
Si tuviéramos políticos como Dios manda la ultraderecha sería un silbido entre la multitud. Si tuviéramos políticos buenos yo podría calentarme en invierno, y no tener que llevar las chaquetas de poliéster para eludir el frío. Si tuviéramos políticos como lo exige la ley tendríamos justicia y no una justicia politizada, y llena de trampas y misterios sin resolver. Si tuviéramos políticos en buenas condiciones harían más por los demás y no por ellos mismos. Si tuviéramos políticos con dos dedos de frente gobernarían para todas y todos, y no para unas minorías que se llevan la cosecha del huerto que con tanto esfuerzo sembraran nuestros abuelos y padres. Si tuviéramos políticos como los de antes España volvería a lo de antes, y por lo que dicen y cuentan, eran tiempos duros, grises y niños de entonces, que nos muestran a diario que la ley del mínimo esfuerzo es la que vale. Si tuviéramos políticos como los honrados seríamos un país sin corruptos de esos que existen por ahí y son ejemplo y no tendríamos nosotros que envidiarles. Si tuviéramos políticos sin borrones y sin tacha en sus expedientes ocultos seríamos una sociedad civilizada y no un populacho que se queda sin recreo en agosto, y para otros no hay recreo, o no lo conocen, porque trabajan sin descanso. Si tuviéramos políticos como lo exigen los cánones tendríamos una cultura fuerte y digna. Si tuviéramos políticos de mente sana serían privilegiados por gobernar a un pueblo sano, pero ni son sanos y tienen demasiados privilegios. Si tuviéramos por qué callar no habría presos por hablar, por escribir, por decir la verdad, incluso no borrarían murales. Si tuviéramos políticos que callan y obedecen, que cumplen con dar refugio al hombre sin casa, que dan pan al hambriento, que dan refugio al que asilo pide, que da agua al sediento, que ofrece trabajo digno, educación pública y gratuita, y salud para el enfermo no sería la política tan precaria y no necesitaríamos ayuda de ningún otro pueblo. Si los políticos que tuviéramos fueran a luchar por su gente allá en la sede de la ONU no mandarían a su pueblo a las guerras y conflictos. Si tuviéramos políticos que miren por sus ciudadanos los impuestos que se pagan serían de utilidad para los ciudadanos y no para ellos mismos. Si tuviéramos ganas de salvar el mundo también tendríamos ganas de salvar a los niños desnutridos y desfavorecidos.

De Don Pedro Calderón de la Barca he sacado muchas enseñanzas, pero una obra que me ha fascinado es El gran teatro del mundo. En ella se hace un reparto de papeles, bien, eso es en sí la vida. Decía Jaime Gil de Biedma que el poeta es un pequeño Dios. Puede que estos dos autores estén en lo cierto, y yo de verdad así lo creo. Cada uno tenemos el papel que nos ha tocado vivir. En la película Abogado del diablo y en inglés The Devil’s Advocate del director Taylor Hackford de una historia de Andrew Neiderman, en la película el diablo, personaje que interpreta a la perfección Al Pacino, dice: trata de ser un tipo normal, que la gente crea que eres un pobre don nadie. Incluso el diablo con el coprotagonista Keanu Reeves viajan los dos en metro en la ciudad de New York. Bien, pues este mismo ideal como costumbre es parte de mi convicción. Pues me hago dueño por un momento de un refrán que se dice en España y es Dime de qué presumes y te diré de qué careces. Y está en lo cierto. Porque aquel que es poco generoso con los demás teniendo todas las herramientas para serlo se vuelve mezquino. Mezquino y envidioso. Dos defectos en alza en el mundo de hoy y que están muy al alcance de esta sociedad materialista que nos ha tocado vivir. Sociedad neoliberal. El otro día lo comentaba con un amigo. Y es que los neoliberales cuando están en tiempo de bonanza no reparten la riqueza, y una vez decretada la crisis piden ayuda del estado. Pues en el papel que me ha tocado vivir, más por desgracia que por suerte, vivo a expensas de lo que el Estado me dé. Hago muchas cosas en la vida y ahora estoy pasando una mala racha, muy extendida también en todo el planeta. A lo que me refiero es que aprovechando estas malas rachas de la gente, y el caso que hemos tenido recientemente en Catalunya, es objeto para que proliferen las malas hierbas oportunistas como el neofascismo y el ascenso de la derecha nacionalista, quiero decir con esto que estamos en una situación delicada. Ya no vale hacerse el sueco y decir conmigo no va la cosa. Debido al COVID-19 habrá mucha abstención de la izquierda moderada, cosa que aprovechará el fascismo para meter su garra en el Parlament de la Generalitat catalana, no debemos dejar que esto nos pase. Creo que puede ser como fumar en un polvorín. Es preocupante este ascenso del fascismo en toda España, pero alguien me dijo una vez que lo que ocurría en Andalucía acababa por serlo en todos los rincones de España. Y en Catalunya es doblemente preocupante que esto ocurra. Debemos conseguir que el coronavirus no secuestre el voto de izquierdas para que lo aproveche la derecha. Así lo creo. Yo iré a votar, aunque tenga que madrugar, y me pondré la mascarilla sin reparos. Que no os secuestren la papeleta digna.