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Sobre Al Pacino en Abogado del Diablo

Posted on 0:05

 


El actor coprotagonista de Abogado del Diablo Al Pacino tuvo que pasárselo muy bien haciendo el papel del diablo. Keanu Reeves está perfecto. Pero Al Pacino está soberbio. Es un personaje curioso el que interpreta el actor. Es divertido como trágico. Es el personaje que todo actor con personalidad y con madera de protagonista quisiera interpretar. Los Rolling Stones en Simpathy for the Devil dice en inglés: …cuida tus modales, pon todo el empeño, cuida todos los modales que hayas aprendido… Eso hace Al Pacino. Hace bien el papel demoníaco de Milton. En ellas podemos ver lo divino y lo satánico. Los abogados son una profesión de cínicos y manipuladores, aman el dinero, y les gusta —como a todos— vivir bien. Me recuerda al Mephistofeles de Fausto de Goethe.  Manipulador y astuto. Aunque este diablo usa el metro como medio de transporte por la ciudad sin Dios, o sea, New York. Dice cosas como por ejemplo: —sé un hombre corriente, infravalorado, un pobre don nadie. Debe de cambiar de registro de dramático, a tipo enrollado, y a veces  estalla en asombrosa ira. Mephistofeles sin embargo no es tan atractivo y resulta más cómico. La vanidad es sin duda mi pecado favorito. Dice retomando la vía del hombre que sabe todas las lenguas y es un camaleón camuflado como también un ángel caído. El caso es que está metido en toda clase de artimañas como un buen diablo debe ser. Comprendo el matrimonio del cielo y del infierno. Ser abogado del diablo es lo que mucha gente realiza a lo largo de un debate, o un diálogo entre dos personas con carisma y personalidad, ya que los dos son de gran personalidad. Kevin  Lomax es un personaje con mucha variedad, también, de registros interpretativos. 


Una escena cinematográfica profunda (aniversario)

Posted on 3:22


En esta escena de El Padrino III cuando la familia Corleone se cerciora de que han matado a su hija, de que toda su vida ha sido una consecución de muertes y más muertes, ese fragmento donde Al Pacino llora la muerte de su querida hija es la sublimación. Es el símbolo perfecto de lo terrible que nos puede resultar la vida y no somos capaces de expresarlo, pues bien, pues en esta escena se escenifica bien (valga la redundancia) lo que es ese momento. Es tratar de gritar para que te oigan y nadie te oye, solo tú puedes oírte, solamente es tuya esa pena, esa derrota, esa tragedia. Es intentar deshacerte de tu tragedia a cuestas y con ese no poder expresarlo, con ese lamento mudo, y después el aullido final es apoteósico. Todo bien acompañado de una banda sonora fiel a lo que el actor está expresando. Esta escena es una de las mejores escenas de las realizadas en la historia de la cinematografía. Es apoteósica, es excepcional. Es sublime.