Capplannetta y Cibernética Esperanza

Posted on 0:16



Hoy, como sorpresa en el desayuno, he comprobado que mi novela poética ya está en la Casa del Libro, aparte de estar en la mejor librería de Sabadell La llar del Llibre. A quienes quieran saber algo sobre esta novela poética les diría que tiene un poco de cada género y a la vez ninguno. Unos la llaman literatura experimental, yo tiemblo cuando escucho la palabra experimental, pero al final la pueden catalogar de cualquier manera, mientras se haga desde el respeto y la buena intención cualquier crítica es válida. No sólo habla del amor a ciegas a través de Internet, también habla de fe ciega, de decepciones, aunque también hay humor, todo en un ensamblaje de géneros entre monólogos y distintas maneras de escritura. Hoy he comprobado que los distribuidores de Ediciones Vitruvio son competentes. Espero que guste al lector. Él es quien tiene la última palabra, y no el que no ha leído ni el prefacio, que puede ser acertado o no. Un escritor como yo puede merecer de denominarse escritor (amateur), ya que aficionado he sido ya desde el año 1995, y de ahí hasta llegar ahora he pasado por toda una andadura como si de sexo habláramos. Es un ejemplo en el que hay días victoriosos y días de profundas decepciones. Pero, aunque de sexo también merodee esta novela poética, es a ratos sería y en otros momentos es un manojo de risas musicales, sin llegar a la carcajada malévola. No quiero ni pretendo dejar cabos sueltos en esta Presentación a medio camino entre el autobombo y el ego masturbador. Quisiera que al menos guste.  Quiero dar las gracias a Pablo Méndez, y a Juan A. Herdi. A mis padres les dedico el libro. Ellos se lo merecen más que nadie. Quiero dar las gracias a los libreros y a todas las personas que han hecho posible este trabajo. Les invito a que vean en YouTube el vídeo de presentación que hicimos entre la editorial y yo. Les invito a que se diviertan, y que cada uno saque sus propias conclusiones. Capplannetta que soy yo, Casimiro Oquedo Medrado, insiste en que este paso por las páginas de un libro sea divertido y también ingenioso, que no ingenuo. Espero que disfruten de su lectura y añadir que escribir sobre Internet sin haber saboreado la experiencia a lo Gonzo, en toda su crudeza es como comer sin ganas.   

Cibernética Esperanza (casa del libro)

Capplannetta cuando cambian las cosas

Posted on 7:01



Yo no sé en qué momento ni en qué lugar cambiaron la percepción que yo tenía del mundo. Intuía que el mundo guardaba un secreto en las criaturas noctámbulas. Pero jamás pensé que fuera la quinta esencia de la metafísica que hacía y daba justicia a la esclavitud de los hombres. Los hombres pueden ser esclavos de sí mismos. Recuerdo ahora a mi tío, trabajador incansable, toda su vida en una furgoneta porteando andamios y materiales de la construcción. Y aún así siempre tenía su chispa de alegría que con ella encendía los corazones ajenos. Mi tío era un hombre hecho a sí mismo. Tenía nombre de rey mago, debe ser por eso que se pasó la vida regalando lo metafísico y lo material. Siempre me acordaré de mi tío. Tenía unos ojos azules como un zafiro, e hizo el servicio militar en el Sahara. Eso me hace recordar mi otro tío, que hizo el servicio en Guinea Ecuatorial. Los dos grandes hombres. Trabajadores hasta la extenuación, generosos, y los dos tartamudeaban. Uno de mis tíos ha muerto el día de su cumpleaños, qué caprichoso puede llegar a ser el destino. Cuando cambian las cosas en tu interior también cambian a tu alrededor. Es la piedra filosofal de la vida. Que la tierra les sea leve, todo lo leve posible. Y que allí donde se encuentren hallen una vida de paz. Mi abuelo y mis dos tíos han muerto por la misma causa los tres, infarto de miocardio. Debe ser que tenían los tres un gran corazón. Es difícil acatar la muerte. Aunque fueron pobres y sencillos tuvieron una vida a veces no agradable. Pero eso es la vida para todos en general. Algo de lo que fueron en vida quedará en mí. Y siempre los recordaré con cariño. 

15º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Posted on 0:41

 



Capplannetta y el reloj alado

Posted on 2:29



Tengo y guardo gratos recuerdos de mis abuelos maternos. Mi madre trabajaba en una pequeña fábrica textil mientras que yo en su casa veía los dibujos animados en blanco y negro. Recuerdo a mi abuelo fumando Celtas con filtro y a mi abuela darnos bocadillos de pan, tomate, aceite y sal, aunque cuando podían compraban un tarro de Nocilla de dos colores. Mi abuelo veía poco, pero con lo poco que veía nadie podía engañarle, lo recuerdo al encontrármelo camino de su casa con sus zapatos relucientes y una risa fresca y cariñosa. Mi abuela estaba en esa época ágil y activa, ya que cuando hacíamos caracoladas era ella la que cocinaba. En aquella época, años duros y precarios, tenían teléfono. Mi abuelo venía de una familia con grandes tierras con árboles frutales y mi abuela también. Por eso, en la post Guerra no pasaron hambre. Eran tiempos duros para ellos pero lograron llegar a una edad longeva y con lo necesario para vivir, aunque, como mucha gente, tuvieran necesidad de algunas cosas materiales. Cuando vivía mi abuelo éramos una familia unida, pero al morirse, nos fuimos alejando tíos y primos. Mi abuela no pasó una mala vejez tampoco, pero algún disgusto sí le daban nietos e hijos. Ahora que recuerdo, pobres de mis abuelos, eran buenos y generosos. Te daban lo que no tenían y recuerdo aquella época escuchando a Manolo Escobar y a Antonio Molina. Yo conservo las cassettes que mi abuelo usaba. Mi abuelo era muy ordenado y le gustaba ir arreglado y limpio cuando había que salir a la calle. Mi abuela también. Mis abuelos votaban a los socialistas, ya que en aquellos años Felipe González prometió pensiones para todos los mayores. Mi abuelo y mi abuela vendieron las tierras y se establecieron en Cataluña. Se hicieron unas viviendas y allí vivieron hasta que murieron ambos. Escribo ahora esto porque los echo de menos, a los dos. Eran un matrimonio de los de antes. Mi abuelo, un caballero, y mi abuela, una dama con principios. La muerte de mi abuelo fue el inicio de que mi familia materna se fragmentara. Una vez muerto mi abuelo se fue todo al garete. Recuerdo las migas de mi abuela. Recuerdos los cinco duros de mi abuelo. Los quiero y los querré. Ellos son mi infancia y mi tiempo de más felicidad. A ellos homenajeo. 

Capplannetta y los prolegómenos de la locura

Posted on 23:48



De niño no comprendía bien el designio que determinaba la locura o la cordura. Pero a medida que ha pasado el tiempo he ido comprendiendo el porqué la gente se vuelve loca. Locura llamamos a todo aquello que se escapa de la razón impuesta por una sociedad clasista, con febles parámetros de belleza y una cordura que a veces no está del todo preconcebida, sino ocupa un lugar en la normalidad y contra aquello que se escapa de nuestro entendimiento y surge de afuera hacia dentro de las criaturas que llamamos locas. La cordura es un cliché que difiere de lo normalizado para alejarse como en una balanza de la locura y la rareza humana. En la prehistoria se los abandonaba la tribu de la manada y de la manera de pensar dentro de lo normal entre sus miembros. En la Edad Media los llevaban a la hoguera sin lugar a dudas. Ahora con la nueva psicología, el psicoanálisis y los perfiles que diagnostican los psiquiatras y los profesionales en la materia, los enfermos de la mente están cuasi aceptados en la sociedad. Todavía existen estigmas, y se sobreentiende que la locura es como coger agua con las manos. La razón escapa a cualquier entendimiento. Todavía huimos del loco, y el loco huye de las mayorías, todavía nos reímos de la locura sin pretender un respeto en el cual hagamos hincapié desde lo normal. Y digo normal, ya que ¿qué es lo normal en nuestras sociedades modernas? Ser un loco tiene varias connotaciones pero la más extendida redunda en las aberraciones, en las rarezas y en lo anormal, si es que ser normal tiene algún factor de razonamiento como referente. A las enfermedades mentales se han unido resquicios de superficial normalidad, y dentro de eso vemos a la cordura como una verdad normalmente lúcida.

Capplannetta desde el pozo

Posted on 22:54



Ha quedado claro hace tiempo ya que estoy solo. Llamo a mi madre, no me oye, llamo a mi padre, tampoco, llamo a mi hermana, llamo a mi hermano. Y nada. Todos tienen una vida alejada de la mía. No sé ni cómo ni cuándo me metí en este pozo del que nada bueno sale. Los amigos, son gente corriente, gente especialista en el consumo de risas y algarabía. Llamo y llamo, y nadie me escucha. Volvamos a empezar, demasiado tarde, contesta la voz de la conciencia. Hagamos algo para morirnos de la risa, ya no tienes gracia. Repitamos la primavera de antaño, ya eres demasiado viejo. Evoco a Reinaldo Arenas y me digo: -Todos sufrimos la angustia del largo equinoccio de invierno. Llamo y llamo desde el pozo. Me invento una nueva manera de vivir y de morir. Ando toda la casa, de la cocina a la alcoba. Cuando era un hombre casado estaba realmente solo. Se acerca mi madre al pozo y me dice que no estoy solo, que existe una conexión HDMI en la que puedo ver cine, soñar y reírme. Pero eso tendrá que ser en el pozo. De allí no puedes salir. Gritar es fallido tanto griterío. Me siento inútil, más inútil que el diario repetido de la noche. Hay otros mundos para gente como yo, ambos mundos desplegadlos como un mapa mundi. Tengo la soledad del cosmonauta. Soy un hombre solo que ve un supernova azulada en las galaxias. ¿Por qué no nos proponemos ser como la vida nos mastica y nos traga? Yo no he hecho nada a nadie, sin embargo este pozo es ahora mi propiedad privada. La única que tendrás mientras no resuelvas el galimatías en el que te has metido. Prefiero paz antes que encierro.


Capplannetta y Don Francisco Umbral

Posted on 18:32



Después de haber visto el documental Anatomía de un dandy sobre la vida de Francisco Umbral, me quedo parado en el momento en que se habla de su libro Mortal y Rosa, que nos habla de su episodio cuando su hijo fallece y me da cierta lástima, ya que un niño tan precioso y lo que se deduce de la felicidad de su padre, aquel que tenga corazón que tenga pena, porque muy poca sensibilidad debe tener aquel que no se emocione tras la muerte del pequeño y la gran pena de sus padres. Hago esta parada en esta sección del documental ya que yo de niño fui testigo de lo que puede llegar a ocurrir cuando en cualquier persona se le cruza el maldito cáncer. No importa la edad, pero en los niños, qué dolor tan inmenso debieron sentir sus padres. Cuando yo era niño me diagnosticaron una simple anemia, todos sabemos a lo que conduce. Si no lo saben se lo diré, conduce hacia la leucemia, es decir, cáncer en la sangre. No tengo hijos de momento. Pero yo cuando iba a las consultas de la doctora Abadía veía niños de mi corta edad sin pelo y con juguetes caros. Yo le preguntaba a mi madre qué les pasaba a esos niños, mi madre siempre me contestaba con evasivas. Quizá para protegerme de lo dura que puede ser la vida en ocasiones. Porque esos niños, esas criaturas encerradas en un hospital, con su cabeza sin pelo. Niños, niños, niños. Ahora a estas alturas comprendo las pocas explicaciones sobre el asunto. Yo me curé de la anemia, pero ¿y esos niños? ¿Qué habrá sido de ellos? Me solidaricé con el maestro Francisco Umbral. En el documental pude ver la fotografía de la gran tristeza que sufrió y que llevó en toda su vida como una condena pues perder un hijo es un dolor indescriptible. Ahora estamos lamentando la muerte de la escritora Almudena Grandes, y pienso en Luis, en sus hijos. Debo decir que lo siento, lo siento por todos. Tengo sobrinos pequeños y me horroriza que pasen por ese amargo trago. No damos importancia a la vida hasta que nos arrancan la alegría, y llamemos tragedia, desgarro profundo, dolor infinito, lo siento, por aquellos a los que se llevó la parca, por los niños inocentes, por las personas válidas que he conocido. Tiene razón la viuda de Francisco Umbral cuando parafrasea los versos de Lorca, aquello de que la vida no es buena ni sagrada. Quisiera dar este homenaje en estas palabras que pesan. No por lo que supone la muerte de un adulto, que también, sino por la muerte que segará la vitalidad de aquellos niños en la sala de espera de la doctora Abadía. Este mundo se entiende desde el interior del alma, y en tanto debe ser interior, porque exterior el consuelo de los demás puede no ser suficiente. Tampoco creo que no deje a nadie indiferente, tengan Salud.