
El trabajo estaba ya concluido, le había dedicado mucho tiempo a sus trabajos. Cuando ya parecía que iba ser el poemario definitivo, asaltaba en él otra duda surgida de este mundo incógnito. Era, sin duda, un poeta que no vendía. A pesar de sus intentos: colaboraciones en revistas elitistas, poemas enviados con la esperanza herida. Ya no le ilusionaba esta vida de poeta. Abrirse camino entre tanto poeta, entre tantos tecnicismos que lo catapultaban como fuera de toda vanguardia. Él mandaba a revistas culturales y no le hacían caso. Otro poetastro. Pensaba él que dirían los suplementos. Él, al contrario, no negaba una reseña. Le gustaba ilusionar a las personas que lo merecían. Y les entregaba un ramillete de halagos que eran ciertos, pero él siempre fue un muchacho sin recreo. Negativas de editoriales, negativas de autores y el epicentro de la intelectualidad, la vanidad y el elitismo. Él no encajaba en ninguna de esas vertientes. El problema era que alrededor de él sobrevolaba la sombra de Caín. Veía a escritores de menos edad que él darse baños de multitudes, empachos de halagos, decidió no pensar más en el tema. Algunos de sus amigos sí apreciaban su poesía. Llamaba por teléfono a editoriales, a librerías, a plataformas culturales. Pero como siempre se quedaba sin recreo. Pero su perseverancia lo hicieron más fuerte, quizá que fuese el único que creía en su talento despreciado. Su familia y conocidos no eran aficionados a la lectura. Eso le convertía en perdedor intelectual. Pero por otro lado le gustaba que no leyeran sus libros. En ellos contaba cosas abominables. Contaba cosas acerca de momentos que había vivido en su adolescencia. Él era tal vez el único que creía en lo que hacía. Aunque no se daba ínfulas de intelectual todoterreno.
Posted on 5:38

Dices que tienes pocos amigos, pero los que tienes son de verdad, quizás tengas ¿Tres? ¿Dos? ¿Uno? ¿Zero? Jejeje, y todo por esa terca manía tuya en empeñarte en ser poeta, como también esa otra manía de leer libros, como si no lo tuvieras ya todo leído. A tus 39 años has leído la verdadera negritud sobre el blanco, has leído las mil arrugas de la cara vieja de la vida, sin embargo, te empeñas en aferrarte a la esperanza, como si no supieras que final tiene todo, mira lo que te digo, a estas alturas, poco importa si tienes o no amigos, si mantenéis una correspondencia desde distancias lejanas, eso sí, siempre salvaguardando esas distancias, pero ¿cómo quieres que te sigan en ese empeño tuyo por entender la vida a través de los libros? La vida no hay quien la entienda, pero una cosa es cierta, amar has amado, y que te quiten lo demás, eso explicaría tu interés por comprender la vida a base de leer y releer, por que para dar el primer paso hacia la filosofía el principio debe estar precedido por el amor; sí, ya lo sé, esa reflexión no es mía, ¿pero qué narices importa de quién sea un pensamiento u otro si al final todos vamos a terminar por el mismo Despeñaperros?
Posted on 2:35

Hace ya bastante tiempo que no me dirigía a este diario o bitácora personal. Hacía tiempo ya que no le hablaba a la Red desde esta tribuna que se me ofrece. He querido hoy dirijirme a ustedes para anunciarles de que he perdido la esperanza. He perdido la esperanza por que cada vez me encuentro más pesimista con lo que al mundo y a mí como persona se refiere. No veo futuro para la humanidad. Cosa dicha ya por mucha gente, mucho antes que yo, cosa que es tan vieja como lo es la humanidad a la cual me dirijo. El mundo se está convirtiendo en esa mezquina tragedia donde la cola se muerde la Pepsi-cola, o en donde la Coca-cola se muerde la pescadilla. Digo esto de esta manera por que es así. Esa chispa de la vida, la cual predican las marcas, esa sensación de vivir, eso que llaman sociedad del bienestar es algo falso y sin ningún fundamento. No tienes nada más que salir a la calle y comprobarlo por ti mismo. La chispa de la vida yo la llamaría hilo, hilo que se pierde muchas veces solamente oyendo tonterías. Tonterías de la gente para ocultar el problema profundo, el hueso de la chicha. Ese hueso o ese problema profundo no cambiará por mucho que insistan los ingenuos, los ignorantes, los inocentes. No, no cambiará. No cambiará por que el hombre ya ha entrado en una dinámica tradicionalista de la hipocresía y el cinismo. Se mean muchos en la sopa de los pobres. Poco les importa cómo esté fulano y mengano. Pero esto que digo está tantas veces dicho ya, por mí y por otros, que lo encuentro como topicazo, lo encuentro como el llover sobre mojado. La literatura no puede salvar el mundo, no, por que solamente leen los que no tienen más remedio que encerrarse en casa con la literatura de compañera peregrina. Lo que pudiera cambiar el mundo es la televisión, y no tienes nada más que encender la televisión para ver lo mal que está ese mundo. La ignorancia está contaminada de envidia, la incompresión es el mal de muchos para el consuelo de tontos, el consuelo de pocos es el consuelo de nadies. Y así seguimos girando. Bajo ignominiosas prisas y puntapiés bajo mesas, de codazos que avisan de la desigualdad bajo el fango, de brujas maquilladas en espejos de coche con el rabillo del ojo en el prójimo más débil. Ya lo decía Federico: Este es el mundo amigo mío, este es.