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reseña literaria (Juan A. Herdi)

Posted on 10:37



Cecilio Olivero Muñoz
Cibernética Esperanza
Avant Editorial, 2019

Es evidente que estamos en un momento de mestizaje, si es que hubo alguna época que no lo fuera. Y a todas luces este relato lo es, mestizo, pero a conciencia, asumiendo su autor que no elige una forma, un género, un estilo, lo mezcla todo a voluntad, le resulta incluso inevitable. Así, no es posible decir que este libro que presentamos sea propiamente una novela, una colección de cuentos hilvanados por el personaje principal, narrador y protagonista al mismo tiempo, unas memorias o un tratado de la realidad o de la vida. Tampoco es que haga mucha falta catalogarlo.
Porque hay una frase que brilla por sí misma y justifica todo el relato: «Todo ocurre por una razón que no entendemos». Esta es, sin duda, la base de toda literatura, buscar las razones a la vida entera o a cada una de sus porciones, razones que no entendemos, que se nos escapan, y entonces necesitamos escribir para entender. Mientras haya posibilidad de escribir hay esperanza, poco importa el momento de escritura y menos aún el modo. Pero con la escritura se intenta poner orden en el caos y, con ello, entre líneas, intenta uno encontrar el sentido de las cosas. 
Claro que estamos también en una época de nuevos recursos tecnológicos (el título no es inocente) y eso cambia algo las cosas, aunque no lo esencial. Sea lo que fuere, el autor se expone más a la vista de todos, juega con el lector retándole a que discierna lo que es realidad y es ficción, si es que la ficción no forma parte de lo real o esa misma realidad no sea en el fondo una ficción más, a menudo no estamos tan seguros de la línea que separa ambas. Sospechamos que en este contexto hipertecnológico todo se confunde, y esto sin duda ayuda a desinhibirse. 
El narrador del libro se desnuda, cuenta sus continuadas caídas y levantadas para explicarse a sí mismo y entregarse al juicio general, como un Caín moderno que sabe que ha traicionado a todos y a sí mismo, pero pese a lo cual ha de seguir adelante. Sin duda, todos, de ponernos a tal ejercicio de confesarnos, llegaríamos a sentirnos igual, aun cuando las anécdotas sean diferentes. Tampoco caben comparaciones, al fin y al cabo. Y mucho menos juicios de valor.
Cibernética esperanza es sobre todo eso, una invitación a pensar en lo que es la vida. El narrador, al describirnos cada trozo de vida que le pertenece, en la medida en que la propia vida pertenezca a alguien, ni siquiera a su portador, nos reta a que juzguemos en base a la propia experiencia y a que nos demos cuenta de que no se puede juzgar nada ni a nadie. La escritura es lo que tiene: nos iguala a todos.  


Capplannetta y los San Fermines

Posted on 14:08


Siempre me acuerdo de aquellos San Fermines en el albergue Oncineda en Estella (Lizarra) y los momentos mágicos que viví en ese año, allá por el 2001. Estuve también en Pamplona (Iruña) y a sabiendas lo cosmopolita de las fiestas, las recuerdo no sin recalcar lo que pude llegar a caminar, y con el agravante de sufrir unas verrugas plantarias que me dolían como si hubiera llevado piedras en las zapatillas metidas. Bebí vino, comí bien, y disfruté mucho. Vi a Los Barricada (grupo de rock pamplonica) y estuve en comunas de hippies de gente de todo el mundo al son de tambores y juerga, pero lo que más recuerdo fue mi estancia en el albergue, mi habitación era compartida por unos chicos de Madrid, y también unos estadounidenses que vinieron después, uno de ellos, con quien más migas hice, me decía a las 7:00 de la mañana que se iba a correr en los encierros a Pamplona y decía: - Runing,  yo runing. Cosa que entendí bastante bien porque era a lo que venían todos los norteamericanos. Me enseñó un ejemplar de Fiesta en versión inglesa, de Ernest Hemingway, y estaba muy ilusionado con correr delante de un toro. Le dije que tuviera cuidado, que tuviera más cuidado, no ya de los toros, sino con los tropiezos. Recuerdo que en Pamplona apunto estuvieron de robarme la cartera, y en otro momento la cámara de vídeo. Recuerdo bastante a Alfonso, me invitó a comer cangrejos de río, cogidos de manera furtiva, eran deliciosos. Hablamos de temas variados, pero lo recuerdo bien y con gran cariño. Siempre viajar es un acto que te reencuentras contigo mismo, y es una aventura donde nada es siempre seguro, al viajar casi siempre la seguridad es escasa. Pero la verdad está esperándote ahí afuera, verdad digo porque por aquel tiempo las cosas por Tierras Vascas no eran del todo lo buenas que se puedan desear, había terrorismo y mucho odio entre ambos bandos, tanto en el bando de españoles y el bando de los abertxales vascos. Fui con temor, ya que yo como “maqueto” estaba siempre en un lugar que no era el mío, casi siempre era el sospechoso, otros lo llevaban mejor, pero por mi osadía, acompañada de la euforia del alcohol estuve a veces con la muerte en los talones, vi muchas verdades, y quizá comprobara muchas mentiras, lo que sí hice es divertirme a mi manera.