Capplannetta habla de cuando le den el Cervantes

Posted on 15:15

Cuando me den el Cervantes se lo dedicaré íntegramente a mis padres, por su sacrificio absoluto. Mi discurso se centrará en la locura de Alonso Quijano, y el porqué se enferma leyendo libros de caballería. Seguramente me concederá el premio la reina Leonor, eso, sin despreciar a su padre, que ya habrá abdicado. Las bases del discurso irán enfocadas a la locura y al porqué a los locos les da la manía de luchar contra las injusticias del mundo, como es el hecho de Don Quijote. Cuando me den el Cervantes liquidaré la hipoteca que me concedió el banco, y con lo que me sobre quiero hacer una fiesta, una fiesta en Torre- Romeu, entrarán todos aquellos que se portaron bien conmigo viviendo aquí. No piensen ustedes que pretendo ir de poeta loco, yo quiero ser un escritor oculto, y por eso cuando me den el premio Cervantes lo recogeré con una bolsa del McDonalds en la cabeza, como Thomas Pynchon en los Simpsons, pero yo  seré más sofisticado, si se me permite el término. Iré con una escafandra de cosmonauta. Lo tengo todo en mi cabeza. Me preguntarán los periodistas: -Señor Capplannetta ¿porqué se pone una escafandra de cosmonauta? Y yo les diré con mucha farfolla: -Por cuestión de protocolo ante la reina. Tengo pensado ponerme en el casco una entrada de micrófono y que ésta la conecten al salón de actos de la Universidad de Alcalá de Henares, está todo calculado. 

Capplannetta se pregunta: ¿qué es la felicidad?

Posted on 3:15

Me hago la misma pregunta algunas veces, y concluyo diciéndome que no crea a aquellos que dicen que son felices, porque veamos, ¿qué es la felicidad? Tengo un amigo que dice que la felicidad es la zanahoria por la que corren los caballos de carreras y los jinetes son los altos jerarcas, los que apuestan por un caballo ganador son los mercados y que el hipódromo es el país. Puede que tenga razón, otros dicen que es un invento de la televisión. La gente de este país cada vez es más escéptica respecto a la felicidad, los hay quienes presumen de familia y de paso felicidad, y están trabajando ocho horas por un sueldo precario. Y para algunos ni eso, los hay quienes se tienen que conformar de vivir de una pensión mínima para poder comer. La felicidad es según el mundo que tú te crees, puede ser un mundo agradable o tristón, pero la felicidad es cuestión de momentos, para algunos la felicidad es reírse del mal ajeno, éstos son menos felices que ninguno, luego están los asiduos a bares, tascas y tabernas donde felicidad consiste en agarrarse un pedo. Yo no creo en la felicidad, y no es que sea desgraciado, pero he optado por vivir a mi manera y yo soy así un poquito feliz, que no todo, eso no existe, solamente son felices los niños especiales, y éstos lo son por muy poca cosa. Ser un poquito feliz conlleva s vivir como uno quiere y a veces a cómo te dejen vivir, que hoy en día es un proceso delicado, ser feliz. 

Capplannetta alucinando

Posted on 1:20

He tenido que borrar textos que me consolaban y creía que eran ideales para publicar, y después los he tenido que ir rectificando, no todo vale. Como palabras de plomo que caen a mares profundos y luego se deben de disimular con cierta voz susurrante. Es mejor no escribir triste, enfadado o acondicionado por la ira, también es aburrido reiterar en la soledad, pero hablar de política guardando las formas también es tedioso y cansado. Pienso, sinceramente lo digo, que la vida es algo alucinante y preocuparse por lo que pueda ocurrirte en un futuro, es algo que no tiene ningún sentido, y cada cual le da su propia significación. Es nefasto redundar y redundar para caer en debilidades que la vida te pueda deparar. El odio no es bueno. El odio es un verdugo que te mata con tus propias manos. En el mundo de la vida alucinante no tienen cabida ni la reiteración ni el resentimiento. La vida alucinante es escuchar la voz de tus padres al regreso de un paseo, en la vida alucinante no existen las drogas, aunque sí el sexo, ya sea onírico o a flor de piel. En la vida alucinante las aguas de la verdad no se interrumpen y caen en cascada leve donde, como peces anfibios, nos metemos y nadamos en efímeras plegarias que sabemos que no nos sirven, pero ahí están, las plegarias de nuestros corazones mortales y penitentes. En la vida alucinante seguimos el rumbo de nuestros sueños, para que tengan forma ahí en la idea que nos haga libres y no en el mundo de las estratagemas y de las fachadas como escalones hacia el éxito, en la vida alucinante sabemos cuál es el verdadero camino, sabemos que mejor menos y de calidad, que promesas y milongas todas precarias y pobres en convencimiento. En la vida alucinante sabemos que el problema está en manos del poder equivocado y que el poder equivocado es el verdadero problema. Estas son las cosas que caminan con los pies en la vida alucinante, son tan evidentes que a veces vemos cómo incluso sobrevuelan por nuestras cabezas de astros azules, nos peregrinan la buena voluntad todas esas cosas bellas que hacen de nuestras vidas una verdadera vida alucinante. Vida alucinante donde existe un mundo al revés, la utopía se hace realidad, en la vida alucinante las artes son un bálsamo que nos cura. 

El Bembé

Posted on 1:03

Es un estigma en la memoria europea el haber esclavizado y torturado a millones de africanos, pero aún más el estigma es más profundo y arraigado para la comunidad afrodescendiente. En el Caribe y en América Latina los españoles, en Brasil los portugueses y en las Antillas y América del Norte franceses e ingleses. Es de cajón recordar el significado de la impronta que dejaron los europeos en cada grupo de esclavos africanos como los apellidos del patrón, caporal o mayoral, odio decir que fueron amos, nadie es amo de nadie, pero sí fueron jefes que les hacían trabajar a éstos esclavos comprados a un precio no muy elevado a cambio de nada, porque es conocido que éstos esclavos se alimentaban de los despojos de las reses sacrificadas y bebían el agua que se les daba a las bestias. Y digo bien, bestias, que es como trataban a la comunidad negra esclavizada. Es un estigma para la memoria mundial el que estas personas trabajaran de sol a sol a cambio de las miserias del patrón y su familia, ¿y qué dejaron ellos como huella hereditaria para la civilización de occidente? 
En Cuba y Brasil se hacía una fiesta religiosa llamada el bembé, de ahí han salido músicas como el guaguancó, la guaracha, la salsa, esto en Cuba y Puerto Rico, y en Brasil el africanismo dio lugar al tropicalismo que dio músicas como la samba y la bossa-nova, y danzas como la Capoeira. No hay que el olvidar en el norte de América por el río Mississippi salieron músicas como el jazz en Nueva Orleans, y el Blues en estados sureños como Alabama y Texas, de ahí fueron evolucionando hasta llegar a lo que es hoy día el RockandRoll por mediación también del Country y la música folk, que ésta era propia de blancos. También han evolucionado las músicas negras en Estados Unidos, como el Rap, Funky, y el Soul y se han globalizado por todo el mundo. Todas provenientes de la religiosidad como el Gospel. También en Venezuela se encuentra música como el Arrullo, son unas nanas que las madres esclavas africanas cantaban a sus hijos a modo de susurros. También Perú, emparejada con el vals peruano se encuentra el negroide, que es una fusión de tambores y cajas peruanas. Y esto es una mínima parte del tesoro otorgado a la humanidad a cambio de sufrimiento.

En esta fotografía muestro la puerta del no retorno, está en Senegal (África) que es de donde salían los esclavos para ser esclavizados y vendidos, tiene un aspecto tétrico y es un monumento histórico lamentable, yo como europeo siento vergüenza ajena. He intentado recrearla a mi manera haciendo un llamamiento en contra del racismo que sea, de la índole que sea, es una fatalidad y una sombra oscura del pasado. 

Capplannetta y la siderurgia

Posted on 2:09

Nunca he hablado de cuando trabajé durante un año en Unidad Hermética, fábrica donde también trabajó mi padre, y ahora está apunto de extinguirse. Cuando empecé a trabajar en Unidad Hermética todo me parecía nuevo, a mi casa llevaba regalos, iba bien económicamente, tenía mi novia, y fue ahí donde empezó mi interés por la cultura y las bellas artes. Tenía una moto vieja y luego me compré una nueva, o sea, que mi vida estaba estable. O eso creía yo, luego, a partir de cuando me echaron yo entré en crisis existencial, no era justo. Echaron a uno de cada sección, para subir la producción, los sindicatos de la fábrica no hicieron nada, solamente mi padre estuvo a punto de que me readmitieran por eso, porque era mi padre, estaban muy contentos con él, así le dijeron, pero a su hijo si llegamos a saber que es usted el padre no lo hubiéramos echado. Mi padre no supo qué decir, pues para mí fue el punto y final de cinco años cotizando a la Seguridad Social y sin contar tiempos que trabajé sin asegurar. Ahí me finiquitaron y pasé a cobrar por baja laboral, yo entré en crisis psiquiátrica y después ya entré en la nada más absoluta. Muchos me decían qué suerte, cobrar sin trabajar, pero esa era la gran secuela de mi vida que me hizo ser un hombre derrotado y desde entonces he ido como un barco velero, levitando con mi vértigo impoluto. Desde ahí he dejado mi tristeza como ropa sucia por lavar, esperando un porvenir que no viene nunca, como diría Ángel González. Todo como en una tragedia griega, o un versículo de la Biblia, he topado con mi propia desgracia, aunque yo no soy un desgraciado, yo, lo que he sido de veras es un inocentón. Siempre me ha gustado que se rían mis amigos, y algunos se han reído a base de bien. De orfandad no puedo hablar, al menos todavía, y de hermanos malos, tampoco puedo hablar, mi vida no es una novela de Charles Dickens, tampoco un Lázaro de Tormes, mi vida consta de una ala rota en primavera, cuando la naturaleza está más viva. Un día he de salvarme de ésta temprana derrota, leyendo a mi manera, escribiendo haciéndolo como si hablara conmigo mismo, que es como quién espera hablar con Dios un día, como Antonio Machado dijo. Hoy en día el único poeta que merece la pena es Juan Carlos Mestre, sus dibujos son como un Lorca a colores, y he visto que hace esculturas, qué tío, también me gusta más Antonio Gamoneda, y Luis García Montero. Son buenos estos tres. 
Cuando trabajaba en la siderurgia me pusieron con un catalán que se tiraba pedos, olían a huevo podrido, hijo de puta, qué falta de educación, luego dicen que somos los andaluces los mal educados y mal hablados, a mí me tocó con un catalán guarro. Me daban ganas de coger la bobina y estampársela en la cabeza, entonces me hubieran echado antes. Entonces si hubiesen tenido motivos, qué asco. Me jodieron la vida. No me querían, me tenían como a un comodín, de un lado a otro como un panoli, pero bueno, la vida ha sido buena conmigo.

Capplannetta sin sentido

Posted on 2:00

Cuando en verano te vengas conmigo plantaremos de higos a brevas una higuera que nos dé frutos, huiremos de los viejos bueyes que por detrás dicen que tenemos un cromosoma en formaldehído, perderemos el hilo las veces que haga falta, no es delito, dejar postrada la mandra en extranjeros apellidos, mixturarnos con las salamandras y con los pájaros sin nido. Dicen que mentir es feo, yo lo he contrastado y es un dato fidedigno, lo contrasté con Antiguos testamentos y con lo que de la vida yo he aprendido, haremos la ilusión de plástico que habita en halls, sótanos y eriales perdidos, gritaremos que aquí por fin estamos, porque hemos venido, yo ya tengo asumido que tengo que vivir cara al destino, aunque me sepa todo a seguir el ritmo, por no acordarme no me acuerdo de la repetida canción que yo ya no continúo. No continúo por pereza, callos en el cerebro me han salido, y alguna sombra, y algún te echaremos de menos, que por perderte yo he aprendido, me cambiarán de agua tres litros por ratos siendo anfibio, unas veces volaré en el cielo, y otras veces me sumergiré en mi piso; apartamento dicen los americanos latinos, mientras nos inventaremos un nombre y olvidaremos todo lo que nos reprimimos. Unos dicen que te has ido, otros dicen que por papeles has venido, la culpa la tuve yo que no hice caso a mis amigos, ahora sólo me queda un trago que no pido, seré finiquito perdiéndole a la vida todo su ridículo sentido. 

Vidas que importan (Juan A. Herdi)

Posted on 20:31

Durante algunos meses entre 1929 y 1930, no llegó al año, Federico García Lorca vivió en Nueva York. La ciudad era ya en aquellos años un gran centro social y cultural, un polo atractivo y también contradictorio, sin duda, de ese mundo en construcción y que, en su caso, dadas las dimensiones y la tecnificación, acentuaba la dicotomía entre naturaleza y civilización, tema este a todas luces muy actual al que no fue ajeno el autor andaluz. Huía García Lorca del ambiente un tanto cerril de España, pero también necesitaba tomar distancias para pensar en sí mismo, en sus circunstancias, y nada mejor para ello que cierto retiro, aunque fuese en un lugar tan dinámico como esa ciudad gigantesca que tanto nos influye en lo cultural. Sea lo que fuere, tal vez por ese mismo dinamismo, le resultó imposible no atender a lo que le envolvía.

Vivió la gran crisis del 29 en su epicentro. Descubrió también la vida de los negros que no pudo menos que sorprenderle, con su vivacidad y su marginación, con sus contradicciones, sus esperanzas y su frustración colectiva. Escribió: «(…) No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos, / a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro, / a tu violencia granate, sordomuda en la penumbra, / a tu gran rey prisionero en un traje de conserje.» Es parte de un poema titulado El Rey de Harlem, de su libro Poeta en Nueva York, cuyo manuscrito entregaría a José Bergamín en 1936, el mismo año del asesinato de Lorca, y tras la guerra española se publicó simultáneamente en México y en Estados Unidos, en 1940.

Han pasado noventa años de su estancia en Nueva York y ochenta de la publicación de su libro. Hoy, como entonces, estamos en plena crisis, ya no sólo sanitaria, también económica, aunque no somos todavía tan conscientes de su envergadura, aun cuando haya voces que apuntan que va a ser casi tan grave como la del veintinueve. No sé tampoco hasta qué punto se repiten los fenómenos históricos, sea en forma de tragedia sea como miserable farsa, que diría Marx, Karl, aunque la frase hubiera sido también digna de Groucho; o, dicho de otro modo, si los ciclos de crisis actuales desembocarán, como desembocó aquella, en fascismo y en un nueva guerra mundial. Esperemos que no, a pesar de los signos que indican que por desgracia estamos ante la farsa miserable. Lo que no cambia es la situación de los negros en Estados Unidos. La muerte una vez más de un ciudadano a manos de la policía por una detención brutal ha desencadenado protestas en todo el país y no pocos enfrentamientos. Puede ser verdad que al día se dan cientos de operaciones policiales que no conllevan la muerte de nadie, pero no es la primera vez que ocurre y tampoco es la primera vez que quien muere es una persona negra.

¿Cuántas muertes se necesitan para que una estadística se convierta en un dato infame, cruento y repugnante?

No creo que haya que responder a la pregunta. Aunque fuera una sola vez, el hecho resultaría por lo menos inaceptable. Pero hay quien se fija sólo en la reacción, no en el hecho; hay quien pone el grito en el cielo por el vandalismo sin querer ver que la violencia la desata lo que es un nuevo asesinato o incluso, antes, una mirada recelosa, un gesto prejuicioso, esa línea muy tenue que coloca a cada uno en un lugar diferente de la escala social.
En 2013 se inició un movimiento que se conoció por su lema: Black lives matter (Las vidas negras sí importan) a raíz de la absolución de quien mató a un adolescente negro por un disparo. A partir de entonces el lema se ha ido repitiendo cada vez que moría alguien afroamericano por actuación policial o se producía alguna detención policial cuestionable, y no han sido pocas tales ocasiones. Estamos acostumbrados a verlo en películas o en series y no nos damos cuenta de que, otra vez, como dijera Oscar Wilde, la realidad supera la ficción.

En Europa tales muertes y las protestas que provocan tienen un enorme eco, abren informativos y ocupan las portadas de los diarios. Se ven como una característica muy propia de los Estados Unidos, esas cosas que pasan allí, es fácil simpatizar con las víctimas del racismo y de los abusos del poder cuando se dan lejos. Quizá domine la idea de que eso no puede pasar ya aquí. Pero surge aquí una nueva extrema derecha que vocifera lemas xenófobos y algunos datos calculan en 20.000 los muertos en el Mediterráneo desde 2014 (https://news.un.org/es/story/2020/03/1470681), nuestros muertos que no aparecen tanto en los informativos o apenas provocan protestas en Europa. Casi nos hemos olvidado con la pandemia que en Grecia miles de personas esperan sus peticiones de asilo mientras muchos países europeos les cerraron sus fronteras o gestionaron el problema a cuentagotas. Como hemos olvidado que en 2010 el Gobierno de Francia, por poner sólo un ejemplo, expulsó a comunidades gitanas, aun cuando algunas de ellas tenían ciudadanía de algún país de la Unión Europea.

Nos hemos insensibilizado a la crítica o a la exposición del problema. Es lo que hay, el mundo es así y como mucho servirá de argumento a futuras películas y series, o ser objeto de atención de algún poeta sensible. Todo volverá a su cauce hasta la próxima vez que ocurra algo así, que no parece que vaya a ser muy tarde.