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Madrid, en Barcelona se piensa mucho en ti

Posted on 16:51

 




Cuando vayas a Madrid comerás migas con chocolate, porras para desayunar en casi todos los bares, te meterás en el lodo de la farlopa  siempre con garraspera. La plaza de Neptuno con su tridente no busca ni mares ni perlas. Comerás montaditos de lomo, y bocatas de calamares. ¿Y tú de Madrid qué coño sabes? Si no conoces Lavapiés, un cocidito madrileño es un tentempié. Colmenares, Salamanca, Puerta de Hierro. La M-30, si entras Dios te salve. La Cibeles con diarreas mentales. La biblioteca es hemeroteca, depósito legal y los famosos incunables. La residencia de estudiantes, Masiel se emborracha con jarabe, y a la Movida la asesinó Ramoncín y Perales. Belén Esteban sin San Blas, Alcobendas. Francisco Umbral, Javier Marías, y Almudena Grandes. Las Meninas, el Cristo de Velázquez, las majas de Goya, los desastres de la guerra. Garitos donde las almas en pena curiosean con cochambre, Atocha, Casa Patas, palacio de Liria, Chueca, Las Ventas, Malasaña, el  Retiro, La Zarzuela, el Congreso, brindis al sol, la Cañada Real, Kapital, Galapagar, José Tomás, el Rastro, Alcalá de Henares. Don Miguel de Cervantes. la RAE, la SGAE, los fantasmas del Palacio de Linares.

Capplannetta pasajero

Posted on 8:52


Hace unos años, en un vuelo Lima-Madrid, después de dieciocho horas para embarcar, me embarqué solo en los asientos de la izquierda, de cara a la cabina, me senté y al rato, cuando el avión despegaba una chica joven del asiento de al lado lloraba y miraba unas fotos, la chica lloraba con un sentimiento muy profundo, se le caían lágrimas mezcladas con rímel de sus pestañas, con lo cuál, eran unas lágrimas negras, tal y como recordaba a la canción. Le pregunté: -¿Son tus hijos, verdad? Y me contestó un sí tremolante, y añadí: ¿qué edades tienen? Me dijo que el pequeño tenía un año y dos meses, y la niña mayor ocho años. Le di un pañuelo de papel para que se limpiara las lágrimas. Le volví a preguntar después de haberme dado las gracias: ¿vas a Madrid a trabajar? Y me contestó afirmativamente y añadió que iba a alojarse en una casa de su tía, me contó que la hija mayor iba al colegio italiano Antonio Raimondi; lo recuerdo porque he pasado por ese colegio desde un taxi. Cuando hablaba estaba totalmente compungida, su llanto se entremezclaba con suspiros y su propia voz, me dolía escucharla con ese sollozo y esa angustia, sin lugar a dudas era una madre, una buena madre, percibí. Traté de dormir, pero aún así, la escuchaba llorar respirando y llorando como una Magdalena, es injusta la vida. Vemos a esas mujeres, a esos hombres, y no nos preguntamos porqué emigraron de su país, algunos dejando a hijos, algunos dejando a familias, viven en soledad, tienen pocas horas de ocio, cuidan de nuestros ancianos, nuestros hijos, nosotros no somos culpables, pero así es el mundo, así es la vida, a veces somos como peces a los que sacan del agua y dan bocanadas sin fruto, bocanadas sin oxígeno, que no recuperan aliento hasta no volver al agua, a veces es lo contrario, gente que se ahoga en un mar de agua, la vida puede llevarnos a eso, a las últimas o penúltimas bocanadas. A intentar sobrevivir hasta las últimas consecuencias.