
En estas fotografías que les presento son portada y contraportada de la segunda edición de Cibernética esperanza y pronto saldrá en librerías de todo el país. Recuerden que la editorial será en ediciones Vitruvio. Debo agradecer a Pablo Méndez la confianza depositada en mí. Estoy deseando su distribución, aunque todavía está en imprenta. Puede que el libro ojeándolo a primera vista parezca raro, pero si se fijan en los nombres de cada relato narrativo o ensayo narrativo pueden encontrar cierta cordura y también cierto orden de continuidad, en este caso. Cuando me puse a escribir en el 2012 era un libro que combinaba prosa y poesía con la estructura de la novela: exposición, nudo y desenlace. Pero aunque siga esta manera de narrar encontrarán en él cierto énfasis en que la novela poética sea un cúmulo de flashbacks con avances y retrocesos. Y tengo que decir que no es una biografía aunque es toda autoficción. Espero que al lector le guste y tenga buena acogida. Esta novela poética tiene dos vertientes que son verso y prosa. No es un experimento. Aunque lo parezca. Espero guste tanto al lector avezado como aquel que se interese por la literatura posmoderna. Estamos en una nueva era. La era digital y el internet de las cosas. Ahora estamos sobreinformados y en esta era digital puede incluso que haya cierta distopía, o en el peor de los casos, seguramente van a cambiar las costumbres de seducción ante tales avances tecnológicos. Digo costumbres porque se van a convertir en todo nuestro modus vivendi. Estamos ante un nuevo paradigma de las relaciones personales, y de atomizadas personas que no sólo buscan compañía, también buscan evasión. Estoy deseando que la lean y que la disfruten. Espero que les guste, ya pronto en Ediciones Vitruvio.


Existen muchas razones para que un médico se ría de disparates provenientes de la sexualidad. Por ejemplo, cierta vez que una mujer llamó a urgencias para que viniera la ambulancia a buscarla, llegó ésta al hospital y se encontraron los médicos de guardia del servicio de emergencias que la mujer tenía una botella de coca-cola introducida en la vagina. Los médicos y enfermeras no podían creerlo, o sí, ya que en la vagina de una mujer caben los neonatos, ¿por qué no iba a caber una botella de coca-cola? Sin duda, esta mujer se saciaba sexualmente de esta manera. Hay que decir que tenía un gaseoso apetito sexual. También ocurre el caso de la coprofagia. Que es comer excrementos propios del cuerpo humano. Existen prácticas como La lluvia dorada, que es orinar en la cara de alguien, práctica sucia y una humillación consentida, propia de personas masoquistas. También hay experiencias como el canibalismo. Aunque después está la zoofilía, hombres o mujeres que hacen sexo con animales. En un barrio colindante con el mío sacaron a una mujer madura enganchada con un pastor alemán, al pastor alemán lo taparon para que la gente de la calle no lo viera, pero el animal sacó su cabeza y pudieron verlo los vecinos. Al parecer la mujer practicaba sexo con su perro, y ya se sabe lo que les ocurre a los perros cuando copulan, se les hincha el pene dentro de la vagina. La mujer tuvo una experiencia perruna. Otro caso es el de un hombre que practicaba sexo con gallinas. Resulta repugnante, porque las heces de gallina apestan. Pero en mi barrio, ya en la zona más campestre, se dio el caso de un hombre que practicaba sexo con una burra. Lo pillaron con las manos en la masa en plena faena. Se sorprendieron mucho los dueños de la burra, ignorando tal vez el apetito que originaba su burra. En fin, que la sexualidad es como los colores, cada cuál tiene sus preferencias.
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Cuando el miedo llega a los confines de tu mente, se queda para él el sueño entero. Miedo al miedo es la terrible presencia del silencio. Miedo al mismísimo miedo. Miedo torero. Cuando el miedo entra en ti pone huevos en tu día a día. Se convierte en el anfitrión de sus dos mejores amigos. La soledad y la noche. Se pasea como un camaleón mimetizado entre los delirios y la locura. Tiene miedo todo el reino animal. Una calavera asusta al ladrón más valiente y es más productiva que el guachiman. En la noche los guachimanes del Callao son una red de silbos que asustan a los ladrones. Miedo inquisidor que se mete como una rata negra devorándote el cerebro. Existen mujeres sin miedo. Y hombres que huyen de los perros. Miedo al miedo. La cabeza del conquistador Pizarro está en alguna parte, algo parecido ocurrió con la cabeza de Nostradamus, el pene de Napoleón y la gran verga de Rasputín. El miedo puede llegar a ser tu compañero en el día a día, cuando necesites alcohol para el rendimiento de los motores de tu vida. El miedo puede acompañarte dos veces por semana, o predisponerte cada noche cuando se va la luz del sol. Un guachiman avisa a la patrulla de serenazgos, que son oficiales, como antiguamente estaban en España los serenos. ¡Sereno que mi mujer está de parto! Cuando regresa el matrimonio el sereno pregunta: -¿qué ha sido niño o niña? Orden, seguridad, respeto a la autoridad, simbología propia de países en dictadura, o países de distopías con sus toques de queda. Hay a quienes aún persiste el miedo a que los miren, se sienten desnudos, y no pueden controlar la calma en sus pensamientos. Megalomanía de intermitencias que se han hecho dueñas del cautiverio en estos tiempos de esclavitud momentánea.

Algunos se atreven a sortear entre unos y ceros, yo no sé si entenderás pero es así como mejor te quiero, no pensando por pensar, ni incurro en las cavilaciones ni tampoco te echo yo de menos. Odio tener que dividir y multiplicar, tampoco me fío de las pocas noticias que leo. Esto, por lo que los amigos se vuelven enemigos, esto, que es fracaso entre tu rabiosa oportunidad, esto, que no soy yo pero resisto, lo intento, lo detesto, aunque encuentre los tropiezos que me das y ande casi siempre con la soga al cuello. Soy un interludio y un intermedio, soy un equilibrista en su trapecio, soy un manipulado círculo en el que yo me encierro, soy un ruedo, a veces no creo en tus mareas bajas, otras me bajo porque me mareo. Quiero que sepas que en nada, en nadie, en nunca hallo yo el consuelo, soy una presencia triste, que está de paso o viene de paseo. En todas partes soy extranjero. No es ni voluntad ni carecer de lugar, es que yo aprendí a ser así como con la normalidad del tarareo. Algunas veces me dijeron bichito feo, otras veces tío bueno, pero no tengo inoportunidad ni parentesco, vivo aquí en tu misma ciudad pero ni de cerca ni de lejos te veo. Soy una cuenta por saldar, soy una deuda, una barbaridad, soy ambidiestro. Soy un lado oscuro en que nadie quiere estar, soy la desgracia para un suegro, soy elegancia, fantasía y reciprocidad, soy pájaro blanco que no puede alzar el vuelo, soy un caracol, un Madelman, soy un muñeco Vodoo lounge, soy lo que nadie espera, soy sólo yo en un hospital, soy la energía opuesta, soy un ser especial cuando dentro de mí hallan alegría y libertad, soy un salado, soy un haragán, soy el primo hermano que nadie echa a faltar, soy lo que faltaba, soy el de la parte de atrás, soy el avance y también el retroceso, soy la mañana, el sol, soy un embustero.
Posted on 1:12

Cuando has vivido el vértigo de la velocidad a doscientos kilómetros la hora. Cuando has vivido una borrachera con el coche de tu padre y te estrellas contra un muro. Cuando te dicen que vales para una cosa de la que no estás orgulloso. Cuando te brotan pájaros como colibríes de colores desde la mente más inocente y más incauta. Cuando en el vestigio de un sueño despiertas rodeado de noche y te preocupa vivir en sombra. Cuando te das a la fuga y corres el riesgo de no volver nunca más. Cuando te llaman para recitar el verbo y no sabes ni la primera persona del singular del verbo amar. Cuando te pones una vez colorado antes que de amarillo un ciento. Cuando te visita tu padre mientras estás en el turno de noche y tu padre siente orgullo. Cuando te culpan de una calumnia y la ratifican los hijos de perra para dañarte. Cuando no te esperan para la cena, y tampoco te esperan para el desayuno y hay una silla vacía. Cuando te dicen te quiero y al tiempo te das cuenta que los cuentos en el amor son luz de gas. Cuando das paseos en bicicleta y mamá te sigue andando todo el trayecto, un largo trayecto. Cuando te echas desnudo en la cama y te despiertas sin saber dónde estás, y cuando te vistes recuerdas detalles de la noche anterior. Cuando sales a divertirte en la noche y la comedia se convierte en tragedia, y la tragedia en drama, cuando lo recuerdas parece ficción. Cuando te corres en un orgasmo y tu semen le corre por la barriga como una gota caliente y ella te dice que eres raro. Cuando te pasas la vida escribiendo sobre porqués, sobre lo que no ves, sobre lo que te enseñaron las canciones de amor, y llegas a la extraña conclusión que todo amor es precario. Cuando vienes un día a tu casa y ya no es tu casa y tú eres otro, y ese otro se sienta donde se sentaba ese otro que fuiste. Cuando estás al borde de la locura y una pastilla remedia el naufragio. Cuando se amotinan los guerreros del fracaso luchando contra las miradas, los gestos y los pensamientos. Cuando respiras el mismo oxígeno pero eres otra persona, y esa persona respira ahora oxígeno desde una bombona. Cuando te vas haciendo mayor y las respuestas es preferible que sigan siendo preguntas. Cuando las certezas se adhieren a tu alma y en lugar de certezas para ti son ya desengaños, y no crees en nada nuevo, porque nada nuevo hay. Cuando te buscan y no te encuentran, cuando te encuentran pero no eres tú y dejan de buscarte. Cuando te acobardas por las masas de gente y vas en busca del peligro y el peligro te encuentra a ti y esa noche duermes atado en un hospital. Cuando eres un hombre completo porque una mujer no miente jamás, tampoco mienten los poetas, tampoco mienten los políticos. Cuando te llaman hermano sin tener ningún parentesco, cuando el parentesco no es nada, y lo de hermano es una formalidad. Cuando te reconcilias con la vida y la muerte mañana te visita expectante. Cuando estás perdido en un país extraño y saben que eres extranjero porque tu aspecto te delata.

Como no tengo dinero este verano me quedaré en casa. Acuden y llaman a mi esperanza deseos de que el verano no sea como todos los años. Dos meses infernales de calor y agobio. Es parecido a la Navidad, porque presiento que otros tiempos vendrán y puede que sean peores, o mejores ¿por qué no? Para mí el verano no es agradable, ya que huyo de las multitudes y de las playas y piscinas. Y (repito) como no tengo dinero me quedaré en casa escribiendo para este blog con el que me consuelo a veces, otras me desnudo, y otras veces suplico. Lo que no hago es exhibirme. La soledad tiene dos aspectos, el positivo, donde todo es bienestar y tranquilidad, pero después está el negativo, ese momento en que hasta tú mismo no te soportas. No creo que haya que contar la verdadera razón por las cuales odio las aglomeraciones. Ustedes pueden pensar, menudo amargado, y puede que tengan razón. Pero alguien dijo una vez que mi realidad soy yo y mis circunstancias. Aunque en estos momentos de baja forma no me apetece nada veranear. Voy aprovechar este tiempo hasta septiembre para deshabituarme de ciertos medicamentos y conseguir no hacer daño a nadie tras mis crisis existenciales. En otros momentos de mi vida sí he querido veranear, también quisiera ir a un supermercado y comprar aquello que me guste, o sea, llenar el carrito por mí mismo, y no ser egoísta y dejar a mis padres que vivan su vida. Porque sí, me he emancipado, aunque no del todo. Gracias a ellos he podido pasar largas temporadas sin salir, sobre todo durante el confinamiento, que venía mi padre con guantes y mascarilla y me dejaba la compra en la puerta de casa. Que pensándolo bien, yo creo que se creó mucho alarmismo por las autoridades.

Me vienen a la cabeza canciones que avisan aconsejando un sumo cuidado con según qué cosas, y según qué personajes. Por ejemplo, hay una canción del salsero puertorriqueño Ismael Rivera, la canción se llama Yoyó y les invito a que la escuchen en cualquier plataforma. Esa misma letra fue introducida por el rumbero Ramonet en una canción con mucha marcha. Luego está la versión de Manu Chao llamada Peligro donde nos avisa que porqué hay que tener miedo a la vida. La canción es una adaptación distinta a la que ya cantó y compuso Rubén Blades. La canción dice así: ¿qué pasa por la calle? No pasa na’ . Peligro, cuidado en el bar, cuidado en el barrio, ten cuidado, peligro. Es una canción optimista que se ríe de los miedos. Aunque éstos miedos estén fundamentados, la vida es un sortilegio de vicisitudes a las que enfrentarte. Voy a dar un ejemplo que viene muy adecuado en este tiempo. La lucha de Israel contra Palestina. Una lucha inhumana, una lucha injusta. Yo estoy a favor del pueblo palestino, ya que con medios menos potentes están luchando por un trozo de tierra que les pertenece. Y lo hacen sin ningún miedo al peligro, sin ningún temor hacia el gigante Goliat, con el respaldo de USA. El pueblo palestino es un pueblo con dignidad ante la barbarie invasora, aunque deben replantearse nuevas negociaciones, es preferible que no haya miedo ante tal derramamiento de sangre. Pero bueno, esto me lleva a que a veces el miedo tiene fundamento, ya que la ceguera de la humanidad es siempre la culpable de que no se tenga apego hacia la vida. Miren lo que está sucediendo en Colombia, otro pueblo en guerra permanente. Abran los ojos, el miedo es un inquisidor de estos tiempos.