
No me quieren los suegros ni ver y, las suegras, aconsejan a sus hijas que no salgan con un loco. No me quieren los proxenetas ni los burócratas que antaño fueron magos y ahora son el lance histórico desde que se esfumó el cine mudo. No me quieren ni escritores ni poetas, ya que les digo que no pueden caer más bajo. Mutilo sueños en los que eyaculo y quisiera agradecer en el punto débil de la desventaja, porque la desventaja es un plato de conexus. Todos padecemos el sarampión y la varicela, pero pocos entienden la verdad del silencio. Esa que no ronda la idea de forzar el pensamiento. No me quieren los camareros, ni los hermanos repletos de tanta y tanta soledad. No me quieren por ser imperfecto. Un mindundi de la clase obrera que nada exige y en los mapas políticos mudos encuentra miles de fronteras. Pasar por ser un esclavo nunca lo tuve tan claro hoy en día. Ahora sé que la verdad es personal, que cada individuo tiene su perspectiva. La venganza es colectiva. Allí van los vengadores como un hambre de la mañana. No me quieren en el circo, en las ferias y las discotecas. Las elipsis son la clave para ser un escritor, haré énfasis en los que nunca me quisieron, no sé si soy libre o libertino, lo que no soy es un liberado.
Posted on 1:18
Pasa un coche y le dices: —sé que no me quieres, y el motor replica; quiérete tú, quiérete tú, mientras el conductor, que es un misterio, embraga y pone la segunda marcha. Estos son los días menos malos. Los días en los que todo te la trae al pairo. Pasa otro coche y no para a mirar. Te quedas tranquilo. Viene el camión de reparto, y lo conoces por el ruido a gasoil ecológico que usan los camiones de reparto del corte inglés, unos suenan más suaves, son los motores de Amazon, estos tienen GPS y no paran ni merodean, conocen el camino trazado, conocen la ansiedad de los que esperan un paquete. Él sabe que su trabajo contiene ilusión y esperanza en la humanidad. ¿Qué dirán sobre este asunto en Cuba, o en Venezuela, ahora que sabemos que los desangró la historia. Pasa una R4, y encima blanca, y te retrotraes y te dices: —Te estás haciendo viejo.
Recuerdo bien aquellos años noventa.
El 1992 fue año olímpico. Pero el que recuerdo mejor fue aquel en que se bailaba rumba. Hasta llegar 1993 (el siguiente año sería fatídico), el lema era Amigos para siempre de los Manolos y también vete de los Amaya, Era el año que se emitió también el MTV unplugged in New York de Nirvana. Todo parecía tambalearse en los noventa.
Cuentan que Kurt Cobain y su grupo dudaban si tocar para un sello corporativo. Pero al final aceptaron.
En el 1994 aquel escenario haría historia por el álbum y el vídeo de la grabación en directo que se vendería más que los churros. Kurt pidió fervientemente que decoraran el escenario con velas encendidas y con lirios del tipo Stargazer.
Y el productor, Alex Coletti, le insinuó: — como en un funeral, y Kurt dijo: —Exacto.
Nadie presagiaba lo que aquellos años deparaban en un futuro temprano, demasiado temprano. La muerte y la calamidad.
Kurt Cobain se pegaba un tiro con una escopeta en su casa.
Se acababan entonces los años 90. Entre aquellos años se podía ver en VHS la película Trainspotting (1996) basada en la novela de Irvine Welsh, muy acertada como mensaje para la juventud de entonces. Pero el suicidio de Cobain cerraba un amplio capítulo negro en la generación X. Kurt estaba en las garras de la heroína y no pudo soportar la noria. O el tiovivo de subes y bajas constantes.
Entonces era la edad de piedra para la tecnología que nos marcaría a todos en un futuro más milennial. Entonces el arte eran los ideales que cada uno tuviese y la época grunge que abanderaba Kurt Cobain.
A los admiradores del flamenco, entonces, nos ocurrió otra fatalidad: se nos fue el rey del flamenco, Camarón de la Isla. Y se publicaba su obra última Potro de Rabia y Miel (1992). Álbum que evidenciaría la adicción a la heroína de José Monge Cruz, el divino Camarón.
Y otros que nos dejaron por sobredosis de heroína fueron Ray Heredia y Enrique Urquijo, de la banda Los secretos. Sin duda, toda una generación perdida. El cine patrio cerraba ese capítulo con el film Báilame el Agua (2000), protagonizado por el actor vasco Unax Ugalde junto a Pilar López de Ayala. Tiempo en que el viento se llevaba el espíritu de las dormideras dobles.
Las madres luchadoras obedecían su instinto cuidando a sus hijos, tanto de las drogas como de todo lo demás. Así en el año 2000 se cerraba un ciclo y era el comienzo para la generación Z y en el 2002 los años del euro.
De todo aquello reparo en una conclusión. Y es que todos aquellos años fueron fatales. Para algunos era como luchar contra un potro de rabia y miel, y otros no llegaron a contarlo. Pero fueron unos años en los que la juventud no tomaba drogas de diseño, aunque sí cocaína y heroína. Aparte de la hierba, que no la considero droga. Atrás quedaron unos años que nos marcarían para siempre a muchos. Y puedo decir que ojalá volvieran, hubiese querido evitar de un modo más enérgico alguna muerte.
Y comprenderás que la violencia gratuita sale muy cara. Comprenderás que la gente no da puntadas de aguja sin hilo, y que la vida no dejará de sorprenderte. Comprenderás que este es un mundo de locos y libres. Comprenderás que la magia es posible entre los pensamientos con corazón. Comprenderás que es nefasto buscar una libertad de la que tú no eres amo, pues no se puede hacer llorar a la gente que te quiere o alguna vez te quiso. Cuando te des cuenta que no pasa el tiempo, pasa el alma, pasa el espíritu, las carnes se hacen mojama, e imposible es volver al pasado. Comprenderás que todas las mujeres guardan un ángel en su corazón. Comprenderás que no todo ha sido en vano, que los sacrificios y los remedios del pueblo los bendice Dios. Comprenderás que te han tocado jugar otras cartas, naipes que sueñan en el sol del uno de oros. Comprenderás que te entregaste dando un sí al ciento por ciento, y ya no hay marcha atrás.

Cuando podías comprar por cien pesetas lo que hoy se vende a Euro, cuando los alquimistas y los tecnócratas eran carne de hoguera. Te ibas a la discoteca con mil pesetas y regresabas con cincuenta pesetas, o con cien en el mejor de los casos. Estoy harto de ver precios con el 99,99€ de referencia. Esto que se llama marketing es lo más agresivo de lo que se puede fraguar ante el consumo. El marketing nos dice COMPRA, COMPRA, COMPRA, y no hay cosa que a los más pobres de la tierra cause mayor desgracia, que la de no poder comprar. Porque la pobreza es la mayoría de gente, incluso la de aquellos que se creen clase media, pero trabajan como un obrero. Te invitan a consumir un Cartier para presumir de tiempo, unos deportivos Nike porque andarás con suela acolchada como flotando, café de Gourmet para saborear el sabor hostil de despertarse y juguetes sexuales, por qué el sexo no es pecado. Te invitan a tener un perfume de marca, una lavadora con secadora, un lavavajillas, una televisión Smart y un montón de cosas que no son imprescindibles. Nos dicen que para que un país funcione debe haber consumo a diestro y siniestro. Que poco importa que te digan la consigna de estar trabajando sin lugar al ocio. Está casi prohibido el ocio. Y solo el ocio nos salvará. La vida antes del marketing era la vida cuando sin saberlo éramos felices. Porque no es lo mismo 100 pesetas, que 99 o 95. El batiburrillo de lujos que no se acaban. Mientras tanto suben los alimentos, sube el tabaco, y sube el nivel de vida, pero la renta per capita sigue siendo la misma. Pero aún así debes consumir, tener mujer e hijos, tienes que consumir por encima de todo. Estamos en un mundo de logotipos y marcas junto con el envoltorio del todo y nada por el celofán para envolver los productos que vamos acaparando. Yo, yo soy el que desoye el marketing de los millonarios, el de la publicidad en televisión, el nuevo mundo de Internet, la suscripción a periódicos digitales, la bolsa de Wall Street. Todo es una farsa. Pero el dinero es tan volátil ahora que pocos ahorran en su vida. Hipotecas, préstamos y plan de pensiones. No hay mayor lujo que la tranquilidad y el confort. Se basa nuestra sociedad en el miedo. Nos intentan vender hasta perder lo que ya no tenemos. Así funciona el mundo. Cuidado con el marketing ya que después vendrán las sagas de la emancipación del estado, aunque esto no suela llamarse economía de mercado, es un juego de trileros que desmonta la fe de los que esperan un milagro. Prefiero ser sencillo antes que tener aires de grandeza.
No hay una mejor manera de evitar errores que el hecho de conocerse a sí mismo. Cuando según va pasando el tiempo aprendes a vivir la vida, lograrás por ti mismo encontrarte a ti mismo. La clave es no volver a pasar ni eludir los errores pasados. Cuando aprendes vas caminando, no por ir deprisa llegarás antes. Somos andando, pero progresivamente ir avanzando desde la naturaleza que cada uno percibe, como una perspectiva u otro ecosistema, es sobre la experiencia un grado. Es obvio. No pretendo llegar a través de la experiencia a alcanzar el nirvana. Pretendo conocerme y conocer mi entorno. No es nuevo. La conectividad es algo que no todo el mundo digiere de la misma manera. Cada ser humano es un lado nítido de la vida y también un lado oscuro. Me gusta cada vez más este mundo, aunque a veces se dilate en el tiempo aquello que deseas. La vida te será dada paulatinamente. Conseguir ser tú con el aliciente de desear caminar porque es otra manera, nada nueva, de sobrevivir.
Posted on 4:07

En época de pandemia, aunque parezca un disparate, yo fui feliz, completamente feliz. Y es que al no salir apenas, tras ese largo letargo de tiempo, donde todo el mundo estaba confinado, yo fui completamente feliz. Pues el hecho de tener a toda mi familia al otro lado del auricular, el hecho de comprobar cómo amigos míos se desesperaban por no salir de casa, comprobar que todo el mundo estaba recluido, me dio cierta fortaleza moral, ya que entendí entonces que no salir no era una excusa solamente mía, sino de todo el mundo. Comprendí que la gente no estaba preparada con el encierro como lo estaba yo. Llegué a entender de que viniera solamente mi padre, a traerme víveres y tabaco, con una máscara, y que me trajera el famoso líquido desinfectante. Lo siento de veras por la gente que falleció. Es el lado triste de la pandemia. A toda esa gente les pido perdón. Aunque yo rogara que ninguno de mis seres queridos no se infectaran con el coronavirus, vi a gente conocida que fueron víctimas del COVID. A decir verdad yo no lo tuve ni lo padecí, pero conozco gente muy cercana que lo padeció con un final feliz y otros fueron menos agraciados. Pero que quede claro que lo quería decir. Porque todas las personas que se recluyen sienten en sus venas cierta indiferencia. Cierta incomprensión.