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Reseña literaria sobre Prosimetrap-Por Juan A. Herdi

Posted on 11:27

 


Cecilio Olivero Muñoz

Prosimetrap, 2023

Universo de letras

 

Montaigne escribió en el prólogo a sus Ensayos que él mismo era la materia de su libro. Habrá quien afirme que cualquier autor-persona está siempre presente en su obra, que ésta se constituye irremediablemente en su espejo. Así es como se ha estudiado al fin y al cabo la literatura, partiendo del propio autor, de su biografía y de sus traumas, aunque ahora hay nuevas perspectivas. La literatura se convierte de este modo en el testimonio de una vida. Entiéndase vida también como el cúmulo de emociones y sentimientos. Por otro lado, si entendemos la escritura como diálogo entre un escritor y un lector, ambos en su más absoluta soledad, sin que importe que entre ellos haya distancia física o vivan incluso en tiempos distintos, entonces qué duda cabe que el autor y sus fantasmas se constituyen en el tema de la conversación, aunque aquí el interés estriba también en cómo interpreta el lector lo que le comunica el escritor y cómo aquel lo asume y adopta en su experiencia vital propia.

Todo esto resulta tal vez más evidente en la poesía, prosa poética incluida. La poesía, nos dice Cecilio Olivero, «se diluye entre tiempo y sueño». Por tanto, el testimonio queda a merced del tiempo –el sentimiento es emoción madurada por el pasar de los años– y el sueño, parafraseando (mal) a Goya, contribuye a que los fantasmas propios se vuelvan monstruos. Aunque monstruos compartidos.

Haber comenzado con Montaigne pudiera indicar que esto de la literatura del yo o literatura testimonial tampoco es algo nuevo, ni lo sería la autoficción, nuevas etiquetas inútiles más allá de las meras referencias académicas. La literatura es sobre todo mestizaje, más en estos tiempos extraños. Pero al fin nada es nuevo y la originalidad supone también volver una y otra vez al origen, que es a lo que se refiere strictus sensus la palabra. Todo ello nos lleva a reconocer que estamos ante un libro de análisis de la identidad propia, de exploración íntima, con una voluntad de revelar y exhibir lo que uno arrastra, en este caso lo que arrastra el autor, y confrontarse a lo que uno es. Esto es, mirarse a sí mismo y compartir esa mirada. No es casual que el libro se cierre con un apartado titulado Los espejos. El autor nos expone a golpe de verso y de prosa los fantasmas propios, pero que también son colectivos, aun cuando cada cual los viva a su manera. 

Nos encontraremos con temas eternos, como la soledad, el miedo, la conciencia de sí mismo, la fragilidad y las dudas, las relaciones interpersonales o el desamor. Todos estos temas aparecen hilados por un sentimiento profundo de malestar, que sin duda a muchos lectores va a perturbar, que es función también de la literatura. Todo ello pasado por la experiencia personal e intransferible de Cecilio Olivero. También hay una reflexión sobre la escritura o la literatura y sus funciones. La escritura deviene no pocas veces en pura necesidad, por tanto no está tan clara la línea que separa la literatura y la vida.

El libro se divide entre poemas concisos –«un poema debe ser concreto», nos aclara el autor– y prosas poéticas que no son tan concisas, se alargan por derroteros un poco más amplios. No se plantean disyuntivas, hay una unidad entre ellas, pero sin duda el lector podrá acomodarse en cualquier de las dos formas literarias, al fin y al cabo son piezas sueltas, con sentido por sí mismas. Por eso mismo el lector puede decantarse por unas o por otras, y quien suscribe se decanta sobre todo más por los poemas que por las prosas, es una opción.

El libro, por lo demás, no da pie a mucha esperanza, –«La esperanza es una acacia imposible»–, aunque tal vez no tenga mucha importancia, la poesía se nos presenta al fin y al cabo como el único ámbito posible de vida. 

Día del padre (19 de marzo)

Posted on 0:03

 


La tradición cristiano-católica es costumbrista en crear santos, patriarcas y apóstoles en cada ciudad que los haga seguidores fieles creyentes y donde tengan adeptos estrictamente religiosos. El día del padre es el 19 de marzo debido a que el padre de Jesús era San José, pero al ser María sin pecado concebida, quedó ya fijado que San José fuese “padre putativo” del hijo de María. Por eso lo de Pepe a la hora de llamar a un José. Porque son las iniciales de “padre putativo”, al igual que los Franciscos son Paco por San Francisco de Asís que era el fundador de la orden franciscana también conocida como Pater Comunitas. Que en castellano es “padre de la comunidad”. Hoy día diecinueve celebramos el día del padre y el día de todos los Josés. 

Verdaderamente es un imposible que una mujer se quede embarazada sin haber sembrado la simiente. Pero las tradiciones tienen misticismo y mucho de leyenda mitológica. Las leyendas en pos de la cristiandad en los países católicos son muy tradicionalistas y guardan todas una relación en torno al hijo De Dios en la Tierra. Que fue Jesús de Nazaret. Para el que sea creyente mañana es domingo festivo en la comunidad valenciana y en Madrid. Así que toca ir a misa. Los 19 de marzo son el preámbulo habitual de que comienza la primavera, con días de lluvia u otros días soleados. Disfruten del domingo. El domingo de los San Josés. 

Para este día tan memorable les recomiendo buen cine de José Luis Cuerda. Así en el cielo como en la tierra, toda una alegoría en clave de humor de lo que es el cristianismo. Tiene un reparto excelente, y no podría ser de otra manera que Dios fuese Fernando Fernán Gómez.