Hoy llaman a este día en América Latina Día de la Raza, antiguamente lo llamaban así también en España en la época franquista. Pero precisamente no es un día de estirpes y de bambollas sino todo lo contrario. Es un día que rememora un encuentro de dos culturas diferentes, pero ese encuentro siempre ha sido una deshonra tal y como se hizo. Podría decir lo que una parte (solidaria con los colonizados) siempre dice, o como español, podría exaltar el orgullo patrio, pero la verdad es que no quiero posicionarme ni en una parte (merecedora) ni por la otra (prepotente). Hoy es un día que rememora un descubrimiento, pero dicho ya por muchos, la cosa recae cuando es preferible preguntarse lo de la canción: -¿Quién descubrió a quién?-. De hecho, toda unión de culturas conlleva con un enfrentamiento, ya que las diferencias se proclaman como lo único evidente entre dos culturas que empiezan a conocerse. Mi experiencia sobre estas dos culturas recae en un hecho circunstancial, y es, no solo el hecho de diferentes hemisferios que se contradicen, también es importante lo que cada uno trae desde su casa. Sería un estúpido si pretendiera generalizar, pero esos que dicen que somos todos iguales son unos cretinos a mis ojos, por que no han dado ni con hueso ni con pepa, son unos segundones que siempre ven los toros desde la barrera. Nunca he sido un racista, ni lo seré jamás, pero sí sé lo que nos difiere, y lo sé por propia experiencia, vamos, que lo he vivido. Pero también creo que existe el diálogo, se debe tratar no llegar nunca a la violencia. La violencia es la madre gemela de su propia hija, que es la violencia también. Por que solamente la violencia genera más violencia. Es una actitud que nunca se debe llevar a cabo, con nadie, con ningún ser vivo, y esa pincelada es un síntoma muy de América, el respeto por la naturaleza, por que ya sabemos cómo fue la cosa en ese encuentro entre culturas. Pero no quiero repetirme. Todos se llenan la boca con el respeto entre semejantes, predican una filosofía de paz y amor, y luego actúan como les da la gana. Puedo ser muchas cosas, pero un hipócrita no. El hecho de llamar a este día, el día de la raza, no es sino un acto totalmente racista. Pues, no es a una raza a lo que debemos hacer homenaje, deberíamos dar homenaje a la casualidad. La casualidad que fue la que nos unió en este trance. Algo así como navegar por la red y encontrar a una persona amada. La casualidad es la madre del que busca. La casualidad puede ser dañina o puede ser el toque de gracia que te faltaba. La casualidad es la hermana de la causalidad, si empezamos errando nos acabaremos matando. He aquí el hecho innegable. Somos cuando damos el primer paso. Se debe ser precavido desde que se empieza a andar. También somos andando. Todo final es el brote de una semilla que empieza.
Ayer, día de la muerte de la persona más influyente de estos último 20 años, he tenido cierto sabor agridulce. Sabor agridulce debido a que tras la muerte de Steve Jobs creo que las cosas van a cambiar en el panorama tecnológico. No sé si para bien o para mal, pero las cosas van a cambiar para el mundo de la tecnología. Ayer recuperé mi propiedad. O sea, recuperé lo que siempre ha sido mío. La vivienda donde actualmente vivo y que viviré para siempre, o eso creo. Ayer también adquirí la novela retirada de Agustín Fernández Mallo, su conocido remake de El Hacedor de Borges. Ha sido retirada por la viuda de Borges, y hasta ayer comprendí que nada es del todo imposible. Justo cuando me informaron de la retirada de la novela (aunque me enteré una semana antes) intenté buscarla por cielo y tierra, pues tengo madera de friki, tengo madera de coleccionista loco, me gusta comprar lo descatalogado para ser parte de esas personas que tienen cosas únicas. Pero la propiedad más única que tengo es mi persona. El término propiedad es un término que va en contra de mis principios anarquistas, y también hago como propia la frase que dijo Ernest Hemingway cuando le donó su medalla del Nobel a la virgen del cobre, patrona de los pescadores cubanos. Él dijo: Nadie tiene algo hasta que lo da. Y a mí me gusta tener cosas únicas para compartirlas, porque solamente se debe considerar regalo todo aquello que te cuesta regalar, pero aún así lo regalas.
En la discoteca además de sonar la música, también sonaba yo. Lo de afuera sonaba adentro, y desde adentro ideaba lo de afuera. Era yo quien sonaba al unísono sonar del capricho del disjockey. Todos miraban impresionados. Una vez llegué a sonar tanto, que se hizo un largo silencio en las retinas de los que bailaban. La luz también me acompañaba. Yo hacía sonar mi guitarra imaginaria mientras la noche cantaba su canción más triste. Al acompañarla yo, la noche se hizo un parpadeo. Echo de menos aquel sonar de lata que caía como lluvia en la rutina de la melancolía. Entre fragmentos de mi voz oigo sonar todavía los murmullos. Oigo murmullos por detrás de los muros. Allí tengo mi casa, pues allí fue donde la dejé. Quiero volver donde nací y ver de nuevo a los muchachos mirar con sorpresa los latidos.
Mi abuelo fumaba; fumaba Celtas. Un día fui a comprar tabaco con él al estanco, de su mano. Cuando fue a pedir sus cigarros él le dijo al estanquero: -Dame un paquete de los que mataron al tío Paco-. En la cajetilla salía una figura de un guerrero celta. Ahora las cajetillas vienen con otras sugestiones poco recomendables a la vista. Últimamente vienen en las cajetillas una serie de mensajes y fotografías para la concienciación del fumador, para que deje el tabaco. En unas vienen mensajes aludiendo a que daña el esperma, en otras viene un hombre con una sábana en la cara ya fallecido (imagino), pero en otras vienen unas imágenes verdaderamente horribles. La que más me afecta es una que sale un hombre con bigote con un tumor (supongo) tan exagerado en la garganta que causa verdadero horror nada más mirarla. Yo mantengo la cajetilla dando la cara por su parte frontal, por el lado que no hay imagen hacia arriba. La imagen esa del hombre con el tumor en la garganta la vi anteriormente en Perú. Allí se vendía tabaco de la Argentina, supongo que todas pertenecerán a una asociación o un ente anti-tabaco internacional y las publican en todos los países de manera internacional. Lo harán también para reducir costes en fotografías y fotógrafos. Mi abuelo murió de infarto, seguramente por el tabaco. Lo recuerdo fumando y dejando un halo a su alrededor de humo espeso y denso. Dejaba caer la ceniza al suelo, y mi abuela lo regañaba. Ahora cuando fumo, a veces me viene aquel olor que lo asocio automáticamente a mi abuelo. El olor del tabaco denso. Aunque yo fumo tabaco rubio y él fumaba tabaco negro, ese olor me recupera de la memoria un recuerdo que guardo con sumo cariño y que no quiero olvidar. Es mi recuerdo cada vez que enciendo un cigarrillo, por el placer de fumar. Va por ti Yayo, y ahora mientras fumo pienso en que dejarlo sería una faena. Lo seguiré haciendo. Aunque sea por el hecho de recordar.
He estado tres meses sin escribir ni una sola palabra en este blog/bitácora. Bueno sí, he escrito los enlaces pertinentes de la Revista Nevando en la Guinea, lo de cada mes pero sin escribir nada sobre mi estado de ánimo en forma de diario autocrítico. La verdad es que me he llevado tal chasco de la vida que me ha dejado sin palabras, y eso que la vida suele darme palos de todo tipo, pero esta vez la cosa ha repercutido sobre mi familia, y eso me resulta insoportable por lo injusto del tema. Pero allá cada uno con su conciencia, yo puedo dormir a pata suelta, que tengo la firme convicción que no he hecho ningún daño a nadie. A veces quedarse sin palabras es lo idóneo, ya que para decir tonterías ya está la televisión, o la gente vulgar, que siempre de eso hay. A veces lo que se dice sin pensar, o lo que se dice para exagerar o darse importancia, dice mucho de las raíces de nuestra más profunda identidad familiar. Yo provengo de familia obrera y resido en un barrio obrero, con lo cual, a veces se me escapa el "yo cabrero" que tengo adentro. Resulta muy identificable la actitud vulgar que llevamos dentro muchas veces cuando decimos lo que no pensamos, o actuamos por mero instinto. Aunque es aliviador que a veces, pensándolo y todo, sale de nosotros el cavernícola extremo que es parte de nuestro ADN. Cuando dicen que venimos del mono pienso que qué razón tiene el que lo dijo primero. Darwin dio con la piedra angular de todo el comportamiento primitivo que define totalmente al hombre. Hay muchas personas que se sienten orgullosas de su vulgaridad. Sobretodo cuando mete aparatos reproductores y sexuales allí donde se come con asiduidad. Por ejemplo, ponerle a una brasería de pollos como nombre Brasería El Pollón es lo más vulgar que he oído en la vida. Pues bien, esa clase de gente existe y de ello se sienten orgullosos. La identidad que nos define es la raíz de nuestra educación, y muchas veces esa identidad en vez de raíz resulta ser un hueso ya roído. La identidad de las personas se muestra irremediablemente cuando damos cabida a nuestros más bajos instintos. Por eso que somos animales, y por eso que tenemos que ponernos bajo una autocrítica constante, por que no sabemos que lo animal es el lado donde radican nuestros errores como personas.