Posted on 1:55

A menudo aparece la psicosis como un enorme monstruo que viene con hambre atrasada. A mí, que vivo solo, cuando entra en mi psique la intrusa traidora (la psicosis) toda la casa se hace suya. Me espera en los ruidos, en los fantasmas que yo mismo creo, en mi soledad amarga que nadie quiere entender. Cuando la psicosis viene a mi encuentro no hay lugar para dos osos feroces en la misma cueva. Primero, me asalta con sus agujas y luego vienen los miedos. Excelentes compañeros en la noche y en la tarde. Cuando la psicosis me deja paralizado, aterrado, confuso, se apropia de mi alma como un juguete usado. La psicosis la creo yo tirando del hilo de la sugestión. La psicosis se lleva bien con los suicidas, con los mártires del deber, con las vírgenes sin Aleluya. Un día de estos la miraré a la cara y le diré: —vieja del demonio ¿qué quieres de mí? Ella, muda y terroríficamente molesta me avivará las brasas como si de una fragua se tratara. He despertado muchas veces a los monstruos de mi miedo. Aparecen de noche. Cuando las últimas gotas de silencio dejan un sonido en cada parte de mi cerebro. El silencio invita a la psicosis y el ruido la hace ganarme la batalla. Una batalla que sé de antemano tengo perdida. Cuando la psicosis se hace dueña de mi casa es porque yo la he azuzado como un perro sanguinario. Se lleva mal con la calma, con la tranquilidad, su aliado es el miedo, y sobre el miedo es importante añadir que en soledad juega con las sombras de mi noche. La psicosis me aleja del mundo, me creo mi propio mundo interior; solamente encuentro paz cuando las luces están hartas de sol.
Posted on 1:41

Los
troyanos son como una visita no deseada. Todos van en busca de incautos y de
analfabetos cibernéticos. Capplannetta vino a casa de sus padres porque se
sintió indispuesto debido a una reacción tóxica por un producto de limpieza.
Quería recuperarse, sólo le pedía a sus mayores que lo dejaran en paz, él
mientras tanto escribiría para sus webs. Molestaría lo menos posible, y siempre
oculto, como si de un hikikomori se tratara. Anocheció y durante una larga
noche de invierno se quedó despierto como tantas veces hizo en su propio hogar.
Le llevó su madre comida a la habitación, le dijo su madre: -come, que tienes
mala cara. Le cerró la puerta con sigilo, no quería la mujer hacer demasiado
ruido. Comió y se quedó dormido con la música encendida, la música se cortó
como por arte de magia. Cuando despertó pudo comprobar que su móvil estaba
invadido, infectado por un troyano. Le querían hacer phishing, entonces comenzó
a actuar apagando y encendiendo su móvil y su laptop. Esa experiencia ya la
vivió en su casa en otras condiciones. Le asaltó un cuadro de diálogo, una
alerta informándole de una operación fraudulenta de su banca digital que él no
había realizado. Apagó el celular, apagó también la laptop, y se fue
sospechando de alguna casa aledaña, figuraciones como fantasmas que creaban en
él una ansiedad junto a cierta impotencia, ya que no podía luchar contra eso,
entró en una dinámica de tensión que contagió a la paz de sus padres. Se decía
seguro de sí mismo: -en este lugar debe haber alguien que estaba infesto de
troyanos. Le dijo a su madre: -Han estando intentando ejecutar operaciones
bancarias sin mi permiso en mi móvil. Su madre le insinuó: -No, hijo. Eso es
parte de tu enfermedad. No pienses mal de nadie. Y él contestó: -No mamá, estoy
prácticamente seguro de que han estado intentando robar en mi cuenta bancaria.
La madre dio a su hijo por enfermo, y no quiso hablar más del tema. Los locos
siempre serán locos, se dijo afligido, siempre tienen la razón aquellas
personas que no muestran ni una pizca de resentimiento aunque sean unas
víctimas. No quiso crear más alarma, al final todo era como crear castillos en
el aire. Se dio por vencido y se marchó, desconectó el wifi de casa y
durmió todo el día, él hacía años vivía como ave nocturna.