
Mi madre no aparenta la edad que tiene. Le encanta la juventud. Cuando está con juventud rejuvenece y se pone alegre, extrovertida y dichosa. Le gusta estar con niños, con sus hijos, con gente joven. Y es que ella tiene un espíritu joven. Mi madre no será anciana nunca. Se ríe y es dicharachera. Tuvo que aprender a ser ama de casa demasiado joven. Pero témela cuando se enfada. No tolera según qué cosas, pero es fiel a sus principios. Mi madre es una mujer fuerte, católica no practicante, y tiene el don de la juventud en su apariencia. Pero no sólo ella. Mi padre también parece más joven de la edad que tiene. Yo creo que en mi familia el único anciano soy yo. Mamá es muy infantil,le gustan los trabalenguas, los chascarrillos, las adivinanzas y los juegos orales. Debió tener una juventud sombría. Imagínense, en una fábrica de cartones donde pasaba todo el día. Mi madre dejó su trabajo para cuidarme a mí y a mi hermano. Pronto será su aniversario de bodas. Las bodas de oro, ya que son cincuenta años juntos sin contar el noviazgo, que fue duradero. El aniversario coincide con el día de San Fermín, y mi padre se llama Fermin. Y así a los pobres les pasan los años. Como bien decía un amigo del pasado.
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Cuando el amor acaba deja un vacío infinito en el sinsabor. A no ser que lo dejes olvidado en cada rincón de tu casa o en orfanatos donde se respira abandono y frío interior. El amor tiene los días contados, es una breve ilusión, los abrazos prestados, en liderazgos y hartazgos existe una canción. Cuando el amor se acaba es como hacerse contador, de rutinas varias, de palabras sabias, sin rencor ni devoción. Necesito un poeta que me dé un consejo pues ya empiezo a ser ya viejo, y cuando termina el amor es la raíz el dolo, hacerte tránsfuga, converso, pendejo o cambiar de religión. Cuando el amor se acaba no tiene validez el oportuno perdón, camisa de once varas, de nada sirven las palabras, inventar un nuevo mundo desde la ficción. Yo sé que el amor no es pura paja, al revés torpemente las escaleras bajas, todo se vuelve mortaja sin muerto ni Dios ante su contemplación. No es que sea yo precavido, quizá tenga asumido no arrimarme al mundo de la televisión. Amor, amor, ay, amor, tengo tres cruces elementales, estoy del lado de los formales, y cambié el realismo por demasiada imaginación. ¿Qué importa que la tragedia y el drama eclosionen como un huevo de pascua? Calor de amor, amor de madre, les pica la sarna a los ideales entre precaria intención. Ser burócrata en celo es decir que se te cae el pelo cuando lo que se cae es la insatisfacción. No llorar, no mentir, no amar, no sentir, esas son cuestiones que nadie nunca evitó, habitaron un amor en cada escena pues pronto vendrá mi cena y moriré solo en un triste colchón. No entiendo de recovecos, no entiendo la anatomía de los muñecos, lo que entiendo lo veo en los reflejos de los espejos, en los trampantojos, en los hermosos ojos cuando mirabas mi perdición, es la serenidad de los entrecejos, mejores caldos y los vimos añejos, en mis lugares felices hay santuarios como olor a semén hay en una habitación. Ante los sueños perplejos, asomé ante la sombra oscura del miedo. No hubo pactos ni entreactos solamente cayó el telón. El silencio del cementerio, la repetida oposición al magisterio, que la vida va en serio, y eso es realismo sucio, ante verdades sin corazón. Tú creías que yo insistía entre mentiras, una opinión, lo que de verdad tenía era armonía y la cambié tan solo por mera intuición. Poco importa de qué están hechos los sueños, no somos del sueño dueños, ni tampoco herederos de una conciencia asqueando al verdor de ser hijo de dios menor. El verde de los paisajes vascos, el verde de las flemas del asco, los buenos deseos, los malos empleos, la vida es pura ilusión. Toda mujer es dueña de una canción. Toda mujer es merecedora de una canción. Las prostitutas, las sustitutas, las masas brutas, los que comparten veranos y desmayos por insolación. La vida puede ser un mal trago, a mi doctor acudo, con mi pensión os pago. Tengo un hueso doliente en el culo, me hago y me deshago, soy mecenas de la miseria, soy ignorante entre entelequias, para mí la vida es miseria, si no fuera por mis padres ¿qué haría en este mundo yo? Recuerdo paraísos perdidos, recuerdos que perdieron la emoción. Las cosas son verdirosas, vivir es dolor.
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En mi humilde opinión hay un malditismo frente a las enfermedades mentales. Es como una oscuridad que aleja a las personas (salvo las que son de tu familia) y es la raíz del ostracismo y la estigmatización que sufren los pacientes con enfermedades psíquicas. La comunicación entre los enfermos es nefasta. Es como una pista de auto choques. La estigmatización es prima hermana del ostracismo, y el ostracismo sólo conoce desprecio, inseguridad y risas de la gente corriente. Te ven con la boca abierta y es que tienen razón, da mal efecto. Pero donde sí no hay razón es en el rechazo y la mala baba de alguna gente que crea fantasmas debido a que se burlan y entre la desventaja psicológica de los enfermos crean un miedo que solamente se disipa cuando deja de ser miedo. Cuando el miedo pierde efectividad, cuando te ríes de tus miedos porque ya no tienen el efecto que antes tenían. Voy a serles sincero. Prefiero ir con la boca abierta antes que un verdugo te imponga la dictadura del miedo y el pánico a la vez que despliegas todo un organigrama de benevolencia y comienzas a ser una persona verdaderamente completa. La estigmatización es un detalle importante para la ayuda de estos enfermos, a los cuales me incluyo. La verdadera miseria emocional no comienza por uno mismo solamente. También es externa. Es como un juego en el que no conoces las reglas pero vas ganando confianza en ti mismo a medida que vas llegando a la plenitud y el equilibrio personal. En realidad son enfermedades del alma. Y no todos los enfermos psíquicos son la misma cosa. Unos pueden parecer sin cura, otros pueden ni parecerlo, pero decir que eres un enfermo psíquico te excluye de la manada, de la tribu. Los jefes de la tribu, que suelen ser tus padres normalmente no entienden bien lo que ocurre con sus hijos. Muchas veces la dinámica te implica en un juego surrealista.

¿En qué lugar y en qué momento dejé que me clavaran un puñal en el pecho para que nadie me reconociera al verme? ¿En qué lugar de mi cerebro se marca la equis orgánica de mi enfermedad? Ya sé que soy un cero a la izquierda, y conozco mis limitaciones. ¿Tal vez necesite un psicoterapeuta de la filosofía Freudiana u otro de la filosofía lacaniana? La calumnia es una mancha que no se quita con nada. Ni con vinagre, ni alcohol, ni disolvente, ni aguarrás, ni gasolina. La equis orgánica que tengo en mi cerebro es la prueba evidente que en el secreto de la vida nada es secreto. Todo se acaba dilucidando. Las preguntas a estas cuestiones nadie las sabe preguntar, pero las respuestas guardan un secreto entre las cloacas y el mundo efímero de las casualidades poco dadas a la evidencia sustancial. ¿Hay alguien en cualquier lugar que te esté mirando? La verdad es que los seres humanos no están solos. Están sincronizados. ¿Qué idioma hablan los pensamientos sean estos de la índole que sean? Le equis orgánica que esconde mi cerebro es la base de un problema psiquiátrico. ¿Moriré como Nietzsche de megalomanía, de ablandamiento cerebral? ¿Soy parte de una plegaria hipócrita o gimo como un amante? ¿Dónde comienza la verdad y dónde está el elogio de la mentira? No existe elogio para la mentira, aunque el mundo sea una mentira, también es parte de una gran verdad. He estudiado al ser humano de lejos y de cerca, y trato de comprender su debilidades más inverosímiles. Allí afuera hay dos tipos de gente. La buena y la mala. Cuando a un ser humano le falta la humanidad, la empatía, el altruismo, su corazón es mitad rabia y la otra mitad sueño incompleto, nada se puede hacer contra eso. La mayor de las pasiones es solitaria como una nube en plena lluvia que te sigue a ti sólo. El mundo necesita recuperar las humanidades. Las humanidades y el hecho inexorable de comprender la naturaleza de vivir.

Hubo un tiempo que cada mes tenía que aguantar que mi padre pagara la multa a la que me sentenció el juez. El juez, una autoridad sin conmiseración, ni compasión, me sentenció a pagar tres mil Euros por subirme a coches, por estamparme con el SEAT Málaga de mi padre y por romper la puerta de un restaurante chino. Cada mes era vergonzoso. Entonces mi padre estaba fuerte y aguantaba mi confusión diciéndose a sí mismo: —cambiará. Y vaya si cambié. Me topé con gente ruin, gente que solamente buscaba que me culpabilizara de los delitos o trastadas que cometí. Decepcioné a mi padre, eso no quita que no lo quisiera. Le hice pasar por situaciones que me causan vergüenza confesar en estas líneas. Digamos que estaba perdido en una marabunta que ni yo mismo comprendía del todo. Jamás imaginé que esas trastadas le hicieran tanto daño. El otro día miraba a mi padre. Y lo veía con miedo y fuera de sitio. Con la mirada perdida. Mi padre, una persona verdaderamente buena. Pero buena de verdad. Aquí el malo fui yo. Han pasado muchos años de eso. Pero es algo de lo que estoy arrepentido. Quería probar algunas cosas de las que tenía nociones pero pocas perspectivas. El punto final de esta historia fue en el año 1995. Mi padre es un ser bueno, un bendito. Mi madre tiene más carácter. Digamos que mi familia es un matriarcado, no porque mi padre no tenga autoridad, sino porque es un hombre noble. Hay cosas o temas que es mejor no sacar, ni publicar. Es una locura que cometí debido a la confusión mental que tenía por entonces. Mi personalidad nació dos veces. Aunque mi madre pariera sólo una. Me molesta hablar de este tema. No estoy nada orgulloso. Recuerdo que avalándome mi padre me dieron un préstamo. Uno, para pagar una multa. El otro, para publicar un libro insustancial, anodino, y con poca fuerza literaria. En total pedí cuatrocientas mil pesetas. Digamos que mi primer poemario era un libro malo, pero entonces no tenía ningún criterio, ni ninguna autocrítica sobre lo que escribía. Drogas, sexo y rock and roll, mucho rock and roll. Demasiado. Tenía demasiados enemigos, pero yo ni me enteraba, o quizá sí lo supiera, pero no quería hacer mala sangre. Verdaderamente la verdad de todo esto, es mi desengaño amoroso. Un desengaño que me cogió por sorpresa. Pues yo estaba convencido de que iba a prosperar la relación. Pero no. No llegó a nada. Estaba comprobando en que se parecía mi naturaleza contra la del resto de los mortales. Jugaba con cierta desventaja.