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Capplannetta the weird

Posted on 2:15



Qué asquerosa es la vida codiciando el oxígeno azul que respiran los otros. Qué asquerosa es la vida para los que apuntan al paredón de las verdades, qué asqueroso y qué rancio es oler el cuero de cien años tras la apariencia de los beatos, qué asquerosa es la vida para los que expulsan a la nieve de los sueños de azúcar, qué asquerosa es la vida para los que absorben cada neurona del pensamiento, qué asquerosa es la vida para los que desnudan a los niños de la fría sopa, qué asquerosa es la vida para los que con una vela en la nariz beben a morro limonada con menta, qué asquerosa es la vida de los que odian las espinas de una rosa y la señalan por ser una roja rosa fresca, qué asquerosa y triste es la vida para los que estornudan en la cara a los benditos, qué asquerosa ha sido la vida para los que husmean en los trasteros comunitarios, qué asquerosa ha sido siempre su vida para los que tienen hambre de que algo le suceda a los príncipes de la dicha, qué alegría sería pasarte un STOP en la almohada, qué alegría más grande sería ver a mi madre con treinta y ocho años y decirle: -¡Qué guapa estás hoy mamá! Qué alegría sería ver a mi padre como un roble erguido silbando una canción por bulerías, qué alegría me daría besar la mejilla de mis abuelos y someterlos al abrazo que no abarca, qué alegría más grande sería repartir poemas por las calles y que la gente los guardara como reliquias del despertar nuevo, qué alegría sería remontar el vuelo desde mis patas de vencejo y creerme una águila en el cielo, qué alegría sería ver fornicar perros en el invierno y esbozar aire congelado desde los corazones ciegamente calientes.

Capplannetta Nunca Nadie Nada

Posted on 19:59


Cronometré mis plegarias y todas duraron tres segundos, de cada mixtura que recojo en el transcurso, me llevo un souvenir repleto de olvidos, ya no confío en Mickey Mouse, sin embargo, me he hecho furtivo en los bosques negros, y trampas pongo a mis sueños, a mis placeres pequeños un gran cielo abierto, con el que se me erizan los vellos y mi corazón es un dulce y sagrado escalofrío. El momento de las despedidas tiene una dicha y una pena, el momento de la muerte es lo que no tiene solución, acaso un ángel viniera y me prestara su hombro en mi desconsuelo, pues no he fumado ninguna porquería, ni le eché vodka a mi vaso de leche. Me rodeo de rotundos desengaños que me arrancan la piel a tiras, y me invento personajes de arte pop en cualquiera de mis impresiones por domesticar, no conozco a nadie que no codicie un don de astro, yo no soy astro, y os digo hoy que nunca nadie, nunca nadie regresó de las tinieblas, pídele consejo a papá. Recojo leyendas en los bulevares, y me apropio de aquello que no hice, pero no es que sea un ladrón, soy un coleccionista de alegrías con minifalda. Me gustan las adolescentes con sus uniformes a cuadros, la tragedia inglesa es que nunca regresarán de los patíbulos de Oxford. Dicen los agoreros que llegará la mañana a ser mañana, y que la madrugada es tan suya que parece una pared en el campo abierto, pero yo conozco un algoritmo que la pone como Dios la trajo al mundo, libre y necesaria, atractiva y arrebatadora, el sol es lo único que nos queda a los amantes de la tormenta. Fuego sobre fuego es el universo, y éste poema en prosa finaliza ahora. 

Capplannetta y sus necesidades

Posted on 23:06


Hay veces que necesito ponerle a la vida un grito, aunque extravíe mi salud. Hay veces que necesito salir de esta repetida canción, hay veces que nada sirve lo escrito, y soy un apátrida de la virtud, hay veces que me remonto a las entrañas de la noche de los tiempos, y no encuentro más que alimañas y oscuridad. Hay veces que me cansan el pan, el agua y las rosas y me refugio en las horas muertas de un reloj vacío de tiempo, hay veces que me acuesto sobre el colchón de la tarde y no me quisiera levantar para continuar tarareando el vals de los hombres normales, con el acicalado semblante de un asistente al espectáculo hermoso del vestigio de un sueño, quisiera, y lo digo porque lo necesito, un alma gemela aunque no se parezca a mí físicamente, me basta con que quiera huir como yo a los márgenes del mundo. Allí donde las auroras boreales de verde neón revolotean en el cielo de las exquisiteces de la inocencia, inocencia que ha llegado y quiere quedarse otra vez, hasta que se canse de ella la gente que compra el ensueño con caries en las farmacias de la extenuación. No necesito ser tu pesadilla, me arrastra hacia tu mal sueño un amasijo de ilusiones que se rompieron en el cristal de las mañanas. Aliño mi necesidad con café, con chicha morada y con anís desde los asociacionismos agazapados en los rincones de la oportunidad que abre comillas a los fracasos suscritos y el poeta no puede cerrarlas, no, no puede cerrarlas. Doscientos mil automóviles vienen con hambre de velocidad inmediata, las mujeres ya no temen al sacrilegio de Roma y andan vistiéndose en el laberinto del orgasmo onírico. Me duermo con el cigarrillo apagado y las cenizas de lo que nos queda andan humeantes en la destrucción del mundo. Quisiera volver allí donde nací, donde dejé mi casa con muebles usados y marcados como corazones en los árboles de esta felicidad, que como un pez se escapa.