Posted on 1:53

Existe en este mundo una especie de “cautivos” que se entregan de manera personal y por decisión propia al encierro. La economía, los complejos, las barreras mentales, el miedo, y otras causas hacen de éstas personas esclavos de su tiempo. En Japón los llaman hikikomoris y en occidente los llaman ermitaños o misántropos. Yo llevo encerrado en casa desde hace unos años y nadie tiene la culpa. Es preciso recalcar que hay, en este mundo de cautivos y libres, el hecho de que su miedo se debe a lo que son en algunos momentos, es decir, son esclavos de sí mismos. Los tropiezos de esta vida imperfecta se deben a sus naturalezas a veces con cierto “síndrome de Peter Pan”, o de ermitaños anacoretas de esta postmodernidad.
En la familia del poeta y ensayista José Manuel Caballero Bonald estaban “los acostados”. Eran familiares suyos que un buen día decidieron empotrarse en una cama y vivir a través de lo que las criadas y las sirvientas les ofrecían. ¿Eran enfermos o vagos? Ni una cosa ni la otra. A veces vemos la vida tan difícil que nos entregamos a un encierro, aunque solamente algunas personas pueden llevar esta práctica. Y son los burgueses o aquellos que viven de un subsidio. Pero muchos tenemos que enfrentarnos a la vida con sus miedos a esta y sus vicisitudes porque la vida te lo impone.
Yo vivo encerrado en casa y llevo una vida de total cautiverio por motivos que no diré, pero todo tiene un porqué y lleva implícito una predisposición hacia esta decisión que hace la vida difícil, y para muchos, somos unos atormentados de la vida de velocidades estresantes y vértigos hacia abismos imposibles de evitar. No es un miedo la excusa, es la primera causa. Todo se debe a los miedos después de que en el trayecto hayas visto la boca del lobo, dicho de una manera coloquial. Existen muchas cosas y razones que atomizan a la gente, pero la más usada es la nueva ola de COVID-19 y sus variantes, eso, dentro del incremento de pacientes y sufridores ante el confinamiento en el 2020. Y ahora los síntomas perduran y no son tan cuestionables como otras razones y maneras de ser un paciente psiquiátrico. A veces el miedo es al mismo miedo. Pero eso es cuestión de cómo lo administre cada uno.

En esta vida para llegar a ser fuerte, para no tocar fondo, tienes que reinventarte. Es como cambiar de pluma, pelo o piel. Si algo nos enseña la naturaleza es a sobrevivir. No es fácil la vida. Y no pretendo ser panfletario, ni un Paulo Coelho de segunda mano. No quiero ser gurú de ninguna conciencia. A veces amar es como atiborrarte de chocolate. Una borrachera de vomitares. Cuando eres inocente, puro e inmaculado la vida te pondrá la zanca y tropezarás como un torpe patoso. En esta vida hay momentos pesados. Como si pusieras plomo en tus botas. Entonces ahí, en ese instante tienes que demostrar tu madurez. Hay personas, como es mi caso, que no hemos nacido para amar. Una pregunta: ¿si no tienes la capacidad de aguante suficiente para llevar a cabo una relación de pareja vale la pena seguir resistiendo? El amor tiene fecha de caducidad. Hoy no aguantamos a nadie a nuestro lado. Porque cuando una pareja te da amor, y tú la correspondes, al final se pudre el fruto perecedero del amor. Mejor solo. Mañana es miércoles, y pasa tan deprisa… Antes de salir en un telediario prefiero estar tranquilo, sin ningún cargo de conciencia. Dormir tranquilo sin nostalgias ni recuerdos traicioneros. Tienes que ser fuerte. Hoy en día la familia es una institución sobrevalorada. Cuando falta un comensal en Navidad, cuando los cumpleaños no son lo mismo, entonces llega el momento de la retirada. Y lo que era una familia se disgrega. Se dispersa. Y la verdad es que ya no es lo mismo como cuando se era una familia unida y te vas dando cuenta que el mejor motivo de llegar a casa entero es perderte antes de llegar a casa. La familia. La familia te viene otorgada por cojones. Si no te gusta tu familia nadie puede cambiarla ni sus miembros cambian, lo mejor es conformarte y llevar la fiesta en paz. Yo recuerdo a mis padres cuando en alguna fiesta bailaban agarraos, desde un tiempo hasta aquí en algún festejo mi madre no baila y mi padre baila solo. No es que no se quieran, pero el amor eterno es mentira puesto que nadie perdura. El amor se ha convertido como los trenes de alta velocidad, vas tan deprisa que vas de un lugar a otro sin darte apenas cuenta. Estar solo, lo que llaman los anglos “singles”, viven aburridos y es fría su vida, pero más frío es estar rodeado de gente y sentirse desplazado. Los prolegómenos de un divorcio son hielo ártico. El amor, qué bonito el amor cuando llega. C’est la vie.
Posted on 4:35

Hola, soy Capplannetta, vengo a este Cash Converter a ver si quieren mis vísceras. ¿Cuánto me darían por ellas? Con los intestinos pueden hacer Mondongo a la italiana. Con mi corazón y el estómago pueden hacer anticuchos. Según hagan ustedes la sazón. Con mis pulmones, ya que soy fumador, pueden hacer un tambor, o quizá, unos timbales. Ya sé que mis vísceras son usadas, pero ¿acaso no es aquí donde venden cosas usadas? Soy un producto de segunda mano, pero con un poco de ingenio pueden hacer un buen negocio. Con mis riñones pueden hacer un guiso de carne frita, pero tendrán que sazonarlo o con vinagre o un poco de Oporto. Aquí les traigo mis vísceras. Con la grasa de mi abdomen hagan ustedes manteca, o de la blanca o de la colorá. ¿Que soy viejo? Si acabo de salir de las entrañas de mi madre, como aquel que dice. Dispongan ustedes de mis vísceras. No pido demasiado. Solo un poco de dinero y sigo por mi camino. Que un cocinero bueno, si se da maña, puede llegar a hacer suculentos platos. Ah, se me olvidaba. Con mi hígado pueden hacer asadura de la buena. Aquí les traigo mis vísceras. Están usados durante doce primaveras, lo demás todo es puro, nuevo, de segunda mano pero nuevo. No sé, inviertan en estas vísceras.
Posted on 2:07

En algunas partes del mundo hay una cola interminable. Es el cansancio de hombres y mujeres que buscan alivio en el camino y esperan, ya que la vida es una larga espera. En los países sin oportunidades hay una cola de aquí a Lima. Muchos buscan parentesco y en la sangre coagulada de espesura, y se tapona la cola y la gente cansada y asqueada de llamar a todas las puertas se dan de bruces con otras puertas, entre el papeleo y los funcionarios. Embajada o consulado, van en cola tan despacio que sudan la fiebre amarilla de los que sol no conocen. En este mundo hay demasiados intereses en juego. Pero tienes que colocarte justo al final de la larga cola y se parten la espalda entre la súplica y el halago. Sumisos ante los escalones del mundo. Suben y bajan, la asfixia por otro lado, la infamia y la ignominia, la verdad del mundo es la cola. La cola que se hace larga e interminable. Se desesperan pero resisten, resisten pero se fatigan, se fatigan y se cansan, de la lentitud de la cola y del delirio del mundo burócrata. Este mundo es una mañana consagrada a la verdad que lame con lengua de gato los suspiros solitarios, las esperanzas huecas, y necesitan oxígeno para bucear en los océanos que no dan abasto. La cola es una serpiente que quiere por encima de todo un sí, y en el no caen rendidos como si el cansancio ya no pudiera respirar en ninguna otra parte. El vicio de la derrota es que no te deja relajarte. Se cierran los calabozos con fachada de residénciales. Te ponen un sello de oropel y blasón como estandarte que te llega rodeando una manzana, una cuadra, por donde no cabe más nadie. Se le puede llamar al mundo victoria entre guerras, historia de lo que es saciarse. Quieren salir para desde lejos echarla de menos, con sus padres de la patria, con sus madres atadas a sus hijos. Te lo puedo decir porque lo he visto. Mientras tanto la gente celebra con el espinazo del diablo, y es largo, tan largo, que parecerá que murió la serpiente al desplegarse la tarde. En algunos países cuelgan cacao, en otros negros en los magnolios y en ninguno cuelgan billetes a pesar de que eso crean los que tienen la necesidad domesticada. De esos gregarios humanos y huérfanos de patria se puede oler el cansancio como el que huele a sudor camuflado con la artimaña. Dejad la súplica, el mañana vendrá luego con una esperanza que agoniza mientras el mundo les aplaude.
Posted on 2:05

No está tan mal eso de los algoritmos. Empiezas a escuchar un disco completo que acaba siendo una fuente infinita según el estilo que más te guste. Lo mío es el flamenco, y partiendo de esa base encuentro flamencos que ni sabía que existían. Lo mismo me da la raza, los instrumentos y recursos variados, y las letras de los temas, ya que no soy tiquismiquis. Empiezo escuchando a Porrina de Badajoz y me da un repaso por los Chunguitos, siguiendo por Azúcar Moreno, para acabar con Soleá Morente. Si yo contara haciéndoles un riguroso listado de la música de mi playlist seleccionada por el algoritmo no acababa ni en tres horas. Es tan rico el caudal, con estilos variados, y mezclas de músicas entre el jazz y el flamenco, entre el flamenco-pop, y lo que llaman rock andaluz, es una pasada. Resulta interminable tal empeño. El otro día empecé por escuchar a Kiko Veneno y acabé escuchando a Pitingo y después a Martirio y sus sevillanas que trasmiten tanta gracia que las agradecí, ya que me reía de lo que decía en las sevillanas. Aunque los caminos del algoritmo son imprevisibles. Pasas de escuchar desde a Martirio, después Amparo Sánchez, luego Manu Chao y acabas oyendo a Tonino Caratone. Los algoritmos son sin lugar a dudas un capricho que te lleva por caminos indefinidos. Me gusta esta era. Sin previsión ni conocimiento hemos creado una vida de certezas aunque sean imperfectas, y eso es lo que tienen de encanto dichos algoritmos. En cine ocurre un fenómeno parecido. Pero donde más se prodigan es en Amazon. También en las Redes Sociales. Este mundo es una especie de libertad que otorgamos al algoritmo como si éste fuera un humo que, a su caprichoso criterio, te trae temas que buscabas basándose en el perfil que tecnológicamente conocen. Es una maravilla. Me encuentro bien en esta era. Aunque ya no hay hogueras para enfermos mentales, judíos y brujas, hay una hoguera global. Es el algoritmo.
I
Martín Scorsese ha dado en el clavo tantas veces que, como a mí, le gusta indagar entre esos personajes masculinos fuera de lo normal, al borde del abismo, y con mujeres fatales que dan a esos personajes cierto aire de superhombres. Por eso dirán tal vez las féminas que resulta misógino. Yo lo que creo es que enfoca en Taxi Driver y en Toro Salvaje un excelente trabajo de hombres acabados, en los cuales la capa de héroes se les queda pequeña. Basta ya de superhéroes. Travis, el personaje protagonista de Taxi Driver, parece que va a realizar un magnicidio y al final (no quiero hacer spoiler) todos sabemos en lo que acaba. Todo aquel que haya visto la película sabe que algo va a pasar, pero no se sabe cuando. Sobre todo lo sospechamos o lo empezamos a entrever cuando el hombre negro, también taxista, le dice: - Adiós, Matador. Se lo dice después de que los demás taxistas despotriquen verbalmente sobre el barrio de los Maumau (barrio de población afroamericana).
Después tenemos el film Toro Salvaje, que no es precisamente un cuento de hadas, y en la película, basada ésta en el libro autobiográfico de Jack Lamotta. Jack, un personaje carismático a la vez que perdedor nato, lo meten en presidio por dejar a chicas menores entrar en su local de copas. Se golpea la cabeza contra la pared del calabozo diciéndose ¿por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Hecho que da ternura a la vez que risa debido al absurdo en el que se halla inmerso. Jack Lamotta acaba en la decadencia más absoluta. A diferencia de Taxi Driver que se nos muestra desde el principio. En Jack vemos a un ganador resbalar desde la cúspide.
Perdonen que haya sido un tanto spoiler. Pero estas películas unidas son a la vez el hombre que es, o que se convierte, el protagonista de Cibernética esperanza. Llamado Capplannetta es todo lo contrario a cómo se hace llamar. Aunque el nombre parezca un galimatías en catalán, en realidad el personaje de Capplannetta es charneguito. Cosa que lo lleva con gracia y socarronería. Pues bien. Capplannetta en sus monólogos habituales nos enseña la cara triste de un outsider. Un personaje que por cuestiones del destino se ve arrojado en una infernal inmersión desde el nadir de la psiquiatría hasta los devaneos con la decadencia más absoluta. No quiere decir esto que este sea un loser por prescripción médica, pero se mete él solo en unos vericuetos descomunales. Y sin hacer tampoco de spoiler vemos un hombre en toda su esencia de caída a los infiernos. Como Jack Lamotta cuando éste se golpea en la pared de su celda preguntándose por qué, Capplannetta entra en devaneos entre el absurdo y su torpeza habitual.
Capplannetta no es Jack Lamotta ni tampoco el taxista Travis. Pero la derrota de los hombres que nos enseñan estas tres historias de derrotas y absurda tragedia postmoderna es que no hay ni un solo Travis, ni un Jack Lamotta, ni tampoco un Capplannetta, que se escape del absurdo de esta vida llena de recovecos y miserias decadentes. No se escapa nadie de la decadencia. Ni el más ganador, ni tampoco el más perdedor. Nadie.

Cuando una mujer se entrega toda al sexo es sin duda un síntoma claro de que te quiere. Yo no puedo querer si no veo de quien me enamore. Quisiera tener una pareja en la que los dos comamos del fruto del amor, aunque ese amor sea prohibido. Prohibido prohibir, esa es mi máxima. Quisiera estar como dos carnes paralelas dispuestas ambas al placer asegurado y a la dicha del amor. Amar es lo único en la vida por lo que vale la pena morir. No me conformo con tener solo sexo, quiero ser amado para yo amar también. Cuando una mujer se entrega en la cama al hombre que ama es una verdadera bendición de los dioses, pues sólo es llamado amor aquello que es a la vez que complicidad, amor sin medida. Tener la suerte de ser amado es un privilegio que no todos han disfrutado. Yo he querido, pero el amor es como un humo caprichoso que se mueve a la par del aire, y puede tomar trayectos según sea el aire que empuje al humo. Quisiera volverme a enamorar. Cuidaría de ese amor como me cuido a mí mismo. Lástima de consejos que se dan sin entender lo que supone una mujer cuando se entrega. Una mujer es toda sensualidad en el momento que ella lo cree oportuno, y el hombre está dispuesto a beber de esa sensualidad para llegar al coito donde los dos andan un camino, y ese camino es un camino para dos. Ambos se juegan el verdadero arte amatorio con las veces en que se entreguen a tales efectos. Deseo ser amado. Pero si no doy el primer paso yo jamás podré avanzar en el camino. Ese camino donde Eva ofrece a Adán el fruto que los expulsará del paraíso, pero ¿acaso conocen un lugar más paradisiaco que una cópula entre sábanas y enamorados en amorosa aunque completa dicha? Es bonito el amor de ambos cónyuges.