
Recuerdo cuando me llamabas con la mitad de mi nombre propio, era un canto sagrado para mí, se me encendían todas las luces de mi temprana existencia. Eras la voz de mi infancia, una aurora perenne sostenía aquella llamada de ti, mi madre; eres, por ayer, por hoy, por siempre ese resuello necesario para mí lucidez y mi deambular entre nostalgias y recuerdos apunto de esfumarse. Recuerdo mis travesuras, mis tropelías y tus disgustos conmigo cogida de la mano del corazón, de mi corazón a la deriva, tu risa es una melodía breve que sugiere quedarse contigo, la vida no ha sido para ti buena, ni justa, pero entre todos intentamos que vivas feliz junto a tu marido el resto de los años que te queden, que espero sean muchos, o los suficientes, no mereces más sufrimiento, ojalá que vivas feliz y que no tengas ninguna tragedia en tu destino, que los días que te queden por vivir sean lo más llevaderos posibles. Has sido la voz dulce de mi infancia, y eso no debo y no quiero olvidarlo. He sido mal hijo, lo sé, lo reconozco, pero algún día debo agradecerte tu gratitud, tu entrega y tu lucha, que no ha sido fácil, ni para ti, ni para papá, te quiero mucho mamá, mi sonido infantil.

Llevo años de encierro por circunstancias de la vida. Ahora hacen lo mismo que yo he hecho millones de personas. Si no estuviera muriendo tanta gente diría aquello de “joderos”. Pero la cosa es seria, va en serio. Parece una cuestión de venganza pero por obra del destino o de la divina providencia he encontrado un aliado para que los demás comprendan mi triste día a día. La cosa es seria, como mi problema, pero el COVID-19 unirá a la gente, cosa que no ha hecho la política, ni las redes sociales, aunque una cosa es cierta, sin Internet el COVID-19 sería algo más que una pandemia, es decir, tendría dos aspectos que la harían más dura de lo que lo es hoy y ahora. Tendría el aspecto en sí como enfermedad, que es muy preocupante y peligroso, y el otro, el aspecto tóxico de la mala televisión. Esa pobre gente que vive en cuarentena y la que se encierra por prevención, a veces no tiene nada más que la putrefacta televisión. Pero Internet, insisto en ello, nos ha salvado la autocrítica y la variedad de contenidos. Ahora es momento para estar en familia, para estar en casa. Mi hermano hace unos días me envió un enlace interesantísimo, un artículo donde se expone el prólogo donde Enrique Vila-Matas nos habla de Toteking (rapero de los inteligentes y cultos) y al parecer ha escrito una novela un tanto peculiar, Búnker se llama, en ella está escrito el prólogo que le pide el autor a Vila-Matas. Debido a mi reclusión, ya no por el COVID-19 sino por otras causas, diré que me hice acopio de varios libros que Vila-Matas hace a Toteking, el primero Guía de Mongolia de Svestislav Basara, libro que no he podido conseguir por su publicación en Tapa blanda, o sea, papel, está en muchos lugares pero una cosa que me dejó la droga como efecto secundario es la sed de inmediatez, también ahí nos sugiere otros títulos que sí he podido conseguir, uno es El Tercer Policía de Flann O’brien, un libro divertido con gran ingenio, el segundo Aforismos de Lichtenberg y el tercero Tristam Shandy de Laurence Sterne, los he comprado de inmediato, porque visto lo que escribe Vila-Matas sus lecturas no pueden perder ese sentido humorístico que su obra tiene, cuidado con COVID-19.


La ley de los hombres es una paliza a la que despluman sus alas, no seáis hipócritas, a nadie le gusta trabajar, y cuando reciben un caramelo como el COVID-19 todos se van como si nada, otros apuntan al ocio si ociosos antes ya eran.Un tipo por televisión dice: que las enfermedades contagiosas son como una lotería, otros, hablan de medicina de guerra y la única guerra que conocieron es la de escapar del tedio y la rutina hasta que lejos ve las luces encendidas de su casa, de su segunda residencia. La paradoxa de la cual escapan los sentidos comunes porque dicen que es el menos común de todos los sentidos. Se apaga una luz y se enciende otra, ya no quedan camas en los hospitales para tanto enfermo del COVID-19, frívolo es decir que coger el virus es una segunda oportunidad por si no disfrutasteis de las merecidas vacaciones, otros hablan de manera demagoga comparándose sanitarios con las huelgas de pilotos y controladores aéreos en época de vacaciones, la gente es vengativa, y quedarse sin vacaciones no lo perdonan, sobre todo por lo que cuestan que te las concedan, luego están los museos de las maquinarias que se paran por que la Salud lo obliga, con lo fácil que parece parar la máquina que supone un país en crecimiento, los bajones de bolsa, el miedo colectivo, todos impávidos acudimos al entierro de la sardina, ¿de qué sardina? Sí hombre, la que esperaban pescar los especuladores y un tiburón se los comió. Agudeza visual para derrocar a la cultura de un país, las Fallas no se cancelaron desde el 1936, el Museo Del Prado no se cerró desde la Guerra Civil, respeten las medidas contra el contagio, y todo Dios en casa.

Empecé a escribir, primero, como venganza, después, para golpear el vestigio rebosante de lamentos, después, porque era lo único que me quedaba. Sueño, sueño, sueño, inercia de esperma como una estampa de una bandada de delfines con los lomos empapados de mar. Inercia y libertinaje de astros bailando en torno al orgasmo onírico. Pasillo de artes sin academia ni diplomatura, liturgia de esplendores fugaces que originan una catástrofe de hilaturas mojadas de aurora. Te creo. Te creo porque me lo ha dicho un Dios samaritano y cien colibríes que siempre han sido ángeles finos. Cierto día me esculpiré en fuego para estar cerca de tu cara fría y encender como faroles las luces de tus ojos. Apetito pequeño que crece en el sueño, y un empeño de purpurina brilla más que tus labios húmedos, sangre que quiere ser feto pretende coagularse en la plenitud del oxígeno, como respirar con un caramelo de eucalipto en la boca, brotar saliva en el descanso del sueño, refugio de huecos de escalera en algún rellano helado que se olvida de nuestra calor de juventud. Te cortarán la vena del sueño como cortan con navajas las pieles de naranja.

Aceptar tu soledad lleva implícito hablar contigo mismo, con esto que digo no me refiero a deshojar la margarita, me refiero a aceptar la soledad como algo a lo que no debemos renunciar, no es factible volcar esa carga contra los demás, nadie tiene porqué portear ese peso, debes aceptar la soledad dentro de todas sus posibilidades, que son muchas, además variadas, contemplarse a uno mismo de manera individual es enriquecedor a la vez que realista. Los animales llevan su soledad de manera instintiva y vital, les es necesariamente válida para sobrevivir, de esta misma manera debiera contemplarse para la mirada del hombre, solamente cuando se acepte como tal ésta podrá tener un tamiz de superioridad frente a las cosas superfluas y superficiales; cosas como la manera porque vienen encaminadas las consecuencias referentes a los miedos y a los lastres que nos amarran a la manada como confín necesario, aunque es todo lo contrario, debemos ser individuos, debemos andar nuestro destino lo más ligero posibles. La soledad es un grado de superioridad si ésta es aceptada como una extraordinaria virtud, mientras necesitamos de los venenos de la gente nuestro compromiso vital con nosotros mismos habrá fracasado, porque es evidente que nos habremos traicionado dependiendo así de la opinión y decisión de los demás, cosa primaria, ya que depender de lo que diga la manada nos esclaviza y nos crea dependencia. No pretendo redundar en lo básico, prefiero dejarlo ante la evidencia. Aunque no es casualidad que los leprosos, los apestados, los miserables, lo ínfimo de esta humanidad sea condenada al ostracismo, cosa que a muchos atormenta, pero es necesario admitir que los hombres de hoy emplean la soledad como el desprecio, o la desidia para los más débiles, al hombre con plenitud y fuerte poco importa.

Ya va a hacer diez años desde que adquirí mi dominio web ciberneticaesperanza punto com. Mi idea de la web es hacerla como un extenso apéndice de la novela (primera parte) escrita en el año 2012, aunque la idea estaba bullendo desde el 2002. Si lees la novela comprenderás el porqué de la primera parte y el porqué de que se escribiera en el 2012. Y si lees la segunda parte, ya te dará la clave para entender porqué el proyecto completo concluye en el 2018. En un principio la web al ser un apéndice de poemas narrativos publicados en ambos lugares (web y libro) tenía como aliciente enlaces o vídeos en código HTML en Java Script y vídeos de YouTube, monográficos hacia algún artista emergente y entrevistas a intelectuales del momento sobre el tema Cibernético. Para mí fue un agrado y una perfecta aventura, en el 2012 hice un PDF bien diseñado con la primera parte de la novela, y puse al final todo un glosario de enlaces que abarcaban la web completa, era como una añadidura que yo “cometía” deliberadamente para bien del lector y de la obra, no estaba innovando, pero yo era feliz creyéndomelo, luego, en el 2012 (finales) llegó el proyecto de publicar mi novela bajo mi propio hosting y creando sendos correos electrónicos, también creé mi logo, no es un logo con derechos reservados, es un logo con los izquierdos reservados, es decir, que creo en el Copyleft. En cuestión, he estado pagando dos dominios con sus respectivos hosting durante cinco años, ese es el tiempo que ha estado la novela en PDF y formato EPUB gratuitamente. Ahora lo veo como un delirio quijotesco, pues era luchar contra molinos, las webs no tenían visitas y el proyecto no era comprendido. Después ocurría el caso de que los vídeos dejaban de estar publicados e iban desapareciendo o no se podían visualizar, entonces decidí crear o imprimir cinco ejemplares de la novela impresos a color y con un tamaño nada idóneo, pero aún así traté de ofrecérsela (gratuitamente) a un público que la vio mala y con muchas fisuras por donde se escapaban los engranajes de una historia bien contada. Al final me fui desprendiendo de las webs, vídeos que no se podían ver, formatos que nadie descargaba por temor a virus, en fin, que creo, al final del baile, que fui un ingenuo, y quizá lo siga siendo, porque me daba la gana.