Posted on 0:15
Uno de enero del 2023.
Llevo en esta casa desde el veinticuatro. Llegué un poco molesta porque el día anterior dejé de preparar la maleta para hacer una videoconferencia con un hombre que se me presentó por Messenger un mes antes y desde entonces hablábamos diariamente, quería incluso visitarme en agosto, pero me dejó plantada durante una hora y no me pidió disculpas, esto para él fue como una "gracia". Antes, a los tres días de conocerme, ya me había bloqueado porque creyó que era una hacker.
Mi madre, como todas las navidades, se ha hartado de cocinar, aunque la cena de Nochebuena, para ella, mi padre y para mí, fue frugal, de canapés variados, ligera, menos mal.
A mi padre le dio por llamar a su hermana Juani. Quiso que le deseara unas felices pascuas yo primero y le dije que me daba corte hablar con ella porque me parecía tarde. Mi tía me aclaró que le había pillado cenando pero que no le importaba porque la comida no se le iba a enfriar. Desde hace tres años llevaba pasando estas fiestas con una mujer ucraniana que la cuidaba las veinticuatro horas. Cuando le devolví el teléfono a mi padre se puso a cantar un villancico aflamencado, pero mira como beben los peces en el río. Creo que Juani también podía oírme acompañarle.
El veintisiete tenía que llevar mi coche a ver si le arreglaban el aire acondicionado, pero lo cambié para el día siguiente porque mi madre pensó que ese martes era ideal para ir a ver a su hermana Amapola, que siempre ha vivido en una casita cerca del mar, en el barrio marinero de Pedregalejos, en una de las pocas que quedan ya como las de principios del siglo pasado y donde se crió pero, como se rompió la cadera hace no tanto, está instalada con otra hermana a la que siempre le ha hecho el avío y que ahora se ve obligada a devolverle el favor. Esta otra vive con su marido. Nos costó llegar a su piso nuevo, tanto que estuvimos a punto de regresar, aunque cuando, por fin, nos reunimos fue agradable.
El 28, el Día de los Inocentes, no nos hicimos ninguna broma. Llevé el coche al taller pero enseguida me dijeron que me iba a costar más el collar que el perro. Así que al final no creo que vaya a repararlo, llevaré pegada a mi cuerpo una botella con hielo cuando conduzca en verano o algo parecido. Total, lo cojo muy poco. La cuestión es que también fui al banco a ingresar el aguinaldo y, de paso, vi a un amigo que me regaló uno de sus dibujos: un mandala. Le aconsejé que preguntara en un centro de yoga si podía instruirse como monitor, pero parece que no le convenció la idea, se ha acoplado muy bien en casa de sus padres, con casi cuarenta años no ha trabajado en su vida. Me sorprendió contándome que su hermano, funcionario, también se ha instalado en el mismo piso, pequeño, después de terminar una relación de más de una década. Por lo visto la pareja no superó la prueba del confinamiento. Me quedé pasmada porque, desde que fui mayor de edad, siempre quise volar del nido, ser independiente y, desde hace unos pocos años acá veo que, sobre todo hombres, cuando no les van bien las cosas, no la economía, vuelven a las faldas de sus mamás porque estas se lo permiten estableciendo una especie de relación amor-odio hacia ellas y hacia las mujeres en general.
La pena fue que, cuando llegué a mi casa, bueno a la de mis padres, mi padre me dijo que me sentara, que me tenía que dar una mala noticia. Dos horas antes de mi llegada, al mediodía, mi tía Juani había fallecido. Recientemente venía encontrándose un poquito mal, desde que le habían cambiado unas pastillas, y vale que tenía 85 años pero no esperábamos esto. Mi padre me pidió que lo llevase al tanatorio de otro barrio malagueño y marinero: El Palo y por eso almorzamos tarde, a eso de las cinco, a la misma hora que llegaron mi hermano, su compañera y su hijita desde Alemania.
El veintinueve mi hermana, Beatriz, vino antes de lo habitual para ir a la iglesia, a darle el último adiós a mi tía Juani, junto a mi padre. Esta vez nos sentamos en un banco de la primera fila. Digo "esta vez" porque en verano también despedimos a otra tía paterna. Una de mis primas pudo dirigirse a los que allí estábamos y llamó a mi hermana para que la acompañara porque iba a leer uno de los poemas de mi tía que Beatriz había recopilado durante este año pasado, grabando a Juani cuando la llamaba, cada jueves desde el inicio de la pandemia y que, a su vez, me había enviado transcritos para que yo los publicase en la misma editorial donde tengo mis novelas.
Por la tarde nos repartimos regalos: zapatillas, calcetines, pijamas, libros y algún otro detalle.
El viernes pensábamos ir a comer, todos excepto mi hermana, pescaitos fritos a un merendero, pero mi hermano se puso malo, quizá por la humedad y porque había pasado la noche despierto cuidando a su preciosa hijita. La cuestión es que como se come en casa no hay nada. Como dice mi padre: "¡Qué manos tienes Cisca!".
Ayer, Fin de Año, vino Beatriz a almorzar. Pasó la Nochevieja sola, como mi último novio, al que veo en persona, desde hace seis años, solo por videoconferencia. Me extrañaba que durante dos meses no se hubiera puesto en contacto y apareció antes de ayer para decirme que lo habían internado en un psiquiátrico porque había roto el escaparate de un restaurante pijo parisino. Se me vino a la mente una frase de Bertolt Brecht que me dijo le venía como anillo al dedo: "El arte no es un espejo, sino un martillo".
Posted on 2:41

Cuando estabas en las drogas duras y por la vena nadie podía imaginar que te inyectabas por la vena aorta. Te pinchabas en el cuello. Sin duda verte bombeando resultaba una vista macabra. No era broma, no. No parabas hasta que la sangre ya coagulada taponaba la aguja. Quedaba el coágulo como una pequeña morcilla de sangre ennegrecida. Como si en el exterior se sentara la gangrena a tu lado como un naipe de muerte y sadismo autoinflingido. Por suerte dejaste aquella asquerosa vida. Y suerte tuviste de no coger el bicho. Ahora tu vida es otra. Parecía como si te hubieras marchitado de la noche a la mañana. Marchito y estropeado. Era como encender cerillas en una gasolinera. Un acto autodestructivo. ¿No te querías? La verdad es que el amor propio no fue para ti algo importante. Si no te querías tú, ¿a quién ibas a querer? Todo se convirtió en un naufragio perpetrado por ti como protagonista. Una tempestad al borde del colapso sanitario. Estabas en la decadencia mås absoluta. Parecías el espíritu de la golosina o un ángel putrefacto de muerte anunciada. El éxito que tenías con las chicas se evaporó. Como si echaras aguarrás en una acera. Estabas totalmente entregado a ese veneno. Eras sinónimo de autodestrucción. Hábito necrofílico.

Hay gritos que te destrozan y te asustan. Que te dan un terror del que nadie lo asegura del todo y puede decirte de qué está hecha nuestra fibra amatoria. Imagino los gritos de mis padres tras contemplarme en estado de óbito y su reacción inmersos en una horrible tragedia. Los gritos de una madre, de una esposa, los gritos retumban en los apartamentos y se condensan como una cicatriz sonora que no se cura en la vida. Gritos de mujer siendo víctima de una violación. Pero el grito que más me ha impresionado ha sido el Grito del Arlequin. Cuando el arlequin gritó todo el mundo calló. Era un grito en las entrañas desde la eterna noche de los tiempos. El arlequín es luz y sombra. Cisne negro-Mirlo blanco. Es una paradoja ante la percepción de lo arlequinado. Es un momento de ilusión que dura muy poco, y acaba con el grito desesperado. Es un payaso del siglo XIV en la antigua Venecia. Creo que el arlequin es el pretexto para trasmitir la dicotomía existencial. Lo blanco se une a lo negro y viceversa. El Grito del Arlequin es un poemario corto que nunca, y digo nunca, debería haber sido publicado.

La tarea más difícil para un escritor es la de encontrar editorial en condiciones. Es un suplicio. Porque muchas editoriales no arriesgan a sabiendas de que la novela o el poemario sea bueno. Ahora la poesía rimada está infravalorada. Dicen que es cacofónica. Pero también dijeron que el punk no iba a perdurar y se convirtió en una manera de vivir. Ahora critican el reggaeton, y se fusiona con flamenco, tango y música tradicional mexicana y éstas son rimadas. El hecho de buscar editorial desemboca en frustración tras frustración. Colecciono negativas de editoriales. Negativas de todas. Sólo quieren dinero. No arriesgan (repito). Van a darte oportunidades con varias opciones y particularmente, si se autopublica es preferible que sea en una editorial seria y potente. Que tenga buena distribución, que te ayuden a promocionar tu obra, pero eso es caro. Por eso te dan la posibilidad de publicar pagando a plazos. Cierto es que pagar por publicar sea vergonzoso, pero en un futuro, todo será de esta manera. También están los criterios feministas y los criterios de lectores con gran reputación. Yo creo que autopublicar es el futuro de los escritores. Los editores que ven dinero ahí se apuntan al carro. Sí no te conoce ni tu padre es a lo que estás abocado. Es un negocio del que muchos han visto un repunte al alza. Mi escritura yo no soy el que la puede juzgar, pero si aquel que lee mis escritos habla bien de mis libros, pues enhorabuena. He perdido la esperanza, ya que nadie hace nada gratis. Es así, aunque parezca una milonga eterna.
Posted on 5:04

He dejado muchos hábitos en la vida de los cuales no hiciera penitencia. El hábito no hace al monje, pero lo mortifica. Parece mentira que después del camino que llevo andado la sustancia que me hace más la puñeta es el tabaco. En lugar de tanta prohibición hacia los fumadores deberían investigar las autoridades que lo legalizan qué tipo de sustancias hay en un simple cigarrillo. Dejar el tabaco es una hazaña y toda una odisea. Yo no imaginaba que iba a echar tan en falta el tabaco después de haberlo dejado desde el día 15 de diciembre del año pasado. Yo tengo mucha fuerza de voluntad, pero lo echo de menos al levantarme, después de comer al mediodía y también por la noche. Aunque sí soy sincero, el momento que más echo en falta en el acto de dejar el tabaco es cuando escribo. Y no es fácil. Al mismo tiempo que he dejado el tabaco también he dejado un fármaco muy adictivo. Ha habido momentos dejando el tabaco que he padecido fiebres y cefaleas. Pero no lo hago sólo por salud, lo dejo también por economía. También por el acoso psicológico en el que la gente rehuye de los fumadores. Y es una hipocresía. La empresa que menos fumadores tiene en su plantilla es Altadis. Cómo no, las sustancias químicas que tiene el tabaco no es sólo nicotina, alquitrán y monóxido de carbono. No, hay más sustancias en un cigarrillo. Es rentable.
Posted on 2:02

Tengo una suerte predicha bajo las estrellas fugaces. Mi destino eres tú y el norte hacia el sur que mantengo en mi camino. No prometo dañarte, porque puede que te dañe sin quererlo. Cada vez que veo tus ganas de dejar la esclavitud recuerdo a los agraciados con un premio, una publicación en una editorial grande, un preámbulo de luz al compás de los éxitos, ya que pueden ser fugaces y efímeros, o plantarse como un árbol de raíces profundas, agarrándose al mundo, e improvisando un fruto. Eres tan terriblemente hermosa que cuando sonríes tengo miedo, tengo miedo de plantar sombra sobre tu alegría, no, no quiero que sufras. Hoy es ya domingo, y cabalgamos solos por las playas de invierno y los solitarios peregrinajes a los vacuos recuerdos, y al empuje de una entrada al carnaval del sueño sexual. Yo soy Capplannetta y tú Maggie, somos dos tristes con una alegría desplegada en el futuro. No nos hablemos más del pasado, que el pasado ya no es pisado. Levitamos de noche cerrada y de jóvenes nos rompemos a besos. Cada día existe una manera nueva de ver la vida, la vida de cerca y la de lejos. Las cosas desde algunas perspectivas distintas se disfrazan ante los ojos inocentes que miran. Repasamos la ignorancia de los peces resbaladizos, no podemos cogerlos con las manos, sin embargo, existe tanta tentación en los frutos madurados al sol que yo podría creer en ti como si nacieras de nuevo. No guardo pan para hoy y hambre para mañana, seré como un cuentagotas, una cartilla de racionamiento, una farmacia que te dosifica las pautas. Seré un astro sin ser luz. Un espejo de fuego en el que tú te mires y yo sorprendido te arroparé en calentito amor.
Posted on 0:41

Muchas veces los que nos dedicamos a la poesía nos hacemos la pregunta reina. ¿Para qué sirve la poesía? ¿Qué nos empuja a escribir? Y yo me contesto sólo y me digo, no me da dinero, me genera trabajo y me supone sacrificio. Soy un verdadero amante de la poesía. Creo, que la poesía en especial no sirve para nada. Los poemas pasan desapercibidos para la mayoría. Muchos no leen ni un cuarteto octosilábico. Sin duda tiene un público reducido. Es más, la poesía sólo la compran poetas o escritores. Escribiendo poesía no llegas a la fama efímera ni a la gloria que desaparece de la memoria de los hombres. Es más, dinero tampoco da. Sin duda es un sacrificio. Un sacrificio como una cáscara de plátano. Vacío, inútil, consigue del poeta su peregrinaje, su exhibición y su camino repleto de peligros. El nepotismo, el hecho de ser premiado, ya que las editoriales no arriesgan. Si no te promocionas en presentaciones y recitales no vendes. Si no vendes no serás más que un lastre para la editorial. Normalmente venden poesía aquellos que conocen a mucha gente. En mi caso, tengo miedo escénico, y tiemblo de nervios. Antes no me ocurría, pero entonces yo tenía inocencia inmaculada y una novísima luz en mi mirada. No, no soy derrotista. Llevo en esto muchos años ya. Y siempre me hago la misma pregunta, ¿tanto sacrificio para qué? Quizá espere al gran mecenas. Al rico o rica señor o señora que crea en mí. Pero la poesía no alimenta, no es nutritiva, es un cantar del alma pura. Se puede decir que la poesía sólo nos sirve a unos pocos. Admiro a los grandes rapsodas. El escritor es un solitario, pero un poeta es un mártir. El poeta cuando está en pleno naufragio no es buen escritor, ni puede fingir, y solamente se puede entender que un poeta es como una carrera de fondo. A veces tienes flato si no tienes la respiración adecuada. Otras veces se te seca la boca y debes enjuagarte la boca con agua pero sin digerirla. Y otras veces abandonas antes de llegar a meta. Pero lo único que puedo decir es que la poesía es una especie de medicina para el alma. Es del perdedor la lucha, la del ganador es el motor. Si caes te levantas y si pierdes hoy tal vez mañana sigas en la brecha.