
Todos conocen las palabras de Neil Armstrong cuando dijo aquella frase famosa al pisar la luna; casi todos pensaron que era una puesta en escena. O sea, un montaje ideado por la NASA para causar envidia a la Unión Soviética. Los lunáticos no somos locos, somos enamorados de la luna, los primeros en pisar la luna vieron desde allí que esa esfera azul no era una teta donde mamar a capricho. Eran tiempos —los de la Guerra Fría me refiero— de misiles y submarinos, de capitalismo contra comunismo, del bloqueo a Cuba, del azúcar cubana comprada por los soviéticos, del magnicidio de Kennedy y etcétera... Los que arrastramos el peso de la locura somos realmente parte de una piedra que se inicia desde demasiada cordura y reflexión que nos conduce a la asfixia existencial. Los cosmonautas están meses en el espacio, y tienen muchas ganas de volver a la Tierra, que es su hogar, esto viene a colación de la canción de David Bowie Life on Mars. Donde se hace alusión a la vida del cosmonauta. Pienso que es llover sobre mojado, debemos luchar por este planeta nuestro. No veo la necesidad de encontrar un planeta B sin salvar el verdadero, la supernova que es la Tierra, el gran planeta A por antonomasia. La luna y la Tierra giran en torno al sol, que por supuesto es una bendición ver un amanecer. Y el mundo no debe ser ese globo terráqueo donde hay que explotar recursos naturales. El mundo es un grano de polvo en el espacio (…). El mundo y nosotros mismos somos tan diminutos que el hecho de nuestra conectividad es una característica más frente a la grandeza que creamos tener, pero es una minucia y solamente Dios sabrá cuántas galaxias más habrá en el inmenso universo, o mejor decir multiverso. Tenemos demasiados aires de grandeza y no somos más que vanidad y disparate. La riqueza es una utopía que se comparta. O sea, que en lugar de encontrar un planeta B habría que cultivar manglares en los ríos, plantar árboles, y basta ya de deforestación y otras martingalas. Salvar la Amazonía, hacer ecología en serio, salvar nuestro planeta, no sólo por nosotros que somos testigos del cambio climático, sino por nuestros hijos, ¿las futuras generaciones heredarán un planeta verde y con aguas dulces o un desierto? Es triste pero es la realidad. Ver la Tierra desangrarse es lamentable. Hay que luchar sin perder la esperanza.
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De niño me detectaron anemia en una revisión médica del colegio. Y me pusieron como especialista a la Dra. Abadia. Me recetó hierro en jarabe. La consulta es lo que más me obsesionaba a raíz de que me dijera mi madre que aquellos niños sin pelo tenían leucemia. Mi madre me dijo que tenían cáncer en la sangre. Así, literalmente. Y los veía con magníficos juguetes y no me imaginaba que muy cerca de ellos estaba la parca. Con esa edad no lo piensas. Ahora tengo sobrinos y esa siempre ha sido mi preocupación. No lo soportaría. Ver a un sobrino mío padeciendo esa enfermedad, pero al igual que yo nadie está nunca preparado para eso, ni en los planes de ninguna criatura. Con el tiempo he tratado con gente con cáncer en lugares diversos. Y siempre he tenido esa preocupación, digamos, respecto a todas las consecuencias de los enfermos de cáncer. Con los años mi madre se hizo anualmente donante de sangre. Y es algo que yo no pude hacer, debido a que tenía un tatuaje reciente, hecho que me impidió donar sangre; los enfermeros de la fábrica de motores donde trabajaba.
La vida son retazos del pasado y del presente que ni imaginamos. Recuerdo aquellos niños con gorras algunos, otros sin. Era algo que tengo tan adentro que muchas veces he soñado con esa experiencia. Nadie quiere tener cáncer, por eso la Cruz Roja y la Asociación contra el cáncer, como la fundación Josep Carreras son necesarias. Más bien denominarlas como imprescindibles. La empatía hacia cualquier tipo de cáncer es importante. Donar sangre es algo muy importante, pero ahora pasada mi anemia ya recuperé glóbulos rojos.
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Si son importantes los libreros más importantes son los bibliotecarios. Los dos, a partes iguales, se reparten la memoria del mañana. Los libreros te asesoran, te dan información, pero los bibliotecarios te lo ofrecen todo. Ya no sólo el libro en un tiempo limitado. Son los custodios de lo que la palabra debe ofrecer para ser futuro. Y también en el presente. Un librero es una persona que te ofrece cierta información, una importante respuesta inmediata ante las dudas y puede aconsejarte libros de una manera oral. Un bibliotecario te da información y te acerca a la literatura. Solicitas un libro que deseas leer, cuando llega te avisa, te llama, es un heraldo, sí, pero también es generosidad. Tanto libreros y bibliotecarios te entregan la cultura, les preguntas y te indican, les sugieres, te sugieren. Les hace gracia la obsesión de los libros por aquellos frikis interesados en libros raros. En una biblioteca hay bytes y papel impreso. Es el lugar silencioso necesario donde te introduces en la magia de un libro. Aunque sí hay gente importante entre libreros y bibliotecarios son los distribuidores. Poco se habla de ellos. Pero se encargan de repartir la cultura por librerías y bibliotecas. Al igual que te hablan estos dos profesionales, después te hablan los libros. Que guardan un mundo que desentrañas entre el gran enigma del descubrimiento. Ahora hay información, quizá demasiada, y demasiada información es necesaria como el trigo, como el centeno, como el maíz. Hay una cantidad de trabajadores en el mundo del libro, del pergamino, de la revista, el periódico, el legajo, el papiro, el códice. Hay restauradores de libros antiguos, hay investigadores, filólogos, todos ellos son los guardianes del tiempo en alfabetos y en lenguas diversas que resplandecen de sabiduría y la lógica del conocimiento.
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El poema rimado es como una plegaria musical con o sin consuelo. Un poema que no quita, no borra, no rectifica, no corrige, no cambia, no es un buen poema rimado. Lo primero que tienes que evitar en un poema rimado es la cacofonía. Es contraproducente. Yo escribo o me expreso en Prosimetrum, y no trato de innovar. Es una corriente que tiene sus comienzos en la poesía Al-Andalusí escrita por el cordobés Ibn Hazm en el siglo XI. Su obra se titula El collar de la Paloma. También Seneca ha escrito Prosimetrum, y hay toda una tradición en la literatura latina. Se cree que los primeros Prosimetrum aparecieron entre el siglo XI y XII d. C. Con esto quiero decir que no lo he inventado yo. Esto me surgió por casualidad. Rimando un poema en Prosimetrum en un texto breve que tenía cierta ironía. Más bien sátira. De esa fuente bebo de El Satiricón de Petronius Arbite. Quiero decir con esto que es algo más antiguo que Las Décimas e incluso el Soneto. El Soneto hace su aparición en el Siglo XIII y Las Décimas a finales del Siglo XVI, creadas por el poeta Vicente Espinel y son diez versos octosílabos consonantes.
Yo hago Prosimetrum con estructura de soneto, de serventesio o de décimas espinelas. Por eso digo que no estoy inventando nada nuevo. Simplemente me uno a una tradición de poetas olvidados que han creado verdaderas maravillas. Por ejemplo, Décimas pueden ser para la lírica o la épica. Y en el serventesio su nombre proviene del provenzal, ya que en la lírica trovadoresca se denominaba “serventés” en rima consonante. Y riman A-B-A-B. Es importante dejar esto claro si quieren leer Prosimetrap tanto en ebook como en papel impreso. Espero les aclare algo importante sobre Prosimetrap.
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Goza de todos los elixires que te proporcione la Tierra, la vida es corta y nadie llorará mientras te alegras, leguleya es la ineptitud que nos juzga y nos condena. Goza de orgasmos, ríete del mundo mientras puedas, que también se reirán contigo las almas malvadas, las buenas. Goza de cava y con mujeres de curvas esbeltas, que el campo no tiene llaves y no dudes robarle besos a mujeres malevas, que entregan su gemido ante la vida que brota canciones entre letras nuevas. No maldigas, no envidies y saborea, goza mientras puedas. Al futuro verás el rostro mientras la tierra espera. Sentirás la locura tan cerca que está en la habitación contigua o a dos pasos o a dos puertas. Siempre estará la locura al lado de tu tragedia. Siempre, pero siempre, recuerda, que sólo Dios es quien quita y quien aprueba. Que no habrá tristeza antes de la gran cosecha, que si no siembras no recogerás el fruto prohibido a manos llenas. No creas ni des por hecho que todo termina, serás al fin energía y también materia. Ofrecerás tu vida y no valdrá la pena. No se conoce una misma flor dos primaveras. Que el que camina también tropieza, que la vida comienza por el postre pero en la vejez deberás masticar tu cena, solo quizá, o con compañera, o sin ella, pero siéntete bendecido por vivir lo que tú pruebas. No hay luna sin sol, mascarás noche como el agrio matinal tragándote tu flema. No te entristezcas por razones que no valen la pena. El momento para unos es pecado para otros es voz necia, para otros ceguera. En el pasado no rememores ofensas. Tampoco en el presente. Entrégate al futuro y ríe con la andorga siempre llena. Haz bondad, este debe ser nuestro poema.

Sí, de verdad, ¡Manda Huevos! Da la casualidad que el agua mineral que venden en el Consum de Torre-Romeu se llama Estrella. Sí, como la cerveza. Menudos colocones de agua mineral me doy. La verdad, ¿es casualidad o lo han hecho a pura mala leche? Me bebo una botella al día. Recuerdo que cuando era jovencito me traía mi madre las Xibecas de la marca Estrella Damm de la bodega. Una vez en un festín compré la cerveza de Damm Malquerida. Era roja y anunciaban que era un invento de Ferrán Adriá. Todo lo que tenga que ver con este chef se vende a porrillo. El caso es que hace poco en las Bodas de Oro de mis padres bebí cerveza Estrella. Ahora han sacado versión galega, Estrella Galicia se llama. En los madriles beben Mahou y en Sevilla Cruzcampo. En Granada Alhambra. No sé. Esto del nombre de la birra es algo que tiene su aquel. En Perú, para ser más conciso, en El Callao toma Pilsen Callao, en Lima sin embargo beben Cristal o Cuzqueña. En mi boda recuerdo que compramos veinte cajas de Pilsen Callao. Es buena cerveza. También quiero aprovechar para reivindicar el pisco como peruano y no chileno. Aunque son lugares andinos ambos. Pero el buen pisco es el Santiago Queirolo, que me recuerda a mi compadre. En fin, que el mejor licor es Lagavulin de 16 años, es un güisqui tan bueno con un sabor inconfundible.
Posted on 8:28

Lo que sé de la vida, lo sé, por las veces que he estado muerto. Me han hecho la pirula, las pirulas me han hecho desconfiado, y la desconfianza me ha causado estragos, ser un mal pensado, y enemigo de mí mismo. La vida me ha enseñado que la raza no tiene nada que ver con la clase. Se dice a menudo: —Existe gente con clase y cierta clase de gente. Yo no soy de la realeza precisamente, pero tengo más tiros pegados que soy más viejo que el hilo negro. Soy libro abierto y soy legajo, también pergamino. Lo que sé de la vida (repito) lo sé por la muerte. Nadie puede hablar de la muerte, porque los muertos no hablan, aunque algunos cuenten trágicas y medrosas historias. Lo macabro de esta vida es que hay mucha gente viva que está muerta. Es como una broma de mal gusto. Lo que sé de la vida: Es no dar concesiones, ni hacer confesiones, pues lo que no quieres que se sepa debes no contárselo a nadie. La gente vulgar es siempre superficial. Una vez, cuando tenía sobrepeso me dijeron que estaba embarazado. Pero no me miraron a los ojos para ver si el comentario me causó algún daño o si estaba herido o muerto. Lo que sé de la vida lo sé por las decepciones. Decepción tras decepción, una detrás de otra, como los eslabones de una cadena, llevan eslabón tras eslabón cicatrices que el tiempo te va dando. Como monigotes de pega. Como marcas de infancia. Me enseñó la vida poco a poco que la vida pesa. Hay demasiadas pesadumbres en las que no se deben tomar demasiado en serio. Estoy cansado de repetir esta canción. Como una canción pegadiza que repites al levantarte. Ya no me asombra la vida, de lo que carezco en una cierta parte me sobra en otras. Aunque ahora leo poco, descubrí que me gustaba la lectura con un libro infantil. En esta vida no hay un error mayor que darle gusto a tu verdugo, a tu carcelero y al juez que te condena. Me gustaría volver a mis aguas fuertes, pero dejemos que cada cual siga su camino. No hay mayor escándalo que tener conciencia de que estás dando la nota. He aprendido de la muerte a quedarme sin amigos, conocidos. ¿Qué pinto yo en este mundo?