
Ahora, en estos tiempos que corren, los amantes de los libros son como una especie rara. Los que disfrutan leyendo me comprenderán, ya que mucha gente se pierde lo que es el placer de la lectura, y lo que es un libro de importante para la vida de personas que debido a la soledad, por enfermedad, por amor a la lectura (vuelvo a repetir), por culturizarse, por incrementar su alma de saberes, por cualquier factor, sea éste cuál sea, la lectura es una forma de saber, de distraerse y también a modo de compañía. Cuando en esos momentos que te inunda la soledad, la ansiedad hace mella, empiezas a desesperarte y cae un libro en tus manos (incluso si vas a su encuentro), comienzas a leerlo y entonces empiezas a abstraerte entre sus páginas imaginando mundos desde tu sofá, ya sea por la mañana, por la tarde, en el silencio de la noche. Un libro es un compañero que siempre te será fiel, mientras las personas suelen fallarte, un libro no lo hará jamás, un libro es una liberación, una válvula de escape, con un libro en la mano eres poderoso, eres el enemigo de políticos, de banqueros, de jerarcas de todo tipo, porque mientras lees a la infinidad de autores que existen estás siendo contrario al pensamiento de la mayoría, y eso, amigos, es difícil de llevarlo a cabo, pero con un libro en las manos estás dando alas a tu pensamiento, y lo haces en pro de una mente libre. Los libros son cultura y un agravante de conocimiento porque te acercan a la verdad más elocuente.
Pero un libro es algo más que unas páginas de papel y una portada y una contraportada y un lomo. Un libro es arte. Diagramar, editar, y crear un libro en sí es cosa de artistas, sólo un determinado grupúsculo de gente comprende el placer que supone tener un libro de artista, o una primera edición dedicada, incluso las puedes encontrar en las librerías de viejo, aunque es triste encontrar un libro dedicado en una librería de libros de segunda mano, o compartido entre dos personas y firmado por ambas, o incluso amarillento. A mí me suele ocurrir que cuando estoy en mi modesta librería (acumulada con esfuerzo) siento placer. Puede resultar gracioso, pero cuando me veo rodeado de libros, de mis libros encuadernados en piel y con acabados en pan de oro, de mis primeras ediciones, tanto de amigos como de conocidos, de mis libros antiguos, de libros publicados por mí, autopublicados y perdidos ya aquellos archivos de los poemarios primerizos, o libros de alguna novela mala que autopublicaste en su momento, o libros regalados, que guardas con especial cariño, siento un placer tan grande que me da un subidón de endorfinas. Libros, libros, el mundo necesita pan, hay mucha hambre en el mundo, pero algunas veces en países que no tienen hambre de pan carecen de hambre de libro. Por eso, quienes regalan un libro, están siendo generosos con quien le regalas el libro. Lo malo es cuando te piden un libro prestado, se te queda un trozo de tristeza porque algo te dice que no te lo devolverán, y si no te lo devuelven da rabia, pero si te lo devuelven es señal de doble agradecimiento.

Se escribe para una mente universal, se compone música para una mente universal, se diseña moda para una mente universal, se filma cine para una mente universal, se imparte retórica para una mente universal, la mente universal está monopolizada por la mayoría, la publicidad, el diseño, las marcas, las artes, Internet, la prensa, todo, está optimizado desde la variante del estereotipo, que es a su vez un mismo patrón de la gran mente universal. Las minorías tienen su propia subcultura, y de éstas depende que se inclinen por la alta o baja cultura. La baja cultura tiene su estereotipo más próximo en la cultura pop, y lo pop se sabe que proviene de lo popular en la medida estándar de un mundo cada vez más dominado por el hecho de consumir, y por el hecho de votar en un sentido genérico a un bipartidismo imperante, sí o no, to be or not to be, this is the question, y se vislumbra el hecho de que todos/as nos conformemos y seamos unos simples ciudadanos. Pero ¿qué es la mente universal? Digamos, a bote pronto, que desde el comienzo de la civilización siempre se han impuesto las reglas como por ejemplo en tribus, en grandes manadas, o en pueblos en donde ha imperado la voz de la mayoría, y aquel que se opusiera a esta voz suprema se le desterraba, y ahora, en esta era, se le condena al ostracismo. La mente universal nos proporciona una vida sedentaria, de zona de confort, de conformismo, de cadena alimenticia, de consumismo, de medios de comunicación que se decantan por uno u otro pensamiento político, la mente universal (y no soy el único que lo ha dejado constatado) es un monstruo que se retroalimenta de su propia vorágine de consumo y se magnifican las marcas monopolizándose en lo que todos/as o algunos/as llaman “mercado”. La mente universal no sólo se manifiesta tras el capitalismo, todo el mundo, sea éste de cualquier índole, se hace material o se materializa porque se ha estudiado muy bien a los consumidores, que son trabajadores o no, y se conocen los comportamientos estudiando las necesidades de cada consumidor para crearla y crear “economía de mercado”, que es otra bestia inmunda pero que ésta acapara a todas las ideologías del planeta, y acapara todo el concepto de mente universal. Así es la cosa amigos.

Cassettes de Tony el gitano, zapatillas Adidas blancas con franjas anaranjadas, calcetines blancos de algodón, el Torete y el Vaquilla, SEAT 124 plateado, pantalón elástico Cimarrón, camisas estampadas y chaquetas de piel, verano de piscina de barrio, ingreso en el maco, el primer canuto, la primera raya, mi primer amor, firmar cada semana en el juzgado, los colegas que se fueron para siempre, bañarse en el río, nostalgia de un tiempo pasado, sé quien soy, sé cuáles fueron mis comienzos, vida de excesos, de locuras de adolescente, padres sufriendo, hubo un tiempo que era otro, ya no me conozco, no quiero recordar aquél que fui, me duele, me hace daño; sin duda, la verdadera inocencia es ignorar la verdad. La nostalgia es una verdad que con su voz repetitiva te llama y te asoma, te acerca a tu destino para recoger la flor de la noche, y entre flashes retroactivos se acuerda uno de lo que no es recuerdo ni tampoco olvido, es una patria que te tiene un viaje preparado a ninguna parte, y entre elixires y fragancias del trópico del alma, del sur que se presiente, y para ello se nace, se nace para la nostalgia y una estrella te acompaña hasta que la tarde te abraza. Cuando te abraza la tarde tu sangre y los que son de tu sangre te harán sentirte esperado.

Resulta obvio decir (los expertos en psicología y psiquiatría sustentan el argumento) que las relaciones personales son el núcleo de la felicidad. Una vida plena se basa en alimentarla con relaciones humanas repletas éstas de armonía y empatía para con los demás. Pero este tema es peliagudo: somos, la raza humana, por antonomasia, egoístas, crueles a veces, e insensatos. Unido esto a que cada vez más nos alienamos, nos volvemos ermitaños, teniendo tanta tecnología a nuestro favor, no es extraño afirmar que muchas personas son condenadas al ostracismo en todos los sentidos. Los afectos en muchos casos no tienen su razón de ser en el parentesco, ni en ser buena gente o mala gente, los afectos se basan en la buena química que puedas tener para relacionarte sin alejarte de la manada, esto se consigue siendo simpático, cordial, agradable, ya que es la base de la psicología dentro del ámbito generalizado. Yo pienso que el hecho de diferir de los demás te aleja de la plebe y te convierte en cabeza de turco de un hecho que es intransferible: la segregación de los instintos más básicos que te enlazan con la ley del más fuerte (que no resistente) siendo siempre mayoría absoluta. Es así. Denominamos a la gente de tóxica pero no sabemos que el individualismo es siempre el acicate que hace del tóxico un “impresentable” y es en ese adjetivo despectivo donde radica el error, ya que muchas veces confundimos al tóxico con el déspota, y ni los buenos son tan buenos, ni los malos lo son tanto, muchas veces el tóxico es despreciado, distinto es del déspota que te somete y se basa éste en el terrorismo emocional.
Mucha gente me puede tachar de persona tóxica al leer estos escritos que expongo, pero yo puedo contestar algo que quizá no se observa. En esta vida todos tenemos menor o mayor grado de toxicidad, los hay que son tóxicos solamente con un tipo de gente, también hay gente tóxica con un alto grado de ironía, los hay con toxicidad siendo unos hipócritas, pero lo más deplorable es que un/a psicólogo o un/a psiquiatra tache a una persona de tóxica, ya que ¿o no son éstos los que ayudan a la gente que se queja y va de víctima a tratar de superar sus problemas emocionales? ¿No son éstos los que deberían comprender los síntomas de la estigmatización en enfermos emocionalmente atormentados? Muchos son tóxicos en sus ideales, otros tantos son tóxicos y se contradicen siendo extrovertidos con gente que les supera en calidad personal, o simplemente porque les cae bien. Muchos son tóxicos en que carecen de empatía, otros tantos son tóxicos en su vanidad haciendo agravios comparativos siendo egocéntricos, otros son tóxicos con apego al dinero, normalmente el que tacha a minorías de tóxicas es un ser egoísta, y también xenófobo y elitista. En fin, es imposible enumerarlos a todos, pero déjenme decirles que se debe ser muy cauto juzgando a los demás, la toxicidad es muy relativa, y un/a psicólogo no puede juzgar, ya que todo tiene un porqué y una raíz desde la que sucede cualquier actitud presente. O quizá, estudiando la carrera no dieran una clase sobre el asociacionismo británico. No lo sé, tal vez muchos van al psicólogo/a a tratar de superar su falta de trabajo digno, cuando sería mejor afiliarse a un sindicato. Es una manera de decir que la psicología es muy relativa, y no es una piedra filosofal, ni la panacea que solucione nuestros problemas de cualquier índole.
Posted on 3:06

Me han publicado (digamos mejor diagramado y editado) tres libros en cuestión de un mes, dos poemarios y una novela. Se han elaborado en Caracas (Venezuela). El primer poemario se imprimió (en teoría) el mes pasado, el segundo poemario este mes (que lo dudo), y la novela en octubre (que sería un milagro). He imprimido por mi cuenta doce ejemplares del primero de 66 páginas, también he imprimido por mi cuenta quince ejemplares del segundo poemario de 70 pp. y también he imprimido por mi cuenta tres ejemplares de la novela de 240 pp. En total he gastado unos 400€. Dinero que me ha despojado de placeres veraniegos. No me importa, todo por el arte, me he sacrificado, es evidente. Mi entorno social no lee, aunque sabe leer y escribir, pero no lee. Cuando les digo que el primer poemario cuesta 12€ y el segundo 15€ me dicen que es muy caro, que para un librito tan fino es un precio muy caro; ignoran que cualquier poemario es de esas características, así que he acabado regalando todos los poemarios porque lo ven caro, y dicen que por la novela sí me darán el precio que pido, que son 18€. Un precio demasiado barato tanto para los poemarios, como para la novela. Muchos no quieren ni hablar de libros. Otros quieren sólo la novela, los poemarios no los quieren y no han leído ni el título. Debido al coste que supone traer ejemplares (van a imprimir mil ejemplares de cada uno en teoría) desde Caracas a Barcelona, he optado por imprimirlos aquí en Barcelona por mi cuenta y ahorrarme dinero que no tengo, pero uno piensa, todo por tener lectores. Sé de antemano que en mi entorno ni se van a leer los poemarios gratuitos ni la novela a bajo coste. Sé que permanecerán en un anaquel olvidados hasta que el polvo los amarillee con saña. Quizá a alguno le despierte curiosidad y opte por leerlos, cosa que me encantaría, pero la cultura atrae a casi nadie de mi entorno. La cultura no es un negocio en el que unos cuantos se lucran y otros pocos se quedan mirando viéndolas venir, o sí. No lo sé. Lo que sí sé es que en mi entorno no se tiene ningún afecto por la poesía, y la narrativa tampoco les atrae lo suficiente, sé que si quiero un prestigio mi obra tiene que hablar por sí sola, ya que mi entorno está demasiado ocupado viendo la televisión. Déjenles, bastantes problemas ya tienen los pobres. Cada uno elige lo que le agrada al paladar y es libre de hacerlo cómo, con quién y cuándo quiera. Las veces que quieran. Viva la libertad de elegir. Olé.
Posted on 3:19

Odio el verano y la Navidad. No, no pretendo aguaros la fiesta. Pero estas fechas son tan asquerosamente injustas que prefiero los días de rutina antes que estos días donde todo el mundo cree tener derecho a la “felicidad”. Y se equivocan. La felicidad es algo tan de nadie como el dinero o como la verdad. Todos tenemos derecho a ser felices pero olvidamos muchas cosas, por ejemplo: que no se puede ser feliz a costa del sacrificio de otros, o por ejemplo: esos que a la hora de la celebración hallan una silla vacía. Muchos dirán eso es demagogia barata, yo soy feliz con poca cosa, pero nunca se está a gusto con lo que se tiene, o mejor decir, con lo que no se tiene. Muchos hablan de toxicidad y yo lo llamo egoísmo. Cada cual sabe la piedra que va arrastrando. Y a veces la parcela de felicidad es un quítate tú para ponerme yo, yo no quiero felicidad, los felices son tontorrones y egoístas, yo quiero plenitud, llámenme como quieran, pero en éste manoseo de intereses el que pierde siempre pierde a costa y en pos de la felicidad. Pongo como ejemplo un No absoluto, a ver si así nos enteramos del precio de lo que es un derecho o una ceguera momentánea.
Debo mantener la casa cerrada en verano, pues vivo frente a una plaza pública y temo que entren las moscas de la calle. Odio las moscas. Son insectos asquerosos y pesados. En la plaza pública se oyen toda una miscelánea de sonidos que no te dejan desplegar las alas de la verdad, son sonidos amenazantes, inquisidores y son parte de una fauna que no me interesa. Se oyen aullidos, silbidos, motores en marcha, gritos de locura alegres o estridentes, se oyen cacareos, se oyen peligrosas y teatrales imposturas, amenazas y golpes en las puertas, y timbres que suenan para apresarte. La plaza pública en verano es como un rumor a unos metros de ti, empieza en el crepúsculo, cuando el sol no es molesto y sí muy preciso, prosiguen en la noche, hasta la entrada en madrugada. Los rumores en la plaza pública pueden ser algo pesados, pueden hasta intoxicarte, debo cerrar las ventanas en verano, si no quiero vivir en un infierno de asfixia y ansiedad constante.
Todo este texto escrito por mí en otro tiempo, en otras circunstancias, es fruto de mi enfermedad. Una enfermedad que no es buena, mi psiquiatra dice que soy un “atormentado”, y quizá tenga razón. Todo el mundo sórdido, hostil y de vida precaria en calidad es este escrito del pasado, está escrito bajo la influencia psicótica, donde cualquier ruido, cualquier conversación en la calle es tomada en contra de tu equilibrio mental. Es síntoma de mala salud, pues cuando vives con las ventanas cerradas en verano muy dudoso es el equilibrio que te mantiene puro, muy sufrida es la vida con un ventilador de aire viciado y una calor de horno panadero. La asfixia verdadera es cerrar esas ventanas en verano, la asfixia verdadera es creer que cada ruido, cada conversación vecinal va dirigida a tu persona, y entonces tienes ansiedad, te conviertes en un misántropo y no hay alegría en tu vida. Porque la vida no es eso. La vida es vivir con las ventanas abiertas, socializarte con la gente, reír, bromear, hacer bondad. Ser sociable es un principio de alegría y salud mental. Ser agradable es síntoma de buena salud y una señal de virtud. Además, este escrito pasado recuerda a Nietzsche y su Zaratustra. Y ya saben cómo terminó la historia.

Cuando me iba yo de vacaciones, ya fuese en España como en el extranjero, nunca pensaba en los que no podían, o porque trabajaban o no tenían dinero, o porque su enfermedad se lo impedía. Ahora sí pienso, y bastante. Ahora con esta calor insoportable y el encierro en casa comprendo muy bien la otra cara de la moneda. Cuando antaño me iba de vacaciones parecía como si todo el mundo se fuera y no pensaba quienes tenían que trabajar, quienes estaban impedidos, quienes no tenían dinero. Salíamos todos en tropel con los coches por las autopistas e intuías una alegría extraña y parecía como si todos esos coches, o los pasajeros de un vuelo determinado, tuviesen un mismo destino compartido: el paraíso efímero. Y todos íbamos felices, y hasta algunos saludaban al sobrepasar tu coche, o en los pasillos del avión algún pasajero te sonreía, y todo era ilusión y el verano era azul y éramos maravillosos. Pero en este lado de la moneda, la de ahora, la cosa es muy distinta. Nos quedamos en nuestros hogares, frente a nuestros ventiladores, leyendo un libro, viendo una película, oyendo música, pero el verano de ahora es gris, y pasa muy lentamente, es aburrido y está plagado de ansiedades y de frustraciones varias. Entras en las redes sociales y todo el mundo goza de una alegría colectiva que ha dejado de pertenecerte hace algún tiempo. Pero no es envidia lo que siento, presiento que he dado de bruces con la realidad, la verdadera. La realidad de que este mundo da muchas vueltas, y lo que hoy es suerte, mañana es tedio, y lo que hoy es tedio quizá mañana sea peor. O también mejor, quién sabe.

En esta bitácora se sigue una norma: no repetirse, no hacer daño a nadie, y en el caso de que se haga daño, que sea haciendo un ejercicio de crítica constructiva que intente herir lo menos posible. Prefiero mil veces no escribir nada, antes que no respetando los parámetros anteriormente mencionados. También huyo de escribir por escribir, no busco la retórica vacía, busco la conmiseración para con los demás, busco empatía, nunca conflicto, y cuando he insultado o he hecho daño a través de estas publicaciones que expongo; quiero decir ahora que jamás quise hacer daño, que rechazo polémicas de cualquier tipo, que el insulto resulta más corrosivo cuando se le da a éste la importancia tóxica que nos duele y nos repercute en su influencia. Mientras no se le quiten a las palabras el peso o la dureza serán peso y dureza en nuestro interior. La violencia verbal genera aún más violencia verbal, y no nos extrañemos, que si hacemos daño de algún tipo, ese mal se vuelva en nuestra contra. Una palabra vacía no duele, pero se requiere estómago para digerir las palabras que nos dicen, muchas de éstas palabras carecen de sentido, pero otras llevan en su interior un veneno que resulta imposible de digerir, pero ¿qué sería de nosotros sin la ironía? La ironía es necesaria, la sátira una válvula de escape, lo que es imperdonable es el insulto. Solamente los ceporros creen hacer un mal menor con el insulto, e insultar puede molestar o ser tan inofensivo con el aliento de una canción certera, ¿cómo montarse en el autobús con gente a la que le abandona el desodorante?

Ahora, debido a que los teléfonos móviles llevan incorporados una cámara fotográfica, los japoneses han dejado de fotografiarlo todo y le han pasado el testigo a algunos occidentales. Ves a gente fotografiando cualquier cosa, desde un termómetro dando la temperatura del verano, hasta lo que se están tomando en cualquier terraza de algún bar de la ciudad. Lo fotografían todo, van en busca de una fotografía que les testimonie, que les dé crédito, para presumir, ya sea en las redes sociales, o en cualquier álbum singular que sea digno para mostrar una instantánea curiosa. A todos los entiendo, a los que no entiendo a los que fotografían en los conciertos, a mi parecer se pierden el espectáculo por tomar una fotografía desde la lejanía que siempre sale movida o con muy poca nitidez. Luego está el tema de los selfies, es un acto que se ha hecho muy popular, también para presumir supongo, aunque hay selfies y selfies, están los logrados y luego los de las redes sociales exponiéndose haciendo el signo de Victoria con los dedos en uve, o también poniendo una cara tonta a modo de broma simpática, no los critico, yo también me expongo verbalmente. Hemos llegado a un punto que todos queremos tener visibilidad en la Red, hay gente que no, y tampoco los critico. Creo que a la vez que nos exponemos y a la vez que publicamos sobre nuestra vida íntima más grado de intimidad perdemos, ya que nuestros datos están siendo usados por las grandes corporaciones. Nos exhibimos, pero somos nosotros los que ponemos el límite a esa exhibición. Existe una raya que si se traspasa puede llegar a ser un acto muy peligroso.

Si no existiera Internet hace tiempo me habría suicidado. Sí, siempre tengo la sensación cuando tengo un mal día de que sobro. Pero siempre hay otro día mejor a la vuelta de la esquina, quizá el mal día resulte algo efímero y con el paso de ese mal momento tras de sí haya otro momento más placentero. La vida es una caja de sorpresas y no deja jamás de sorprenderte. Hay momentos en esta vida muy duros, tan duros que quisieras evaporarte. Ahora estoy pasando por una etapa crucial, estoy en un sí y un no, estoy en un erial de soledad y no pienso dar el coñazo con la soledad, ya que es más consentida que obligada, es resultado de excesos de ayer, es temporal, al menos eso creo. No quiero decir con esto que necesite desesperadamente compañía, todo a su debido tiempo. Cuando me ronda la idea del suicidio me tomo un café solo y me enciendo un cigarrillo, o me da por escribir un poema, o escribir para mi blog, que es lo que más me gusta. Internet ha conseguido un mundo más pequeño, que la gente lea y escriba, pero también tiene su lado oscuro, en Facebook por ejemplo, existe mucho bulo, mucho presumido, aunque también mucho mentiroso y mucha envidia. Internet me salvó la vida, quizá también tenga el poder de quitármela.

Siempre llamo a casa de mis padres unas cuantas veces al día. En esas llamadas busco a una madre y nunca la encuentro. De tantas veces que llamo siempre acaba lloviendo sobre mojado y acabamos discutiendo, e insisto más y más y más buscando a mi madre tras el teléfono y no la encuentro, y continúo llamando hasta encontrarla en el remanso de paz de la noche silenciosa. Con mi padre es diferente, nunca está disponible para temas de polémica y para cualquier atisbo de complicidad, pues no sabe hablar por teléfono y me cuenta lo que ve por televisión, ya que su teléfono está junto al televisor. Quiero que me devuelva a mis padres una puta llamada dictadura que proclamaron los demonios de esta España y que los hizo pobres, pesimistas y vulnerables. Yo no suelo tratar con gente culta, tan solo mi psiquiatra es alguien culto, y un amigo con quien llevo una revista, también otros, pero mi entorno de carne y hueso es exageradamente sencillo, pero muy buena gente, tan buena gente que me encuentro a gusto cuando estoy con ellos. Mi madre me hace las comidas semanales (es una excelente cocinera) y las mete en un tupperware para traerlas una vez a la semana, viene con mi padre, me traen tabaco, comida, bebida y yogures. Dios los bendiga. Están treinta minutos o a veces una hora, después se van a su casa y yo paso solo toda la semana, ya que ellos son las únicas personas que yo veo a lo largo de la semana. Por mi soledad, que a veces entra en crisis existencial, llamo y llamo buscando a mi madre, la pobre me tiene hasta en la sopa, pero no la encuentro, encuentro a una madre cansada, encuentro a un padre cansado, a veces hablo por chat con mi madre, otras veces por mensajes de texto, para ella es preferible hablar por estos medios, pero el único protagonista en esta historia es mi teléfono. Él se ríe de mí. Se ríe de mi soledad a carcajadas, se ríe de mi fragilidad, de mi estampa de adulto infeliz. Pero yo me vengo dejando que se le acabe la batería. Entonces hace glu, glu, glu, y le digo: -¡Anda y vete a mamarla! Y lo planto en el cargador por su trasero.

Nadie dice nada acerca de las adicciones socialmente aceptadas, y mucho menos de las naturales, todas las adicciones repercuten en nuestra salud pero -todo hay que decirlo- las naturales son un veneno que son nido de enfermedades y están en nuestra vida cotidiana sin darles la importancia que éstas tienen. El azúcar: una droga perjudicial que está en la mayoría de alimentos que comemos. La sal: un veneno para enfermedades cardíacas y un vicio necesario. No voy a enumerarlas todas pero éstas son las más peligrosas en el paquete de drogas naturales. Luego están las socialmente aceptadas. Todo un compendio farmacológico que te crea adicción y te hace padecer unos efectos secundarios, de los cuales, no siempre estás del todo informado, ya sea por tu médico o farmacéutico. El Vademécum especulativo es un veneno de papel tan injusto como también un verdugo que te ejecuta a fuego lento. Los prospectos no dan una información específica ya que quien calla otorga. Pero bueno, son drogas aceptadas por una sociedad hipócrita y con menos empatía hacia el prójimo que un busto al deshonor. Yo he tomado cocaína, drogas de diseño, heroína, alcohol, hachís, marihuana, etc... ninguna me ha proporcionado un placer por el que no tuviera que pagar un alto precio por ese momento de desconexión, paraíso artificial, placer caro y con unos efectos secundarios que a corto y a medio plazo han sido una mella en mi salud, en mi físico, y en mi día a día, es evidente. Harto he acabado de esa gente que engrandece el poder de las drogas como si éstas fueran la panacea que cura los males del mundo. En el cine te muestran lo peligrosas que son, pero también se hace cierta apología. También en la historia de la música, o la historia de guerras y personajes históricos -valga la redundancia- han hecho hincapié en exponerlas como complementos algunas veces benévolos, aunque son lo contrario, nada beneficiosos. No quiero hacer más alarde de estas, para mí no son un orgullo, son una seña de mi derrota circunstancial y emocional. Quiero pasar página. Cuando acabe ahora me fumaré un cigarrillo, socialmente aceptable. Aunque muchas cortinas de humo se despliegan en torno al vicio del tabaco.

Muchos se empeñan en hacer deporte para tener un físico envidiable, pero hoy en día eso no es lo revolucionario, lo revolucionario es ser un outsider de la superficialidad. Yo por ejemplo, tengo una hermosa barriga, pero eso es lo que me diferencia de la borregada. Hoy se coge el coche para ir al gimnasio y después hacer kilómetros en una cinta andadora. Es de locos. Están tan obsesionados en hacer deporte para tener un físico atractivo que muchos acaban enfermos de vigorexia y otras enfermedades nutricionales. Nos atacan catódicamente (a través de la televisión) con estereotipos con bonito cuerpo y bien parecidos pero con nada en la mente que pueda ser interesante. Hoy la televisión está pensada para fachadas y no para libre pensadores. Los llaman “bien pensantes”, porque son parte de un rebaño fácil de domesticar. Lo malo es que son mayoría. Nosotros somos outsiders en busca de nuestra obligatoria soledad que nos aparta hacia un bien mayor, la literatura, los libros y la reflexión. Son tan superficiales que presumen y hacen alarde de no haberse leído un libro en “su puta vida”. Son tan superficiales que cualquier atisbo de grasa los hace lamentar y encomendarse hacia unos sacrificios estúpidos que les incrementa el músculo y les reduce la materia gris. Aunque todo esto que escribo puede ser tomado, o como envidia o como tópico de persona gorda que habla con la voz de otra persona y repite lo ya dicho por otros gordos u otros outsiders de la resentida sociedad de consumo. No me importa. Yo he sido bello, he sido un ángel hermoso, he sido un superficial adolescente que no entendía que la belleza y la juventud son efímeras e hijas de un breve instante. Cuando comprendí esto que digo ya estaba más magullado que un gato callejero, no fue fácil adentrarse al club de los feos después de que el ego estuviera por las nubes de la idiotez y la superficialidad del mundo. Fue una caída a los infiernos que no he lamentado jamás de los jamases. Aunque te señalen con un dedo de superioridad, de la que carecen por entero, y dediquen su vida a las repeticiones que no mueven nada en absoluto. Tan solo un músculo que hoy es vigor pero mañana será flácido envoltorio.

Ser un loco hoy en día es un estigma que salpica a familiares y amigos. Ser un loco no es fácil. Miren si perdura el estigma en nuestras sociedades modernas que sí te sale un loco en el seno de tu familia lo consideramos hereditario. Y es un grave error. Nadie está exento de padecer algún tipo de trastorno psíquico a lo largo de su vida. Antiguamente los escondían los familiares para que no supieran los demás que habían tenido esa gran desgracia. También a las personas con síndrome de Down, también a los homosexuales. Sin duda la sociedad ha evolucionado mucho. Pero hay personas que lo usan como arma arrojadiza. Por ejemplo, en la boda de mi hermana me sentí, no solo culpable de algo que no puedo controlar, sino que afectaba también a mi familia más directa. Es un rumor que fluye a dos metros de ti, es imposible ocultar que tomas medicación psiquiátrica, debido a que estás gordo, tienes la cara pálida, y se te nota sedado. En la boda de mi hermana lo pasé terriblemente mal. Lo que era un día feliz para mí no lo fue tanto. No me malinterpreten, no lamento el ir a una boda, ni que mi hermana se casara, ni con quien se casaba, lamento el bochorno al que fui sometido cada cinco minutos sí, cada cinco minutos no. No sé porqué razón la gente critica y se cree excluida de la posibilidad de sufrir una enfermedad mental, el estigma era evidente. Con lo fácil que es padecer algún trastorno debido a que cada vez influyen más factores externos. No solamente son las drogas. Es la vida. Esta vida mala de paseo por el infierno en el cual hemos invertido el esfuerzo de la postmodernidad tardía. Los locos no venimos de herencia, los locos somos personas con sentimientos y con amplias ganas de curarnos y de reinsertarnos en una sociedad que nos acoja y no nos discrimine. Está demostrado que las enfermedades de la mente serán líderes en número de pacientes, provocado esto por nuestras sociedades estresantes y en crisis perennes, ya que serán mayoría frente a enfermedades físicas. Esto, y la vida de vértigo, las adicciones, y otras causas afectan a la salud mental. Yo no quiero ser como la mayoría pero tampoco quiero ser un estigma ante la sociedad. Así es la cosa.

No estoy diseñado para tener amigos, mucho menos para tener pareja, y mi familia me quiere, pero mi naturaleza ha dispuesto una pared donde dificulta la comunicación, y no sé por qué razón acabamos con tiranteces. Llevo mucho tiempo encerrado pero es así como soy feliz. La soledad se ha convertido en mi fiel compañera. Una compañera dura pero necesaria para los seres como yo. Me he acostumbrado a la soledad. Yo tenía muchas amistades, conocía a mucha gente, era sociable pero envidiado, ahora no me envidian, me odian. Después de haber subido la mayor montaña de esta vida (que es la humanidad) me dio a bote pronto un mal de altura, también llamado soroche en la tierra del inca. Me agobia la humanidad, me incorporé a ella en mi adolescencia, ya que viví una infancia en el paraíso mental hasta ser desterrado por los hombres. Esto no me ha pasado a mí sólo. Le ha pasado a media humanidad con corazón. La gente nace con un corazón pero el conocimiento hacia la gente lo encoge o lo ennegrece. Hay mucha maldad en el mundo. Pero de esa piedra todos hemos puesto alguna vez nuestro grano de arena. Ahora no sufro soroche porque vivo en el subsuelo. Pero me gusta la gente buena, la gente que tiene sentimientos, que se emociona, gente que va al psiquiatra, gente que se medica, me gusta la humanidad aunque no estoy diseñado para este mundo, estoy diseñado para contar una historia, para hacer justicia en contra del estigma por los enfermos de la mente. Pido piedad para los enfermos de soroche. Pido piedad. Se empeñan en calificar la conmiseración hacia los demás con el nombre de humanidad, y es evidente decir que la humanidad se carece así misma.