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Cupido ha muerto

Posted on 11:19

 

Me dicen y me cantan porque no salgo ahora de juerga y las veces que he salido he sido parte de una guerra. Quisiera ser de acero pero soy carne y hueso. Agua corriente, totalmente corriente, como los tipos corrientes, como la fría intemperie. No quiero oír a quienes tanto hieren, quiero un mundo en libertad, después de estar oculta mi verdad. Ya no salgo de juerga, me quedo solo con mis poemas. Mira si yo te camelo que el silencio sabe a caramelo cuando te sueño del que carezco pues ni siento lo que se debe sentir y tampoco lo padezco. Una vez vi al mundo a través de un espejo, porque el mundo es un reflejo, donde hay efigies y apéndices que trafican con  las reglas del juego. Hubo una vez un siglo donde hubo un armisticio y cien bombardeos. Hubo una vez un mundo en la empinada cuesta del veo-veo. Me aparté de la juerga primero por edad y luego por no creerme el cuento. Estoy enfermo, muy enfermo. No sé si duraré para  el apóstrofe a la derecha que es mío a la postre el peculiar vicio  de no tener dinero. Así lo tengo y así lo creo. Pertenezco a ese tipo de gente que siempre llegan los últimos, con el nervio flácido, con el cuerpo cáustico, con el lugar donde dejé de los ojos el cuero. Quiero porque soy un cautivo siempre pendiente del carcelero. Las historias del presente las puse por escrito en un libro como pasaporte a la frontera del miedo. Ahora sigo contemplando la alegría y el deseo como algo tan lejano con la membresía del recuerdo. Existe para mí una cama en un manicomio y allí dejé de ser un hombre completo y ando de soledad repleto. Cupido ha muerto.


A Emilio Prados le cambió la sonrisa

Posted on 7:55

 


Tras su exilio mexicano a Emilio Prados le cambió la sonrisa. En Málaga era alegre y extrovertido. Perteneciente a la generación del 27 fue un poeta primeramente sonriente y feliz, y tras su exilio pasaba el día encerrado en una habitación. Escribió y destruyó poesía. Pero en su Málaga tuvo una imprenta (sin demasiada fortuna) que costeaba su padre. Emilio con respecto a las erratas decía: —un libro sin erratas es como un jardín sin flores. Emilio padecía una depresión aguda. Por eso su reclusión, sus poemas a la muerte, y a la oscuridad de la vida. Con el tiempo vas entendiendo en qué consiste la vida. En su total magnitud. Emilio Prados era un poeta notable. Tuvo sus momentos de alegría, enseñó a niños analfabetos a leer y escribir, y siempre se comportó de manera altruista. Federico lo llamaba en la residencia de estudiantes “cazador de nubes”. Es evidente su melancolía y la necesidad de su patria ante el hecho del exilio. Hay otra manera de vivir a la que debes habituarte o ser un ermitaño triste y depresivo en una tierra extranjera. Sin embargo, Emilio siguió escribiendo. Siguió escribiendo muy buenos poemas con la temática de costumbre, siguiendo los rastros de su encierro voluntario. La gente cree que el que vive encerrado es porque quiere. Yo creo que es porque lo necesita. A Emilio no se le ha hecho suficiente justicia. Leer a Emilio es ver la dificultad de los que están vivos y muertos al mismo tiempo. Sin duda México se portó muy bien con los exiliados republicanos españoles. Se exilió la florinata de la cultura española. A dos de ellos le dieron o cárcel o muerte. Desterrado y desafiando a la vida en soledad Emilio dio con las teclas adecuadas demostrándolo en su poesía. Aquí dejo esta recomendación a su poesía peculiar.