Artículo sobre novela (Por Juan A. Herdi)

Posted on 16:43



Cecilio Olivero Muñoz
Cibernética Esperanza (capplannetta.com)
Senzala Colectivo Editorial

«Todo ocurre por una razón que no entendemos», afirma el narrador del relato en un momento dado, cuando ya tenemos una idea clara del camino recorrido por el protagonista, Casimiro Oquedo Medrado. Tal vez por ello, porque se nos escapa el porqué de las cosas, lo que motiva los hechos y quizá el sentido de la vida, no hay excusas o voluntad de justificarse, simple y llanamente hay una descripción de escenas que componen una vida, unos retazos que se van sucediendo de un modo aleatorio. 
Tampoco hay por parte del protagonista un acto desesperado de rebeldía, no se rebela, no lanza una diatriba contra su vida ni por los hechos que se producen en ella, no hay un grito de angustia por todo ese sinsentido que le envuelve a él, a su narrador, pero también a su autor y en definitiva a todos nosotros, lectores y no lectores. Si le encierran en un centro psiquiátrico, vale; si le dan el alta y lo sacan de ahí, también vale. Así es la vida, al fin y al cabo. La vida de ahora, hay que precisar. A veces somos meras piezas de un rompecabezas que desconocemos y el componedor del rompecabezas va ensamblando las piezas que tampoco tienen un lugar único en el conjunto. 
Por ello quizá haya que leer este libro -¿Novela?¿Colección de relatos o de retazos que tienen su independencia narrativa respecto al conjunto?¿Biografía?¿Confesión?¿Tratado de la realidad? Hay que recordar que estamos en el tiempo de la no definición–, porque muestra una nueva actitud ante la vida, ya no es el grito ante Dios o ante la Historia, es simple y llanamente la descripción de lo que ocurre sin más, ni siquiera hay un objetivo, o puede que el objetivo sea la propia escritura. Ya que no podemos entender la razón de las cosas, escribimos y leemos porque sí, sin más, sin ni siquiera la intención de buscar un cierto orden. 
Estamos ante un nuevo modo de entender la realidad y por ende la escritura. La tecnología, sin duda, ha cambiado la forma de mirar y de sentir, nos ha individualizado aún más, pero no para ayudarnos a determinar más el yo, sea esto lo que fuere, sino para aumentar más nuestra soledad, la desnudez de nuestras vidas, la impotencia ante tanto caos. Sí, nos seguimos relacionando, es verdad que nos reunimos con otras personas para hablar de libros, de política o de fútbol, nos casamos, nos liamos, nos divorciamos, formamos familias u otras formas de relación o acabamos buscando salidas terapéuticas –psiquiatras, psicólogos, escritura, reflexión, arte–, como se ha hecho toda la vida, pero ahora todo es de forma diferente. Tal vez lo que nos falta es lo antes referido, el acto de rebeldía, ese acto de miedo o de revuelta de Caín ante su destino que, sin embargo, asume. Ya no creemos ni en la revolución, ni en la democracia, ni en la tribu, ni en nada. Estamos solos con nuestra propia soledad. Quizá nunca la soledad fue tan evidente como en nuestra época, cuando vivimos en grandes ciudades y tomamos el metro junto a miles de personas, pero cada cual atiende solo a su teléfono multifunciones. Cibernética soledad.
Tal vez por ello hay que leer este libro, el personaje que deambula por sus páginas es un reflejo de lo que somos, y esto es lo que une el relato a una luenga tradición, la de la literatura como espejo. Mientras, no es baladí, el título nos brinda la existencia de alguna esperanza pese a todo, aunque sea una esperanza cibernética.   

Capplannetta escribe para sobrevivir

Posted on 13:36


Capplannetta escribe para sobrevivir a los designios que la naturaleza nos tiene acostumbrados. Familias que se separan por causas implícitas en las personalidades carentes de amor, sin clara evocación a la unión como sustancia salvadora de todo peligro que conduzca a la atomización. Hombres simples con mujeres con demasiado carisma, mujeres proscritas de su personalidad y enfrascadas ante maridos machistas que viven bajo el yugo del alcohol y sólo creen en la efectividad del golpe, del agravio beligerante ante un público de confianza. Someten éstos a la mujer o al hombre y lo reemplazan por una persona sin sí y sin no, sin voz alta, sin puño en alto, con miedo atroz. Capplannetta escribe para sobrevivir ante la posibilidad del yo soy más que tú, Capplannetta escribe para sobrevivir al tedio, a la angustia, a la soledad, a la ansiedad, al desconsuelo. Es un pan que come él sólo, es un grito que no se ha escuchado en ningún lugar, es un guacamayo en grisalla, es un apropósito desnudo, es un desprovisto de miedo, el miedo es un lastre. La mujer con miedo merece refugio y justicia materna, el hombre con miedo que elija él si quiere su soledad o el escarnio deliberado. Hay personas que viven endiosados hacia la crueldad y el cobarde aplauso de su solitario ego malvado, ¿dónde nace la maldad de estos seres? Seguramente de la maldad de otros. La sombra de Caín tiene una protección en la frente, marca una equis en tu juego y verás la fecundidad del mal implantar su sabor de hiel y leche putrefacta. Capplannetta huye del injusto andamiaje de frases hechas para componer él su propio léxico en poemas de métrica y café salpicado. Capplannetta quiere un pedazo de paz con unos filetes de tranquilidad en la despensa limpia de su día a día. Si creen que se nutre de tarántulas y de telarañas de avaro, es que no lo han visto nadar entre el amor a miles de kilómetros. 

Capplannetta y el aburrimiento

Posted on 21:40


Capplannetta se conectó a través de su tablet a las redes sociales. En Instagram famosos exponiéndose, anónimos exponiéndose; en Twitter lucha de frases graciosas, lúcidas, Pepitos Grillos escalando, arañas a la búsqueda de algo brillante para retwittear; en YouTube algo interesante, Corcovado cantado por Andrea Motis, cantante y trompetista, en el quinteto de Joan Chamorro, en el Jamboree de Barcelona para más señas, fabulosos vídeos, Capplannetta pasó un rato agradable, se mete en Facebook, demasiados refritos de Navidades huecas, sin sustancia, tristes, edulcoradas, fanfarrones al poder, se para a ojear una entrevista a Manuel Vicent en el que dice que las redes sociales son la forma adoptada por Satán en esta época para eliminar la humanidad, en fin, sale de Facebook asqueado echando leches. Mira a ver si le han ingresado dinero, no le han ingresado, ve un chat en la web de su banca electrónica, le pregunta: -¿cuándo se cobra? La máquina infernal le contesta, vea la política general de éste banco en la sección de Condiciones básicas. Capplannetta le contesta: Eres una máquina, lo sé. La máquina contesta: soy un Robot pero estudio y aprendo como una persona. Capplannetta se ríe y se dice, mi madre me tiene dicho que no hable con desconocidos, yo, que soy ya mayorcito así lo haré, Dios, pero cómo has podido caer tan bajo, hablando con un Robot programado. 

Capplannetta is not loser

Posted on 11:32


¿Qué significa ser un perdedor en estos tiempos de ganadores rompedores? Un ganador hoy día es un deportista, un político, un hombre rico, un emprendedor, un luchador, un padre de familia feliz, esos y un largo etcétera de ganadores a los que la vida tiene preparados una vida estereotipada y sin interés alguno dentro de los hombres que salimos un poco de la vertiente de los normales. Sin ningún interés, sin correr riesgos, sin obligaciones, con ideales trasnochados, sin rasgos que lo encasillen, sin cicatrices que lo acondicionen, o sea, un ser corriente. A diferencia de los ganadores, los losers (perdedores) soñamos demasiado, tanto que entregamos nuestras vidas a causas perdidas muy de antemano, también nos gusta la gente interesante, esa que se parte la cara con la vida, un Jake La Motta, un Travis Bickle, un Sid Vicius, un Ernest Hemingway, un Paco Rabal, un Francis Bacon, un Miles Davis, etcétera, etcétera y etcétera. Nos gusta mojar la insatisfacción en vicios, o no, nos gusta devorar literatura sobre perdedores al uso, o no, nos gustan los bares de carretera, o no, nos gusta la vida silenciosa de los cementerios, o no, nos gusta trabajar para vivir la vida y no vivir para trabajar, o no, el loser no sueña con chicas cursi con aires de grandeza y que luego resultan caprichosas y tontorronas, o seudo ganadoras de la hipersensibilidad que son unas tacañas en cuestiones de diversión o tecnología que facilite el trabajo. Me gusta la vida de los perdedores, de esas personas que van al psiquiatra, de esas personas que se atiborran de hidratos de carbono y luego se echan su gran siesta, me gustan las madres solteras, me gustan las mujeres abandonadas por el tinte, me gustan las mujeres que cometen locuras por amor, me encantan los matrimonios interraciales, los matrimonios que no quieren tener hijos, o lo contrario, que tienen muchos hijos y viven en caravanas, me encantan los lugares que no frecuentan los que apestan a perfume caro y visten Armani porque sale por la tele, odio los fanáticos del fútbol, odio los exfumadores que odian el tabaco, odio los que no se arriesgan a tener una relación esporádica, salvo cuando tengan pareja, soy fiel como dicen todos los hombres, soy amante del café americano aunque soy europeo, soy un outsider que fuma y que bebe alcohol, odio el juego, me gusta la buena literatura, odio los poetas herméticos, odio las guerras, me encanta andar en calcetines por casa, no me gusta la Navidad, soy todo aquello por lo que vale la pena perder, y tú, o él, o yosotros no os atrevéis a mover ni un dedo. 

Capplannetta y la Navidad con fantasmas

Posted on 10:29



Llega la Navidad y con ella llegan todos los fantasmas que han estado recluidos todo el año. Haces una comparativa entre las Navidades de antes con las de ahora y llegas a la conclusión de que sobra gente. Yo soy una persona con mis manías, que se acrecientan  con los años, pero se suman a la familia intrusos con otras costumbres, con ciertas perversiones, que saben mover el tablero de la maldad con más astucia que la tuya, y estás atado de pies y manos, pues quizá el intruso sea éste que les narra y los demás conspiren en un juego donde unos con otros se pisen los pies de barro, y el final no lo conoces pero lo intuyes, lo único que consigues es que pierdas el juego y te trague el barro, y tú solo te lamas las heridas mientras que en tu soledad rememoras los fantasmas que te hirieron. Es una lucha que antes de las Navidades o en cualquier otra festividad ya la tienes perdida de antemano, porque revelándote haces daño a quien quieres, y aún revelándote los que quieres se decantan a la contra de tu lucha cuasi personal, y es una injusticia que en todas las caras de tu familia siempre habrá un perdedor y ese perdedor es quien menos entiende las reglas de ese macabro juego, donde debes ver, oír y callar; ese perdedor siempre serás tú. Siempre son los locos los culpables y los perdedores de todo perverso juego especulativo, es como luchar contra el aire, no lo ves pero lo sientes, no tiene visibilidad pero es palpable, es luchar por una causa que no existe, son molinos pacíficos en apariencia pero gigantes nocivos bajo el negro terciopelo de la locura. Somos Quijotes maltrechos que en pos de la justicia acabamos mordiendo el polvo y somos de la gran novela del mundo el estigma incurable y perenne de la locura junto con la risa fantasmagórica y vil del lejano espectador que dispone de las reglas del tablero. Lleven la fiesta en paz, y mi consejo es que se rían del juego pero sin tocar el tablero, en esta vida la única derrota es que todos subimos y también caemos, esa es la única parte justa del juego, se nos da la vida, pero también se nos da muerte. Entregarse hacia la bondad es el único camino por el que trazar, si caen entorno a una debilidad incontrolable luchen para que vuestro corazón no sea pasto de las llamas que parten desde la raíz de vuestras propias debilidades. Felices Navidades fantasmales.

la cena

Posted on 12:14


Se acercaban las fiestas de Navidad y todo hacía pensar que las pasaría solo. Se decía: -Ojalá me acostara el veintiuno de diciembre y despertara el siete de enero. Él podía celebrar la Nochebuena junto con su hija y con la familia política de esta, pero se negaba tajantemente. Por pena y por muchas razones más, la hija trataba de convencerle, pero nada, el hombre no quería. A veces luchamos contra el tiempo simplemente viviendo y dejándonos llevar aceptando que las fechas señaladas llegan más deprisa o más despacio, pero llegan, como nos llega la muerte, el día llega y llegó el veintidós de diciembre y no le tocó la lotería, se dijo ya aunque tarde: si me hubiese tocado algo en la lotería me perdía del mapa toda la Navidad. También llegó la Nochebuena y ahí se vio, solo, viendo la deprimente televisión donde daban especiales (de varietés) grabados para la Navidad, con tres botellas de vino y otra de cava, había comprado jamón ibérico, langostinos, embutido selecto, un pollo a la brasa precocinado, y mantecados y turrones. El hombre era bebedor, aunque un buen trabajador durante toda su vida, su hija, la única que se preocupaba por él se pasó la Nochebuena haciéndole llamadas al móvil y él no las contestaba. Se decía a sí mismo: -Toda la vida trabajando duro para sacar una familia adelante y aquí me veo, solo delante del televisor, y tengo cinco hijos, ¡cinco! Solamente me quiere una, que por mí se preocupa. Toda la vida trabajando aquí y allá, buscándome la vida para que a mi invisible familia no le faltara nada, y aquí me veo, ahora que soy yo el que los necesita a ellos y no están, me dan la espalda. Y la que me llama al móvil quería que me fuese a cenar a casa de sus suegros, pudiendo haber cenado con sus hijos, mi yerno, y ella conmigo. Se preocupa mucho pero también me ha dejado tirado. Cada uno va a la suya. Y es que la Navidad aquí cenando solo es más triste que si fuese en otra época del año. Cenar solo he cenado cientos de veces, pero esta vez me duele demasiado. Cinco hijos, una mujer mala, un matrimonio infernal. Ella va de víctima y tiene a los cuatro hermanos con el cerebro lavado. Aquí me han dejado solo en Navidad, bueno, peor sería estar solo por estas fechas en un hospital. Pero son cinco hijos, seis contando a la bruja de mi exmujer, toda la vida pelándome el culo para sacar a estos cuervos que un día me sacarán los ojos adelante y así me lo pagan. A la mierda Nochebuena, a la mierda Navidad. Me voy a la cama. Ya en la cama se sentía gente de pisos aledaños reírse y se escuchaba el ruido de pasos y algarabía, y la música alta. El hombre no paraba de repetir: ¡Cabrones, cabrones, cabrones! Esa noche para dormir no pudo contar ovejas, contó cabrones.

Capplannetta en su casa

Posted on 14:41


Sé que escribir sobre intimidades es a veces algo aberrante, siempre y cuando se escriba sin traspasar una delgada línea, la línea de la honestidad acompañada de un pudor y un sentido común siempre que se cuente o se diga aquello que no afecte a terceras personas y que tenga algo de interés sin faltar el respeto a nadie, ni tampoco repetirse, también con un planteamiento partiendo desde la base de lo cotidiano y lo que pueda parecer al lector interesante dentro de una verosimilitud, lejos de lo verdaderamente íntimo, que no creo importe a nadie. En mi casa tengo algunas cosas que me hacen pasar un invierno y parte del otoño ligeramente cómodo y sin gastar demasiada energía eléctrica. No tengo calefacción, y sólo dispongo de una estufa eléctrica, la estufa no suelo ponerla y uso ropa de abrigo. Mis camisas de franela, mis chaquetas polares, mis pijamas de algodón, mis calcetines también de algodón y mis zapatillas de felpa son mis posesiones más preciadas para andar por mi casa. Bebo mucho café americano (más bien aguado) muy caliente y con poca sacarina, ya que soy diabético. A veces bebo güisqui cuando hace mucho frío, pero yo suelo mezclarlo con cola sin azúcar. Me parece más suave, mi estómago no soporta el güisqui a palo seco, ni siquiera con hielo, todo esto son las consecuencias de haber cogido tremendas borracheras con chupitos de güisqui y beberlos de un trago, me hice picadillo el estómago y cada vez que bebo güisqui solo (sin mezclarlo) me produce una reacción que en seguida vomito y lo odio, por eso uso la cola, para rebajarlo y no me afecte tanto. Hay gente que lo rebaja con cerveza, pero yo lo veo un exceso absurdo. Estar caliente en invierno y sin usar energía conlleva altas dosis de inventiva ingeniosa, ya que muchas veces no sólo es el abrigo lo importante, también la pitanza es importante. En algunas ocasiones uso unas mantas estupendas de poliéster que dan una calor confortable en las largas noches de invierno. No suelo usar energías en invierno, tan sólo gas para calentar el agua con la que me ducho, me suelo duchar con agua muy caliente, es lo propio. En mi casa no tengo grandes lujos, pero es un lugar donde yo me siento cómodo y eso es un lujo hoy en día. En invierno me gusta ir abrigado, comer sopas y comidas calientes, y ver vídeos por YouTube o escuchar música, también me gusta leer libros no demasiado pesados debido a que leo tumbado en el sofá y los libros con demasiado peso me incomodan. Cuando leo libros de gran tamaño suelo hacerlo en la mesa y sentarme en una silla, aunque prefiero las lecturas breves o de menor tamaño ya que me gusta el sofá. Espero que este invierno sea lo más llevadero posible, no salgo mucho, pero si lo hago no suelo alejarme de mi casa demasiado. También me gusta escribir, suelo hacerlo en mi tablet. Uso unos guantes con los dedos al aire, y suelo escribir con una sola mano, con la otra sujeto la tablet. En fin, la vida en un hogar en invierno es así para un ser no complejo en demasía pero con aprecio hacia las cosas sencillas, los placeres sencillos, pero no tengo queja. Tengo un techo y soy feliz a mi manera, pasen un feliz invierno que parece ser frío y largo, lo que es menester que no nieve, con la nieve las carreteras y las aceras parecen pistas de patinaje y son un auténtico peligro. Sean felices dentro de lo que se pueda, la cosa es no envidiar a nadie, no alegrarse del mal ajeno, y tener la mayor paz posible, éstas son las claves para comenzar a vivir con plenitud, o eso creo.