
A causa de los pocos lectores que tengo, he llamado al editor Pablo Méndez y me ha dado el siguiente consejo: que haga cada día haga un amigo, y así, menos los días vacacionales, y cuando reúna en un año trescientos amigos y otros trescientos en un año posterior, y que cada amigo me compre un libro tengo las regalías aseguradas, gracias a los amigos de zurrón. Yo le he dicho que la idea es buena. Pero siento decir que yo lo tengo muy difícil. Debido a mi enfermedad me recluyo en casa, y así, como no haga los amigos de zurrón a través del World Wide web no creo que logre ese propósito. Yo, no soy ni antisocial ni un misántropo, pero tengo dificultad para relacionarme debido a mi timidez. Eso, y lo que puedo ofrecer de mi precaria forma de ser. No soy yo el que elige, pero mi editor me anticipó que no era fácil. Si yo pudiera hacer cada día un amigo para que éstos me compren y lean mi trabajo, seguramente sería más leído de lo que soy. Cuando se me vayan todos los pensamientos barrera, cuando sea realmente yo, quizá me proponga hacer amigos de zurrón. Pero ahora no puedo. No puedo siquiera ni tener relación con familiares. Pero puede que parezca raro, pero existen, por suerte o por desgracia, muchas personas como yo. No soy el único, y eso me alivia. Otro consejo de Pablo es que escriba, y eso hago, y no pretendo escribir por rellenar mi web/blog de cosas anodinas. Mi ejercicio de escritor es la mejor manera que tengo para relacionarme. Oralmente no soy muy bueno, y hablar en público me resulta difícil. Digamos que tengo cierto miedo escénico. No soy tampoco el único. Pero lo mejor es hacer amigos de zurrón buenos, aunque en lugar de trescientos libros vendidos al año, venda veinte. Pero para mí lo mejor es que me lean.

Siento mucho ver a mi padre luchar con lo que llaman nuevas tecnologías, que no tienen nada de nuevas ya. A ellos les ha llegado tarde tanto lenguaje cibernético y tanta ignorancia frente al que se empeñan y se empeñan. Ahora está la patata caliente en los banqueros. Tienen a nuestros mayores como clientes pero les obligan a usar Internet de manera despiadada. Algunos tienen efectos como la ansiedad y he visto a ancianos llorando en un cajero. Deberíamos poner nuestro apoyo, aunque unos sepan más que otros, y a otros se les puede ayudar a entender informática, o aquello que no entiendan. Dile a un anciano que se familiarice con un lenguaje que no entiende, y a muchos nos enfada porque lo mismo que no sabían programar un vídeo VHS, ahora diles que si el sistema operativo y otros términos angloparlantes los lleva a un estado de impotencia. No se llevan bien con la banca por Internet y tampoco entienden mucho sobre cuestiones de informática. Hemos pasado a que nuestros padres nos enseñen lo analógico y hasta ahora que tenemos que enseñarles el lenguaje digital. Y que conste que no uso el término “Analfabetos Cibernéticos”. Pero no todo es ignorancia frente a la tecnología. Algunos han tenido que aprender a marchas forzadas. Ellos, nuestros mayores, puede que no sepan de tecnología, pero aún pueden enseñarnos a vivir. Enseñarlos códigos vitales de supervivencia. Códigos con los que están totalmente familiarizados. Yo reivindico que la tecnología no sea cosa de jóvenes. Reivindicó lo analógico para nuestro mayores. Y el contacto de tú a tú. Quieren tenerlos como clientes pero no tienen conmiseración hacia ellos. Ellos nos enseñaron educación clásica para el hecho, no poco importante, de buenas maneras y a ser buenos ciudadanos. Nuestros mayores son vulnerables y se les obliga a cosas que ellos no entienden bien. Por eso debe ser que ancianos opinan que este mundo empieza a no ser suyo. Es una injusticia.
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¿Qué le estoy haciendo a mi pobre corazón? Soy yo el último y el único que tiene la respuesta. Esto no es un post de autoayuda. Esto es un post sincero que me hace fuerte porque me quiero. Estoy dispuesto siempre para la lucha. Encajó los golpes, me cubro la cara, me protejo de mí mismo. Porque soy yo mi único enemigo, y si no entendiera eso, estaría traicionando a mi pobre corazón. Debo de estar preparado y quedarme con el ánimo impoluto. He caminado entre cristales, he soportado el frío, sufro si mis hermanos sufren, y cuento con pocos amigos, pero verdaderos. No quiero volver al paraíso perdido, porque dentro de mi vida nueva hay paraísos por doquier. Comportarse con tu naturaleza tal y como lo haría un viejo que se cuida y domina todas las marionetas y los títeres del teatrito. Todo el mundo necesita una sonrisa, todo el mundo desea amabilidad, un buen trato, y la música de las risas. Luchar a contracorriente es hacerse enemigo de sí mismo. Todas las canciones de amor hablan de lo nuestro. La misma canción grabada a fuego en nuestro lamento. Sed leal es como se debe ser para ser justo. De adolescente no comprendía las canciones de amor, pero ya de adulto ha llegado el momento para tenerlas en cuenta. Que empiece la música.

Siempre me gustó pegar pegatinas en los álbumes de cromos. Ahora lo hace un sobrino mío otaku. Pero me fascina Internet con esa herramienta del Copy and Paste ya que me rememora a mi infancia totalmente analógica. Pero aunque viva en esta casa de cristal, no me molesta lo de dentro ni lo de afuera. No tengo grandes aspiraciones, pero soy alguien que le gusta esto que llaman “cuarta revolución industrial”. Mis amigos van a la suya y yo tengo grandes deseos de curarme y centrarme como un individuo en soledad. No me puedo quejar. Existe gente peor que yo. Cuando era adolescente era un mentiroso a la par que un ingenuo. Pero fue bonito viajar en los adentros de la noche. No estoy solo del todo. Pero no puedo decir que viva en compañía, me gusta en realidad este verso de Federico Las cosas lo están mirando y él no puede mirarlas. Dice mucho en pocas palabras, yo creo que ese es el deber del poeta. Minimizar el lenguaje haciéndolo gigante. Me gusta la poesía desde el año 1995, y en ese año se fundó la editorial donde estoy. Para mí ha sido una bendición encontrar a Pablo Méndez. No lo digo por hacerle la pelota, lo digo con pleno convencimiento. Es poeta, editor y un amigo, que no es poco. Ediciones Vitruvio es una gran editorial, y Pablo es una persona valiente. Porque ya ni las grandes editoriales arriesgan. Ayer me dieron una grata noticia. No puedo adelantarme ante el hecho de mi dicha. Mejor es callar. En fin, que ya voy en el camino del poeta que siempre quise ser, no porque lo diga un jurado de un concurso, es por el hecho de publicar y que distribuyan tu obra. No pretendo otra cosa que encontrar lectores. Al final del camino quiero tener la certeza de que hice algo bueno, a pesar del hijo problemático que fui. De eso ya hablo en mi novela poética. Para qué crear hogueras con lo que no debí haber dicho. Yo creo que me gusta escribir para ser leído, pero no diré que no si obtengo algún reconocimiento. La poesía, mi poesía, ha mudado de pluma como los pájaros. Creo en la poesía de la experiencia, mi experiencia con ojos que leen un lenguaje a raíz de mi vida de tropelías y hallazgos en la noche azul. Quisiera gustarle al lector por lo que escribo, y no que tengan un concepto de mí equívoco. Así es la cosa.

Resulta un agravio comparativo sin ningún fundamento opinar que la poesía moderna no puede ser rimada. Se escudan quienes los afirman en decir que la poesía rimada tiende a la cacofonía. Aunque parece más bien una excusa con complejo. Y es un error. La poesía rimada es la musicalidad, ¿qué sería de las décimas, los romances, o las letrillas de cantautores como José Alfredo Jiménez, Joaquín Sabina, Joan Manel Serrat o los poemas de Lorca, el cancionero de ida y vuelta? ¿Qué sería del poema Negra Sombra de Rosalía De Castro? Todo el Siglo de Oro español lleva un extenso repertorio en poesía rimada. La poesía rimada a veces, y se nota bastante, está demasiado empujada a la rima forzada. Por ejemplo, los sonetos de Pablo Neruda, en los que no riman, como en los sonetos de Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Garcilaso que sí riman, eso nos lleva a Jorge Manrique y de ahí a la poesía rimada de calidad del flamenco. También en otros lugares hay poesía rimada como la de Nicolás Guillén, Antonio Machado, y un largo etcétera. También hay poetas que riman alrededor del mundo. Recordemos las Flores del Mal de Charles Baudelaire. Esto nos lleva hacia tiempos actuales como en letras de rockeros como Iggy Pop, the Rolling Stones, the Beatles, como también David Bowie, y eso nos conduce sin poder evitarlo al PunkRock, tanto anglosajón como hispano. Lo de que la poesía rimada adquiere regusto de cacofonía, se puede intuir si estamos sugestionados como lectores u oyentes a lo cacofónico. Pero la poesía rimada implica dificultad como excusa.
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Los años noventa para mí pasaron tan deprisa que tengo que considerar que fueron unos años donde lo analógico y todo lo que nos vino heredado desde los años sesenta, setenta y ochenta, en los años noventa toda esa postmodernidad que nos vino heredada de nuestros padres se dio a la fuga entre motocicletas Derby y discotecas donde empezaba el CD-ROM a inmiscuirse en nuestras vidas a la par de que el disco en vinilo daba sus últimos coletazos. Recuerdo que las VHS dominaban el acto de ver buen cine y en vídeo clubs y demás lugares empezaron la gran sangría comenzando con el DVD o Blue Ray, y el MP3 que en algunos reproductores sonaban un cúmulo de grillos sinfónicos debido a que la tecnología no estaba tan bien aplicada hasta que Steve Jobs nos presentó el iPod y entonces, por aquella época, era como asesinar al padre de todo ese mundo repleto de creatividad y modas donde todo el mundo creaba de la manera más artesanal posible.
Sin duda ese mundo de celofán y negativo Agfa, ese mundo de fotografía de cuarto oscuro, y de VHS estaba apunto de extinguirse, aunque no nos diéramos cuenta del fenómeno que vendría tras Appel, Microsoft e IBM. Me refiero a Linux. En efecto ahora la tecnología ha olvidado toda aquella herencia de discotecas y coches Ford Fiesta y SEAT Ibiza para convertirse en lo que ahora estamos viviendo. Ahora, entre pandemia, y otras novedades tecnológicas, hemos dado un paso de gigante mientras todo el arte y la música y el cine ha tomado cierta particularidad en la industria del ocio. También, cabe decir, que ya no sólo leemos libros en papel impreso, sino que también podemos leer libros publicados en tiempos decimonónicos y verlos ahora como cosa normal en la que la devaluación en el precio de ebooks y el Internet de las cosas son más accesibles. La era digital ya está aquí. No hemos roto el cordón umbilical ni hemos matado al padre, pero el recuerdo del sistema analógico perdura en nuestras vidas. Y yo pienso que es una gozada el Internet, aunque también lo es el acceso a la subcultura sin barreras. Quizá las cosas más deplorables sigan sacando la cabeza en esta era digital. Pero seamos optimistas. El Progreso es un hecho, influyendo en otras disciplinas.

En la familia por parte de mi padre es muy habitual hablar con el televisor. Cuando escuchan o ven algo que les indigna o alguna tontería con cierta dosis de obviedad, hablan con la televisión como si de otro miembro de la familia se tratara. He sido testigo desde el acto estéril de indignarse y poner el grito en el cielo haciendo su particular crítica, que creo, o ellos creen, que el televisor es parte de algo con el que debatir. El televisor se alza en mi casa como un tótem con el que cualquier cosa que les parezca discutible se hace una crítica, como si el televisor o las personas que salen en él escuchen aquello que se les reprocha o aquello que les parezca obvio poner su punto sobre la i. Pero es una costumbre que abarca desde tíos a primos lejanos, incluso los de mayor parentesco también fusilan con verborrea sin magma alguno desde a presentadores, a jugadores de fútbol, incluso a presidentes del gobierno, ministros y demás politicastros. Los he visto desde insultar a una simple reportera hasta en una telenovela decir lo malo que es el malo de la teleserie. Y una cosa de la que nos hemos reído muchas veces es un tío mío lejano franquista que recién restaurada la democracia hacía el ademán de fusilar a políticos de centroizquierda o de derecha moderada, pero haciendo el gesto como si se tratara de una ejecución con ametralladora reglamentaria de la guardia civil. Siempre nos hemos reído. Lo imitábamos con la onomatopeya ta-ta-ta-ta-ta como una ráfaga de balas a los políticos en los telediarios de sobremesa. Pero lo que quiero decir con esto, que ahora la psicosis empieza a intimidarnos a través de la revolución digital en forma de hackers que no existen, o de espías dispuestos a desnudarnos con respecto a los datos personales de cada usuario que se les antoje. Verlo para creerlo.