Posted on 2:30

Estoy lo suficientemente loco para saber que mi mal no tiene cura. Me lo dice mi madre mucho: -Tú naciste sano. Y sí, nací sano y fuerte. Pero en este mal te puedes ver en el triángulo de las Bermudas y perderte con embarcación y todo, con todo me refiero a la vida. Estar, estoy bien, con respecto a la vida, pero como yo era no estaré jamás. Yo prefiero la compañía de la gente que me quiere, que son mis padres, por lo general, tengo amistades, aunque sé que moriré solo. Hubo un tiempo que la vida en mí era una vida muy distinta a la de ahora. Yo no soy un enfermo mental, a mí lo que me ocurre que tengo una personalidad dispersa. Y si soy enfermo de la mente no voy a cometer el error de lloriquear, de sentirme el único enfermo en la fierra, olvidarme del dolo frecuente. Estoy diagnosticado ¿y qué? No me meto con nadie. Tan sólo soy un árbol que poco a poco se secó. Estoy bien, cada vez mejor. Me cambié la medicación y ahora intento tener la paz buena De Dios. Esa que no se obtiene a diario. Esa paz hay que conseguirla en el día a día, sin demostrar a nadie nada. Quisiera que me den de alta, no tomar la medicación que me dan, estar equilibrado. Como dice la canción del Lebrijano: De noche mi corazón conmigo mismo pelea, sí a eso se le llama vivir que venga Dios y lo vea. Nací sano, pero ¿en qué momento mi alma se fue por otros derroteros? Me encanta oír, Capplannetta, ¿cómo estás? Y yo decirle: -Bien, tantas veces caí que sé por donde no puedo pasar y otros lugares a los que me gustaría ir. Lo que tengo es ganas locas de comer un McMenú de McDonalds.
Posted on 0:26

He estado mucho tiempo siendo esclavo de paraísos artificiales. Aunque aún tenga mi porción de esclavitud me tengo que conformar. No se puede uno regocijar en las inmundas tragedias ajenas, más aún si estas son personales. Cuando se crea un hábito dentro de tu mente lo mejor es eliminarlo o cambiar el estilo de vida. Mi paraíso se compone de la alegría de mi entorno, y muchas veces mi entorno no es feliz porque mi persona no es feliz. Aunque suene a tópico, la felicidad es algo muy relativo, siempre ha sido así. Pero con ser digno me basta para tener mi trozo de alegría diaria, yo, que tantas veces me he precipitado al abismo, ahora he llegado a un punto en que me conviene llevarme bien con el prójimo. Como cantaba Bambino, yo quiero paz, no quiero guerra. La juventud es empezar por el postre, ya lo he dicho otras veces, pero después de la juventud se debe tener en cuenta que no se debe dejar que se enfríe el bocado. Hablando gastronómicamente, es mejor comer algo caliente que tomar la sopa siempre fría. Con esta metáfora quiero hacer hincapié en que la inmundicia personal te lleva a criticar el delicado matiz de tu semejante, sin preocuparte jamás por el tuyo. Y es un error garrafal. Se debe aprovechar tanto la adolescencia como la juventud madura. Es óbice incluir en esa juventud madura cierta edad tardía, también la senil, que apunta a la serenidad y se vive con paz ante los inconvenientes que surgen en el bulevar de la vida. Considero que la vida es un regalo que te otorga la voluntad divina. Yo quisiera para mi vejez, si acaso la tuviera, mucho sosiego, tranquilidad, plenitud, y un largo etcétera. Aunque aquí queden dichas las principales. Comprendo la soledad, la tengo diariamente. No quiero hablar de inconvenientes hacia la vida, pero a veces vivir es un dolor a ratos, con algunos brotes de lucidez y alegría. La pérdida de mi paraíso no es más que el cambio de la adolescencia hacia la juventud adulta y madura. Cuando se entienden estos detalles es la prueba de que te conoces y vas conociendo tu entorno. Es necesario vivir con pocas pertenencias más que vivir con mucha carga de parafernalia.

Al igual que Gregor Samsa yo también he padecido mi metamorfosis personal. Un día me desperté y me fui convenciendo de ser un insecto. Una cucaracha imposible, o un escarabajo, que resulta repelente hacia los hombres, y del cual no puedo sentirme orgulloso. Poco importa si ese insecto es inoportuno, o es un merodeador de espacios comunes, o de espacios privados hábiles para poner las larvas. La gente que te ve le basta con darte una palmada, o pisotearte aunque corras, o te echan veneno para insectos que reptan, y también que tengan vuelos gallináceos. Sí, soy un insecto, un insecto al que gritan las adolescentes, intentando así huir despavoridas. En realidad tengo miedo de ser el insecto que soy, pues no tengo modales, aparezco de imprevisto y doy asco al personal. Pobre Capplannetta, pobre Gregor Samsa, seres asquerosos a los que les dan la vuelta sin poder ponerse a reptar. En esos momentos mueven sus extremidades y tan sólo quieren ponerse en la postura que exige su naturaleza. Pero es imposible. Los niños malos nos azuzan contra otros insectos. Yo verdaderamente le temo al camaleón. Para él soy un verdadero manjar, soy su plato delicioso.
Posted on 2:15

Hay noches singulares en que todo parece en calma, aunque vienen los demonios a buscarme. No es culpa de nadie. Debe ser por mí, que a ratos ando solo, y en otros momentos, a ratos solamente ando. Yo vivo la gracia de los que recibieron la insignia de las lágrimas de San Lorenzo. Para mí la belleza lo es todo. Y puedo encontrarla en cualquier parte. Pueden ustedes pensar que soy homosexual, o quizá sea un hombre ya maduro atrapado en un síndrome de Peter Pan. Pero yo me considero un hombre solo aunque tuve compañía. No. A mis padres que nadie los culpe. Ellos han tratado de darme aquello que les ha sido posible. Me pasa a veces que la soledad me oprime la garganta. Intento cruzar varias fronteras, sin embargo la que más quise cruzar, es imposible cruzarla sin salvoconducto. Se acerca el gran bombardeo hacia las ciudades esbeltas. Miles de obuses nos harán morder de rabia las plegarias. Moriremos como locos, ahorcados en fila los patíbulos. Como todo el mundo yo duermo, vivo y comparto con mis demonios que son sombras. Ellos me hablan en el anochecer, y me anuncian simulacros de cera que arden como cirios. Pantallas de sombras chinescas con figuras nunca vistas antes. Desayunar desayuno. Mis vasos de leche de vaca y de soja. Si no fuera por estos padres que tengo ya me hubiera escapado a cualquier lugar, sin embargo, sigo aquí comiendo lo que mi madre cocina. Mi pobre madre. Cuando vivirá tranquila de una vez por todas. Mis demonios me llevan a lo más oscuro de mi vida, pero siempre hay un Dios presente. Dios que para muchos es rezar, y yo no le rezo, tan sólo escribo y escribo. Tengo conciencia de él y mis demonios.

Ese chico enclenque que creía en la libertad del individuo acató su menospreciada valía y se puso a trabajar seriamente en el asunto. Primero aprovechó la circunstancia de hacerle el amor a cuantas mujeres pudo. Después se fue de fiesta en los más variados festivales de distintos géneros musicales, incluso vio a Bob Dylan en uno de ellos, también a The Rolling Stones en su gira Bridges to Babylon, se aficionó a cantar flamenco, y cantaba bien, pero imposible era hacer sombra a otros cantaores. Estando en la heroína se marchó de vacaciones. También se fue a los San Fermines tras haberse desvinculado de drogas y demás sustancias. Fue entonces cuando comenzó a engordar la tripita. Cosa que no le dio importancia, con el tiempo creció y creció. Se marchó a Perú con barriga aunque delgado. En esa época se había leído a algunos clásicos del Siglo de Oro, también a clásicos del siglo veinte. Los que habían leído alguna vez un libro le sugerían que leyera a Nietzsche, a Sartre, a Cioran, él aceptó el desafío, sin embargo se leyó a Charles Bukowski y a Burroughs, el realismo sucio le atraía, pero quiso probar con Gabriel García Márquez y Juan Rulfo, descubrió a José María Arguedas y a Juan Carlos Onetti. Quiso probar con Cortázar, en fin, todavía le quedaba tanto por leer… encontró a través de una película a Truman Capote; Roberto Bolaño y Enrique Vila-Matas vinieron como si de una aparición se tratara. Después vinieron los contemporáneos a él, por ejemplo, Svetislav Basara, Marta Sanz, Sara Mesa, Elena Medel, Alejandro Zambra, Pedro Lemebel, Mariana Enríquez y un largo etcétera, pero ha seguido una trayectoria como lector que los que lo conocieron en su adolescencia creían que se había vuelto loco. Y puede que sí, al menos un poco. Leer no estaba en los planes de ningún conocido suyo, cuando se enteraron de que Capplannetta leía se echaban a reír. Al parecer, reinsertarse en la sociedad era un tabú, o mejor decir un delito donde muchos incrédulos no daban crédito. Hubo un amigo que le insinuó que si era poeta para ligar más, y él le contestó: se liga sin quererlo, es como el que va de caza y no sabe lo que traerá a su casa. No es que iguale el hecho de ligar con irse de cacería, pero las chicas cuando menos les haces caso es cuando más se interesan por uno, influye el palique, también lo agraciado que seas, y hay veces que ni con esas.
Posted on 1:40

Era la última canción y después cerraban la discoteca para siempre. Estaba en la planta del medio, puesto que la planta de abajo la cerraron por orden del ayuntamiento de Terrassa. Se despedía, sí, atrás quedaban cinco años de disfrute rumbero. Capplannetta no lo intuía, pero estaba a punto de dar un vuelco su vida. Ahora recuerda la canción que sonaba, era Vete del dúo rumbero Los Amaya. Parecía casualidad pero el disc jockey eligió ese tema al ver a Capplannetta en el guardarropa para irse. Atrás quedaban muchas historias de amor, historias fracasadas algunas, de otras guardaba un bonito recuerdo, el pinchadiscos que lo había estado observando todo este tiempo sin él saberlo, le ponía la canción a modo de despedida. Para Capplannetta se esfumaba una época dorada. Una época que ya no volvería a reproducirse, a Capplannetta le iba a cambiar la vida. Aunque eso él no lo sabía. Habían sido unos bonitos cinco años. Había descubierto la gran verdad, y le había caído la máscara a algún amigo falso que lo envidiaba. Se marchó abrigado camino de la estación. Antes de cruzar la esquina se dio la vuelta nostálgico. Le saltó una lágrima furtiva.
Posted on 0:01

Mientras que dejen de tratarme como a un enemigo seguiré siendo dos Capplannetta’s paralelos. Uno se denomina Casimiro Oquedo Medrado y el otro se hace llamar Cecilio Olivero Muñoz. Al ser dos personas distintas, la una de la otra, tendrán que elegir y odiar a Casimiro o tal vez odiar a Cecilio. Los dos personajes paralelamente son la disputa eterna de sí soy o no soy aquel que fue. He sido tantas personas que ahora nada más soy Capplannetta, y lo seguiré siendo, orgulloso estoy de él, de sus dos yosotros. Porque cuando escribo lo hago desde la trayectoria específica de cómo otros me han amado, o han dejado de amarme. Quiero ser dos personas porque cuando no soy la una quiero y deseo ser la otra. Estoy ante una dicotomía. Yo no soy cosmonauta pero lo soy desde hace algún tiempo. Soy plegaria del quenopasenada, soy alegría fermentada en la borrachera donde beben ocultos los muchachos del solar. Ser Capplannetta es algo que hay que nacer para serlo. Lo soy porque yo tengo el delicado proverbio que anuncia la luz que reclama la luna. No tengo tierra. No tengo fuga. No me quieren como comensal en ninguna parte. Aunque yo sea una persona educada posiblemente.