
Descubrí al amanecer cuando desperté tras haberme levantado a la hora de los perdedores, que no era yo entre la caterva antigua de los inmortales. Me cerraron mil pestillos, a mi campo sí le pusieron llaves. Me busqué en las plazas públicas, en los pueblos blancos de la verdiblanca Andalucía. No había restos de mí. Ni en la estrella de Catalunya ni en los patios de geranios. Ay, ¿dónde estaré? No sé si estoy en mi casa, o en casa de mis padres, mi sueño tiene una pared de muertos que pretenden la lógica de la física. Descubrí a horas tardías que mis padres eran parte de mi sueño adolescente. Me busqué en la luz de gas, me busqué en los lugares sordos, una caballería de caballos herrados y descocados frecuentan el techo de mi casa de cristal. Un oprobio podrido me floreció de cicuta y garrapatas en la somnolencia cuando todos los gatos son pardos. Me hundo en mi propia mugre. Me acerco peligrosamente hacia el abismo. Tengo cicatrices eternas desde los párpados a la tecnología de las cosas que no nacen. Me ven extrañamente como si yo fuera una seta que ayer se alzó sin querer. Me busqué entre el sudor donde mi padre era hortelano. Me hicieron encerronas desde la envidia de los higos chumbos que en las chumberas encuentran su única alegría. Si me encontrara haría de mi paciencia la quietud de los ríos y el mar se dormiría. Si me encontrara oculto en los rincones del hogar paterno sería un fenómeno de velocidades azules y de prisas vegetales. Amo la noche, pues me tiene domesticado. Conoce mis derrotas, mis vergüenzas y mis sueños botánicos. Desplegué un azul con la ayuda De Dios bendito y próximo a la sagrada tregua de las mujeres de sencilla nostalgia. El eco es mi amigo incómodo.

Un Capplannetta hombre se desnuda en público, encaja los golpes como un buen boxeador, y hace el amor entregándose todo lo que su pasión le deje. Capplannetta niño, ¿a quién quieres más? ¿A papá o a mamá? Este sentimiento está caducado, háztelo tatuar mamá. Capplannetta hombre es inocente pero es nada ingenuo. Si alguien tratara de timarle diría no, y cien mil veces no, como le pasa con la droga. Capplannetta niño, empieza a vivir con la alegría efervescente como la sal de Andrews. Capplannetta hombre, malgasta su dinero en colecciones de imágenes y poemarios ilustrados, y también en novelas gráficas. Capplannetta niño, es una especie de niño sin secretos. Aunque el Capplannetta hombre lo haga un imberbe muchacho sin esperanza. El hombre Capplannetta confía del mundo hasta que este mundo le demuestre lo contrario. Capplannetta niño, tiene la párvula manera de hacerse querer, aunque al Capplannetta hombre nadie lo quiere, nadie le busque, nadie lo crea leal. Capplannetta niño es un puñado de besos y de cariños que los ofrece sin interés alguno. Capplannetta hombre tiene el Vicio del tabaco que contrajo cuando era un niño. Capplannetta hombre, Capplannetta niño. Dos mitades de un olivo.
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Tengo mi cabeza sin sombrero, aunque un millar de pájaros nutren mi sed de colores. Soy lo que quiso Dios que sea. Un marinero con sabor a sal, amargo mar yo gusto, y mi olor es de brea. Les hablaré de este objeto que viene a ser mi cabeza. Pesa cuatro kilos y podría ser plana y también plena, o de ninguna manera, sea como sea. Tengo en la cabeza un pellizco de uña que al tallo aprieta, tengo mis hermanitos, distintos a mí quizá ustedes los vean. Me peino con los pelos de punta, me aseo cuando sea como sea, se ponen en remojo mis carnes tibias que de cal en el agua se mezclan. Mi cabeza es un rompecabezas, un amuleto, un enjuto mojamuto sin ser violeta. Mi cabeza es sutileza, sabedle lo que termina y de lo que empieza. Sabe lo que es un lugar de costado y un migar sin amigos mi sed regresa. Empieza a vivir empieza, a vivir comienza desde el arcoíris al amarillo, cian y magenta. Mi autorretrato es sutil y a veces no tiene vergüenza. Mi autorretrato es de abril, en la Noche de Walpurgis su víspera sustenta. Soy Cap sense cop, soy a veces cuatro cabezas. Soy lo que los hombres completos saben, soy quien aprende a vivir y a vivir empieza. Soy retrato en sepia, soy multicolor, soy dos piezas en una pieza. De mí buscan los viejos la mano suelta, los niños se asustan, por tener un grillo que de noche llama a su hembra. Mañana, será otra vez mañana, el que desaprende a vivir y cien veces de nuevo lo intenta, el que solo en la calle muere, y el que un futuro se inventa. Soy aquello que nadie espera. Soy la verdad amarillenta.
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En mitad de la tregua de esta casa mía hay un té entre ricos sin pobres y corre una paz impía atenta a los momentos de radiofonía. Se sientan a oír las voces en los noticieros y una duda de cañería y espejos recorre la blancura palaciega con mantelería y recorre el parentesco que nadie nunca de veras desearía ni tampoco los supondría. Los señoritos visten de seda su invisible pleitesía mientras las criadas y las cocineras pulcras son sumisas a la orden dictada desde su hidalguía. Marqueses, condes, duques y bambolla vacía como intrusos son testigos de la bulería mientras satisfacen sus noches con la posible borrachera oculta en la flamencología. Desde Huelva hasta Almería. Alcurnia de andaluces pobres apuntan lo que en otros lugares no aguantarían. Los señoritos no siembran las tierras, por comodidad o por conveniencia sería, o para no gastar ni un Euro en tierras de alacrán y garrapatera sangre que sin hemorragia parasitaría. Viva la virtud vegetal en la gastronomía, como un cocinero bueno así lo haría, un hombre del pueblo ante su vida rota y su cansancio de día a día. Son hombres de tierra seca, altaneros y sin cobardía, son hombres que los endureció la vida. Hombres que dejaron su infancia tardía olvidada en la vejez de cara a la postrimería. Los señoritos abren sus plateadas pitilleras ante la reposada burguesía miran mujeres que de lucha y de rodillas friegan los suelos de la gran Andalucía. Mujeres y hombres con gallardía, andaluces con las manos endurecidas, van camino de la gran plegaria fruncida de nobleza, dignidad con simulacro y alevosía. Se sabe que todavía los que la tierra trabajan no es suya su mañana fría que nutren con vino, cazalla y tabaquería. Hombres duros como piedras, estirpe de hombres que conocieron la villanía de caciques y aristócratas con la infamia inclinada ante la hipocresía. Andaluces de tierras curtidas con el callo herido que se les abriría si no conocen empeño ni orgullo ni ningún dueño de una yegua fuerte de montería o una bodega sombría sin explotar a gente mandados por su tabernera señoría. Sábanas blancas, buena vajilla, mejor cubertería, son las cosas que en casa de pobres no existía. Echar yerbabuena en la sopa, el gazpacho de serranía y la alegría son cosas de las que respira mi Andalucía. Las mujeres son belleza que helarían las ansias morunas de la vida mía. Mujeres de mancebía que eclipsan el sol y la luna de toda la bella Andalucía.

Pienso muchas veces en la opulencia actual, aunque muchas veces desagradable, en la Catalunya del hoy. Entre inmigrantes y nativos, entre charnegos y autóctonos, hemos creado la Catalunya actual. Sobre todo se puede dilucidar en la Barcelona de hogaño. Me vienen a la cabeza una multitud de escritores, intelectuales o artistas. Uno por ejemplo es Juan Marsé. Su mapa de la antigua Barcelona y la más reciente, la hacen apetitosa, atractiva y diferente.
Esto que he dicho es visible en muchas ciudades de España. Ciudades que unas conozco y otras no conozco nada. Pero la mayoría desprenden una impronta de modernidad y virtud únicas que las hace bellas a los ojos del visitante. La Catalunya de ahora tiene su cabeza visible en la Barcelona pro olímpica. Sin duda en los años de olimpiadas la ciudad se restauró por completo. Y tiene consigo una magia y un carácter innovador en algunos lugares y medieval en otros. Pero esto le ocurre a muchas ciudades de España, vuelvo a repetir. Hubo un tiempo en que Barcelona era conocida por el nombre Rosa de Fuego debido a su pasado anarquista y rebelde. El lugar que le corresponde a Barcelona, no ya como Rosa de Fuego, sino por la Barcelona de Ocaña, el anarquista Facerías, por sus moublés, por la Gauche Divine, y por su acogida a gentes de cualquier lugar del planeta, la han hecho cosmopolita y atractiva.
Muy poco atractiva y nada exuberante sería Barcelona sin estos aspectos, empezando desde los años cincuenta a la época actual. Los que hemos visto la Barcelona olímpica no podemos olvidar la gloria y la belleza de aquellos años noventa que la ciudad lucía. Una ciudad atractiva la componen sus gentes y su miscelánea atrayente e inverosímil en comparación con otras de un parecido esplendor. Pero Barcelona no es sólo la emblemática ciudad, es también el extrarradio que gira en torno a ésta. El extrarradio de Barcelona es el hogar de la Catalunya charnega. Muchos charnegos han adoptado la lengua, las costumbres y la identidad catalana. Ese es parte de su poder. La capacidad de acogida que tiene la ilustre Barcelona hoy en día. Los hijos de emigrantes de segunda y tercera generación se han adherido a la Catalunya actual debido al carácter hospitalario de los catalanes, y porque ellos han adoptado las costumbres catalanas por sentirse gente del pueblo, o en catalán, gent de la vila y eso es debido a la gran hospitalidad y sin imposiciones por ningún tema como la lengua, la educación o la cultura tan rica, a la vez que plena. La gente del pueblo catalán, desde el Pagés lleidatá, hasta el emprendedor empresario de Barcelona, han dado con gran generosidad hospitalidad y hermandad a todo aquel que venga de otros lugares. Es aberrante los que ponen el ejemplo de estos emigrantes como soldados del gran caballo de Troya, ya que ha sido una inserción generosa y agradecida por ambas partes.
Posted on 0:34

No me importa ser para ti transparente. Y que me oigas en la lejanía. No me importan ser parte de la conexión que mantenemos. No me importa ser lo que no debo, aunque a ti te importe mi fingida verdad en el silencio. No importa ser el último tren que cogerán los últimos pasajeros. No me importa que conozcas mis pensamientos. Tampoco me molesta ser falsedad ante lo verdadero. No me importa mezclarme entre ruido y trasiego. No me importa estar en el subsuelo. No me importa que no tengas dinero, solamente te pido respeto. No me importa escuchar tu pedo como un psicólogo camarero. No me importa hacerme el majadero cuando tú te haces el sueco. No me importa ser o no ser parte de tu sueño. No me importa que crezca ante ti mi fuego. No me importa lo que de verdad importa entre el consuelo, el abrazo y el beso. No me importa que me veas de lejos. No me importan los sesgos, los momentos sin serlo, los oropeles ocultos en nidos de cuervo. No me importa mi dolor de adentro. No me importa el cero, el vacío, el tedio. No me importa de que semen sean mis ancestro. No me importa no ir ahora porque volveré luego. No me importa los ratos de infierno, de soledad y de sombras, de camino carretero. No me importa haberme dejado olvidado mi corazón en el basurero. No me importa la angustia, la desesperanza, el fiel mal aliento. No me importa tener hijos que sean lo que más quiero. No me importa ser un esclavo de trescientos verbos. No me importa ser gato viejo, no me importa ser andariego, no me importa bregar ante lo usurero. No me importa que me veas en mi apartamento. No me importa lo que me importará luego. No me importa caminar en el desierto. No me importa morir en el intento. No me importa lo que digan si lo que dicen no es lo que vengo siendo. No me quiero si tú no me quieres primero. No me importa el New York Times, el fake news, y el algoritmo que conoce mi deseo. No me preguntes ni me desprecies si después me haces un improperio. No soy negativo, ni pesimista ni un pobre sujeto. No quiero hacerte daño ya que desde eso me desespero. No me mires si nada ves, yo te miraré aunque con miedo. Creo en lo que veo.