
Una legión de fugitivos del deber imploran a la noche su sueño. Yo, como no sabiendo para qué, renuncio a los hábitos que tengo. Un momento, ¿por quien pregunta usted? Pregunto al amanecer, a media tarde (mi consuelo), pregunto a la madrugada que es la que evoca ámbar de luz y ceniceros repletos. No, no quiero proceder del agua estancada, y sí del rayo persistente y eterno, quiero proceder de las ventanas opacas donde cuartos oscuros precarios y pequeños me hicieron juntar dos barajas de naipes españoles como el miedo torero. Quisiera retroceder y quedarme sentado en tu suelo, en el primer escalón, que subir muy arriba da miedo. Quiero proceder con sutiles cosas que hacen migajas de la mitad de tus besos. Evoco todas las cosas, las sutiles primero, en ellas anda un día sin sol, y a lo lejos viene un lucero. Quítate la ropa ya y déjala en el ropero, desnúdate tal como venga aquel frío, la lluvia, el invierno, y volverás a ser verdad entre peldaños de un mundo secreto. No quiero ser superficial, tampoco personaje de cuento, quiero ser tu claridad, allí en los patios y la primavera hacia dentro. Así lo quiero, sí, quiero ser tu hermano que te quiere desde el recuerdo.

Hoy un sábado cualquiera de un 5 de junio toda la gente que tiene que ver algo en común entre el mundillo literario, están ocupados en conferencias, festivales y ferias del libro. Mi amigo Juan A. ayer estuvo en una conferencia de Edurne Portela y su marido José Ovejero. Sin duda, una conferencia de rechupete. Pero él está en Bilbao y yo aquí en una Sabadell donde la literatura castellana tiene poco fuelle. Hoy, mi amigo, Juan A. está en el estand de la editorial El Gallo de Oro justamente en la feria del libro. Me envió varias fotografías por Whatsapp y está muy bien la feria de Bilbao, mucho mejor que la de Sabadell, que es inexistente. Salvo Sant Jordi no hay nada que se le parezca. Como mi amigo dice: Bilbao tiene cosas de Madrid mucho más que en Barcelona, y yo sin entrar en temas chovinistas o territoriales le doy la razón. Aunque este año no ha habido Feria del libro en Madrid. El maldito COVID-19 nos ha cogido en bragas. Sin embargo, en Madrid, el día de hoy hay un festival de poesía en el que se leerá un poema mío. Me lo ha confirmado Pablo Méndez (mi editor) en el día de ayer. Pero me duele no estar presente en ningún acto. No puedo partirme en dos, pero a Madrid sí que quisiera ir, si no hoy, en un futuro cercano. No puedo quejarme. Aunque la poesía buena esté en Madrid y se mueva una corriente de voces poéticas de muy buena calidad, tengo que conformarme. Pero el problema no es que aquí en Sabadell no se celebren actos culturales, que los hay, pero yo tengo un peso sobre mis espaldas que me imposibilita el hablar en público y recitar.
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Cuidado en el barrio, cuidado en el bosque, ten cuidado, qué pasa por la calle, cuidado en el aire, ten cuidado, es el coche negro el que te sigue, corres y corres, borracho de fermento, borracho de realidad, coma etílico. No hay lugar tan súbitamente peligroso como la carretera, cuidado con el coche negro, con el coche rojo, te persigue la CIA, te persigue la DEA. Ten cuidado, qué pasa por la calle, no pasa nada. Cuidado con los amigos, cuidado con los enemigos, cuidado en los bares, cuidado por el virus, ten cuidado, usted no sabe con quién está hablando, cuidado con la policía, cuidado con los ladrones, ten cuidado, que vienen los okupas, peligro, ten cuidado al cruzar la autopista. Cuidado en el mar, en las duchas del camping, cuidado con ese hostal, cuidado, no se salva nadie, cuidado cobarde, valiente el retorno, te abraza tu padre, pero cuidado, ahora los abrazos están prohibidos, qué pasa por la calle, dice sí, qué pasa contigo, ten cuidado, de quien te mira cuando salgas, de quienes esperan tu regreso, ten cuidado los vecinos hablan pestes de ti, cuidado al peligro. Ten cuidado, cuidado, cuidado.

La música de la risa cuando te invade la tristeza crea fantasmas, de los cuales, no es fácil desprenderse. Cuando se ríen de uno a veces no notas cierta rabia hasta el momento que te restableces ante la burla hacia tu persona. Existe gente que la usa como arma arrojadiza y la usan, cuando hay más gente, mejor, suelen ser mequetrefes junto a un vaso de vino y, se ríen ellos en voz baja, mofándose de todo aquel que sabe que ninguna represalia podrá decir contra él, porque está cogido por los huevos. Éstos son adictos a las carcajadas provenientes del populacho, a mayores carcajadas más se crecen, se vuelven gigantes cuando dan golpes a una mujer, son colosos que no tienen ni media hostia. He conocido tipos a los que no les afecta la risa ajena, aunque también he conocido risas por las que dar la vida. La risa de las muchachas, por ejemplo, éstas son divinas. Y las risas de los niños jugando, los ves riendo hasta de perros enganchados. La risa evoca a que estamos viviendo una paz gozosa, una paz y una armonía, que bien pudiera parecerse a un edén. A mí la risa que más me gusta es la de mi madre, la más fresca que he conocido. Las risas impostadas son risas que la gente repudia, pero a veces te salvan el tipo. En el teléfono hay risas que captan los oyentes y saben cuando es verdadera o falsa. La música de la risa debería ser patrimonio de la humanidad. La risa pura es un deleite, aunque la risa malvada sea cosa de energúmenos con ansia de venganza o simplemente por envidia. Aquellos que hacen reír a través de la risa de una persona débil o en baja forma debería ser causa o motivo para darle una respuesta que le saque los colores, son gente indeseable. Pero es asqueroso que la risa no cree o no haga pensar un efecto contradictorio a la vez que ofensivo. La risa cruel. Hasta existen animales que ríen, ¿cómo no van a hacerlo las personas? La música de la risa, en un circo cuando actúan los payasos, la música de la risa, cuando las mujeres hablan entre ellas. Reírte de los chistes de un humorista. Un humorista es generoso. Muchos de ellos sacan los chistes de su vida. Los humoristas buenos no ríen.

…Y me digo cien veces, mil, dos mil, que este miedo a mí mismo pasará, como una tormenta de verano, como la rabia de un muchacho de extrarradio, como el olor impregnado en una prenda…se evaporará. Porque yo no le hago daño a nadie, no me meto en las vidas ajenas, no presumo de tener familia en sus cabales, no me digo esta casa es tuya…aprovéchala. Para mí vivir es otra cosa. No tengo coche de alta gama, tengo libros, tengo maneras de vivir, mini bar de etiquetas frente al vidrio, vino blanco, pues echo de menos a mi tío. Con él bebíamos en mi casa nueve o diez botellas de vino, y no nos emborrachábamos. Nos daba euforia y hablábamos sin parar. Ahora no está el Tite, ahora son otras las circunstancias, ahora es otro el escenario, quizá otra obra de teatro, quizá una película que diga cualquier cosa, quizá contar en negro sobre blanco los pormenores de un trauma infantil. Pero siendo sincero, no me apetece nada salir, no quiero sentirme fuera de este mundo. El otro día me dio mi sobrino un beso, un beso, ese día fue un gran día, ya comprendo que lo que le ocurría era que no me tenía confianza. Me veía poco. Me digo a mí mismo…tranquilo que esta crisis pasará, como pasan todas, me vacunaré y pronto podremos ir todos sin mascarilla. Es horrible. Las enfermeras que vienen a casa me lo dicen, ni ellas se acostumbran. En fin, me digo todas estas cosas porque las sombras han invadido mi hogar. Solamente los recuerdos, los fantasmas del pasado. Drogadicto de trastienda he sido, y he visto cosas peores abalanzarse sobre mi alma feble. He visto cosas horribles, en aquellos momentos reía. Ahora no me hacen ni pizca de gracia, sin duda he cambiado, no sé.
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Han habido algunos escritores preocupados por el tema de los indígenas. Dicen que el subcomandante Marcos es un gran lector y tiene textos elaborados con muy buena pluma, se nota en su impronta cierta dominación del castellano en sus discursos, donde suele ser directo y reivindicativo. Decía el Ché Guevara que toda Latinoamérica se componía de mestizos y había que denominarla como la gran madre tierra, también la Pachamama. Me vienen a la cabeza escritores como José María Arguedas (peruano) y el gran Juan Rulfo (mexicano) como defensores de un indigenismo necesario y tan habitual como el oxigeno que respiramos. Me vienen a la memoria una canción popular peruana que se titula Cholo soy y añade la canción narrando el episodio del cruel asesinato de Atahualpa, emperador Inca por aquel entonces, que cayó en manos del cruel Pizarro. En Perú la canción es tan famosa como el himno a la patria. Recuerdo mis primeros encuentros con la América peruana, ya que me metí de lleno en el seno de una familia que me dio calor humano. Los cholos están en el extrarradio de Lima y el viejo Callao, en los “pueblos jóvenes” los llaman. Después andas por el centro, como por ejemplo, San Isidro, Miraflores, y un largo etcétera, que viven amurallados y allí como digas cholo a otra persona por muy cholo que sea se sentirá ofendido. Es algo que los peruanos deberían arreglarlo lo antes posible. Ser peruano de la sierra y llegar a Lima es como un masai en New York. Miren qué foto he encontrado en internet, es la foto de una cholita que para mí representa algo más que ternura e instinto paternal. Veo su ojo mirando a cámara y su timidez me producen vestigios de amor. Adoro esta foto. Muy representativa de la sierra peruana. Esa que nos dice: -Cholo soy, y no me compadezcas, esas son monedas que no valen nada y que dan los blancos como quien da plata. Tengo esa canción grabada en mi alma.
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Ya está impresa la segunda edición de Cibernética esperanza y espero que se venda, si no mucho, lo suficiente. Tengo que confesar que puede haber ensayos narrativos que enturbian un poco, pero si leen más allá comprenderán a qué es debido tanta verborrea como sala de espera. Llevo nueve años en este proyecto y han ocurrido muchas cosas en el mundo para actualizarla y acatar los lugares en que tiene que estar incluido cada texto. No es solo una novela de un amante del Worldwideweb. Es una novela de un villano que no tiene más remedio en la vida que volverse héroe. Debo admitir que he puesto mucha experiencia propia en la novela poética. Pero ha sido una manera más de no aburrir al lector. Está dirigida a cualquier público. Infantil no, por supuesto. Dicen que ser escritor es una de las profesiones más solitarias del mundo. Yo digo que no es cierto, todas o casi todas tienen su parte de soledad en algún momento. El problema de hoy en día es la soledad de cada individuo. Han trabajado mucho para que esto sea así. El Informe Petras es un testigo, pero no nos atomizan sólo las tecnologías, nos atomiza el miedo que está a la venta constantemente en televisión. Yo no veo televisión. Escucho música. La gente que se informe ahora obtienen una información precaria. Las barbaridades que se han dicho en algunos medios dejan entrever un sin fin de cortinas de humo. Tengo una amiga en Guinea Ecuatorial que se pregunta qué será de su futuro. Digamos que padece la crisis del licenciado. Pues yo me siento parecido con respecto a la acogida por parte del público lector. Pero llevo esto a colación de que Cibernética esperanza es una novela poética para los amantes de poesía, aunque también para aquel que guste de narrativa en estos tiempos distópicos.