Justamente unos días después
de nacer
mi madre juró que no sería un loco jamás,
algo al nacer en mí traje puesto de la calle,
pues no halló respuestas
y la calle me engulló hacia adentro
y mi madre preguntaba por mí a los conocidos.
Comí tanto de ella que ya no la traigo consigo,
justamente unos días de yo nacer por segunda vez
mi madre lloró de mí en el delito,
el delito de ser hombre y no de cualquier manera.
Viniendo de gente honrada,
siendo pobres y siendo aquellos años tan grises,
fueron hechos por comer de aquello de uso manoseado
los que en la martingala el plomo calentaron.
Me llamo Cecilio, justamente como mi abuelo, sí,
el paterno, sí, justamente ese,
tragedia entre accidente y simulacro absurdo,
actitud de debacle que se previene o se intuye,
anocheceme de olvido, ¿adónde diablos se está
mejor que en la casa de tus padres?
Pues no, nada que ver,
yo soy muchacho de mundos
tras un porvenir,
mi abuelo se crió sin padre.
Posted on 3:37
Dinero,
se puede hablar de todo menos
de dinero,
eso dicen los caballeros
porque da pie al embustero,
da de qué hablar al basurero,
y allí en los diciembres tabernarios
da que pedir a los niños un regalo,
y emplean los abrigos los funerarios.
Dios mío, qué tendrá la palabrita del dinero,
mueve envidias año tras año,
a los legítimos los vuelve bastardos,
dar fiado es estrés de panadero,
da un traspiés su puño un odio acostumbrado
la porca miseria de aquél testaferro.
Dinero, vida y muerte es el dinero,
hace felices a los mamarrachos
sin gastarlo y poseerlo,
da borrachera a los borrachos
tan solo con verlo es beberlo,
para el dinero nunca hay peros
y es hambre a contrapelo.
Posted on 1:56
En un cuarto, ya que los
fumadores somos
unos apestados,
invoco a la Navidad de mis primeros días
y no hay un antiguo martirio
que resucite a esos años,
comida bien cocinada y el reproche botarate
que viene a tu encuentro de abrazada alegría,
han pasado unos años
y de todo aquello (que de ensueños mágicos
respiran akelarres de sacrificio,
y ya de amigos que se van a dormir más temprano)
las noches huyen entorno
a una copa de vino vacía, o a
una frecuente osadía
de mezclar mañana con madrugada herida.
Posted on 4:10
Soy el nieto de Amut Shankar,
sultán que murió de amor en su palacio de Noralia. Vivo tras el eterno
resplandor que en el eclipse solar se halla, vivo consagrado a un Dios
singular, que une cielo, tierra, noche y alba, busco un hola y un ya te vas, busco
redondas canciones que hablan de el hombre y su deambular allá por el bulevar y
la plaza blanca, me siento en el trasiego de la mar, me siento allá donde la
playa es ancha, me quisieron mujeres de sal, mujeres finas como cristal de
agua, ya no busco pues me tienen que hallar allí donde en las caracolas vacías
otra mar te llama, soy el nieto de Amut Shankar, sultán que murió de amor entre
sándalo y acacia.
De adolescente se vive una
especie de locura alegre, que por suerte o por desgracia, se cura con el
tiempo. La euforia adolescente es algo efervescente y se evapora con los años.
Se vive una exaltación y todo momento es jovial y siempre existe lugar para la
diversión. Pero cuando llegas a cierta edad la alegría efervescente ya
evaporada se apaga para ver las cosas desde la distancia, con mesura y siempre
con control sobre sí mismo y lo que te rodea. Quizá sea esa la razón de el
porqué la vida adulta es lenta y aburrida a ratos. Se acomoda la soledad, cada
cual sigue con su vida, y esa euforia y esa locura inmadura queda impregnada en
nuestro cerebro esperando, tal vez se pudiera repetir en algún momento dado. Me
vienen a la cabeza aquellos versos famosos del poeta nicaragüense Rubén Darío:
Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver,
cuando quiero llorar no
lloro,
y a veces lloro sin querer.
Bien, en esto consiste la vida de adulto haciendo hincapié en la adolescencia y
los momentos de locura juvenil y libertina. Después, ya de adulto buscas esa
extraña locura de la adolescencia en las celebraciones, en las bodas, en las
reuniones, en bautizos, en comuniones, pero esta locura, casi siempre inducida
por el alcohol, no está compuesta de vestigios de adolescencia alguna, más bien
acaba siendo una locura ridícula a veces, y en otros casos manteniendo la
distancia entre el desfase y el control necesario. En fin, eso es la vida
amigos, se es adulto porque se es maduro, y la madurez es aburrida pero
necesaria, ya que se puede caer en un ridículo del cual se ríen todos menos tú.
La
conclusión que saco de la vida es que unos tienen la fuerza suficiente para
agazaparse adentro como la pelusa en los rincones, cada vez más y más grande,
como si algo en nosotros intuyera que quedarse afuera es para siempre; luego
están aquellos que siempre viven para lo de afuera, hablan solos, fingen
normalidad, ellos para siempre afuera, viven para los demás y están enfermos
del "afuera constante", como si no entendieran que la vida nace
perpleja y luego se encadena a la luz de una bombilla, perenne, quieta, fija de
incandescencia, la vida para afuera condena a la locura interior, mientras que
la vida de adentro brota de silencio hasta que muere.
Oye niño,
los vulgares
Te pincharán el espinazo
Si te metes en los zarzales,
Ay, mi niño, dale esquinazo
A quien no sepa lo que vales,
Pues tú, guardián del lazo
Ata bien lo que tú sabes,
No des coba al cañamazo,
Hazte sitio, haz tus planes,
Que la zarza al enganchazo
Lo llama actos casuales,
Corre niño, haz reemplazo,
De aquello que en carnavales
Lo llaman el batacazo.
Come pan, ves con los zagales
Que no hay penas con bocado
Ni risas con noches saturnales.