Posted on 0:05

Una de las cosas que llaman la atención de mis amigos es el cambio tan radicalmente brusco con respecto a mis dos personalidades en ese mismo yo, que es con el que ellos suelen tratar. Por ejemplo, puedo ser extrovertido, veloz como el viento y con una empatía natural que me hace divertido y alejado de toda apatía, y sin embargo, puedo ser justamente lo contrario, del todo tedioso en mi comportamiento social, de cualquier forma que denota cierta depresión enfermizamente aburrida, psicológicamente lenta y espesa. Tan espesa como el chocolate que venden junto a los churros. O la miel espesa en un panal. Soy dos personas en una. Soy las dos caras de una misma moneda. Puedo ser obligatoriamente divertido, agradable, afable, simpático y con una energía y unos ánimos sorprendentes. Pero luego está mi lado oscuro. Mi sombra sin límites, mi pesadez de conciencia, mi dinámica de tortuga que desconoce el lugar donde enterró sus huevos. Un pelícano perdido en un abismo repleto de guano. Un enfermo en baja forma y un peligro para la calma de algunas personas. A veces creo ser un duplicado de mí mismo, por un lado bien trabajado, preciso, coherente y gran conversador, animado, elocuente, ocurrente, vivaz e inspirador. Por otro lado puedo ser lento, obtuso, confuso, tozudamente equivocado, malhumorado, diletante, acuciante, medroso y un cero a la izquierda. Puedo ser dos polos opuestos. Tengo dos controversias en una sola persona. Que se equivoquen conmigo me afecta. Pero lo que más me afecta es que me vean como a dos personas, la una distinta de la otra. Soy la misma persona. Lo que de verdad ocurre, que a veces no está el horno para bollos. Un regalo sería mi yo extrovertido y dinámicamente locuaz, lo contrario, es un sambenito que jamás soporto.
Posted on 8:40

Echo de menos la voz enlatada de las máquinas de tabaco en las gasolineras. Ellas me decían lo que dicen todas. Su tabaco, gracias. Yo le contestaba: —de nada. Fumar un cigarrillo, solo uno. Para disipar la fiebre, para reencontrarme con el humo azulado de un cigarrillo. Cuando llega la hora de los reproches me vienen unas ganas locas de fumar un cigarrillo. Tan solo uno. Con uno me conformo. El momento de los reproches es una incontinencia de sentimientos que hay que dar salida como una necesidad para el consuelo. Un pájaro negro vuela desde mi mirada. Agazapado está en el bosque de mi locura. No quiero hacer de esto una terrible tragedia. Pero un cigarrillo, por el amor De Dios. Eso no se le niega a nadie. Ya sé que es vicio que persiste entre calenturas y sudores fríos como la escarcha. Mi tabaco no será una manía más de la que escapar. El tabaco es muy difícil de dejarlo. Hay momentos que lo pasas realmente mal. Por ejemplo cuando despiertas del sueño, incluso cuando duermes te acuerdas del tabaco. Luego está el momento de después de comer, y también de cenar, siempre aparece las ansias por un cigarrillo. Pero hay que resistir aunque sufras.

Por amor, amor verdadero, a la lírica de las piedras inmutables. Por amor, por amor exclusivo, a la química de imágenes ante unos versos. Por amor, por puro amor, he pagado un precio porque el crimen no compensa. Por amor, por el amor que profeso, por esa cantidad de palabras que aglutiné como un ingenuo. Por amor a la poesía he derrochado la confianza incondicional de mis buenos padres, tanto de mamá y de papá. Por amor a entablar un diálogo corporal con leal bolsillo vacío de los poetas radicales. ¡Cuántas perras gordas y cuántas perras chicas me sacaron con astucia! Desde el incesante prometo mientras te la meto, desde hasta el tragapelo abandonado hasta el escarmentado negociante. Desde el editor de nepotista orgullo al consejero de cultura, desde el poeta paticorto hasta el concursante en el hipódromo. Por amor a la poesía he arañado a la luna sus blancos deseos de brillar en las madrugadas de insomnio. La poesía. Que me hablen a mí de poesía, de poetas y editores. Que me digan que no media el dinero antes que la palabra. La palabrería antes que el altruismo. Que me digan a mí lo que es sacrificio. Que me cuenten de la verborrea de los sinvergüenzas. Que me llamen impostor, mal poeta o enajenado. Que me llamen triste, poeta estéril y que me llamen cacofónico. Que destripen mis poemas, que hagan poliéster con el hilo negro de mis versos viejos. Enfrentarme a los consejos certeros de mi padre. Comer del cocido andaluz con hierbabuena de mi bendita madre. Mantener tantos secretos que con el tiempo se abren. Lamentar el dinero entregado a porrillo por publicar, sí señores, por eso que avergüenzan a los poetas, a los pobres poetas como yo, sin pena y sin gloria. Que me engañen unas cuantas veces. Este es mi homenaje al día mundial de la farsa poética. La camisa blanca de los vividores, de los que vuelven a las andadas, de los que parafrasean la vacuidad del silencio de la adolescencia ciega. Hay millones de amigos esperando tus versos para partirse de la risa mientras te llaman unos cobarde y otros marica. Existen eminentes ganas de decir la verdad, aunque proliferen los enemigos. Pero por todo eso que he aprendido desde el 21 de marzo al 23 de abril nadie habla con la dignidad de acero ni con el cimbreo de la cuerda de cobre de una falseta. Apoltronarse en las postrimerías de la flamencología me hizo decantarme por un vicio mal pagado pero puro, sincero, sin ambición material. Seguimos escribiendo aunque me lama las heridas yo solo como un perro. Me azotarán los astros azules a lo lejos. He aprendido, sí, papá, que nadie hace nada gratis. Tantas veces me lo has dicho que la verdad se repite pero no ha querido saber nada de ella mi conciencia. Mentira debe ser aquel y aquello que prometo la aurora acolchada de un mal sueño. Los peligros de las rosas que sin espinas no son rosas.

De un tiempo hasta acá tengo demasiado miedo escénico para los recitales de poesía. Comprendo esa gente que presenta libros, que acude a recitales poéticos, a clubs de lectura, a actos sociales y etcétera. Yo no me prodigo demasiado por los cenáculos y las entregas de premios. Tengo miedo escénico. También tengo una ética, y esa es la de no hacer presentaciones, y no porque no lo desee, además de miedo escénico no quiero poner a nadie en compromiso, y menos a la gente que quiero. La literatura hoy en día está viviendo un buen momento, al menos en España. Mi miedo escénico no es misantropía, es un profundo sentido del ridículo que he ido acrecentando con los años. No pienso vender muchos libros si no hago presentación, pero me da lo mismo. No quiero hacerme rico, pero tampoco soy demasiado vanidoso. Un poco, sí, pero lo suficiente. Como cualquiera. Mi sentido del ridículo es tan absurdo que me recuerda a la novela de Frank Kafka (La Metamorfosis). Sin duda es una obra maestra. Un día desperté convertido en un insecto repugnante. Las personas que mimetizamos nuestra naturaleza somos verdaderos héroes. Y está mal que yo lo diga. Pero la diferencia entre una extraña criatura y un insecto repugnante son dos formas de vivir la misma imagen con ópticas distintas. No pretendo dar el coñazo pero es importante recalcar que la literatura es una afición o profesión de riesgo al hacer el ridículo. Se debe escribir cuando tengamos la idea anticipada para contar algo con un comienzo y un final concreto. Si escribes y no te prodigas por cenáculos y fiestas de alto copete te dirán outsider y pueden tener razón, también pueden etiquetarte como Loser, pero eso le ocurre a casi toda la gente. Es parte de la vida. Esa vida que fluye cuando escribes con humildad.

Me tranquiliza tanto que seamos una supernova ínfima en el espacio, que no tienen valor para mí las malas conductas ni las soberbias. En el Rubaiyat se dice “…El vasto mundo: un grano de polvo en el espacio, la vana ciencia del hombre: palabras; los pueblos, los animales y las flores de los siete climas son sombras de la nada…”. En esos versos de Omar Khayyam se simplifica lo que es el mundo. Esto debería hacernos pensar para preguntarnos nuestro paso por este mundo. El gran poeta persa da unas nociones a todo aquel que piense que es amo del mundo. El mundo es un préstamo. Tiene que cuidarse para nuestros descendientes. Seamos más buenos unos con otros. Que el mundo es una minucia. Que no es para tanto rencor, inquina y la prepotencia. Seamos diferentes pero iguales. Iguales pero consecuentes. Consecuentes y sensatos. Somos nimiedades insignificantes para tanto odio, tanta maldad y crueldad. Abramos el corazón antes que el drama de vivir. Debemos de ser mejores personas. Lamentar lo que llevamos a rastras como un lastre. Ser esencialmente nada, cero, vacuidad en la vía láctea. Esa bola azul debe restaurarse como un cuadro valioso.
Posted on 1:51

El mal aliento es tan fiel que hace acto de presencia cuando comes carne, cuando bebes güisqui, bourbon o fumas tabaco negro, también rubio. El mal aliento en las distancias cortas es cuando hace su aparente presencia molesta. El mal aliento persiste cuando te levantas después de haber dormido, si no te lavas los dientes, la halitosis es tan obstinada que te persigue en las borracheras, en la drogadicción, tras la siesta y en la carne blanca huele distinto el mal aliento que al comer carnes rojas. Ser vegano también causa mal aliento. Todo lo que tenga que ver con el hecho de alimentarse crea mal aliento. Hay gente que se tapa la boca, las medicinas también causan mal aliento. El mal aliento es tan fidedigno que todos tenemos, unos más y otros menos un aliento bueno cuando tenemos limpia la boca, y pésimo cuando nos levantamos. Los leones, los lobos, las hienas y los perros tienen halitosis extrema. Existe un vínculo entre el mal aliento de persona aseada y que se lava los dientes y la halitosis producida por la farmacopea, aunque el mal aliento más numeroso sea el olor a caca. Es tan estúpido culpar o delatar a alguien que le huele el aliento, que es una persona que no asume su autoengaño a sí misma. Perfumarte el aliento es primordial cuando se pretende echar un polvo. Pero repele a todo aquel que no mantenga una distancia de seguridad a prueba de malos olores sobre todo en las distancias cortas. El mal aliento acompleja, ridiculiza, y crea rechazo. También se da en casos de coprofagia y comer marisco enlatado. El mal aliento, ni aunque te laves la boca después de comer, hace siempre acto de presencia ya que las personas nos declaramos animales pensantes. Pueden utilizarlo en tu contra como arma arrojadiza. El mal aliento proviene de la lengua. Creer que el mal aliento es por el estómago o las tripas que almacenan los restos fecales es un error. El mal aliento es tan pertinaz, tan molesto y tan normal que mienten ese tipo de gente que ostenta con tener aliento de menta fresca. Porque cuando te lavas los dientes y te los enjuagas con enjuage sí que huele a menta fresca. Pero se evapora ya que la saliva también segrega toxicidades y putrefacción. Decir que no te huele el aliento alguna vez en la vida es tan falso como decir que microorganismos, carnes y bebidas alcohólicas junto con el tabaco hacen rehuir a los besos en la boca. Un buen aliento a muchos les obsesiona. Y un mal aliento los acobarda. El mal aliento es la solitaria sombra de la alimentación. El sexo sin ser animal no es sexo sin bajos instintos que delatan un aliento maloliente. Pero lo mejor es el enjuage vocal. A lo largo de la vida todos visitamos el mal aliento más de una vez. El mal aliento es la causa de divorcios y uno de los reproches para que un matrimonio duerma en camas separadas. Demasiadamente humano. Demasiadamente animal.
Posted on 0:03
La tradición cristiano-católica es costumbrista en crear santos, patriarcas y apóstoles en cada ciudad que los haga seguidores fieles creyentes y donde tengan adeptos estrictamente religiosos. El día del padre es el 19 de marzo debido a que el padre de Jesús era San José, pero al ser María sin pecado concebida, quedó ya fijado que San José fuese “padre putativo” del hijo de María. Por eso lo de Pepe a la hora de llamar a un José. Porque son las iniciales de “padre putativo”, al igual que los Franciscos son Paco por San Francisco de Asís que era el fundador de la orden franciscana también conocida como Pater Comunitas. Que en castellano es “padre de la comunidad”. Hoy día diecinueve celebramos el día del padre y el día de todos los Josés.
Verdaderamente es un imposible que una mujer se quede embarazada sin haber sembrado la simiente. Pero las tradiciones tienen misticismo y mucho de leyenda mitológica. Las leyendas en pos de la cristiandad en los países católicos son muy tradicionalistas y guardan todas una relación en torno al hijo De Dios en la Tierra. Que fue Jesús de Nazaret. Para el que sea creyente mañana es domingo festivo en la comunidad valenciana y en Madrid. Así que toca ir a misa. Los 19 de marzo son el preámbulo habitual de que comienza la primavera, con días de lluvia u otros días soleados. Disfruten del domingo. El domingo de los San Josés.
Para este día tan memorable les recomiendo buen cine de José Luis Cuerda. Así en el cielo como en la tierra, toda una alegoría en clave de humor de lo que es el cristianismo. Tiene un reparto excelente, y no podría ser de otra manera que Dios fuese Fernando Fernán Gómez.