14º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf
Posted on 22:59
Busco mecenas allí en el subsuelo, en antros cochambrosos, en hospitales en cuarentena. Huyo de protocolos y actos solemnes. Busco mecenazgo, quizá por el hartazgo de ir siempre sin blanca. Vivo por encima de mis posibilidades, ni polvo consume mi hogar. Busco mecenas desesperadamente, lo busco en los rellanos, en los descansillos y en los huecos de escalera. Busco mecenas pues ya no me dan los bancos ni el apetito de tener algo de dinero. Busco mecenas con posibles, vamos, que le sobre el dinero, y sobre todo que quieran un poeta babeante por la tranquilidad de los domingos. Que se den prisa, lo busco urgentemente. Lo busco, lo necesito. Lo busqué en las cloacas, en las barricas de solera, y encontré vida, sí, no eran gusanos ni malvas, eran cucarachas asquerosas que se habían comido las alas libertarias de una mariposa. Busco mecenas. No me importa su raza, tampoco su nacionalidad, lo necesito para que pague mis facturas, para que me llene la nevera, para que me abastezca ante el ayuno. Busco mecenas que me asegure mi zona de confort, para que me lleve en Rolls Royce a ver la luna, que me proteja del poco público que tengo, busco a alguien con dinero, yo le daré una vida de experiencias fuertes, no me importa que sea jesuita, tampoco protestante, absténganse los testigos de Jehová, absténganse los que no saben hacer la O con un canuto. Busco mecenas, con paciencia y entrega, absténganse los agentes literarios. También los conductores temerarios. Pero que tenga coche propio, estoy harto de ser un peatón. Busco mecenazgo, que sepa hablar idiomas y lenguas muertas, que sepa cocinar lentejas con chorizo, busco un mecenas para ponerse manos a la obra en breve. Busco mecenazgo con puntualidad y seriedad. Eso es todo.
Ya empieza el nuevo curso 2021-2022 y es inmensa la cantidad de libros que se ponen en sus casillas o casetas como punto de partida. La FLM está repleta de novedades y entre esas novedades tendrían que estar mis libros, cibernética esperanza uno, y Poemas con Nocturnidad el otro. Mis amigos me aconsejan paciencia, y no me queda otra, es una tontería ofuscarse como un obelisco insensato. Los que se apuntan a la firma de libros tienen obras a la venta para ser dedicadas con grandes ambiciones y expectativas. Debo de tener paciencia, sobre todo, por el tiempo que llevo esperando. Ya que se me ha cruzado agosto y me atrevería a pensar que se me ha atragantado. Pero para serles sincero no me dan ninguna envidia todos aquellos que firman a sus lectores, las muchas presentaciones y todo el ágape de escritores, que no es si no, otra manera más de lanzarse tras la caza de lectores. No me dan envidia. Yo creo que por mucho que asistas a este tipo de actividades, ya sean spoken word, o presentaciones como fuegos fatuos como decía Don Manuel, como el fuego fatuo es el querer. La verdad es que tengo dos libros en el mercado, y ninguno, de momento, se vende. No es porque sean malos, al menos acerca lo que yo espero de un buen libro. Al final no se sabe quién se lleva el gato al agua. Lo que sí es seguro que no me considero un mercachifle, me considero poeta, y ya es mucho. En este mundillo existe mucha inquina y cierta envidia. Pero al final el regalo más sincero y que llena más es el del público lector. Espero tener buena acogida, aunque mis circunstancias sean contrarias. Contemplemos el milagro.
Pasó un tiempo con un tremendo miedo, más bien lo llamaría terror. Wáng se llamaba ese chico con tantas supersticiones que nada más creía en Buda y en la numeración del calendario chino. En el lugar donde residía se le conocía bien. Wáng, como todos los chinos, tenían una frecuente grima por el número cuatro. Llevaba arrastrando su miedo desde que apareció el Internet 4G. Y para colmo de males en los sistemas operativos de Apple estaban en la versión 14.1.1 Todo esto a Wáng le parecía un mal presagio. Ya habían pasado las olimpiadas del 2008, incluso las del 2012 en Londres. Pero a él, como buen chino, esto del Internet 4G le parecía obra del demonio. Tanto cuatro rondando en los sistemas operativos y en el Internet de las cosas le parecía un riesgo que no podía omitir. Pero en un periódico leyó que el Internet 5G ya estaba llegando. Y lo más curioso era que esa velocidad casi de láser lo habían ideado en parte unos chinos. Pasó la pandemia, pandemia dispuesta a quedarse, a mucha gente conocida le afectó la terrible COVID-19. Él atribuía la pandemia a la mala suerte del 4G y a los cuatros en los sistemas operativos de Apple y para colmo los del Samsung. Estaba desolado. Era un verdadero preso del sistema operativo y la velocidad de datos.
Con el tiempo llegó a los dispositivos la velocidad de datos 5G. Él estaba encantado con el cambio. Sus amigos le dijeron que el sistema operativo en Appel iba a pasar a IOS15. Se fue a comprar veintitrés iPhone con la velocidad de datos 5G y el sistema operativo nuevo de Appel. Para él ya había pasado el tormento. Le regaló a su pareja veintitrés iPhone por su cumpleaños. Su novia le dijo: -No, Wáng, te olvidas de algo. Y Wáng contestó -¿de qué? Le dijo su novia que al comprar veintitrés iPhone estaba dando lugar a comprar el suyo, ya que era el número veinticuatro. Y Wáng reía. No, te olvidas, querida, que hombre precavido vale por dos, ya que Wáng compró veinticinco iPhone. No le importó tampoco pagarlo con tarjeta y tampoco que en la cantidad a pagar hubiera un cuatro. Así era Wáng. La superstición no era libertad, pero teniendo dinero era otra cosa. Wáng no quería pensar en el futuro. Era una revolución.
Ayer vi en Facebook la posibilidad de enviarte una solicitud de amistad y no pude. Me dio cierto miedo. A la negativa supongo. Recuerdo que cuando te conocí mi vida era de color azul, y eso no se olvida tan fácilmente. Yo me casé y fracasé, de ti he visto que tienes hijos. Bien por ti. Cuando tuve la posibilidad de enviarte una invitación me asaltaron muchas dudas y algunas realidades con respecto al tiempo transcurrido. Yo ya no soy de aquel que era. Supongo que ya te habrán contado, o quizá, lo hayas visto con tus ojos. Quiero que sepas que no escribo esto por puro interés. Lo escribo porque recuerdo cosas que han ocurrido. Recuerdo aquella noche. Es mejor no hablar más. Simplemente espero que todo te vaya bien, pienso que tienes razón, porque ¿qué voy a buscar ya después de tanto tiempo? Tuve mi oportunidad, y la cambié por otras mujeres. Sí, este picaflor ha perdido. No puedo reprocharte nada yo. Tú, al contrario, sí puedes hacerlo. Ahora cuando estoy medio acabado no puedo ir detrás de ti, y con razón. De todo aquello ha llovido mucho. En aquellos tiempos éramos la unión perfecta, pero quise ir de mujeriego y perdí, me destruí. No puedo culpar a nadie, pues nadie tiene la culpa. Hubiera sido feliz contigo. Ahora estoy en un punto de no retorno. Realmente tú has mejorado con los años, mientras yo, he acabado estropeado. Ahora no soy el mismo, pero es mejor así. El azar pone a cada cual en su sitio. Ya dejé las drogas, y la bebida, pero eso es por mi bien. De vez en cuando le pregunto a Juan que ha sido de tu vida. Mi corazón es para tu persona, pero los corazones como el mío, que han estado tantas veces viéndole las orejas al lobo he terminado dentro de la boca, porque he tocado fondo. Quiero que sepas que nunca te olvidaré. Pero ni tú ni yo podemos rescatar aquel fuego que nos unía siendo unos niños. Me hubiera gustado acabar mi vida contigo. Aunque te perdí. Tú te cansaste de ir detrás de mí, pero el mundo da muchas vueltas. Volviendo a lo de antes, te has puesto bellísima, al contrario que yo, que no valgo ni para tacos de escopeta. Algún día deberíamos hablar. Hasta siempre, mi amor verdadero, mi vida de azules.
Sé que te gusta La hija de Juan Simón, esa milonga me recuerda a mi abuelo, que lo quise mucho. La milonga preferida de mi abuelo llega hasta tus oídos. Hagamos un alto en el camino y recordemos el amplio repertorio de Antonio Molina. Su música permanecerá en mí mientras viva. Mi infancia, la banda sonora de mi infancia es Antonio Molina, Los Gemelos del Sur, Juanito Valderrama y Manolo Escobar. Cuanta nostalgia respiran mis poros por esa música de otros tiempos. Recuerdo a mi abuelo que reconocía que para escuchar La Pirinaica se metía en un armario. Era una distinta manera de hacer revolución ante esa dura dictadura en los años siguientes a la guerra, nuestra guerra. Mi abuelo era un español burgués trabajador de la tierra y los animales. Yo jamás tuve un abuelo con espada y con medalla, que ganara una batalla. Yo tuve un abuelo sencillo y fumador de tabaco negro, y tuvo que vender las tierras heredadas de su familia para venirse a Catalunya. Mi abuelo era parco en palabras, pero conocía a la gente tan solo con una ojeada. Tenía problemas de vista, pero en su visión de sombras conocía a todo aquel por el zarape. En estos momentos vendemos (la familia) el hogar que disfrutó y el hogar mismo que lo vio dar sus últimas bocanadas de aliento. Mi abuelo se alegraba de verdad cuando te veía. Lástima que no conocí a mi abuelo paterno. Cosas de la vida, decían justificándose de su muerte repentina. Cuando escucho la milonga La hija de Juan Simón, todos mis muertos acuden en la noche. Dejan su rastro en el perfume de la casa. Esta casa que también es suya. De los muertos de uno no hay que temer, son tu propia familia.
Me ocurre desde hace mucho tiempo atrás. Me puede la impaciencia. Cuando estoy realizando algún trámite, cuando espero de la publicación de un libro con su ritmo lento, me impaciento, y eso es debido a que me desespero con facilidad. Y no es una cosa de la cual yo haga alarde. Simplemente es un mal hábito que debo eliminar de mi existencia. Publicar un libro es un proceso lento, muy lento, y no puedes estar molestando al editor o a sus empleados con llamadas y emails.
Querer vivir deprisa siempre ha sido mi defecto. Me gusta la velocidad. Pero la eternidad, como nos han enseñado en el colegio, puede ser aún más desesperante si estás perdido en el limbo del más allá.
Antes era más paciente. Pero en esa época mi vida no era lo que es ahora. Vivir deprisa o comer con gula provoca que no me inviten a ningún restaurante a zampar, comprobarían que soy un bárbaro. Me encanta disfrutar de los placeres de la vida, pero si estos exigen algún momento de espera me desespero. Como con las manos. ¿Y qué? No soy un aristócrata ni un cortesano que se las dan de estirpe y son estirpe sí, pero una estirpe de bambolla que los delata el WC. Soy más indio que soldado, monje o campesino. Ayer mismo me comí un arroz con conejo y comía con mis manos, y resulta un placer asombroso. No critico al que coma con tenedor y cuchillo, para comer carnes rojas también los utilizo. Pero comerme un pollo a la brasa con las manos es un verdadero placer. Habiendo trabajado en el matadero se te quitan los escrúpulos y las manías. Lo que no soporto es a los que hablan comiendo y sueltan esa cantidad de perdigones desde sus bocas grasientas. Ahí sí que reclamo ser buen comensal.
Comer en el McDonalds con las manos es un deleite tan chic que me río yo de lo que es comer en un restaurante vegano. Comer es algo muy serio. Aunque pensándolo mejor, es un gustazo comer, y si lo haces con las manos disfrutarás el doble, pero si a eso le añades comer a dos carrillos para todo aquel que le falten muelas es un placer divino. Piénsenlo. Gozar es vivir. Pero pensándolo bien, no estamos hechos para durar, y por el pecado de comer, por la culpa de pecar, siempre habrá un motivo por el que perder la paciencia. Debemos comprender bien que cada ser humano tiene su reloj marcado, y cada uno va a su ritmo. Desesperarte te lleva al tedio, debes saber lo importante que es esperar, y al mismo tiempo, vivir mientras tanto. Mientras tanto se espera, se llora y se padece. Porque todos tenemos nuestros achaques y problemas, y no se van a llevar el tiempo como en un reloj de arena. Es preferible que el reloj de arena no se haga barro. Y se puede hacer de barro si forzamos a que las cosas salgan peores de cómo las queremos o las preferimos. Un reloj de barro puede remontarnos al tiempo que perdimos al desesperarnos, y sobre todo, no tratar de disipar al tedio mientras se espera. Nunca se puede forzar el tiempo, y mucho menos el azar. El azar es un ordenador que ordena el caos que se aloja en nuestra rutina. Espera cantando, espera silbando, espera tranquilo. Si pierdes la calma viene el naufragio y entonces ya no habrá retorno hacia atrás.
Dedicated Server Hosting | Converted into Blogger Templates by Theme Craft