Por costumbre
Posted on 22:15
Tengo por costumbre al igual que comer tres veces al día, la fiel costumbre de ir a gatas por la vida, a sabiendas que la vida me destrozó las rodillas. Tengo la fea costumbre de hacerme el corazón mil pedazos, y tengo la soporífera virtud de nacer cada día un poco, me desprendo de mí mismo poco a poco, minuto a minuto. Me deshago de buenas compañías, pero la vida es un entreacto y un sobresalto, la gente espera un milagro cada día, aunque no se multipliquen ni el pan ni los peces. Nadie tiene el milagro domesticado, es el milagro una derrota que cae desmayada perdida, sesgada y solitaria. Hemos cambiado para bien o para mal, algunos lo hicieron peor, y otros tantos, algo mejor. Ya han pasado los años como un viento imposible de sujetar con las manos. Ahora me afeito con el corazón lleno de canas, y con la esperanza manirrota, me conformo en no buscar nada en los pozos, porque sé de antemano que están vacíos, no voy a soñar en los laureles, no voy a escapar de este medio miedo redondo porque no quiero salpicar orgullo y desamparo. Yo también espero el milagro aquel que todos conocemos. Ese, que se sienta en la última fila, como un escolar que no quiere nadie. Como un esclavo unido a la desventaja. La costumbre nos dice que a todos nos duele el alma. Nos asomamos con la mirada perdida y con la experiencia trillada como fantasmas atados a nuestros sueños. No nos merecemos la canción del frío orgullo, tampoco merecemos la soberbia en los portales, ¿qué ganamos causando ruido? Un ruido que golpea en los corazones, y que para nada sirve.
