Posted on 7:23

La televisión se repite más que el ajo. Cada gala, cada evento, los telediarios, el fútbol, el cine de no mucha relevancia, el tenis, la Fórmula uno y las carreras de motos. La Navidad, agosto, y Semana Santa. Siempre la misma historia. Es un hipo de por vida. Risas enlatadas, programas pregrabados, telebasura, todos los años cuando llegan las fechas señaladas ocurre el mismo acontecimiento de plástico. Los anuncios nos invitan a gastar dinero, un dinero que muchos, la mayoría, no tenemos. La televisión es la hipnótica diversión de los pobres. Los que tienen dinero tienen un gusto complacido. No basta con la sobremesa, y el repetido telediario de la noche. Las bodas, coronaciones y divorcios de la monarquía. ¿Por qué me da todo tanto asco? El repetido espectáculo de marionetas y teleñecos. La televisión de ahora no es como aquella otra televisión que nos educaba con dos canales. Siempre la misma historia. Mejor recurrir a la magia de la radio. Mejor recurrir a un buen libro que te consuele la realidad. Mejor ser un hombre encoñado con una prostituta que un encoñamiento con la pornografía del oropel y el artículo o artefacto que no necesitaremos nunca.

Es por todos sabido, aunque nunca está de más recordar. A todos aquellos que al fallecer se nos van. De nuestras vidas se nos van. Y no volveremos a verlos más. Es por eso que en esta vida hay que ayudar con tu alegría, hay que tratar de reír, gozar, comer bien, dormir mejor, y olvidar. Dar aquello que puedas dar. Es no perder a nadie tras el olvido. Pues nuestros muertos son nuestros recuerdos. Suena a tópico. Pero vivimos poniéndonos la zancadilla unos a otros. Y no entendemos que esta vida se nos acaba. Todos vamos a morir. La muerte está acechando como un vacío que nos deja la pérdida. Tengamos una cosa en cuenta. La muerte es un tránsito. Porque la leyes de la física nos dicen la energía ni se crea ni se destruye, se transforma. Nacemos para morir. Pero entre un punto a otro de estas dos realidades hay un tiempo en el que no podemos renunciar a vivir la vida. La vida es un paseo, un desfile de amor. Carecemos de libertades, tenemos nuestros miedos, y tenemos la capacidad de amar. Después de eso no hay nada. Sólo hay otra materia, otra transformación. Aquellos que se van no volveremos a verlos. Desaparecen para siempre. Y mientras continuamos nuestra lucha diaria aferrados a las cosas materiales. Y la verdad es que las mejores cosas son gratuitas. Lo gratuito es más hermoso que lo que pagues con dinero. El putrefacto dinero. Hay cosas en la vida que no se recuperan. Se debe vivir desde la bondad. Se debe vivir desde el buen rollito. No hacer daño a ningún ser en la Tierra. Y tratar de amarnos, aunque sólo sea por educación. Aquellos que lo dan todo son aquellos que decidieron dar lo más valioso que tenían. Amar un amigo es consagrarse a Dios.
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¿A dónde se irán los jóvenes ahora de fiesta? ¿En qué lugar ocurre el akelarre de la luna llena? ¿A dónde se van los jóvenes ahora que el eclipse es magia? Para mí es un misterio. Tendré que preguntarlo. No para ir de fiesta, me sentiría ridículo. Es por pura curiosidad. Yo me iba a Terrassa, a la Zona Hermética, y empecé yendo al Albatros. Ahora no existe nada. Todo eso se fue con los años, porque los años pasan y se llevan aquellos lugares donde fuiste feliz. Ser jóvenes es empezar por el postre. Es atiborrarse de chocolate sin temor a engordar. Quisiera saber dónde se cuece la hoguera de la primavera. ¿Se irán a la Costa Brava? Quizá a Lloret de Mar. ¿Qué habrá sido de la tasca del Pelos? Todo desaparece. Los buenos momentos se evaporan como el aguarrás. A muchos amigos se los llevó la parca. Otros acabaron mal, aunque viven como pueden. Yo tuve la inmensa suerte de haber vivido en los 80-90. ¿Ahora es el reggaeton la música que se pincha en las discotecas? Mala música. ¿Dónde se bailará la rumba? Todo se lo ha llevado el viento salvaje y ya no volverán aquellos jóvenes que yo conocí. Algunos quedan todavía. Pero ya no tenemos edad para ir de crápulas. Quizá vuelva la juventud, ya que como dijo algún poeta. Ahora que de toda la diversión han pasado veinte años. O quizá más tiempo. He llorado y he llorado de risa, he ayudado con mi alegría, y me he equivocado como todos los jóvenes se equivocan. Hubo un tiempo en el que se disfrutaba más fuera de la discoteca que dentro. Recuerdo mi felicidad, mi enorme sol en mi pecho. Juventud que un día fue mía.

Estoy escribiendo un libro. De mis libros ya publicados ninguno ha tenido éxito, pero yo sigo en la brecha. Decía Oscar Wilde que a todos tus libros por igual se pretenden que tengan buena acogida, que son como hijos. Yo no diría tanto. Me parece una exageración. Pero bueno, cada uno tiene su propio concepto de lo que es un libro en cada escritor/a. Llevo mucho tiempo que me dicen las editoriales que mis libros no se venden. ¿Serán de verdad malos? Yo no sé, pero no tengo salida. No puedo hacer otra cosa que escribir. No quiero publicar más libros en unos años. Primero tengo que tener paciencia, después serenidad y también escribir y leer, leer, leer. No hay mejor combustible que ese. Escribir un libro es algo muy difícil. Por eso cuando veo a escritores de éxito siento envidia y los admiro. Todo a la vez. A mí no me gusta ir por la vida de escritor, y mucho menos de poeta. Pienso que el Parnaso debe contar con buena literatura. No escribo para hacerme rico, y ganar dinero no gano. Más bien los pago yo. Salvo excepciones, hay escritores buenos y malos que tendrán que pagar en un futuro por publicar. Eso sí no ganas concursos o no eres un autor conocido. Esto de escribir es una carrera de largo recorrido. Tienes que aguantar el ritmo, la respiración para no tener flato, y aguantar y resistir aunque llegues el último a meta. Nadie dijo que escribir fuese fácil, o quizá alguno sí lo diga. Pero todo aquel que escriba debe tener un buen criterio honesto y leal de lo que ha escrito. No se puede escribir por escribir. Yo prefiero escribir cuando me acompaña la idea certera antes que escribir como un burócrata con una actitud de oficinista. Los buenos escritores de éxito siempre serán publicados sin pagar, y cobrarán decentemente sus regalías. Un escritor que se avergüenza de lo escrito en un pasado no ha entendido o no entiende que a la par que escribir es dificultoso es un ejercicio de aprendizaje. Aprender a escribir es un arduo camino de desengaños y decepciones. Yo no puedo opinar como un gran experto en escritura. La verdad es que sigo aprendiendo, día a día, noche tras noche. Y no quiero dejar de aprender, y sobre todo de sorprenderme. Escribir tus libros también es madurar.

Cuando hablo de miedo no me refiero al miedo hacía la gente o hacia alguien en particular. Mi miedo radica en mi subconsciente. Tengo miedo de lo que para mí es a ratos un imposible, otras un temor a la vida, y otras, las menores, a la soledad. No es que me dé miedo estar solo, lo que me da miedo son mis propios fantasmas. Tengo que decir que la suerte mía es que mis padres jamás me han censurado. Ni lo harán. Mi miedo parte de la duda y acaba en la sensación de que me sugestiono al creer que decepciono a media humanidad. La soledad no es mala cuando no hay miedo. Pero te trae fantasmas nocturnos que acompasan la psicosis. Yo tengo varias ferrichas que pulir. Vivir es algo fantástico cuando las cosas vuelven a su lugar. Sin darme cuenta me he hecho casi cincuentón. No le temo a la muerte, pero quiero morir sin agonía. Me considero una persona afortunada, aunque no tenga dinero. Pero lo más sustancioso es la paz de los míos y de la gente que quiero y aprecio. La vida me ha dado varias lecciones y puede que le haya visto las fauces al diablo. Pero la soledad es prima del miedo, y el miedo te lleva a la psicosis o la manía persecutoria. Mi mayor torpeza soy yo mismo. He caminado las sucias calles y he visto de todo. Entre desengaños y decepciones me he visto muchas veces en el lugar donde debo estar. Si Dios ha querido que esté aquí es aquí donde debo permanecer. Dios ha puesto cosas a las que amo y aprecio donde está mi lugar. Mi lugar verdadero. He luchado mucho por lo poco que tengo. Pero empiezo a ver luz. Gracias a gente que me quiere y yo a ellos.

Yo escribo gracias a que leí el Romancero Gitano de Federico García Lorca. Lo leí en el año 1995. Gracias a mi primo Ricardo. Para mí fue todo un descubrimiento. Una verdadera obra maestra. Cuando leí el poemario me dije, esto es lo que quiero hacer yo. Y desde entonces no he parado de escribir poesía rimada. Yo rimo en serventesio, décimas o PROSIMETRUM. El Romancero Gitano me abrió a un mundo que yo conocía y me veía reflejado en cada verso, en cada metáfora, en las imágenes mágicas. No, yo no soy gitano. Soy hijo de andaluces, que es lo que llaman un “charnego”. Luego vi la película de Bigas Luna La teta y la Luna, y ahí empezaron mis ganas por involucrarme en el mundo artístico. Me veía reflejado en el niño, en Tete. Y también en el personaje de Miguel Poveda. Esa fue la semilla que me sumergió en la poesía y en las artes. Yo había estudiado imagen. En aquella época era analógica. Después llegó la fotografía digital. Y ahí encontré otra manera de expresarme además de la poesía. Son cosas de las que me he reservado dando explicaciones por cierta timidez y vergüenza. Cuando escribía era la hora de la realización, y ahí, todas las cosas si se imaginaban podían ser verdad. También hice música. Pero en las artes no soy muy bueno, tengo que admitir. De los diecisiete a los veintitrés he ido como una veleta. Haciendo acopio allí y allá por culturizarme. Si mis compañeros de la Unidad Hermética me vieran ahora, sin duda alucinarían. He sido crápula, hijo problemático, y nunca he tenido miedo. Ahora de mayor sí lo tengo. El miedo es para la soledad su amiga más fiel. Me llamo Capplannetta en homenaje a Catalunya. Ese lugar de la esquina. Escribí mi primer poemario, o más bien decir que lo publiqué, en 1999. Y ahora no lo hubiese publicado. Pero de los errores se aprende. Pequé de ingenuo. Escribir para mí es todo, y realizar mis mixturas. Sin duda todo ha cambiado para mejor. Quisiera a veces dejar la literatura, dejar de escribir, pero la música, el cine y las lecturas me empujan hacia ello. No es que sea bueno, pero tampoco malo. Gracias a mis lecturas he podido dilucidar cierta verbigracia con las palabras, las metáforas y las imágenes. Como lo haría un poeta.