Posted on 2:20

Hace unos meses fui al podólogo, y cuando me rascaba el talón y la planta del pie con la máquina yo movía el pie bruscamente y me decía: -¿Qué te pasa? ¿Tienes cosquillas? Y yo le dije que sí. Y el podólogo me dijo: -Eres celoso ¿verdad? Y yo avergonzado le dije que sí asintiendo con la cabeza. El caso es que me viene de herencia. Mi abuelo también lo era. Mi abuelo en los tiempos que vivieron de campesinos y pastores en el pueblo le hacía nudos a la puerta de la casa por sí salía mi abuela o entraba alguien tenía que desatar nudos y por consiguiente mi abuelo descubría que había entrado en la casa alguien más que él. Mi abuela lo entendía, y entendía también que lo hacía porque la quería. Murió mi abuelo antes que mi abuela, pero mi abuela siempre lo recordaba con cariño. Yo también he sido celoso con mis parejas, pero yo me hice celoso con los años, digamos que fui engañado. Amigos desleales, parejas despechadas, todo ha sido una multitud de ingredientes. Mi ex dice que nuestro matrimonio terminó por mis celos absurdos, puede que tenga razón, pero siempre hay más que eso. Al principio ella me quería a mí más que yo a ella y cuando la conocí me hice el ciego en aspectos económicos, yo ya sabía que no era la mujer de mi vida, pero me casé y lo intenté, aunque fracasé. Ella me quería más a mí al principio (repito) pero después, cuando el cariño se apagó, era yo quien más la quería. En el post anterior digo que un amigo me había propuesto acostarme con su chica por 40.000 pesetas (240€), puede parecer machista, pero el caso es que su chica estaba encaprichada de mí, yo era para ella un capricho, un juguete, mi amigo se fue de prostitutas y su chica lo notó en la economía y digamos que la chica le hizo ese chantaje. Esos dos sí que no sentían celos ninguno de los dos, pero amor tampoco, ni siquiera cariño. En fin, que sí, soy celoso, aunque no lo digo con ningún orgullo, más bien es algo de lo que no suelo hablar normalmente, y si ahora lo cuento es para que me sirva de efecto terapéutico. Aunque contra los celos el único tratamiento que nos pueda redimir de sus aguijonazos es mordernos los labios, resignarse, quien calla otorga.
Posted on 2:23

Hubo un tiempo, allá por los años 1994-1998, que anduve perdido. Fracasé sentimentalmente y mi corazón estaba inmerso en una oscuridad que nadie entendía. Me metía en líos, en peleas y anduve en las adicciones. Mi corazón estaba perdido, andaba como un loco intentando hacer equilibrismo como un funambulista, andaba haciendo equilibrios con una cuerda y sin red, debajo de mí el abismo. Recuerdo que a un amigo mío le dimos una botella de anís, y él, ni corto ni perezoso, se la bebió copa a copa. El anís es una bebida dulce aunque un tanto traicionera, a mayor cantidad ingerida más enérgico resulta su efecto embriagador. Cogió un coma etílico y tuvo que venir la ambulancia a por él, tuvimos que avisar al padre del estado de su hijo, y fue él el que le acompañó en la ambulancia camino al hospital. Recuerdo que lloraba y maldecía dándole al hijo zarandeos y levantaba su puño como para rematarlo. Con el tiempo vino el chico a mí con su pareja y me propuso que si me acostaba con su chica me daba 40.000 pesetas (240€) que fue el dinero que se había gastado él en prostitutas. Yo me negué rotundamente. No soy esa clase de hombres, tengo principios. Con el tiempo me enteré de que había bajado a Andalucía con su padre y no supe nada más acerca de su paradero. A mí me daban por aquella época unas gotas para no ingerir alcohol, unas gotas muy peligrosas, COLME se llamaban. A veces me bebía una simple cerveza y me ponía rojo como un tomate y malísimo. Las gotas me las daban por los líos en que me metía, y por las borracheras tan malas; con cualquiera me peleaba. Mi única válvula de escape era el cine, llegué a ver mucho cine en VHS, hasta que un año me fui al pueblo natal de mi padre y me reencontré con la lectura, cosa que no hacía desde el colegio. Me seguía metiendo en líos, fueron cuatro años de alcohol, peleas y empecé a escribir. A veces escribía borracho, todavía conservo los cuadernos. Llevo veinticinco años amarrado a las palabras. Digamos que lo hago con tanta soltura ahora que no sé hacer otra cosa. El otro día me enteré de que aquel amigo que se zampó la botella de anís y agarró un tremendo coma etílico, ese chico, joven, inteligente, aunque vicioso, pero muy buena gente. Ese chaval murió de una sobredosis de cocaína, al parecer se inyectaba la cocaína en la yugular. Da escalofríos tan sólo con pensarlo. Ahora me pregunto por la reacción del padre. Lloraría y lo zarandearía como en aquella ocasión perdida, como yo tantas veces me perdí, en el recuerdo más oscuro que pudiera imaginar, en la taberna más sucia y más fantástica. Aquel chaval que hizo conmigo una película, película que la guardo en casa. Una película mala. Aunque dentro de todo lo malo que hicimos salió ese fruto. Un fruto podrido.

He hablado algunas veces de mi amigo Juan A. Herdi, hoy no lo voy a halagar ni voy a vapulearlo. Hoy voy a hablar de las diferentes maneras que tenemos de hablar los dos siendo él vasco y yo catalán con raíces andaluzas. Al tener acento andaluz, porque señores, yo soy auténtico, y hablando parezco de la Andalucía Este, de donde es mi madre, mi padre es de Sevilla, otro acento distinto, Andalucía es muy rica en todos los aspectos. Aunque aún lo es más Catalunya, pero yo me considero español. Digo esto porque él siendo vasco su acento es más castellano, el mío también, pero me refiero a que él sesea y yo me como las eses. Me he dado cuenta que en nuestras conversaciones telefónicas él está más surtido de palabras, ya que es un latinista. Sin embargo yo, menos leído que él, todo hay que decirlo, mi manera de hablar con mis conocidos es mi manera de hablar materna (repito). He notado montones de veces que no entiende bien lo que digo. Me ocurrió una vez, cuando él residía en Barcelona, que fuimos a un bar y tomamos cerveza, y ninguno de los dos habíamos comido, y se le ocurrió tapear en el bar de un tipo que parecía o sevillano o de Cádiz. Pedimos patatas bravas, y croquetas caseras, y se le ocurre preguntar al amigo que de qué eran las croquetas, y el dueño del bar, muy garboso, le dice: -De cosio, (cocido andaluz que se hace con la pringada de ternera, en algunos sitios le echan carnes de porcino) y Juan A. me dice: -¿De qué ha dicho? Y yo que sí lo entendí le dije con mi acento: -¡De cocido! Y él reía y se fue encarado a la pitanza, porque es un buen Gourmet, nos echamos unas risas y nos fuimos con la música a otra parte. Pues a lo que me refiero que él es un gran lector pero de Andalucía conoce poco, y lo entiendo. A veces no nos entendemos ni los propios andaluces y descendientes. Pero una cosa que sí tiene es que es un gran conversador, de aquellos de los que se puede hablar de cualquier cosa, aunque él odia el fútbol, los toros ni fu ni fa, aunque él es bilbaíno, donde está el Atlético club de Bilbao, y la plaza de toros de Vista Alegre, la más exigente según solía decir Ernest Hemingway.

Recuerdo que cuando estaba casado y veía una niña sudamericana se me caía la baba. En realidad sé poco sobre el instinto paternal, pero lo poco que sé, lo sé por mis hermanos, ya que ellos sí que son padres. Cuando algún sobrino mío se pone malito me afecta, no sé, no lo puedo remediar. Hoy le he dicho a una amiga que me despierta el instinto paterno, no sé cómo se lo habrá tomado, pero no creo que sea una ofensa. Ha habido mujeres en mi vida que me han estimulado el instinto paternal, aunque ese no es el sentimiento que quieren las mujeres de ti. Pero algunas mujeres dan ganas de abrazarlas y sentir conmiseración hacia ellas, también mis sobrinos. Si yo sufro por los padecimientos de mis sobrinos, imagínense sus padres. Recuerdo cierto día en mi niñez que despertamos a mis padres y mis padres se levantaron a desayunar, y yo y mi hermano nos quedamos en la cama de ellos saltando como en una colchoneta, y de pronto se cayó mi hermano de la cama dando una voltereta y se dio un golpe en la cabeza y quedó inconsciente, recuerdo que cuando lo vio mi padre cogió a mi hermano del suelo y se lo llevó al hospital, mi hermano despertó en el coche, sería del traqueteo del automóvil. Entonces nos dimos cuenta. Nos dimos cuenta de que mi padre iba en pijama y en zapatillas de andar por casa, eso, y al ver que mi hermano despertaba nos alegró el día. Digo esto como ejemplo vivido de que no soy padre, aunque tengo la idea de lo que puede serlo. Te desvives por tus sobrinos, pues con tus hijos que llevan tu sangre con gusto la lamerías porque esa sangre es tuya, como bien dejó escrito Lorca.

Cronometré mis plegarias y todas duraron tres segundos, de cada mixtura que recojo en el transcurso, me llevo un souvenir repleto de olvidos, ya no confío en Mickey Mouse, sin embargo, me he hecho furtivo en los bosques negros, y trampas pongo a mis sueños, a mis placeres pequeños un gran cielo abierto, con el que se me erizan los vellos y mi corazón es un dulce y sagrado escalofrío. El momento de las despedidas tiene una dicha y una pena, el momento de la muerte es lo que no tiene solución, acaso un ángel viniera y me prestara su hombro en mi desconsuelo, pues no he fumado ninguna porquería, ni le eché vodka a mi vaso de leche. Me rodeo de rotundos desengaños que me arrancan la piel a tiras, y me invento personajes de arte pop en cualquiera de mis impresiones por domesticar, no conozco a nadie que no codicie un don de astro, yo no soy astro, y os digo hoy que nunca nadie, nunca nadie regresó de las tinieblas, pídele consejo a papá. Recojo leyendas en los bulevares, y me apropio de aquello que no hice, pero no es que sea un ladrón, soy un coleccionista de alegrías con minifalda. Me gustan las adolescentes con sus uniformes a cuadros, la tragedia inglesa es que nunca regresarán de los patíbulos de Oxford. Dicen los agoreros que llegará la mañana a ser mañana, y que la madrugada es tan suya que parece una pared en el campo abierto, pero yo conozco un algoritmo que la pone como Dios la trajo al mundo, libre y necesaria, atractiva y arrebatadora, el sol es lo único que nos queda a los amantes de la tormenta. Fuego sobre fuego es el universo, y éste poema en prosa finaliza ahora.
Posted on 2:25

Yo no me siento para nada un Playboy, quizá en mi juventud haya tenido cierto éxito con las mujeres, pero nunca he sido un mantenido. Quizá porque no he podido, pero la profesión de “mantenido” es una profesión arriesgada. Conocí un tipo una vez, que estaba hecho un haragán y además un pingajo en la calle de homeless y el hombre tenía unos ojos de un celeste claro, eran casi turquesa, y tenía un hoyuelo marcado aunque lo disimulaba la barba relativamente larga; digamos que el tipo, por lo que vi en él y lo que me contó, al parecer tuvo una vida intensa. Decía que había sido proxeneta, y un Playboy, me contó que estuvo con un montón de mujeres a lo largo de su vida, y ya se sentía acabado, abandonado como un perro de nadie en la calle, ya no era aquel que fue. Me vinieron a la cabeza gentes como Porfirio Rubirosa, que estuvo con muchas mujeres aunque al final de su vida murió solo en Paris, aunque había hecho antes el papel de mamporrero o celestino de Trujillo (el dictador dominicano). También en menor grado me viene a la cabeza Chet Baker, el trompetista y cantante de jazz, que aunque los últimos días de su vida fueran una tragedia aún por dilucidar, tuvo una vida de Gígolo de la que se sabe muy poco, o quizá no demasiado, lo que sí queda claro es que fue una especie de vampiro y que estuvo con muchas mujeres a lo largo de su breve vida, aunque era un gran músico. También está el caso de Hugh Hefner, que en el 1953 fundó la revista Playboy y de la que astutamente se hizo rico y famoso. Empezó con el número de Marilyn Monroe y la revista se vendía como rosquillas. La revista fue fundada en Illinois (Chicago) y es por todos sabido las fiestas que organizaba en su mansión y las que en varias entregas fueron televisadas donde venían al festejo músicos de jazz, pero en esas apariciones televisivas las chicas no aparecían desnudas. Si les soy franco, todo aquel que le haga un agravio a una mujer lo paga a lo largo de su vida. Hay veces que el agravante lo haces tú pero hay otros momentos que lo suelen hacer ellas, quienes hacen daño a la larga suelen pagarlo, es cierto.

Existen canciones que nos acompañan para siempre a lo largo de nuestra vida. También hay canciones que nos recuerdan un amor u otro, pero existe gente que convierten las canciones en monotemáticas, dejando éstas una importante huella en las mentes de algunas personas. Cuando una canción se convierte en monotema es peligroso hacérselo saber a tu nueva pareja viniendo de una relación anterior duradera, más sí la relación fue tu exmujer, la nueva pareja te lo reprochará siempre, por eso es mejor no ser demasiado monotemático, ya que algunas personas se convierten en obsesión, no todas, pero existen algunas que dejan huella. Lo malo es el caso a la inversa, que ella te cuente a ti la canción que le cantaba, o le recuerda, o la teletransporta con la ex pareja de tu actual amante, enamorada, o novia. Entonces el celoso eres tú. Son tantos los celos que te provocan que acabas por cogerle asco a la canción. Y te vienen unas tremendas náuseas con tan solo escucharla cuando estás comprando, o en un restaurante, o incluso en la cola del súper del barrio. También está el lado masoquista, esa vertiente nuestra masoca que escuchas la canción por el hecho de recordarla. Conozco gente que es, por ese lado, tan masoca que se hacen una playlist, y no sólo eso, sí es un tío o una tía que ha tenido muchos fracasos con parejas le ponen nombres a las playlists y entonces viene la pelea, cuando tu nueva pareja descubre tu playlist oculta en la plataforma de música se monta la de Dios, pero aún más si tu ex es extranjera, con la nueva pareja basta con que escuches una canción del folclore del país de tu ex para que se monte el tangai musical. Es mejor hacerte playlist mezcladas, o mejor decir, barrechadas, pero es durísimo entender, no por que te lo diga, que esa es otra, cuando lo descubres por cómo se comporta cuando escuchas la canción. Hay gente que cambia el disco, o pasa a la siguiente canción, porque repito lo de las náuseas, le coges tanto asco a la canción que le rayas el CD o el vinilo donde está la canción, con el mp3 es distinto. Ahora ya no hay que poner nombre a las playlist, pero a veces es tanta la obsesión, que te descargas el repertorio para suicidarte.