
Muchos se conforman con ser mero actor secundario en esta vida repleta ella de protagonistas. Cada uno vive su vida a su manera, yo me conformo con ver la vida venir, en dar un diagnóstico antes que la enfermedad lo mate a uno, es difícil a veces, influyen demasiados factores a la contra, pero hay cosas tan evidentes que te saltan a la vista. A veces tener demasiado protagonismo te pone delante ante lo elemental, alguna gente no siente vergüenza ajena, y menos de sí mismos, por ello les encanta la exhibición, pero los hay a quienes los calas con que abran la boca o con verles la cara. Yo, por educación, callo. Por eso dirán aquello de quién calla otorga, ¿y qué se otorga? El beneficio de la duda. Es mejor darle a todo el mundo el papel de presunto, salvo a los que no tengan ningún perdón, ¿y qué hecho en la vida no debe perdonarse? Dos, a mi parecer, son las cosas que no perdonaría jamás, la ingratitud y la barbarie vista con ojos de hombre noble y justo. Yo he podido pecar de muchas cosas en la vida, pero nunca de ingrato o bestia, aunque el adjetivo bestia está visto desde una visión impropia de bestias humanas, yo llamaría bárbaro al que daña a un pueblo, al bellaco, al que origina un holocausto, o una masacre. Eso para mí es deleznable. Por eso hay personas que no merecen la vida, aunque se las perdone, porque éstos están desprovistos de humanidad. Lo que es penoso es juzgar a una minoría enferma (enfermos de esquizofrenia ejem.) porque aquel que padece de la misma causa que esa minoría haya cometido una barbaridad. Eso es injusto, y produce una estigmatización social nada agradable.

Hoy, otra vez, ha venido mi padre a traerme víveres y tabaco. Cerraba sus brazos como queriéndome dar un abrazo desde la distancia. Me ha traído hasta alcohol desinfectante. Mi padre es un valiente con setenta y dos años que tiene. Como los quiero, y más en estos tiempos en que nos tenemos que dar abrazos desde la lejanía, besos al aire, conversaciones por videoconferencia. Las tecnologías son muy útiles, pero no bastan para tener una vida con plenitud. Ninguna tecnología puede suplir el cariño humano, ese calor adosado a nosotros y que se da gratuito, sin hacernos preguntas del porqué lo entregamos, pero lo entregamos a manos llenas, y el que no lo haga irá como un motor en una cadena de montaje, de mano en mano hasta que ya sea sólo la parte de un aparato. Ignorando su procedencia, su destino, su función, y hasta su fecha de caducidad. Cuando llegue el día de su jubilación poco importará, ya que es un aparato, un artefacto sin alma. Yo, probablemente, tenga una vida parecida a la de estos motores. Aunque yo tengo alma. Un alma que conocen aquellos que me vieron en sus vidas y tal vez me recuerden con cariño, otros, quizá, me odien desde su resentimiento. Pero allí donde estéis pensad que estoy a un metro de vosotros, digo esto porque yo ya estoy cansado de buscar y buscar, de repetir mi canción, y quizá sea eso, que os escondéis o me huis a mi llegada y tal vez estéis hartos de mi repetida cantinela. Saludos desde el confinamiento, ahora estamos todos encerrados y pronto caerá la tinta sobre esta misiva creando lágrimas corridas que se pierden y quedan en el blanco/negro soporte un borrón que se derrama.

Entre los pájaros de mesa (ahora prohibidos en Catalunya) se encuentran cuatro razas aptas para concursar en un concurso pajaril para pájaros de pañuelo. Está el pájaro Pinzán, que es pájaro que se alimenta de insectos y de semilla grande, pero lo que más le gusta es el cañamón, que proviene de la planta del cáñamo, que puede ser marihuana. También come una semilla llamada mijo, y negrillo, también alpiste y tiene un cante que va de menos a más, lo llaman a este tipo de cante rusinyolear, ya que es pariente del rusinyol, que es un pájaro común en el paisaje de los Pirineos de Catalunya. Otro pájaro que es muy habitual es el Colorín, comúnmente llamado Jilguero, en Catalunya le dicen Cadernera. Sin duda es mi preferido y el que mejor cante tiene, se puede mezclar con canarios. Después está el verderón, ya que su plumaje es verde, en Catalunya se le llama verdú. A mí en especial no me gusta, tiene un cante feo, aunque yo tuve un verderón que daba volteretas en su jaula. También (por último) está el Pardillo, conocido en Catalunya como passarell, tiene un cante gracioso y peculiar, este también puede mezclarse con canarios, aunque es muy difícil sacar adelante sus crías. A las mezclas entre canarios con pájaros silvestres o de mesa (concurso) se les llaman mixtos. Después está mi pájaro preferido pero no puede concursar en una mesa aunque es un deleite escucharle por los pases y explanadas de Catalunya, y es el Chamariz. El Chamariz tiene el cante más bonito que se puede escuchar, el de más algarabía, también los he visto mixtos, o mezclados con canarios. Tener un Chamariz es tener un pájaro alegre siempre pinturero. Es un pájaro que gusta de ciudad y monte. Es pariente del gorrión común y de el Pardillo. Nosotros cazábamos a través del “arbolito” con cruelas untadas en liria de muérdago. Se quedaba su plumaje enganchado entre la pegajosidad de la liria de muérdago, y te dabas prisa o se desenganchaban. Usábamos como reclamo diversos pájaros en sus jaulas camufladas con arbustos. Ahora que estamos todos “confinados” supongo que estamos un poco enjaulados, como éstos animalitos. Ellos tenían su comida, para el Colorín lo bueno es la semilla de cardo, por eso lo verás entre cardos borriqueros, el pardillo es de negrillo, aunque también le gusta el cardo, pero el Chamariz es de miga de pan y las semillas pequeñas. Las personas somos muy parecidas al mundo pajaril. Debo de decir que al igual que suele ocurrir en la vida de las personas el mundo pajarero es un mundo machista, pues sólo van a concurso los machos, las hembras se reservan a la cría, y está prohibido tenerlas en cautividad, de cualquier especie. Ahora que pienso, en mi adolescencia he tenido muchas jaulas, pero en realidad el enjaulado soy yo. No sé, es mi impresión. Entre vicios y reclusiones solamente recuerdo bien el tacto frío de una jaula. De mi confinamiento.

Hace unos días llamé a un amigo tras el transcurso de lo que popularmente es conocido como el “confinamiento” por el COVID-19. Eran horas para cenar y mi amigo se estaba preparando la cena, se escuchaba por el auricular telefónico explosiones breves debido a los huevos fritos que se estaba preparando con arroz a la cubana me dijo, me advirtió que iba a cenar, que después me llamaba él, yo accedí, era comprensible; y al rato me llamó. Empezamos nuestra charla hablando de cine, después de literatura y acabamos hablando de mujeres, mi amigo enseguida expuso el tema de las piernas femeninas (no todas hermosas y agradables al instinto sexual masculino) y yo le seguí el hilo diciendo que en el cine siempre hubo piernas de escándalo, y enseguida sacamos el tema de los senos, parte atractiva en según qué mujeres, enseguida intercambiamos aspectos como la revista Playboy y hablando de chicas que por discreción no diré aquí sus nombres. Mi amigo, que es oriundo de Bilbao, en seguida me dijo que en el País Vasco es el lugar de España donde menos se folla, la verdad, no lo sé, no quiero meterme en camisa de once varas, pero es posible, el norte es frío y gris, pero creo que es relativo. Enseguida le corté y le dije que los que no follamos somos nosotros, y más ahora con los tiempos de reclusión debido al “coronavirus”, en fin, digo esto por que yo creo que la gente folla cuando la dejan, excepto las bestias. Me gusta el sexo, aunque para mí lo importante es el “quién”, es de enorme importancia, he tenido experiencias negativas que aquí es mejor omitir. Mi consejo es que follen, que se desfoguen, la retención de sexo es proclive a la mala leche y eso conlleva a depresión; es necesario.

Cuando hablo de justicia poética no hago alusión a la película estrenada en 1993 titulada Poetic Justice del director John Singleton, cuando digo Justicia poética me refiero a los hechos que estamos viviendo en estos nuevos amaneceres. Debo de empezar este breve simulacro contra la reclusión obligatoria añadiendo que, para nada es de Justicia Poética el que fallezca tanta gente y mucho más si éstos son ancianitos huérfanos -estos sí- de toda justicia, incluso la divina. Pero ya que hablamos de lo divino, no creo que nada tenga que ver Dios en este asunto, aunque sí el azar, el azar es un gran ordenador, un gran justiciero, en este caso poético. Que todos estemos en obligada reclusión puede parecer ilógico pero así es este mundo que hemos creado entre todos a pasos de gigante. ¿Nos merecemos este tipo de justicia poética? Nosotros, que hemos hecho tanto por las especies animales, que tenemos unos océanos puros y cristalinos, que tenemos a más de la mitad del mundo pasando hambre, nosotros, que somos el origen de tantas injusticias, de holocaustos, de campos de concentración, en fin, nosotros que hemos hecho de este mundo un infierno y ahora estalla la bomba en nuestras manos justo ahora que íbamos a cambiar temas como el cambio climático, la pobreza mundial, que acudimos como locos todos ante la deforestación del Amazonas. ¿De qué nos ha servido tanto esfuerzo en preservar la naturaleza? ¿En mantener en armonía a los pueblos? Qué mundo tan placentero nos había quedado y ahora ZAS! Como el que no quiere la cosa está tan vacío, tan ordenado que aún no creemos en el caos que hemos engendrado, no, no es alarmismo, es Justica Poética y nada más que eso, ¿cuánto tiempo más nos queda esperar paz? ¿Cuánto?

Puede parecer cursi pero sigo enamorado de la vida, pese a sus inconvenientes y pesadumbres sigo enamorado de ella. En el amor, a las relaciones de pareja me refiero, he sido un cero a la izquierda. Dios me condenó “sin patio” y también me castigó a estar siempre “de cara a la pared”. Quizá en otra vida anterior pecara, no lo sé, yo prefiero hablar de un Dios de la naturaleza, mi vida amorosa siempre ha estado regida por ese Dios que la naturaleza contempla, cuando digo naturaleza también digo azar, azar, que es como decir capricho. Aunque no me puedo quejar, ese Dios azaroso me quitó algunas cosas, pero en su justa medida también me donó otras virtudes que yo agradezco. Las paredes tienen la oportunidad de colgarles o insertarles varios ornamentos, y yo mis paredes las tengo emanando efluvios de sol al que, no sé si por suerte o por desgracia, proporciona cierta curiosidad en la que asomarse. No pretendo ser presumido ni presuntuoso, nada más pretendo tener conmiseración ciega con aquellos que habitan el valle de la oscuridad, tampoco soy un San Cristóbal o un Superhéroe, simplemente soy yo, pese a mis circunstancias. Pero sigo creyendo que el amor es ese pulmón doble del cual respiran las cosas bellas de la vida. Me sigue enamorando la buena música, un buen libro, una buena película, prefiero hablar de mí antes de ir de intelectual o panfletario, me aburren las crónicas políticamente sesgadas, redundar y redundar, mientras yo de cara a la pared, imagino viajes con mi astrolabio, en mi cómputo de plegarias todas concebidas desde el instinto inferior, florilogios apuntalados desde pilares como manuales de esclavitud, de perseverar entre la longitud de tu boca frente a mi boca, de sucumbir a cábalas que alguien me impuso.

En Catalunya soy andaluz, y en Andalucía soy catalán, y no soy de ninguna tierra, por esta tierra se mueve mi fuerza con un cante universal, que es lo que llaman flamenco, y casi todo el mundo quiere escuchar. Para mí el flamenco es un Dios que me habla, a veces con rabia, otras veces me tolera, y otras tantas me hace cantar. Yo iba para cantaor y comencé a escribir poemas y me aficioné tanto que ahora no sé hacer otra cosa. El flamenco es un monstruo vivo al que se le puede adaptar cualquier género, jazz, rock, soul, blues, el flamenco tiene alma gitana, pero gusta a árabes, negros, japoneses y un largo etcétera, porque el flamenco es universal, un Dios salvaje que da patadas por bulerías. Con esto que digo, puedo añadir que en el santuario del flamenco hay figuras como Silverio Franconetti, la Niña de los Peines, Rocío Jurado, Camarón de la Isla, Enrique Morente, Moraito Chico, Sabicas y un largo etcétera. Todos en coro ancestral y milenario se alzan con quejíos y zambras desgarradoras. Mis ojos han visto mucho flamenco, han visto lucirse a Raimundo y Rafael Amador en un blues aflamencao llamado Morao Mellizo. Escuchen flamenco, la fuente de la música puramente española. La telequinesia llevada al sonido, con el flamenco se despliega una magia que desborda nuestra percepción. El flamenco es un cante por soleá o por fandangos; entonando cada golpe de guitarra que suena a madera sentencial, grandes artistas al toque, al baile y al cante. El flamenco ha sido relegado al ostracismo por su raíz gitana, por su marginalidad, por su tradición tabernera, pero el tiempo lo ha puesto en su lugar preciso, y también necesario. Escuchen flamenco y aprendan de sus ecos ancestrales, deléitense.