Posted on 3:46

Hay momentos momentáneos en que te despegas de ti mismo como una pegatina. Te despegas y no sabes ni cómo ni porqué. El hecho es que al levantarte te sacudes y cantas. Pero en otros momentos eres precario de equilibrio y maneras de mirar. La gente, ¿qué importa la gente? Tienes que ser un alma completa las veinticuatro horas del día. Cuando algo falla a tu alrededor también fallas tú. Porque caes derrotado en el reloj de las auroras y los crepúsculos. Cuando te despegas caes en derroteros que no te hacen bien. Es bonito vivir en paz. Con la verdad de las mujeres que se entregan totalmente. Las mujeres son una costilla tan necesaria que alumbran en la penumbra de los días y las sombras. No es menester vivir enfadado, resentido y diletante. Tienes que intentar ser feliz aunque te queden micras de esperanza. Levantarte y no desfallecer. Esto, que suena a retórica, a veces es un aliento que te hace suspirar mientras la vida se hace lenta. Vivir para ambos mundos es un buen plan. Respetar para que te respeten. Divagar en la hermosura de los días descansado. Bien comido y bien… mi pensamiento es de Mercurio. A veces se dispersa y otras se contrae o se completa. Ser amigo de tus amigos también es un buen plan. Ya no son los tiempos como antaño. Ya lo decía Bob Dylan. No es sorpresa encajar los golpes y resurgir de la vida con alegría y saber donde se encuentra la fiesta del vivir. Encontrarla y no despegarte de ella. Por más tropiezos que tengas. Es tan bueno vivir en paz como el pan de cada día. Lo malo es que algunos no hallan ese pan, que pasan hambre emocional. Quiero ensalzar la vida con la plenitud que dispongas.
Posted on 1:34

El otro día dije en una radio que Charles Bukowski no era honesto. Y la verdad es que no lo considero honesto porque hizo el ademán de maltratar a su novia porque ésta confesó infidelidad hacia Charles, mientras él se fotografiaba con prostitutas distintas cada vez que podía. Pero analizando bien lo que dije y porqué lo dije, diré que como escritor es buenísimo, honesto sí, pero un machista deplorable. ¿Acaso el machismo no es algo que vemos normal? Sí, y para ser yo honesto diré que ni Truman Capote era honesto, ni Hemingway, ni ningún escritor es honesto. Todos elaboramos verdades que son mentira. Ninguno somos honestos, ni los poetas, ni los escritores, ni los cantautores. Todos disfrazamos a la fantasía con un resquicio de normalidad y de aparente realidad. Ni los buenos ni los malos poetas, ni los escritores de alta o baja estofa, ninguno somos honestos, al menos no del todo. Porque ¿qué es ser honesto? Ser honesto es ser un tipo al que su madre le dice que no debe decir mentiras y él la obedece. Escribe verdad tras verdad, y así es para mí la literatura y la poesía. Una mentira que se agazapa en la verdad. Ni la autoayuda se la creen los gurús. Ser honesto es decir la verdad pero sin poetizar, sin concretar en lo más elemental de la literatura. Intentar ser sereno y tener temple para decir una verdad desnuda. Pero tanto en la vida como en la literatura debemos ficcionar. Es imprescindible ficcionar la realidad. Y tú eres responsable de lo que dices, pero no de lo que el otro entiende. Esta frase de Lacan es la base del psicoanálisis y la verdadera razón del por qué los escritores no son honestos. Pero la realidad es una sustancia adictiva con los años. Cuando pierdes la ingenuidad. Y es por esa razón que la literatura es hermosa. Porque hace hincapié en la verdad a ojos del que, como en el cine, no la cree del todo o sabe que no es verdad lo que lee, imagina o ve.
Posted on 8:12

…y de la vida sacarás en claro que hay y habrá momentos malos y que los buenos duran muy poco, poquísimo. La vida ahora es dura pero puede ser peor. Cosas como la lentitud de los días de plomo en el alma, los días de muerte y pérdida. No quiero ser pesimista. Pero lo que más detesto son las órdenes. Los fanáticos de la lengua envenenada, la guerra del silencio. El silencio es un motivo de desdicha cuando te haces a cuadros el corazón. La virtud de los que lloran es que lloran, pero otros no pueden llorar, les nacen burbujas en el cerebro. Los amarran a la cama. Son los desheredados del milagro y del mañana. Y todavía hay quien dice que la vida son cuatro días. Serán cuatro días, pero dos los pasas durmiendo y uno y medio bajo el yugo de tu propia y ajena esclavitud. La grandiosidad de los hombres libres. Hombres que son un silencio encubierto. La suerte de las criaturas que apuestan por una noche de placer y la noche se marcha y luego aprendes o tratas de volverlo a entender. Poetas presumidos, con papel de calca en sus poemas, juegan a entretenernos mientras tanto. Todos aspiramos a la gloria que nadie conoce. Pues poco importa que hablen mientras estás muerto. Sólo nos queda medio día, a veces un cuarto, otras cinco minutos. Según algunos está vida está repleta de pequeños placeres. De cosas favoritas. Pero la verdad es que venimos desnudos y nos vamos sin cuerpo. La vida parece un escarmiento, y a veces lo es. Es tan nefasta como corazones marchitos de dolor espinoso. Cómo caerse a un cactus, como una sombra que viene a por ti. Te acabada encontrando y no hay más que cadenas, todos llevan la suya…

Por amplios derroteros pasa la palabra. Se transforma en verdad que es mentira y pasa de ser mentira a ser verdad. Las palabras tienen una fuerza a veces inaccesible y otras es fácil como un vértigo que nos mira fijamente a los ojos. La palabra es la elegancia que diferencia al hombre de los animales. PASAPALABRA me dice el pensamiento, me dice el sentimiento. Me dice lo que me hace humano. La palabra es la Torre de Babel más misteriosa. Pues cuando hablamos, en algunas ocasiones, hablamos un mismo idioma que hace a la Torre de Babel un castillo de naipes que se desmorona. ¿Para qué sirve pasar de la palabra? Si son los sentidos y los sentimientos los que hablan. Pasa la palabra por una incógnita en el hielo derretido que se lleva el sol sin quererlo. Los locos han perdido la consonancia y la coherencia de las palabras. Lo que es triste es trepar por la conciencia sin conciencia. Lo que es triste es cambiar la palabra por lágrimas saladas como el mar. Cambiar las palabras por los alaridos del sufrimiento. Lo que es triste las palabras lo saben bien. Porque ¿para qué sirve agazapar mediante imágenes y metáforas la poesía de los corazones con o sin esperanza? La esperanza no es una elección, se tiene o se destruye, pero todos nacemos con ella. Pasa la palabra y jugamos al juego del sinsentido y escuchamos demasiadas palabras tontas, necias, cargadas de odio, o simplemente, perdemos el hilo de lo que en el pensamiento, la fuente legítima de las palabras es pérdida o fluye como un río fulgurante. Las palabras son la verdad trasmitida en frases hechas, chascarrillos, adivinanzas, trabalenguas. Mis padres ven PASAPALABRA. Y es por una razón tan clara, tan evidente, tan verdadera, que lo siguen porque no quieren perderlas. Las canciones, los poemas de amor, las verdades dichas desde la experiencia. Las palabras son dignas como el que las menta de verdad. La palabra cuando es mentira se ensucia, se hace endeble como un helado que se derrite de poco a poco. Lo malo o lo menos malo es tratar de no perder la esperanza. Pero eso es palabra. Una palabra que cojea a modo de ignorancia y elocuencia con diarrea. Esto es un homenaje a los que perdieron la palabra, a los que andan en su búsqueda, a los que no quieren perderla jamás. A los que tropiezan con ellas y les agarra como estupefactos o algo asombrados. ¿Pero cómo? ¿Pero por qué? ¿Pero de qué manera? Hagámonos un favor. No perdamos nunca el origen de las palabras, ni el sentido, ni de lo que de ellas se alimenta. Por ejemplo, estar frecuentando el lenguaje, que no nos avergüence hablar solos, o con la televisión, no perdamos la radio, no perdamos la música, la poesía, el trabalenguas, el aforismo, la capacidad de comunicarnos. Pues seguramente, junto con los libros, los eternos salvadores, no perderemos la coherencia de decir las cosas por su nombre. Por derecho. Palabra de gitano. Dice un amigo mío. Queda dicho.
Posted on 8:32

Me hacen gracia aquellos que se fotografían como dejando un letrero imaginario que diga “yo estuve allí”. Eso es el síndrome del turista presuntuoso. En Facebook hay miles de fotografías este verano de gente que ha estado aquí y allá, se fotografían para tener una prueba, una evidencia que atestigüe de que estuvieron en ese lugar tan típico de un país cualquiera o famoso, como lo son las siete maravillas del mundo. Pero yo no creo que haya siete maravillas. Yo creo que hay cientos por el mundo repartidas. Las instituciones obcecadas porque la UNESCO haga del lugar patrimonio de la humanidad. Pero al igual que muchos monumentos gozan con la etiqueta de “patrimonio de la humanidad”, también existen lugares que son lugares oscuros, tristes para la humanidad. Seguro que existen más lugares aberrantes al horror inhumano que maravillas. Por ejemplo, se me ocurre la puerta de no-retorno en Senegal. Se me ocurre Auschwitz, o las catacumbas del Coliseo Romano, o el museo de la inquisición. A mí me ocurre una tristeza abismal recorrer los cementerios y ver fotografías de gente joven. Me pongo malo. No lo puedo soportar. Hace años que no voy al cementerio. Porque eso especialmente me lastima. Premiamos las cíen maravillas. Aunque es ridículo fotografiar lugares típicos como monumentos o esculturas. Una fotografía simpática está bien. Pero como por ejemplo los cementerios donde muertos ilustres son visitados por gente como una manada de elefantes que acuden peregrinas. Se me ocurre el Père-Lachaise donde están los grandes literatos y sobre todo Jim Morrison. Verdaderamente tienen la tumba y las aledañas que parecen una enorme calcomanía sobre cemento. O por ejemplo la tumba en Colliure (Francia) de Antonio Machado. El sepulcro donde asistía Marilyn Monroe de Rodolfo Valentino. O la tumba de tantos literatos, la de Nostradamus, la de pintores y gente que está muerta de igual manera como está cualquier muerto de una sepultura cercana. O la tumba de Elvis, otro lugar de peregrinaje. Son cosas estúpidas que tenemos los humanos. Somos mitómanos porque creamos los mitos. Damos culto a la personalidad y a la muerte. Somos de alguna manera temerosos de la muerte, pero tenía razón Jim Morrison cuando decía: —con la muerte termina el dolor. Pero eso nadie lo sabe. La muerte, ¿qué cosa será que no la queremos, la tememos, la respetamos, le damos solemnidad y culto? Como en el antiguo Egipto.
Posted on 0:36

Me tapo los ojos con la mano derecha sin éxito alguno. Me condecoro como libre pensador. Me hago pesado como un péndulo de plomo. Me trago negrísimas flores de óbito y la gente que lo sabe, me quita la palabra como si tuviera dueño una palabra mal dicha o un pensamiento mal trecho, que crea una llaga en el interior, y se aferra como una garrapata maldita en la oreja de un perro.. Y lo que tiene es para mí cientos de pájaros y peces de Fletcher blancos y negros, que vuelan, y bucean, y son otra cosa en cualquier momento. Los elementos son la esencia viva de la vida. El fuego es el elemento tardío y se descubrió cuando el hombre empezó a creer en un Dios, y en un Adán de arcilla marrón. Porque el hombre era marrón y también fue barro de arena fina y blanquecina. La libertad intelectual es más necesaria que cualquier mal hábito que atrape al hombre. En Andalucía las abuelas hacen ganchillo, o por lo menos antes los hacían. Recuerdo en mi casa tapetes de encaje de ganchillo, es tan andaluz como el gazpacho. Las abuelas, ay, las abuelas. Recuerdo a mi abuela con su hábito de la Virgen del Carmen, y su moño de pelo negro. Porque entonces mi abuela no tenía canas. Mi otra abuela, también de Andalucía, jamás llevó moño y no usaba hábito. La verdad que mis abuelos maternos no eran muy religiosos. Tampoco mi abuelo paterno, al que no conocí. Y lo sé por las historias de mi tite Antonio. Como tengas la mala suerte de nacer homosexual en Andalucía tendrás unas ganas tremendas de salir de allí zumbando. Es lo que le ocurrió al pintor Ocaña, y a un familiar lejano mío, y a Lorca, y a tantos… pero no es tan terrible, Andalucía es el gran seminario de Europa. Hay más curas y obispos andaluces como hermandades de Semana Santa. Y a muchos demonios de España los llevaban bajo palio. Estoy viendo la película El Palomo cojo, de Jaime de Armiñán. Basada en una novela de Eduardo Mendicutti. Me recuerda tanto a esa Andalucía que yo veía de niño a lo lejos mientras servía la hermana de mi abuela Carmen….se llamaba Mercedes. Recuerdo el pueblo de Sarteras. De las casas con baldosas pecualiares y típicas allí en la Andalucía beata.. Elementhal, mi querido Watson.