Posted on 0:45

Hoy he estado hablando con un amigo sobre historias del pasado, y nos hemos despedido y él decía que se iba a jugar unas partiditas de videojuego, y yo me he quedado escribiendo este post para la web, eso no tendría nada de especial si no hubiese ocurrido en un sábado noche. En otros sábados noche a edades más tempranas no hubiéramos actuado de esa manera. Estaríamos de fiesta recorriendo, o bien la Costa Brava catalana, o de fiesta en alguna discoteca. Recuerdo que, mucho antes de que comenzara esta pandemia y con unos años menos, No perdonábamos un sábado noche, recuerdo la película de John Travolta Saturday night fever, sí, en realidad era eso, pura fiebre del sábado noche. No bailábamos música disco como Tony Manero, pero el desarrollo y la liturgia eran el mismo. Ropa buena y bien duchado y perfumado para ser la sensación de la noche de sábado. En el poemario que he publicado recientemente hay una balada, Balada de un sábado Noche la titulé. Es un poema o canción rimada que habla de esa experiencia. Del hecho de salir los sábados y bailar, y crear vínculos reinventándose con un nuevo amor, no sé si pasajero o de esos que dejan huella. Todo depende de las ganas que se le ponga al asunto en cuestión. Vivir la juventud es empezar a comer por el postre. Algunas veces lo he dicho ya. Vivir la juventud es equivocación tras equivocación, y satisfacciones dependen de cómo te las merezcas. Al final de la vida un hombre y una mujer son un amasijo de recuerdos y que algunos duelen más que otros. Pero lo mejor del sábado noche siempre ha sido improvisar, porque los planes se ríe Dios de ellos. La vida cambia fácilmente.

Se escriben poemas con regusto a rima redonda, onomatopeyas en silencio de dos cuerpos desnudos, amándose, mientras tanto nos pasa y nos pesa la vida, desde luces de neón de cines, de teatros, de discotecas, marquesinas encendidas en la Nocturnidad del lánguido paseo por los bulevares del centro, es como un Times Square de sueños imposibles, como un Gran Vía-Callao infinito, aunque he sudado en algodones en mi Torre-Romeu, mi barrio de extrarradio, ahora tengo una vida tranquila, salí y sobreviví a la noche tras pisar descalzo unos cristales, sobreviví al día, a todo lo que viví y seré, como parte de la diferencia estigmatizada. Elijo mi logo, hago un matasellos, y una marca de agua, ¿pero mi estigma y la gente? ¡Dios mío, parece que estreno ropa! Yo que creía ver crecer la hierba a mis pies y he visto la ruleta de la vida hacerme perder mi apuesta, verso a verso es la oportuna metáfora al poema, aposté mi luz de luna por una jugada siniestra, contradecía consejos, me dejé llevar por nostalgias, cada día son distintos mis despertares. Aún puedo decir que tengo amigos, pero me perturba una negra sombra con la que me acuesto y me levanto. Y ahora publico un libro con mis poemas y canciones, no sé si ésta vez serán redondos, lo que sí sé que están escritos desde el corazón, he tenido mala suerte, enfermé y ahora hago acopio de ciertas cosas que me separan de la vida, ¡y para colmo una pandemia! He escrito los poemas a lo largo de un trayecto tenue, trayecto empujado por la indiferencia ante la vida que estalla afuera. Ahora empiezo a vivir, espero que estos poemas míos, escritos desde la noche silenciosa, no caigan al vacío del silencio y estén vivos en las pupilas de los lectores Vitruvianos.
Posted on 0:16

Lo tengo todo preparado para brindar con mis hermanos, para danzar y escuchar buena música electrónica pinchada por mis brothers. He preparado un pack de cervezas en lata Cruzcampo y un capricho, nueve Malqueridas, la cerveza roja creada por Ferran y Albert Adriá, de la marca Damm. Lo tengo todo preparado. Ahora habrá más espacio en la habitación de la música. Ha quedado espaciosa y como a mí me gusta. No sé si será la última fiesta del 2020, aunque todo me hace pensar que así será. Después en Navidad será otra cosa. La música electrónica es la música que te hace moverte, a lo mejor pinchan algo de rumbas que es el rollo que a mí me va. Vamos a celebrar varias cosas, en primer lugar, la publicación de mi nuevo poemario, en segundo lugar, que la vacuna contra el COVID-19 ya está en su tercera fase de pruebas. Esperamos que el 2021 venga con mejor pinta, que España vuelva a ser España. Con sus festivales de verano, con sus conciertos, con sus bares y discotecas abiertos. Que se pierda la psicosis colectiva. Algunas cosas han cambiado para mejor, seamos optimistas, pero otras cosas como la cultura, el espectáculo y la diversión han quedado maltrechas. Hemos tenido suerte algunos, y otros no tanta. Han fallecido personas. Esperamos celebrar unas bonitas navidades en compañía de nuestros seres queridos, ya que este año ha sido un desastre. Pero bueno, hemos disfrutado de placeres sencillos y de algunas cosas favoritas, por lo demás, en economía y en política ha sido un año tambaleante. Aún tenemos esperanza. Mi sobrino nació en navidades y le ha tocado su primer año de vida confinado y el pobrete no ha podido pasar un año normal debido al puto coronavirus.

Tengo una conexión con el exterior que me provoca un miedo parecido al hijo de un padre alcohólico que siempre, estando en presencia del padre está temeroso de que la cague, es como esas personas que tienen mal vino y ponen a la familia nerviosa en cualquier celebración. Yo no es que tenga mala bebida, pero lo que sí tengo es que (diciéndolo vulgarmente) se me calienta el morro y no puedo acabar la noche si no es borracho perdido. Pero no se preocupen, no me pongo violento ni déspota, tampoco me hago pesado, me pongo enfermo, ya que no estoy acostumbrado a la bebida. Dicen en “alcohólicos anónimos” que las peores épocas para un enfermo alcohólico son el verano y las navidades. Yo no suelo beber en exceso, ya que no soy muy aficionado al alcohol, bebo de higos a brevas, esporádicamente, pero esta conexión que tengo con el exterior, es decir, para las relaciones sociales, es como el que se pone a ponerle la pila de un reloj con guantes. Se hace un galimatías que le lleva a la torpeza, y tropieza con desaires y decepciones con respecto a las dos partes. En fin, es como decir: No es la gente la que me da miedo, me doy miedo yo, pero no ya en las relaciones personales, sino en todo lo que conlleve estar con una multitud de personas. Naturalmente he cambiado ante las relaciones humanas, pero es un hecho que va implícito con mi propia naturaleza, que a veces me suele jugar malas pasadas. Aunque ahí ando, sobreviviendo con mis dudas y mis pequeñas debilidades. No creo ser un peligro para nadie, ya que el estigma está ahí, más bien, es mejor decir, que el único peligro que tengo es la poca tranquilidad que tengo entre las multitudes, prefiero ser casero.

En los western se suele disparar por la espalda en un disparo traicionero. Los tiros y las puñaladas traperas por la espalda tienen muy mala prensa y crean rechazo entre los valientes que las sufren. Yo he recibido mogollones de tiros por la espalda, pero no como disparos, sino como traiciones que no esperaba y te dejan helado el corazón. La traición no se perdona, a pesar de que ésta provenga de la familia. Los tiros por la espalda vienen por rivalidades, por enemistad y por envidias, pues quien no sea una persona que no tenga estas tres cosas mencionadas no es una persona que merezca de admiración y respeto, que viene a ser todo lo contrario a lo antes mencionado. Normalmente disparan por la espalda los cobardes. Aunque también existen otros tiros de gracia provenientes de las malas lenguas y la inquina hacia una persona. Aunque una cosa es criticar algo verídico, y otra cosa es decir una calumnia, que es doble traición a mi entender. Pero las traiciones que más duelen son las que vienen de seres queridos. Hay momentos en la vida que te apuñalan por la espalda personas a quien querías o guardabas algún aprecio. Una traición no sería tal si ésta no tuviera la maldad de gente que lleva dos caras, la una para la gente de la calle y los que les pisan el pie, la otra para su familia, que casi siempre es echar por tierra la confianza y la simpatía que guardabas a esta persona. Para mí las peores traiciones son las amorosas, suelen venir de amores despechados, y causan un dolor que te tiene turbado durante largo tiempo. A veces das la vida por una persona mientras ésta ríe en tu cara de incauto.
Posted on 4:18

Desde el verano hace que no me leo un libro. Y además, he comprado varios libros, y alguno que me han regalado, y no me dan ganas de leer ninguno. Sólo hago que tomar café, dormir, comer y fumar mientras escucho música. Ando por las redes sociales cabizbajo viendo cómo los demás reseñan sus libros o los que han leído y yo leo las reseñas quedándome a dos velas con cara de “yo no fui”. Y la verdad es que no me apetece leer nada, no porque no me guste, sino porque me levanto tarde y tengo poca luz diurna, ya sé que es una excusa más, que existen lámparas y yo las tengo, lo que no tengo es ganas, no me concentro. Y mientras tanto acudo a excusas idiotas en lugar de decir la verdad. El otro día recibí desde Bilbao un libro sobre Camarón de la Isla, ya no había excusas, sin embargo, a sabiendas de que me encanta Camarón y me encanta la música solamente me leí la contraportada. El otro día el amigo bilbaíno que me mandó el libro me preguntó si ya había empezado y le di una excusa tan idiota y torpe que mi amigo de Bilbao flipó en colores. No sé qué me ocurre, pero estoy siempre recordando mi juventud repleta de errores y escuchando a la vez músicas que me trasladan a tiempos pasados, escribo alguna cosa que se me ocurre, y mientras bebo café como un cosaco. Hay momentos que vuelo por las habitaciones del piso. Y leer es agradable porque te evades, te abstraes, te incita a vivir, a tener cosas de las que hablar con el amigo bilbaíno, pero no me motiva. Ando sumergido en una cápsula del tiempo donde las cosas son muy distintas a cómo las veo ahora. Escribir, sí escribo. Quizá demasiado. Estoy totalmente abducido por el pasado remoto, ya que me persigue por los rincones de casa como un mendigo que tiene hambre de no sé qué cosa. Trato de adivinar el que, pero siempre llego al mismo punto de partida: el pasado es lo único que no se puede cambiar, pues vivamos el presente. Y sí, debo empezar por el libro de Camarón de la Isla, es gran parte de mi pasado, una enorme parte, cabe decir. Empezaré mañana mismo, no a leer, sino a vivir el presente ya.
Posted on 0:28

Ayer fue un día de celebración para mí. Como todos saben ganaron los demócratas las elecciones de Estados Unidos. Trump ha sido manipulador, y mala persona para todo el mundo, es normal que su pueblo lo odie. Y así se ha visto. El pueblo norteamericano ha elegido democracia antes que fascismo, y eso es siempre una gran noticia. Como bien dice Jordi Évole, hemos tenido que esperar a Noviembre para tener una noticia feliz en lo que va de año. A muchos se les habrá avinagrado el champán o el cava la noche pasada. Hoy me levanto renovado y con esperanza, hacía tiempo que no era tan optimista. El futuro será nuestro. De eso no tengo la menor duda. Hablo desde outsiders de pelo largo hasta de negros en la gran manzana. Quizá con la marcha de Trump el planeta mejore en responsabilidad y en conciencia común de que el planeta requiere un cambio porque lo necesita. Hablo de ecologismo, hablo de diversidad, hablo de conmiseración con el prójimo y justicia mundial. Espero que no me disguste tanta pésima noticia a partir de ahora. No tengo demasiados datos acerca de Biden, pero seguro será mejor.