
Que se te entregue una mujer en todos los pormenores de lo que es practicar sexo es el mayor placer de un buen amante. El hecho de que se te entregue por completo una mujer vale más que todas las riquezas de este mundo. Una mujer es más valiosa que una esmeralda, un lingote de oro, una cubertería de plata, cualquier ropa, dinero y joyas. Cuando una mujer se entrega a tu cuerpo es la belleza en el acto y una delicia que son las mujeres que se convierten en danza del aire invisible, pero físico. A veces se entregan sin tú saberlo, y otrás es notorio su entrega al valioso deseo y la pasión desmedida. Cuando una mujer moja y se estremece con tu concisa experiencia del arte amatorio, que amar no es pura masturbación ni sexo sin más. Amar es el acto más sagrado que hay en la Tierra. Pero no me refiero a amar como lo haría un ceporro. Me refiero a tocar con la delicadeza que es amar a una geisha, o a una mujer frágil y menuda. Los prolegómenos del amor son infinitamente mejores, pero el transcurso de amar es el verdadero motivo de que dos almas sean en sí una dicha para los dos. Hay mujeres verdaderamente bellas, mujeres que no se olvidan. Que dejan huella y ponen cara de asombro después de un orgasmo donde ella aprieta sus piernas y gime como gime la mujer pura. La canción está escrita en todas partes. La canción es la sombra del silencio que se arrodilla y degusta el licor del amor en la carne húmeda de la mujer en la plenitud de un orgasmo. No digas más quiero y no puedo. Se debe decir es la hora sagrada. El instante del deseo rojo, el momento de compartir la fruta de la pasión verdaderamente sustanciosa.

Mis padres nunca me han censurado. A sabiendas que he escrito cosas muy fuertes para su sensibilidad. No suelen ver lo que escribo, porque les duele. Pero me han dado la libertad de que escriba lo que quiera y como quiera. Tengo unos padres andaluces los dos, gente sencilla. Gozan de una vida tranquila y tienen un corazón enorme. A veces me he pasado con según qué cosas que he escrito. Pero, ¿de qué escribir que no esté escrito ya? Es muy difícil escribir algo original. ¿Escribir sobre flores, sobre palomas, sobre lo que han escrito otros ya para reiterarse siempre? ¿Escribir sin hacer daño? ¿Escribir melodramas y poemas sobre la alegría de vivir, sobre los despreciados de este mundo? ¿Escribir poemas herméticos, de temporadas en el infierno? ¿Escribir por despecho de lo que les ocurre a otros/as? Ya sean desgracias, elegías o poemas de amores incomprendidos. Yo creo que la literatura, salvo escritores contemporáneos interesantes, ya lo ha dicho casi todo. Yo no me considero gran poeta, ni buen escritor. Simplemente leo para asombrarme, para reírme, para emocionarme, o para decir esto quisiera haberlo escrito yo. Pero no soy un poeta ni bueno ni malo, soy sencillo pero huyo de la epigonía. No me da vergüenza haber escrito poesía rimada, aunque no sea bien vista en el mundillo. Pero malo o bueno puedo decir que para mí no ha habido censura alguna. Me dejo mucha tinta en el tintero por pudor o simplemente por que no quiero después arrepentirme. En cada ciudad hay al menos una docena o más de poetas. No juzgo jamás a ningún poeta. Aunque me parezca como me parezca, pero la poesía es mucho más difícil que escribir prosa, o al menos, escribirla nítida, pulcra, y decente. Conozco prosistas con tanto rigor, exquisitez y pulcritud que me dejan embelesado. Tanto si escriben una reseña, un artículo o un relato. No quiero decir nombres, pero últimamente se escribe muy bien en lengua castellana. Y por supuesto hay que leer a los clásicos. Pero si te aburre un libro es de valientes dejarlo si es preciso. A veces te puede cansar un poemario redundante. Otras te puede aburrir el exceso y sobrecargado en detalles irrelevantes. Pero lo que no hay que hacer es forzar la lectura de un libro que no te gusta. Pero si te gusta es una gozada.

La televisión de ahora no es como cuando era niño. Salvo programas y series que me han gustado, lo demás es bazofia. Mis padres ven el Canal Sur de Andalucía, se han cansado de Telecinco (el bodrío) ahora ven Antena 3 también. La televisión y, en especial Telecinco, tienen un tufo y una casposidad que no me apetece ver. Una vez oí a Buenafuente decir que era “ciencia ficción”. Y a mí me hizo mucha gracia. Porque es lo que parece. Canal Sur no es telebasura pero a veces es demasiado andalucista, aunque en otros aspectos sea cosmopolita, pero bueno, es el canal preferido de mis padres. La televisión es odiosa porque puede ser un medio comunicativo y educativo excelente. A mí no me gusta, y antes, mientras que mi ex veía Telecinco, yo leía. Leí muchos libros por aquel entonces. Lo que me gusta a mí es el cine, in Streaming y también compro alguna película. Pero la literatura, la escritura, el cine, la música y la radio son mis particulares modos de distracción. Tengo un odio hacia la televisión telebasura, me resulta repulsiva. La 1ª y la 2ª son mis preferidas y no siempre me embelesan. A mí lo que me interesa de la televisión lo encuentro en YouTube y otras plataformas especiales. Yo soy ese tipo de gente que busca algo más. Nunca la chabacanería y la televisión para gente vulgar, aunque mucha gente dice no ver Telecinco, La Sexta y otras bazofias y después la tienen siempre puesta en esos canales. Tenía un tío que veía dibujos animados, era obvio, de muy temprana edad tuvo que cuidar un rebaño de cabras. La televisión si fuese educativa tendríamos gente culta y personas con una ética y una moral exquisita. La televisión inteligente la llaman.
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Comprendo a los que miran la paulatina locura como el que mira un reloj expectante, hay cosas que no entenderé nunca, aunque otras cosas las entiendo perfectamente. Lo que más comprendo es a los que se vuelven locos. Yo aún no estoy loco, ni creo lo esté, pero nadie sabe su final cuál será. Estoy enfermo, pero todavía no estoy loco. Para mi pensamiento soy como una voz que reverbera en un silencio profundo y tajante. No sé nada acerca de estas barajas con la que se juega a una brisca que ni yo mismo entiendo. Cuando era niño jugaba a la brisca con mi abuelo. Ahora ni recuerdo cómo se jugaba. Mi abuelo se llevó con él toda una unión familiar, mi abuela esperaba la muerte pacientemente y su vida se hizo tan rutinaria que esperó y esperó y le daba miedo esperarla sola, no quiso nunca estar sola después de la muerte de mi abuelo. Me refiero a la muerte lenta, tan lenta como contemplar una hora segundo a segundo. Mi abuela era lista y astuta, y cuando mi abuelo se fue al otro mundo el corazón de mi abuela se disecó como una boca abierta. Cuando jugaba a la brisca con mi abuelo siempre perdía y él reía frescamente, dicharachero. He dicho antes que se llevó la unidad de mi familia materna, pero él por nada en el mundo lo hubiese deseado. La locura y la muerte están a un paso hacia la temprana sensación del silencio. Aunque, al contrario que en la muerte, la locura está plagada de fantasmas. Entre ellos están los que nos dejan y vuelven en la noche para hacerse compañeros del instante. La vida acaba por volverse tan rutinaria que nada más nos queda esperar la locura o la muerte. Los animales presienten su muerte, al igual que los que ya han muerto y lo saben. Mucha gente sabe que ya ha muerto y está viva. La muerte está a dos pasos pero la locura está a un paso hacia atrás. Yo no quiero estar loco, ni morir tempranamente. Como todos los seres de este mundo yo vine a este mundo para vivir y amar la vida, para reírme del mundo. Pero también vine a hablar de locura y muerte. Tengo las dos cosas tan juntas que la locura es mi muerte y mi muerte es la locura. ¿Acaso moriré de reblandecimiento cerebral? ¿De megalomanía? Quizá muera de rutina. La rutina es como un grifo que gotea parsimoniosamente. Gotea lento pero en realidad es como una acequia apresurada. Como una fuente en plena algarabía. Yo no estoy aún ni muerto ni loco del todo. Estoy en la raya de en medio de mi voz que reverbera. Y reverbera porque tengo conciencia de lo que es tener de mí conciencia. Soy un inocente entre resabiada compañía abierta como un ventanal sin cortinas. No quiero hacer leña del árbol caído, que en esta ocasión tantas veces suelo ser yo. Parece como si me tragara un ovillo de pelo. De mi propio pelo. Parece que ha sido esta noche mientras dormía, pero no, hace tiempo que lo vengo notando. Yo, en realidad, siento la rutina porque mis padres tienen una vida simple y rutinaria. Me dan pena los pobres. No he sido buen hijo, al menos no del que estar orgulloso. Pero vuelvo a decir, no quiero hacer leña de este árbol caído que bien pudiera ser yo. Pero en realidad es mi corazón, que a veces ni lo reconozco. Ni deseo morir ni…pero eso todo el mundo lo quiere para sí. Escribo esto no para lagrimear ni para dar pena. Escribo esto porque puedo y soy capaz.
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Parece sencillo este juego, pero la vida es lo suficientemente complicada para no entenderla del todo y por nadie. Pero la vida sencilla solamente la disfrutan los justos, aquellos que se desviven por sus hijos. Todos quieren a sus hijos, pero hay cosas aberrantes ante la que la crueldad, el maltrato hace acto de presencia. La vida no es fácil para nadie, pero para unos es entregarse y para otros es recibir. Hay una cosa en la Tierra que es todas las cosas. El amor verdadero. El amor verdadero es entregarse en ambas proporciones de la misma forma. Deseo ser amado. Pero no soy una rebaja que se va con cualquiera. Mi amor tiene que ser sencillez y simplicidad. Ya tenemos la vida demasiado complicada como para hacerla aún más dificultosa. He tenido amores que me han querido y ambos nos hemos entregado de la misma manera. Pero también me han dado calabazas. A veces he sentido la repulsa de mujeres que me tenían entre sus amores imposibles y por ende descartado de la vida amatoria. Pero en esta triste y valiosa vida hay de todo tipo de realidades. El amor recíproco es el verdadero. Aquel que es como un ensamblaje perpetuo que vale la pena vivir. Yo me considero una persona sencilla y simple. No soy demasiado complicado. Me gusta estar tranquilo, y a veces, me hago polvo redundando y redundando ante el Dios de esta vida efímera que hay que intentar sea lo más pura posible. He vivido épocas doradas y otras de puro tormento y desengaño. Pero he aprendido más de lo malo que de lo bueno. Eso le ocurre a toda la gente. Aunque algunos crean que lo bueno es para siempre se equivocan. Ahora escucho música, no tengo amor, pero el pasado me llama constantemente. Lo tengo todavía entre el presente.

Si alguien quisiera saber el mal que padezco solamente hay que imaginarse una temporada en el infierno. Mi infierno es totalmente psicológico. No estoy habituado a según qué cosas. No tengo consuelo de nadie. Y no es porque no estén dispuestos a ayudarme, sino porque hablo una lengua distinta en un mismo idioma. Estoy cada vez más cerca de la locura. No, no es por la soledad, en realidad la necesito. Es cierta crisis nerviosa. No aguanto el verano, en eso me parezco a mi madre. Pero en realidad creo que mi soledad es un tránsito hacia algo mejor. No soy el único que lo pasa mal. Hay otras personas también que sufren en silencio su crisis existencial. Les causa vergüenza confesarlo. Y los entiendo. Aquellos que viven a pesar de lo difícil que es vivir, tienen, algunos, un consuelo entre la gente cercana y las amistades. Yo tener tuve bastantes amigos, pero llega la edad de ser selectivo. Escondo mucho por compasión hacia mi familia. ¿Qué me puede ocurrir que no me haya pasado ya? El caso es que soy una especie de pelele que mantean y él, inmóvil y ridículo, se deja llevar por las mujeres que lo mantean. No tener consuelo de nadie es algo ambiguo. Por un lado la soledad te da la espalda en todos los sentidos, pero por otro lado, es necesario. Casi obligatorio. No me quiere demasiada gente, pero la que más me quiere es mi madre y mi padre. La vida parece fácil cuando la ignorancia se te presenta, pero la vida es dura y difícil. No puedes intentar que todo sea color de rosa. Pasar una temporada en el infierno te hace un favor al que debes resistir sin más y no poner o intentar poner al campo llaves. Prefiero vivir como estoy a empeorarlo con otros menesteres. La vida en sí es un problema sin solución alguna. Para unos velero, para otros es un barco a vapor.
Posted on 4:16

Estoy preparado para ser ejecutado. Para morir en el patíbulo de los hombres justos que se equivocaron. Hoy día, si no es demasiado tarde, quisiera, antes de ser ejecutado, que me den muerte porque el cadalso es mi verdugo. No le des el gusto a tu verdugo. Se tiene miedo de lo que no se entiende. Se juzga lo que está marcado. A veces hay que morir cien veces, para comprender el sentido de la vida. El sentido de la vida es morir de tecnocracia. De burócratas meapilas emancipados de la vida libertina. Sólo noche encontrarás en la banca. Nadie agradecerá tu cautiverio. Sólo te queda ser silencio o alegría perpetua. Recuerdo las veces que me escondía en mi silencio porque entonces sí era silencio. No había violencia de trenes, no había malos hábitos ocultos tras la noche. Recuerdo los paraísos en los que no creía, y no los creía por pura inocencia. La inocencia me sorprendió tras el sol de la medianoche. Aquí en el cadalso te vienen los recuerdos y piensas cosas que no entendías entonces. Nadie te explicó, nadie te aclaró qué montaña mágica era la mujer. Servido, te dijo tras el beso artificial que ocultaba su cara de muñeca de porcelana. Quedó frío el verano, y el invierno ardía. Mi inocencia me ocultaba tras una calma que tenía los días contados. La historia de mi adolescencia es la historia de un tipo con suerte. Pues otros hubo en el patíbulo, otros hubo, sí, y no corrieron la misma suerte. Todo es distancia ante la longitud de las miradas. Todo es calma sin ser certera. La ciencia cierta es la verdad que el hombre investiga con un poco de inocencia y el resto es sabiduría. La sabiduría es el hallazgo, confirmación, el Eureka. Es incógnita todavía.