No vengáis , sé morirme solo

Posted on 0:46

 


Si me veis un día con la cabeza ni medio llena ni medio vacía, no vengáis, si me veis un día que entre apóstrofes no encuentro acomodo,, no vengáis, si me veis un día triste, espeso y solo, tampoco vengáis. Si me veis un día con la cabeza con pensamientos prestados, con un cúmulo de podredumbre en garantía, no vengáis, pues encontrareis una mortaja fría, y un más difícil todavía, que aseguran contratos míseros y sin regalías. No vengáis. Por favor, dejadme un rato solo. Mi pensamiento ya no es alegría, tampoco poesía, es un estado de hibernación con la certeza de esta ruina mía. Si algún día me veis con la garganta repleta de sequía. No vengáis, ya sé morirme solo. No es que muera poco a poco, pero a fuego lento encontrareis hirviendo súplica e hipocresía. Pura hipocresía. Porque no conozco una naturaleza mejor. Me deshago poro a poro, me involucro sin mecenas, sin patrocinio y sin esponsor. Soy la fugaz estrella, alguna vez fui una persona buena. Pero no vengáis, he aprendido a morirme solo. En este mundo de la literatura hay muchos que no tienen un pelo de tontos, también los hay con significativo y precario cauce donde me destrozo. Una vez calculé si en la poesía hay negocio, hice cábalas, multiplicaciones y encontré abandono. Mucho, demasiado abandono. Eso es todo. 

Amigo de tus amigos

Posted on 22:28

 


Juan 15: 12-17: “Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, y son ustedes mis amigos, si cumplen lo que les mando.


Tener un amigo Juan, llamado Juan, para mí es predilección. No son iguales todos los Juanes. Aunque hay muchos Juanes entre mis amigos. Mis mejores amigos se llaman Juan. Hace unos días que fue San  Juan, y aquí en Catalunya se celebra con hogueras y petardos y fuegos artificiales. Tengo a mi amigo Juan Herrada Sabio, y a mi otro amigo, Juan A. Herdi. Después ya no tengo relación con ningún otro Juan, salvo a mi amigo Juni, que hace tiempo que no veo. Yo daría la vida por estos tres Juanes, y por algún otro Juan también lo daría. Mi tío fallecido hace un par de años se llamaba Juan. Y he cogido tremendas borracheras, pero eso es lo de menos.  Mi tío era el típico tío que es forever young. Siempre joven. Pero no es lo mismo un Juan que es tu tío, a otros Juanes que son amigos. Aunque mi tío era como un amigo. Un Juan es amigo y en su brazo tiene el pan. Un Juan es hermano de corazón y no hay mar sin su sal. No sé porqué razón me llevo tan bien con los Juanes. Quizá sea porque son amigos de verdad y no tienen ningún temor hacia según qué cosas. Recuerden Juan sin miedo. También hay otros Juanes que admiro, uno, es Juan Rulfo, y el otro, Juan Carlos Onetti. Pero las cosas no son tan sencillas como parecen. Ser un Juan por el que da la vida por ti, es como en la última cena. Repartir el pan y el vino. Llegar a ser un Juan es llevar consigo la lealtad. Ser Juan es  verdadera fuente de la amistad, al menos para mí. 

La cosecha dichosa

Posted on 21:23

 


Si no siembras semilla o la mitad de una patata no habrá cosecha que recoger mañana. La botánica es como una personita; todos los árboles distintos, troncos de la misma rama. No sé cuando perdí lo que no pude sembrar para mañana. El ayer ya está muy lejos, tan lejos, que ya no quiero saber si sembré semillas vacías, o me sembré yo mismo, entre lo azul del cielo y la tierra mojada. El hombre en mitad de la raya dicen que tiene virtud. Cachito de nada me espera para ser cosechada. Agua que se seca en un instante, hombre acabado sin muerte. Dichosa es la vida, sin embargo, la cosecha es la alegría de la huerta. Tomates con sal, son una delicia que me ha acompañado siempre. Soy la cosecha que se pudre porque se la comen las cochinillas y los gusanos que han de comer tanto humano enterrado. Vengo del regadío en secano. Vengo de la cáscara, y flor marchita. Ahora que no hay temor de perder el fruto, el polvo es la sombra del camino, y de la cosecha dichosa es la feliz algarabía. ¡Cuánto echo de menos a los que se fueron yendo! Se fueron y no volvieron nunca más. Salir del colegio siempre es dicha antes que lamento. Nadie quiere estar en la cárcel, pero la cárcel está en las personas, y las personas nacen sin presidio. Hubo un tiempo en que nadie se cansaba de mi cicatriz resuelta. Cicatriz, todos sabían que tendría una cicatriz. Cuando me dieron doce puntos de sutura le dije a mi madre que no era su culpa. Ahora tengo la cicatriz resuelta. Mi padre, mi pobre padre, no se mete con nadie y seguía mis huellas borrando con las manos la sombra del camino en reposo. Soy un error que nació en la Noche, la gran Noche de Walpurgis. Yo no creía en los akelarres ni en los libros de profecías e isoterismo. Así es todo. 

Un poeta distinto

Posted on 0:03

 


No soy el arquetipo de poeta normal, que recita sus poemas, que va a tertulias, que hace presentaciones. No, no soy ese tipo de poeta. A veces miro a los que sí se trabajan la promoción de sus poemarios como gente sin miedo escénico, sin complejos, poetas que controlan el equilibrio de sus emociones. Tienen tablas, y son sociales. Yo creo que un poeta sin miedo es un poeta que defiende su poesía. Si hacen tertulias sobre sus poemarios bienvenidas sean. Yo estoy limitado en tablas, en desparpajo hacia el público. No tiene la culpa nadie. Simplemente es que soy muy tímido. Ahora estoy escribiendo esto y me siento con cierto sabor agridulce. Pues me avergüenza decir que no valgo para promocionar mis libros. Cierto es que los libros hablan solos de sí mismos. Pero en mi caso no es así. Quisiera hacer presentaciones pero es poner a la gente en un compromiso del que no tienen agrado alguno. Los libros son para leerlos, no soy un mercachifle. Lo que sí me gusta es hablar en la radio, pero la mayoría son emisoras locales y no llegas a vender demasiados libros, por no decir ninguno. Ahora estoy enfrascado en otro proyecto. Es un experimento para contradecirme a mí mismo. Un experimento que me tiene en ascuas candentes. 

El arte es robo

Posted on 18:43

 


Hay personas que me llaman loco deliberadamente. A mí mientras me quieran los correspondientes amigos y familiares lo demás me la trae al pairo. Soy un enfermo, no me gusta hablar de diagnóstico, pero me siento a veces libre y otras veces cautivo de sombras y noches sin luna. En realidad soy un solitario, que no da ruido, que no molesta, que no lamenta. Cuando llegó mi vida madura llegó también lo que todos estaban esperando. Estoy orgulloso de mis escritos y de mis mixturas de Píxel. Son lo único que alivia mis penas. La familia también, pero mis hermanos van a la suya. Yo no puedo reprocharles nada, pues tienen obligaciones. El orgullo de mi legado es como bien dijo Picasso “El Arte es Robo”.  En ese aspecto tienen razón de sí mis mixturas, ya que soy apropiacionista. Pero en mi obra literaria (y no quiero ser pedante) influye bastante la autenticidad. Hay momentos que te apetece crear una imagen y en otros momentos te apetece escribir. Aunque no se debe forzar la escritura. Es contraproducente. Yo quisiera saber dibujar, gastarme un dineral que no tengo en tecnología para diseñar mis creaciones. Una cosa que no puedo negar que robo alguna imagen, pero esa imagen, una vez insertada en mi programa o software la manipulo de tal manera que es imperceptible a vistas y a riesgos pueda correr. No es pirateo. Pues en cada imagen retocada pongo que la sustraje de Pinterest. Es así la cosa. He hecho dos exposiciones en toda mi vida. Y solamente he vendido un cuadro. Hay gente que considera lo que yo hago como intrusismo. ¿Acaso no se inspiró Picasso en el arte africano? ¿Acaso Dalí extrajo de varias disciplinas para crear sus imágenes? ¿Andy Warhol no copió de fotografías icónicas para realizar sus serigrafías? Todos copiamos. Es la inspiración la que nos ayuda a sustraer del elemento y de la impronta que dejan tras de sí nuestros patriarcas y matriarcas en el mundo del arte contemporáneo. Desde el siglo XX. 

Para escribir es necesario ser valiente

Posted on 23:43

 




Como digo en el título, para escribir se debe ser valiente. No cortarse ni un pelo. Eso del pudor a la hora de escribir está bien. Pero a mí la literatura que me apasiona es la que rompe piedras con escarpa y martillo, te deja helado. Ya no están los tiempos muy al acecho. Me interesa lo irreverente, lo outsider, las rarezas, como el que colecciona encendedores Zippo. La valentía al escribir puede hacer que se rían de ti, pero nunca hay que ponerse del lado del déspota, del ignorante, del jactancioso. Escribir con valentía es quitarse una máscara y quedarse desnudo. Como si reflejaras un salón de espejos. Unos te harán grueso, otros monstruoso, pero son efectos ópticos. Hay a quienes no soportan la literatura valiente y tampoco la que habla de uno mismo. Como si además de pudor tuvieras que vértelas con la cobardía del aire embotellado. Para ser valiente no se debe dejar de ser educado, con modales. Seguramente encontrarás algún lector timorato o prejuicioso. La única literatura que me interesa es la que se trasforma como una metamorfosis. Hay lectores que creen en los mundos de Yupi, o en Barrio Sésamo. Yo me conformo con ser riguroso ante la verdad. No mayor valentía que la que arranca risas, distrae, hace énfasis en la realidad sin ninguna vergüenza, sin ninguna timidez. Dios me dotó de valentía, pero a la vez, me dio miedo escénico. Sin embargo, durante el proceso de escritura todo es un rito de exorcismo sobre nuestros demonios personales. Aprender a ser valiente no es algo que se haga de la noche a la mañana. Todo tiene su ritmo, su objetividad, intentar no gustar a todos, porque es imposible. No se puede gustar a todo el mundo, pero decir verdades es un punto a tu favor de aquel lector que guste de textos sólidos lo agradece. Nunca escribir por escribir, y jamás hacerle daño a alguien que verdaderamente aprecias.

La canción de los infelices

Posted on 13:43

 


Cuando fuese tu cumpleaños en febrero y alguna sentencia te amargó el sinsentido, todos dicen “felicidades”. Entre el crisantemo funeral te dedican un “lo siento” pero es solamente un cumplido. La paz de los infelices, de los que llegaron primero, la felicidad de los que comieron perdices, la guerra de los que malgastaron su dinero. La contradicción de los circunspectos, el envoltorio de los que fingen, las circunstancias de los abyectos, la mortandad de los que piden y piden, la volátil gasolina del mal excusado “no puedo cantar ni quiero”, el gas del alcaloide que somete a quienes lo siguen como vicio en serio, la esperanza de los que persiguen ilusión sin un principio, los que conjugan el participio,  la ley del espermatozoide de un juez de oficio, a una particular casa de lenocinio, un patio en mi casa, un abismal precipicio, el patíbulo que aborrecen por cacasenos y necios. La paz de los ángeles felices, que sueñan con ser dioses del valor y el precio, la paz de los que toman las directrices de este tinglado chapucero. Los chicos amontonados en cenas de empresa, las fiestas sorpresa, los te echo de menos, yogures caducados de fresa, los de la mente espesa, y el que acaricia unos puntiagudos senos, los sorbos de un ya te lo dije, los fugitivos besos y los después de los “hasta luegos”, está el que algo te exige y el que no sabe poner ningún pero, están los cautivos encerrados entre sucios abordajes, un puchero, trescientos sesenta y cinco potajes, los caminos plagados de sabotajes, un Dios en el silencio, un grano en el trasero, mil viajeros ligeros de equipaje. Tres mil exiliados de guerra, un soldado de esta vida perra, una casa apartada en la sierra, una serranita que no te deja probar bocado, un acoso y derribo, del seco erial la tierra, un gasto imposible de un mundo opresivo, un país con tirano hacia el sometido, un derecho adquirido, un despertar sintiéndote vivo, un preso cautivo, un privilegio, un yo nunca he sido. Una bestia sin fulano, una siesta en el verano, un consejo a un poeta pido, un catalejo que no mira lejos, un sometido, un rezo blanco a mis viejos, un agravio comparativo, un comparado alivio, el mal trago de los pendejos, a los vencejos, a quienes dijeron vivo, a los que perdieron el litigio, un contencioso, un armisticio, un madrugador ojeroso, de verano el solsticio, un gato silencioso, un silencio con ruido, un señor corriente con nombre y apellidos, los buenos metales con malos sonidos, el sulfuro de los valientes, los dominicales días tan repetidos.