico y sí un poco valiente. Pero eso solo los locos lo hacemos de vez en cuando. Ahora voy a optar por la ficción absoluta. La realidad es poco interesante. Y si no escribo ficción prefiero no escribir. Ya he contado demasiado sobre mi vida personal, con tintes de ficción. Pero la realidad al fin y al cabo. La verdad, es que voy a dejar de escribir tanto en esta bitácora y dedicarme más a la lectura. Cuando escribes realidad no hables sobre ti, tampoco de los demás. Intenta imaginar desde la verosimilitud. Pues escribir sobre los demás es otorgar morbo a quien te lo puede recordar en un futuro en frío como una venganza. El caso es que el realismo mágico, incluso, el realismo sucio, mucha gente lo interpreta y les divierte. Es divertido. Pero la realidad, por ejemplo, de Truman Capote es una realidad maquillada pues lo único que es repugnante aunque sea bueno es en A sangre fría. Y eso no es honestidad. Lo que es honesto es escribir buenas historias desde una base real. Y si escribes ensayo o micro ensayo no te pases con el culturalismo, ni hablar chino. No es de ser más culto o menos. Es cuestión de que no se aburran los lectores. Así que me declaro insolvente de autoficción. Se puede imaginar mundos que pueden ser reales. Pero la realidad necesita su sobredosis de ficción. Es lo que creo ahora. Antes no lo veía así. Pero de los errores se aprende. Escriban lo que quieran. Pudor literario, y no furor uterino.
Los recuerdos de mi madre y de mi padre cuando era niño no son los mismos de ahora. Antes recordaba mi madre fragancias de inocencia paridas desde mi garganta. Recordaba la bonita infancia donde era fácil decirme mentiras piadosas por mi bien, ahora todo ha cambiado. La verdad es que las mentiras tienen las patas muy largas desde la niñez a la adolescencia. Recuerdo cuando mi madre me daba habas. Recuerdo el fin de mis amígdalas. También el temor a una posible enfermedad debido a mi anemia alarmante. Cuando mi madre tenía treinta seis años, qué maravilla. Bellos recuerdos que se pierden como una tormenta disipada por el viento. Recuerdo el vino quina que me daban para despertarme el apetito.
Ahora todo es diferente. Ese niño se ha hecho hombre, y ese hombre ya no es el mismo. Recuerdo cuando mi madre me compraba pastelitos de Tarzan, y Phoskitos. Recuerdo la lechera de lata camino de la lechería. Ahora ya no me va a buscar a las cabañas en las afueras. Pero me sigue buscando por los rincones adormecidos por los sueños de su casa. Mira mi foto. Y no me encuentra. La verdad, es que ya no me encuentra nadie. Todo se ha evaporado. Como el disolvente o como la gasolina. Yo nunca he sido malo. Ni travieso. Pero el tiempo de ahora me ha hecho desconfiado y no me fío de nada ni de nadie. Contrastados recuerdos. Pasar de un lugar a otro del alma. No, ya soy recuerdo solo para mi madre. El número próximo de Nevando en la Guinea se lo voy a dedicar a ella y a todos los padres de poetas o escritores. Porque me apetece hacerlo. Es inútil satisfacer a todo el mundo, pero más fácil es alegrar a unos cuantos.