Gusanos de seda

Posted on 19:22



 Yo tenía una caja de gusanos de seda escondida para que no la vieran mis padres. Aquella caja donde guardaba los gusanos era de zapatos, simple y blanquecina, de cartón y con agujeros hechos con un punzón de hierro oxidado, se la enseñaba a mis amigos cuando venían a visitarme. Esa caja era -además de un secreto preciado- todo mi modesto patrimonio, mi única razón de ser, mi ilusión y mi obligación diaria. Yo guardaba con algún recelo mi caja de zapatos, la custodiaba como a mi descubrimiento, descubrimiento que yo iba dilucidando de poco a poco. De vez en cuando alimentaba a mis gusanos con morera, morera que yo mismo recogía en los árboles de un parque cercano a casa, la recogía y se la ofrecía, los cuidaba y los mimaba, los miraba y los tocaba, corrían por mi mano como seres a su libre albedrío. Un día, aquellos gusanos de seda metamorfosearon en crisálidas (en capullos de seda), con el tiempo se hicieron mariposa, mariposas grises y horribles, parecían monstruos que desde los tiernos y débiles gusanos emergían, yo me quedé con tan solo unas hojas de morera marchitas, mi patrimonio secreto ya no tenía valor alguno, ya dejó de pertenecerme, la ilusión quedó arrumbada en un rincón de la memoria. Ellos dejaron su olor impregnado, dejaron su recuerdo marchito, el secreto ya no era secreto, los gusanos ya no eran gusanos, la caja de zapatos terminó su labor de custodia y de experimental naturalismo, ya no tenía obligación que cumplir, me quedó una ausencia como un sentimiento extraño, como una buena lección aprendida, entendí que las cosas tenían la capacidad de transformarse en otras cosas que quizá no nos gusten, entendí que la fealdad de la vida se desplazaba caprichosa.

Cactus

Posted on 1:19



He superado ya la prueba del desierto. En mis pesares, vegetal prisa y roja naturaleza se debaten en la égloga vecinal como un elefante recién cazado. Soy un cactus porque conozco el dolor de mis púas. Son parte de mis cruzados paisajes camino a San Diego. Son epifanías de angustia porque el que avisa no es traidor. Me apartas con el brazo que acaba en la mano y yo os pincho, comprended mis espinas, no pierdan la calma, no, no la pierdan. Un cactus como yo lo soy, es resistencia, es cartílago y es defensa propia. Mi tronco y mis púas son justas pero no tan buenas. Aquí en el desierto somos el reflejo De Dios. Es mejor mantener la distancia y no creer en espejismos donde esperan oasis para aliviar la sed. Camino a San Diego, sí, camino a San Diego. De un tiempo hasta aquí se me han acabado las flores y ahora todo son púas y más púas. Contento: no estoy contento. Doy palos de ciego por la vida y ya nadie se acerca a mí por temor a que les pinche, y les duela, mientras se van.

Mis primeros pasos

Posted on 1:09


No es algo que me enorgullezca pero mis primeros pasos literarios fueron Ut y las Estrellas a la vez que contaba mentiras disparatadas en el colegio. Las mentiras tienen las patas muy cortas pero la ficción es el único salto para hablar de temas como la locura, u otras especies de cosas. Que se esconden en la piel del pudor. La verdad solo puede estar escrita por uno mismo. Y la verdad es desnudarse total o parcialmente. Estoy harto de contar según qué cosas para probar la verdad que yo no puedo entender, y por eso lo hago, para entender la verdad también es necesario escudarse en la mentira. Buscar un lugar en la que todos los alfabetos convivan en la barbarie del mundo y entre las entrañas de la tierra. Se habla mucho del final del mundo, de lo que no se habla es de lo que no se siente. No puedo hilvanar sobre el tabú imperante en esta vida. Hoy he leído que la próxima civilización serán los pulpos cuando los seres humanos se extingan. De esas cosas es preferible no hablar. ¿Se extinguirán los humanos como los dinosaurios lo hicieron? Qué engaño es más duradero sino la historia del mundo. Yo creo haber difuminado la línea roja entre realidad y ficción. Así es cómo aprendí que la verdad tiene un solo camino.

Pequeña miss sunshine

Posted on 23:19

 


Pequeña miss sunshine, 2006

Dirección: Valery Caris, Jonathan Dayton

 Comedia-Drama

 

Empeñados en ser ganadores y no perdedores, todos nos confrontamos con un rotundo porqué que nos hace entender la esencia de esta vida. Pierden los personajes de esta película la insensatez a medida que van soltando el lastre incómodo que los hace febles y frágiles.

 En una familia de cuatro miembros, con dos personas más como añadidura, todo acaba siendo un “ahora más difícil todavía” como en un circo de cachivaches oropelados. 

La niña, la pequeña miss sunshine, está obsesionada con los concursos de misses. El padre es un profesor de autoestima y liderazgo, aunque un perdedor en potencia, con altas dosis de moralina y con una sensatez podrida. La madre, una ama de casa frustrada, a la que percibimos claramente como una madre a la que estamos acostumbrados, por eso la adoramos, y el hermano mayor también es un colmo de obsesiones, ya que ha hecho voto de silencio y quiere ser piloto de avión, pero el tiempo le va dando una colleja que también acaba por enamorarnos.

En esta ensalada sin gluten se unen dos personajes más, el abuelo, que es un yonqui y un sibarita del placer inmediato a una edad madura, y el cuñado gay, un intelectual experto en Proust, abandonado por el novio y que acaba en un intento de suicidio fracasado, lo que desemboca en su ruina afectiva, aunque no moral.



Hay que dar énfasis en la palabra “perdedor”, ya que es late motiv de toda la familia, es el gran acicate del que todos tratan de huir como si de una enfermedad contagiosa se tratara, y todo el plano envolvente a esta ácida foto de familia parece divertirnos con el bálsamo repleto de sarcasmo y realidad. La película está repleta de guiños al espectador. Es como si quisiera hacernos entender que hay cosas mejores que el hecho de ser un ganador, o del acto casi fantasmagórico de ser un perdedor nato, que es lo que todos somos en realidad.

Al final acaba la familia en un conmovedor viaje del que, de manera divertida, la familia vive una aventura tras otra para que cada cual recobre sus señas de identidad como personas en su plena esencia.

Todos los personajes van siendo desprovistos de una condición sensata que los acaba desengañando a medida que el viaje avanza. Todos tienen un concepto de la vida que nos acaba conmoviendo.

Parece que nos invita a ser felices antes de ser como la sociedad dicta y quiere que seamos. Y acaba por darnos un mensaje sublime y no subliminal, ya que es evidente, que hay que ser felices sin luchar por clichés, tópicos irrelevantes y estereotipos sin importancia.

Es todo un código de conducta que todos nos debiéramos de aplicar porque la vida es breve.

 


¿Por qué escribimos poesía?

Posted on 14:48


No tiene fácil respuesta. Si nos ponemos a pensar el porqué de escribir poesía, no lo tiene claro nadie. Pero si nos remontamos al origen de la causa de toda poesía, coincidiremos en que la escribimos porque nos duele la vida. Nos calma el tic poético y nos redime de muchos factores dañinos.

Un poeta no lo es en absoluto si éste no conoce la gran verdad de la vida. Cierto es que se empieza por escribir ripios y se acaba muerto en vida. Ese es el germen de la poesía. La vida agotada y desengañada de los poetas.

Parte de la lucha del poeta por hacer acopio de palabras para poner luz ante la oscuridad implacable, y que nos empuja a leer unos versos, se debe a las maneras de percibir una libertad característica como síntoma inigualable del mundo hostil en el que vivimos.

Digamos que el poeta, el verdadero poeta, está muerto, y el hecho de revivir es la base de su poesía. Es como perder la esperanza y también la desesperanza.

Todo el mundo, o casi todo el mundo, escribe poesía por no convertir sus lágrimas puras en posología de vademécum. La ciencia aconseja escribir lo que piensas para exorcizar tus propios demonios.

Muchos grandes poetas han ladrado como perros y otros han aullado. Pero ahí están. Son parte del dietario lector que estos han colmado en deseosa virtud de sacar a su manada del tedio, o la verdad aplastante.

Existen poetas que creen adentrarse en los cimientos superficiales como ponerse a hombros del escritor experimentado y olvidan sus formas expresivas. Con lo distinto que sería si todos tuvieran la suerte de colmar su vida para con la flor de la noche... que es sin duda un mérito. Perdonen que me ponga poético. Pero la vida de un poeta siempre ha sido una cuestión baladí que camina al unísono con su poesía. Existen malos poetas llamados poetastros, otros con más acierto son llamados a ocupar el parnaso. El vil parnaso. Como si estos encontraran la piedra filosofal. Un poeta bueno escribe sin poner sentimientos en galeras. Sin andarse con ambages. Las medias tintas nos evocan a la incomprensión poética.

Es una excelente metamorfosis; todo poeta que se precie debe de plasmar lo que de verdad siente. Además de ser valiente. Ya que la poesía verdadera es de acero inoxidable.

Buscamos belleza, y como parte de la belleza, somos testigos de nuestro esqueleto. De nuestra muerte en vida.

Pero huelga decir que la poesía es como la música. No podríamos vivir sin ella. Y en ella siempre, o casi siempre, está el aliento de Dios.

 


Loco del sí

Posted on 18:05

 


Estoy loco porque dije que sí. Si hubiera dicho que no, nada sabría de la locura, ¿o sí?. Llamé a todas las puertas y todas me dijeron no, no, y no. Y tuve que cambiar un envoltorio de celofán por una desnudez de la que dicen que no existe ni voz ni voto ni ayuda. No comprendo lo que gana el mundo dando la comida cucharada a cucharada, y de poco a poco, tal vez prefieran huir de la tontería en la que pueda reflejarse el mundo, él que ha visto tanta ignominia tiritar en el invierno. El mundo siempre dice que no, siempre, y los que decimos que sí estamos condenados a trepar por las apelmazadas virtudes de las catapultas. Prefiero estar loco por un sí a que me llamen enfermo del no. Los animales son una copia viva de la conducta del ser humano. Y conozco perros que dicen sí como niños pequeños que esperan a su padre que venga del trabajo. Estoy loco porque yo lo quise, y si no, la culpa sería para mí siempre, constantemente. Porque marcho y vuelvo con una pregunta y cinco respuestas debajo del brazo. La verdad es agua, el agua es la poderosa madre debajo de la tierra, y la tierra sin agua sueña con el cielo, siempre el cielo. Busco en todos los anaqueles el libro que me insinúa aquello que niega el silencio. Se volcarán los mejunjes del odio cuando no haya nadie que venga a buscarte cuando un sol se sitúe en lo más alto. Tengo solamente una virtud. Y es la de controlar mi corazón de latido en latido. Pero cualquier día me traicionará desde el infarto, como me traicionaron los hombres, tras la venganza de mi esclavitud. Pero yo debo perdonarlos a todos, porque su naturaleza es entregarse a quien se entrega, ya que amor con amor se paga.

Aprender jugando

Posted on 17:40



 De niño jugaba recreando historias con unos soldados de plástico y coches en miniatura. Yo creo que ese, y el agravante de que era un mentiroso, me prepararon para contar historias en un futuro más tardío. Recuerdo que si me faltaba un soldado de plástico o un coche no podía seguir con la historia. Imaginaba historias de amor y de guerra. Era todo como parte de un teatro y yo un semidiós que destinaba cada personaje de esa historia histriónica en una película con actores de plástico. Los actores valían 15 pesetas el sobre. Las paredes y los bajos de los muebles eran como parte de una ciudad que yo iba imaginando al unísono. Era como relatar un sueño estando despierto. Al relatarlo no dejaba ninguna fisura fuera de la historia que yo iba montando a medida de que iba jugando. Cuando era la hora de ir al colegio y mi madre me avisaba era como despertar de un sueño, un dulce sueño que se evaporaba como una mancha de disolvente, un sueño del cual no quería despertar. Al escribir es el momento ideal para pasárselo bien y ponerse a inventar una historia improvisando sobre la marcha. Aprendía mientras jugaba. Recuerdo que para sentirme más protegido frente a la gente más grande que yo en edad decía que tenía un hermano mayor, que yo justificaba como si estuviera trabajando y viajando. Ellos sabían que era mentira, pero me seguían la corriente. Escribir es mentir de alguna manera. Y cuando se crea un relato del que no existen factores fuera de la ficción es preferible imaginar e imaginar y dejar que tu cerebro se cubra de ensoñaciones para entretejer un cuento que debe parecer creíble o ser verdad. Escribir es jugar, y para un niño aprender jugando es una cosa sensata a la vez que seria. El juego es tan importante en la infancia que somos aquello que imaginamos, e imaginamos porque podemos, sin la imaginación no existiría la literatura, pero mucho menos la infancia que necesita soñar.