
Cassettes de Tony el gitano, zapatillas Adidas blancas con franjas anaranjadas, calcetines blancos de algodón, el Torete y el Vaquilla, SEAT 124 plateado, pantalón elástico Cimarrón, camisas estampadas y chaquetas de piel, verano de piscina de barrio, ingreso en el maco, el primer canuto, la primera raya, mi primer amor, firmar cada semana en el juzgado, los colegas que se fueron para siempre, bañarse en el río, nostalgia de un tiempo pasado, sé quien soy, sé cuáles fueron mis comienzos, vida de excesos, de locuras de adolescente, padres sufriendo, hubo un tiempo que era otro, ya no me conozco, no quiero recordar aquél que fui, me duele, me hace daño; sin duda, la verdadera inocencia es ignorar la verdad. La nostalgia es una verdad que con su voz repetitiva te llama y te asoma, te acerca a tu destino para recoger la flor de la noche, y entre flashes retroactivos se acuerda uno de lo que no es recuerdo ni tampoco olvido, es una patria que te tiene un viaje preparado a ninguna parte, y entre elixires y fragancias del trópico del alma, del sur que se presiente, y para ello se nace, se nace para la nostalgia y una estrella te acompaña hasta que la tarde te abraza. Cuando te abraza la tarde tu sangre y los que son de tu sangre te harán sentirte esperado.

Resulta obvio decir (los expertos en psicología y psiquiatría sustentan el argumento) que las relaciones personales son el núcleo de la felicidad. Una vida plena se basa en alimentarla con relaciones humanas repletas éstas de armonía y empatía para con los demás. Pero este tema es peliagudo: somos, la raza humana, por antonomasia, egoístas, crueles a veces, e insensatos. Unido esto a que cada vez más nos alienamos, nos volvemos ermitaños, teniendo tanta tecnología a nuestro favor, no es extraño afirmar que muchas personas son condenadas al ostracismo en todos los sentidos. Los afectos en muchos casos no tienen su razón de ser en el parentesco, ni en ser buena gente o mala gente, los afectos se basan en la buena química que puedas tener para relacionarte sin alejarte de la manada, esto se consigue siendo simpático, cordial, agradable, ya que es la base de la psicología dentro del ámbito generalizado. Yo pienso que el hecho de diferir de los demás te aleja de la plebe y te convierte en cabeza de turco de un hecho que es intransferible: la segregación de los instintos más básicos que te enlazan con la ley del más fuerte (que no resistente) siendo siempre mayoría absoluta. Es así. Denominamos a la gente de tóxica pero no sabemos que el individualismo es siempre el acicate que hace del tóxico un “impresentable” y es en ese adjetivo despectivo donde radica el error, ya que muchas veces confundimos al tóxico con el déspota, y ni los buenos son tan buenos, ni los malos lo son tanto, muchas veces el tóxico es despreciado, distinto es del déspota que te somete y se basa éste en el terrorismo emocional.
Mucha gente me puede tachar de persona tóxica al leer estos escritos que expongo, pero yo puedo contestar algo que quizá no se observa. En esta vida todos tenemos menor o mayor grado de toxicidad, los hay que son tóxicos solamente con un tipo de gente, también hay gente tóxica con un alto grado de ironía, los hay con toxicidad siendo unos hipócritas, pero lo más deplorable es que un/a psicólogo o un/a psiquiatra tache a una persona de tóxica, ya que ¿o no son éstos los que ayudan a la gente que se queja y va de víctima a tratar de superar sus problemas emocionales? ¿No son éstos los que deberían comprender los síntomas de la estigmatización en enfermos emocionalmente atormentados? Muchos son tóxicos en sus ideales, otros tantos son tóxicos y se contradicen siendo extrovertidos con gente que les supera en calidad personal, o simplemente porque les cae bien. Muchos son tóxicos en que carecen de empatía, otros tantos son tóxicos en su vanidad haciendo agravios comparativos siendo egocéntricos, otros son tóxicos con apego al dinero, normalmente el que tacha a minorías de tóxicas es un ser egoísta, y también xenófobo y elitista. En fin, es imposible enumerarlos a todos, pero déjenme decirles que se debe ser muy cauto juzgando a los demás, la toxicidad es muy relativa, y un/a psicólogo no puede juzgar, ya que todo tiene un porqué y una raíz desde la que sucede cualquier actitud presente. O quizá, estudiando la carrera no dieran una clase sobre el asociacionismo británico. No lo sé, tal vez muchos van al psicólogo/a a tratar de superar su falta de trabajo digno, cuando sería mejor afiliarse a un sindicato. Es una manera de decir que la psicología es muy relativa, y no es una piedra filosofal, ni la panacea que solucione nuestros problemas de cualquier índole.
Posted on 3:06

Me han publicado (digamos mejor diagramado y editado) tres libros en cuestión de un mes, dos poemarios y una novela. Se han elaborado en Caracas (Venezuela). El primer poemario se imprimió (en teoría) el mes pasado, el segundo poemario este mes (que lo dudo), y la novela en octubre (que sería un milagro). He imprimido por mi cuenta doce ejemplares del primero de 66 páginas, también he imprimido por mi cuenta quince ejemplares del segundo poemario de 70 pp. y también he imprimido por mi cuenta tres ejemplares de la novela de 240 pp. En total he gastado unos 400€. Dinero que me ha despojado de placeres veraniegos. No me importa, todo por el arte, me he sacrificado, es evidente. Mi entorno social no lee, aunque sabe leer y escribir, pero no lee. Cuando les digo que el primer poemario cuesta 12€ y el segundo 15€ me dicen que es muy caro, que para un librito tan fino es un precio muy caro; ignoran que cualquier poemario es de esas características, así que he acabado regalando todos los poemarios porque lo ven caro, y dicen que por la novela sí me darán el precio que pido, que son 18€. Un precio demasiado barato tanto para los poemarios, como para la novela. Muchos no quieren ni hablar de libros. Otros quieren sólo la novela, los poemarios no los quieren y no han leído ni el título. Debido al coste que supone traer ejemplares (van a imprimir mil ejemplares de cada uno en teoría) desde Caracas a Barcelona, he optado por imprimirlos aquí en Barcelona por mi cuenta y ahorrarme dinero que no tengo, pero uno piensa, todo por tener lectores. Sé de antemano que en mi entorno ni se van a leer los poemarios gratuitos ni la novela a bajo coste. Sé que permanecerán en un anaquel olvidados hasta que el polvo los amarillee con saña. Quizá a alguno le despierte curiosidad y opte por leerlos, cosa que me encantaría, pero la cultura atrae a casi nadie de mi entorno. La cultura no es un negocio en el que unos cuantos se lucran y otros pocos se quedan mirando viéndolas venir, o sí. No lo sé. Lo que sí sé es que en mi entorno no se tiene ningún afecto por la poesía, y la narrativa tampoco les atrae lo suficiente, sé que si quiero un prestigio mi obra tiene que hablar por sí sola, ya que mi entorno está demasiado ocupado viendo la televisión. Déjenles, bastantes problemas ya tienen los pobres. Cada uno elige lo que le agrada al paladar y es libre de hacerlo cómo, con quién y cuándo quiera. Las veces que quieran. Viva la libertad de elegir. Olé.
Posted on 3:19

Odio el verano y la Navidad. No, no pretendo aguaros la fiesta. Pero estas fechas son tan asquerosamente injustas que prefiero los días de rutina antes que estos días donde todo el mundo cree tener derecho a la “felicidad”. Y se equivocan. La felicidad es algo tan de nadie como el dinero o como la verdad. Todos tenemos derecho a ser felices pero olvidamos muchas cosas, por ejemplo: que no se puede ser feliz a costa del sacrificio de otros, o por ejemplo: esos que a la hora de la celebración hallan una silla vacía. Muchos dirán eso es demagogia barata, yo soy feliz con poca cosa, pero nunca se está a gusto con lo que se tiene, o mejor decir, con lo que no se tiene. Muchos hablan de toxicidad y yo lo llamo egoísmo. Cada cual sabe la piedra que va arrastrando. Y a veces la parcela de felicidad es un quítate tú para ponerme yo, yo no quiero felicidad, los felices son tontorrones y egoístas, yo quiero plenitud, llámenme como quieran, pero en éste manoseo de intereses el que pierde siempre pierde a costa y en pos de la felicidad. Pongo como ejemplo un No absoluto, a ver si así nos enteramos del precio de lo que es un derecho o una ceguera momentánea.
Debo mantener la casa cerrada en verano, pues vivo frente a una plaza pública y temo que entren las moscas de la calle. Odio las moscas. Son insectos asquerosos y pesados. En la plaza pública se oyen toda una miscelánea de sonidos que no te dejan desplegar las alas de la verdad, son sonidos amenazantes, inquisidores y son parte de una fauna que no me interesa. Se oyen aullidos, silbidos, motores en marcha, gritos de locura alegres o estridentes, se oyen cacareos, se oyen peligrosas y teatrales imposturas, amenazas y golpes en las puertas, y timbres que suenan para apresarte. La plaza pública en verano es como un rumor a unos metros de ti, empieza en el crepúsculo, cuando el sol no es molesto y sí muy preciso, prosiguen en la noche, hasta la entrada en madrugada. Los rumores en la plaza pública pueden ser algo pesados, pueden hasta intoxicarte, debo cerrar las ventanas en verano, si no quiero vivir en un infierno de asfixia y ansiedad constante.
Todo este texto escrito por mí en otro tiempo, en otras circunstancias, es fruto de mi enfermedad. Una enfermedad que no es buena, mi psiquiatra dice que soy un “atormentado”, y quizá tenga razón. Todo el mundo sórdido, hostil y de vida precaria en calidad es este escrito del pasado, está escrito bajo la influencia psicótica, donde cualquier ruido, cualquier conversación en la calle es tomada en contra de tu equilibrio mental. Es síntoma de mala salud, pues cuando vives con las ventanas cerradas en verano muy dudoso es el equilibrio que te mantiene puro, muy sufrida es la vida con un ventilador de aire viciado y una calor de horno panadero. La asfixia verdadera es cerrar esas ventanas en verano, la asfixia verdadera es creer que cada ruido, cada conversación vecinal va dirigida a tu persona, y entonces tienes ansiedad, te conviertes en un misántropo y no hay alegría en tu vida. Porque la vida no es eso. La vida es vivir con las ventanas abiertas, socializarte con la gente, reír, bromear, hacer bondad. Ser sociable es un principio de alegría y salud mental. Ser agradable es síntoma de buena salud y una señal de virtud. Además, este escrito pasado recuerda a Nietzsche y su Zaratustra. Y ya saben cómo terminó la historia.