Posted on 4:03

Goza de todos los elixires que te proporcione la Tierra, la vida es corta y nadie llorará mientras te alegras, leguleya es la ineptitud que nos juzga y nos condena. Goza de orgasmos, ríete del mundo mientras puedas, que también se reirán contigo las almas malvadas, las buenas. Goza de cava y con mujeres de curvas esbeltas, que el campo no tiene llaves y no dudes robarle besos a mujeres malevas, que entregan su gemido ante la vida que brota canciones entre letras nuevas. No maldigas, no envidies y saborea, goza mientras puedas. Al futuro verás el rostro mientras la tierra espera. Sentirás la locura tan cerca que está en la habitación contigua o a dos pasos o a dos puertas. Siempre estará la locura al lado de tu tragedia. Siempre, pero siempre, recuerda, que sólo Dios es quien quita y quien aprueba. Que no habrá tristeza antes de la gran cosecha, que si no siembras no recogerás el fruto prohibido a manos llenas. No creas ni des por hecho que todo termina, serás al fin energía y también materia. Ofrecerás tu vida y no valdrá la pena. No se conoce una misma flor dos primaveras. Que el que camina también tropieza, que la vida comienza por el postre pero en la vejez deberás masticar tu cena, solo quizá, o con compañera, o sin ella, pero siéntete bendecido por vivir lo que tú pruebas. No hay luna sin sol, mascarás noche como el agrio matinal tragándote tu flema. No te entristezcas por razones que no valen la pena. El momento para unos es pecado para otros es voz necia, para otros ceguera. En el pasado no rememores ofensas. Tampoco en el presente. Entrégate al futuro y ríe con la andorga siempre llena. Haz bondad, este debe ser nuestro poema.

Sí, de verdad, ¡Manda Huevos! Da la casualidad que el agua mineral que venden en el Consum de Torre-Romeu se llama Estrella. Sí, como la cerveza. Menudos colocones de agua mineral me doy. La verdad, ¿es casualidad o lo han hecho a pura mala leche? Me bebo una botella al día. Recuerdo que cuando era jovencito me traía mi madre las Xibecas de la marca Estrella Damm de la bodega. Una vez en un festín compré la cerveza de Damm Malquerida. Era roja y anunciaban que era un invento de Ferrán Adriá. Todo lo que tenga que ver con este chef se vende a porrillo. El caso es que hace poco en las Bodas de Oro de mis padres bebí cerveza Estrella. Ahora han sacado versión galega, Estrella Galicia se llama. En los madriles beben Mahou y en Sevilla Cruzcampo. En Granada Alhambra. No sé. Esto del nombre de la birra es algo que tiene su aquel. En Perú, para ser más conciso, en El Callao toma Pilsen Callao, en Lima sin embargo beben Cristal o Cuzqueña. En mi boda recuerdo que compramos veinte cajas de Pilsen Callao. Es buena cerveza. También quiero aprovechar para reivindicar el pisco como peruano y no chileno. Aunque son lugares andinos ambos. Pero el buen pisco es el Santiago Queirolo, que me recuerda a mi compadre. En fin, que el mejor licor es Lagavulin de 16 años, es un güisqui tan bueno con un sabor inconfundible.
Posted on 8:28

Lo que sé de la vida, lo sé, por las veces que he estado muerto. Me han hecho la pirula, las pirulas me han hecho desconfiado, y la desconfianza me ha causado estragos, ser un mal pensado, y enemigo de mí mismo. La vida me ha enseñado que la raza no tiene nada que ver con la clase. Se dice a menudo: —Existe gente con clase y cierta clase de gente. Yo no soy de la realeza precisamente, pero tengo más tiros pegados que soy más viejo que el hilo negro. Soy libro abierto y soy legajo, también pergamino. Lo que sé de la vida (repito) lo sé por la muerte. Nadie puede hablar de la muerte, porque los muertos no hablan, aunque algunos cuenten trágicas y medrosas historias. Lo macabro de esta vida es que hay mucha gente viva que está muerta. Es como una broma de mal gusto. Lo que sé de la vida: Es no dar concesiones, ni hacer confesiones, pues lo que no quieres que se sepa debes no contárselo a nadie. La gente vulgar es siempre superficial. Una vez, cuando tenía sobrepeso me dijeron que estaba embarazado. Pero no me miraron a los ojos para ver si el comentario me causó algún daño o si estaba herido o muerto. Lo que sé de la vida lo sé por las decepciones. Decepción tras decepción, una detrás de otra, como los eslabones de una cadena, llevan eslabón tras eslabón cicatrices que el tiempo te va dando. Como monigotes de pega. Como marcas de infancia. Me enseñó la vida poco a poco que la vida pesa. Hay demasiadas pesadumbres en las que no se deben tomar demasiado en serio. Estoy cansado de repetir esta canción. Como una canción pegadiza que repites al levantarte. Ya no me asombra la vida, de lo que carezco en una cierta parte me sobra en otras. Aunque ahora leo poco, descubrí que me gustaba la lectura con un libro infantil. En esta vida no hay un error mayor que darle gusto a tu verdugo, a tu carcelero y al juez que te condena. Me gustaría volver a mis aguas fuertes, pero dejemos que cada cual siga su camino. No hay mayor escándalo que tener conciencia de que estás dando la nota. He aprendido de la muerte a quedarme sin amigos, conocidos. ¿Qué pinto yo en este mundo?

Me cago en la Navidad y en la Noche del veinticuatro, que no es buena, la Navidad es orfandad cuando nos falta alguien o algo. Todos esperamos un milagro. Sillas vacías echan a faltar aquellos que te daban canelones y sopa con hierbabuena, y ahora nada es sacrosanto. Todos esperamos el milagro. Me cago en Sant Esteve, y en la Noche que no es vieja. Me cago en el verano y en Sant Joan y en la puta verbena. Me cago en las vacaciones, también en las procesiones y en esta vida de mierda. No soy un resentido, enfermé tras la primavera, en la que también me cago, porque me engañó cuando una noche obscena me arrancaron el mes de abril y me negaron una vida que debiera ser más buena; aquellos que me acusaban ante la verdad de mi inocencia. Todos esperamos el verdadero milagro. Navidad y verano para descansar, hay quienes están peor, y no se enteran ni diez ni cien ni mil, vivo en total cuarentena una vida sin ser plena. Es lo que quiero yo. Yo también ando esperando el milagro. Y no ser esclavo de un reloj, ni de ninguna canción de amor, ya que sabemos que la vida no es diversión, la juventud es empezar por el postre, yo ni de la hipocresía tan necia ni entiendo el coste, ni las luces, ni el oropel tan y tan barato. Esperamos todos un bello milagro. Me cago en los Reyes Magos que ni son reyes ni son magos, que en realidad engañan a los niños incautos, a los ingenuos, a la infancia entera y se cagan en la inocencia. Mientras alucinados esperan el gran milagro. Me cago en el mes de agosto porque hace un gran bochorno, fiestas del colmo, el agosto para pobres enseña su verdadero rostro. Me cago en el cagatió, me cago en Santa Claus, pues es un borrachuzo de anís con porrón y tiene las mejillas del careto coloradas el muy mamón. Mientras borrachos esperamos el milagro. No soy de Misa del gallo, no deis más por saco. Quien no tiene fe ni se consuela, no es rencor, es de sabios. Mientras andamos esperando el milagro. Nos sentamos en la mesa, comamos doce uvas con pepa. No acepto la festividad, no acepto los días señalados, pues somos torpes esclavos que ni hicieron la mili ni creen aunque esperan un manojo de milagros. Desempeño un papel muy crucial, pues el amor es tan vertical que en el laboratorio del simulacro ornamental, vamos pacientes a esperar el milagro, en la fría cárcel del hartazgo, no hay noche ni día, hay un mal entendido eternizado. Me escapo y se escapa, mi amor se escapa, porque quiere conocer al Papa. Ella espera el gran milagro del hombre santo, del padre de todos los padres franciscanos. Y aburridos, tremendamente aburridos, andamos esperando aunque sean pequeños milagros. Vamos jugando a las suertes, a los azares, a los loteros, quizá no venga el milagro. Esperaremos el milagro hasta cansarnos.
Posted on 7:47

Las supersticiones normalmente son para los toreros. Estamos en una época de supersticiones, profecías y demás nigromancías. Existe un oscurantismo entre lo real y lo verdaderamente absurdo. La novela esotérica se vende como la Coca- Cola. Y es que, como la religión, nos preocupa el futuro y la mortandad. Ser supersticioso es el nuevo paradigma, según algunas fuentes, del hombre posmoderno. Supersticioso o no eso nos lleva a relacionar las cosas malas que nos puedan ocurrir frente a las plegarias desatendidas. Pedir la extremaunción es algo que ahora no se realiza. Pero el ser humano es supersticioso porque existe la muerte. Y la muerte es algo que nos preocupa a todos, pero lo más preocupante es no tener ni empatía ni conmiseración con el prójimo. Yo tengo mis propias creencias, que aunque no estén beatificadas por la Iglesia Católica, son santidades paganas en un mundo de santurrones y beatos que se apartan de ellas por ser algo que les embelese demostrar cierta verdad divina. Odio los predicadores de Facebook y otras redes sociales. Creen que predicando la palabra de Dios están exentos de fatalidades. En tiempos de dictadura yo hubiera sido un pecador, pero más pecados cometieron todos aquellos que llevaban bajo palio. Yo no mataré ni he matado. Pero la raíz del asunto es que dictadores fascistas y la Iglesia han hecho estragos en siglos pasados e incluso en la actualidad. Creo en las plegarias atendidas.

La melancolía es tristeza que no se sabe de donde proviene pero es tristeza e insatisfacción. La melancolía de mis días es reencontrarme en un punto de no retorno. ¿Quizá necesite un psicoanalista lacaniano o freudiano? Tengo una depresión que me lleva en hombros como San Cristóbal llevando un niño sobre los hombros. Necesito a alguien que me guíe en las aguas del río turbulento. Dicen que un día sin reír es un día perdido. Yo necesito reír, salir a divertirme, y volver sin hacer ruido. La maravilla de la existencia es que la vida lleva a lugares remotos con la imaginación y las lecturas. No me gusta escribir por escribir, pero pronto tendré novedades que contar. Ahora no puedo anticiparme, ya que yo ni sé. Pero me esperan motivos alegres. O quizá no, el destino es incierto. Pero aunque con melancolía o sin ella siento ilusión a ratos, otras me levanto, me preparo un buen café, y sigo caminando. En el número de septiembre voy a publicar un relato breve. A mi amigo y camarada le ha gustado. Así que en esas andamos. La vida es una ilusión con vestigios de melancolía. Me siento bien, eso es todo. Pero tengo altibajos. La melancolía es como días nublados.

Para todos es dura la vida. Menos para los que son inocentes y los que tienen otra perspectiva de lo que es vivir. Aunque para nosotros sea dura la vida aun creemos en el amor. Yo quisiera enamorarme de un corazón rojo, tan rojo como la sangre. Enamorarse hoy en día es un acto revolucionario. Pues el cometido de la gente es buscar tres píes a un gato. Siempre hay una excusa, y en este maldito mundo no valen las excusas, lo que vale es la voluntad que le pongas a distintos empeños. Hoy he pedido dinero a los bancos sin éxito. Los bancos sólo quieren gente que les sobre el dinero. Ahora se ríen ellos de mí, algún día me reiré yo. Yo soy escritor. Quizá llegue pronto mi momento y la oportunidad de escribir algo medianamente interesante. Sufro mi precariedad por mi mala cabeza. He sido bueno pero el mundo es así, yo no tengo nada que ver con el desastre del planeta. La gente sufre, y está sola, nos han alienado. Nos han atado a la cama. Llegará el momento en que escriba algo decente. ¿Quién sabe? Escribir no es nada fácil. Aunque muchos crean que es unir adjetivos y verbos. Escribir tiene una especie de adicción que te hace tomártelo en serio. Me contento con que lo que escribo sea útil para al menos diez personas. Pero, ¿para qué mentir? En realidad soy muy ambicioso y constante. Eso me hace obsesionarme con el trabajo casi perfecto, porque está claro que la perfección no existe. Existe la voluntad. La gente que se alegra de verme solo por las calles se consuelan del mal de tantos y tantísimos hombres y mujeres que viven sin vacaciones y pasan calor en sus casas. Vivir duele.