
Todos los días me acuesto cuando amanece. Vivo en un apartamento cantonero y me da el sol (cuando el tiempo lo permite) durante las doce horas del día. Desde mi balcón se ven unos cielos púrpuras cuando comienza a salir el sol hasta que se pone que da el sol desde el otro lado de la calle. Me levanto después del descanso a la 13:00 horas del mediodía y me levanto con gran euforia, aunque a lo largo del atardecer me voy apagando progresivamente. Me gusta cuando mi apartamento está repleto de sol. Me gusta la luz del día, aunque la noche también la disfrute a mi manera. Aquí en Torre-Romeu se vive a gusto. Tengo un amigo, compañero del metal, al que le fascina Torre-Romeu. Me llama señor de Torre-Romeu pero no es más que un mote eufemístico. Ha venido varías veces a casa, incluso en invierno, y le gusta el ambiente proletario. Es un barrio muy completo. Tiene Centro Cívico, Centro Cultural y hasta una buena Biblioteca. Para vivir en este barrio, que parece una pedanía de Sabadell, basta con respetar para ser respetado. Llevo viviendo aquí desde diciembre del 2005, y el barrio está en plena expansión urbanística. Si respetas te respetan (repito). Hay gente diversa en el barrio. Gente obrera y luchadora que va a lo suyo. Yo, para serles sincero no salgo demasiado por el barrio, pero muchos vecinos me conocen. Es un barrio con mucho comercio, y tienen la mejor sanidad de Sabadell. Está bien situado, cercano al centro y a estaciones de ferrocarril con sus transportes urbanos como el autobús. Hay mucha gente nueva que ha venido al barrio, gente de otros barrios, pero lo más bello es que es un barrio de buena gente, y cuando amanece y después de la aurora se extiende el sol con sus rayos que se alargan, me preparo un vaso de leche, y duermo hasta la hora que dije ya antes. Hay un colegio público que recoge y trae a los niños en autobuses escolares. Tiene veredas para caminar, y muy cerca hay unas pistas de atletismo, justo al lado una piscina inmensa municipal. Se vive bien en este barrio, una vez oí decir que era un barrio parecido a La Mina, pero no es verdad, La Mina de Sant Adriá es distinta, son, digamos, que dos polos opuestos.

Hoy dicen que meteorológicamente entra la primavera, y tan sólo llevamos un millón de vacunados contra el COVID-19. Eso en España y somos 47 millones de personas. Pero fuera de vacunas, y estaciones esperadas para mí es un día hoy muy especial. Y no sólo por lo mencionado anteriormente acerca de la primavera, también por otras cosas que no diré, pero lo que sí que diré que tengo preparada la versión redonda y completa de Cibernética esperanza, la segunda edición. Estoy muy ilusionado, ya que le he dado un giro a la historia de 180 grados y me gusta como ha quedado. Esta obra ha pasado por distintas fases, las más difíciles han sido las horas de buscar editor, cosa que odio, pero al final tiene su lugar en una editorial que me gusta. No diré nada sobre ediciones pasadas, pero todo proceso de escritura tiene una base de aprendizaje, y también de ordenar las ideas tras bajones y subidones que no me gustan. Aunque esto no es un viaje en Montaña Rusa, es un periplo que te asegura toda una lucha para reencontrarte con ese libro que quieres publicar y quiere hacerse un hueco en los demasiados libros que se publican a diario. Con esta editorial estoy muy contento (repito), aunque debo tener harto al editor con tantos cambios que he realizado antes de que me manden las pruebas (primeras galeradas), después vendrá lo más importante, corregir la obra y no dejar ningún cabo suelto que nos sorprenda cuando la obra esté en imprenta, una vez ahí ya no hay vuelta de hoja. Ya les mantendré informados de cómo va el proceso. No es porque sea mía, y está mal que yo lo diga, pero la recomiendo. Es un buen trabajo recomendable.

Desde un tiempo hasta aquí se percibe cierto feminismo que a mí no me asusta. A los hombres anteriores a mí y a mis contemporáneos quizá a muchos los preocupara, pero yo debo decir que esto es el comienzo de todo un futuro que acabará, no por la liberación de la condición de mujer, sino por la igualdad de género, que me parece necesaria en definitiva. El temor a la igualdad entre hombre y mujer resulta convincente, siempre y cuando, los hombres preocupados no lo vean como una usurpación de la supremacía patriarcal, no creo que las mujeres pretendan pasar del patriarcado al matriarcado dejando al hombre como un pelele que para nada sirve. Yo creo que la pretendida igualdad es un hecho que se está afianzando en nuestra sociedad posmoderna, y es algo merecido para el hecho de ser mujer. La historia les da por enésima vez la razón. Pero que conste que desprecio ese feminismo repleto de prepotencia y soberbia frente al efecto judicial. Las denuncias falsas hacia los hombres son una aberración y hacen un flaco favor a la justicia y a la lucha por la igualdad. Mujeres con personalidad tienen su atractivo, mujeres con prepotencia y chantajes es de ser mala persona. Una mujer es bonito que sea tu compañera y no un ser de propiedad de ningún hombre. Tampoco está bien usar a la mujer como cocinera, como ama de casa, y como mujer sumisa. Eso es una aberración más de los tiempos de patriarcado tan poco beneficiosos para lugar que merecen un hombre en el mismo lugar que una mujer. Ni uno más que el otro, pero soy de los que piensan que hasta que no se liberen las mujeres del machismo no fructificará la emancipación de la clase obrera, y el proletariado será más cosa del lumpemproletariado.

Hay una canción de los sesenta que dice: -Tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor, y continúa...y el que tenga las tres cosas que le dé gracias a Dios. Y en los ámbitos de guerras y enemistades se ha considerado que tres son los males de una guerra mundial, en la Segunda Guerra Mundial tres fueron los enemigos de los aliados, uno era Hitler, el otro el emperador Hirohito, y el otro Mussolini. Pues bien, para mí hay tres profesiones a las que odio y odiaré. La primera, agente inmobiliario, por razones que más adelante explico. La segunda, es abogado, y la tercera, banquero. Yo creo que estas profesiones son el eje del mal de nuestro mundo posmoderno. Ya que como agente inmobiliario puede que ganes mucho dinero, pero la cantidad de argucias que tienes que soltar por tu boca es demencialmente inadmisible. Y luego está el agravament de que son unos hipócritas especuladores, pues al que le toque un personaje así es un problema. Son asustaviejas, engañaparejas, y embusteros de índole mayor. Luego están los abogados, éstos son una mezcla de agentes inmobiliarios y banqueros y explicaré el porqué. Cuando tienes la mala suerte de contratar a uno te dicen mentiras a porrillo y éstos son unos grandes amantes del dinero. Son tan avaros que sólo con escucharles hablar te dan ganas de abofetearlos. Son especuladores y avariciosos. Un abogado especializado en divorcios o en propiedad mercantil es una persona repleta de egoísmo y son cínicos hasta decir basta. Después están los banqueros. Éstos, son los peores, pues padecen de una codicia hacia el patrimonio y el dinero. Un banquero te da, te sigue dando, y cuando ya estás hasta el cuello, comienza a quitarte. No se fíen de ningún banquero jamás. He dicho que hablaría de tres profesiones, pero es que estas profesiones se retroalimentan la una de la otra, porque ninguno de ellos puede interactuar si no es el uno con el otro, estas profesiones están en simultánea conexión las unas de las otras. Yo creo que son el mal, el eje del mal de nuestras sociedades modernas. Luego están los políticos que son un compendio de los malos vicios de estas tres profesiones. Los políticos son adictos a muchas cosas, pero siempre están allí donde hay poder y dinero. Son una especie de parásitos sin catalogar por ningún investigador. Son aquello que votamos cada cuatro años, en elecciones, el único tiempo en que nos necesitan. Estas profesiones entran dentro del juego de la miseria, son unos miserables. Y esto no me lo ha enseñado ningún libro, ni lo he digerido de la mala televisión, lo he comprobado en mis carnes conforme he visto las dimensiones del teatro. Parafraseando a Gil de Biedma. Fin de la cita.
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Efímera eternidad, así se llamaba la obra a presentar de una chica de dieciséis años. Las dos palabras unidas crean una paradoja porque se contradicen. Y en esa contradicción tropecé yo. Es efímero todo lo que más se quiere. Y muchas veces creemos o llegamos a pensar, mientras pasa la vida, que la juventud es eternidad, pero no, la juventud lo que es de verdad es efímera, fugaz, escurridiza como una trucha de aceite. Cuando vi aquella chica, con dieciséis añitos (repito), de Zamora, me dio cierta envidia su juventud. Yo no he presentado ningún libro, y tengo cuarenta y cuatro. Sí, he presentado uno, hace una semana justo hoy. Qué Efímera eternidad, efímera porque en una semana he visto mi subida y una cierta caída a la realidad. ¿Es eterna la realidad? Lo que sí es eterno es éste viejo mundo, este mundo donde yo pertenezco, por mucho que me llame o me haga llamar Capplannetta. Capplannetta es un nombre propio pero hace más sombra que una higuera o un parral. Yo publiqué mi poemario El grito del Arlequín en 1999, lo publiqué en una editorial de Úbeda (Jaén) y no lo presenté en ningún lugar. Tal vez porque era un grito desesperado que yo sintiéndome un arlequín quise silenciar. Estuve mal asesorado como poeta. Ojalá hubiese publicado Efímera eternidad con dieciséis años. Pero yo a esa edad era una mariposa gris que coqueteaba con las flores. ¡Qué cursi me ha quedado, Dios mío! No, no es envidia de la chica. María se llama. La poesía es propia de su edad, aunque musical, y sin intención de pureza, de estilo, denoto, pero es su primer libro. Yo cuando publiqué mi primer libro también era un adolescente puro, y un locuelo. Aspiraba, sin duda, a otras cosas. En ese tiempo yo me creía eterno, para nada presentía lo efímero de mi juventud. En el 1999 yo tenía la edad de veintitrés años. Siete años más que los de María ahora. He llorado de emoción cuando la he visto recitar sus poemas. Efímera eternidad, qué paradoja tan maravillosa, ella es sin duda bellísima. Aunque es una niña al lado del poeta viejuno que soy yo. No la he deseado sexualmente, bien mirado, podría ser mi hija. Pero así me he sentido este día 12-03-2021 a mis cuarenta y cuatro años de edad. En Torre- Romeu. Efímero es el tiempo, aunque la eternidad sea perpetua.
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Empecé de la manera más clásica. Por los coleccionables de diversos temas. Era un niño. Eran los cromos o estampas de la marca Panini. Hice varias colecciones, algunas terminadas y otras sin acabar. Mi madre me las compraba en la librería-papelería Moreno, en Sabadell. Coleccioné algunos cromos al principio y siempre me manchaba de pegamento. Luego, al tiempo, vinieron los cromos que incluían la pegatina en el dorso. Pues así fueron mis primeras mixturas, después de haber estudiado fotografía hacía algunos fotomontajes muy fáciles, que yo mismo pintaba con tinta en botes de cristal. Eran unos botes pequeños, y alguna vez utilicé óleo en fotografía. He mezclado óleos con fotografías superpuestas en dibujos muy malos, pues todo ha sobrevenido debido a que no sé dibujar, dibujo muy mal, y pintar se me da muy mal. Estudié fotografía por correspondencia, y se me daba bien, la de blanco y negro. La de color no se me daba tan bien a pesar de los accesorios que compraba cuando la fotografía era analógica. También hice un curso presencial con una prestigiosa fotógrafa de Sabadell. Montaba mi cuarto oscuro y pasaba horas y horas, a veces me daban las 23:00 horas de la noche y todavía estaba secando positivos. Después había que recoger, limpiar la ampliadora, las cubetas, y guardar el líquido de revelar en botes estancos de plástico, y también el de lavado de paro (que mayormente era agua con vinagre) y después el fijador. Muchas veces mis padres y mis hermanos dormían y yo todavía estaba recogiendo. Vaya locura. Me dio fuerte. También hacía reportajes y retratos pero no dominaba bien la técnica. Estaba claro que lo mío era el cuarto oscuro. Conservo aún cubetas pequeñas como recuerdo, porque después vino el boom. La fotografía digital entró en mi vida y ya no pude parar. En definitiva, tengo muchísimos trabajos realizados, algunos me han salido redondos, otros no tanto. En este enlace pueden ver algunos https://www.lioolimixturas.com Desde entonces he sido todo un cazador de imágenes mías y otras no tan mías. Algunas mixturas son obras de arte, otras son copia y pega. Les empecé a llamar mixturas porque me rechinaba el nombre de collage para denominar algo que es mezclar con gracia. He encontrado verdaderos talentos en mi camino apropiacionista. Los fondos los suelo coger de Pixabay. Y trabajo con distintas aplicaciones. Cada aplicación habla un idioma distinto y tú tienes que aprender el lenguaje de cada aplicación y hacerlo tuyo, para trabajarlo e intentar traducir algo lineal en algo bonito y con cierta belleza. Siempre se me ha dado bien conjugar los colores. Para mí es un juego donde disfruto y me distraigo. He visto tanta belleza en algunos collages que me han inspirado hacer otra cosa parecida o distinta, pero siempre desde mi propia materia prima. En fin, que al final he realizado cosas bellas, pero la cuestión es divertirse, como en un juego. Como el de pegar en los coleccionables.