
Ahora se ven en una misma estampa las tres en su particular transcurso por la vida y lo que es el viaje, a veces un viaje obligado de no retorno, como el caso de los afrodescendientes de América, en otros casos por necesidad, como es el caso de tantos y tantos europeos que cruzaron el Atlántico para una vida mejor, al igual que japoneses y chinos cruzaron el Océano Pacífico para también mejorar sus vidas. O la de los peregrinos, que van a un lugar santo en busca de no se sabe qué bendición que esté en el lugar. Pero no, en este caso son tres viajeras, la primera de ellas ahora está colgando con alambres una luna de cartón piedra, y todo para celebrar un día especial para los gitanos, ese día es el 8 de abril, que es festivo para la raza gitana, porque no lo he dicho pero dos viajeras que aquí traslado son gitanas, la primera, ya mayor, se llama Camelia y escapó de la guerra civil de España y acabó en un pueblecito en la costa azul francesa, no se imaginan las direcciones que su trayecto tomó para encontrar la paz que tiene ahora. Pasó por la huida de los fascistas en España, ya que a los gitanos si los veían por la calle, los detenían y los apresaban, también pasó por la ocupación Nazi en Francia, y contempló toda clase de aberraciones que tiene el ser humano en toda y cada una de las peores actitudes. La segunda, también gitana, llamada Irina, se escapó de la Yugoslavia comunista y pasó miles de calamidades, ya que los gitanos eran sospechosos para el seudo comunismo de entonces, y enemigos de esa Yugoslavia que después se fragmentó. Después está la historia de Chistina, una hippie que se marchó de peregrinaje a la India, ella sola, y allí incluso abusaron de ella. La primera se llama Camelia y está colocando una maravillosa luna de cartón piedra, la yugoslava se llama Irina, y Christina. Tres mujeres viajeras y valientes, que descubrieron que la aventura está en el viaje, y no en el lugar donde se llega.
Posted on 2:19

Creo que es ahora el momento, el momento idóneo para decirte aquello que no te dije en vida. No fui ni al crematorio, ni a verte al hospital. En realidad no era muy consciente de que estabas tan enfermo. Pero bueno, quiero recordar los bellos momentos vividos contigo, que han sido muchos. Recuerdo nuestras tertulias con vino blanco y cigarrillos. Recuerdo haber ido a buscar rebollones en la temporada, y lo generoso que eras conmigo. Me diste en vida muchos libros. Libros que conservo con gran estima y aprecio. Eras un hombre de campo, de bosque. Te gustaba la naturaleza en tierra firme, no veo justo que tiraran tus cenizas al mar, yo hubiese tirado tus cenizas a un bosque donde se escuche el jilguero, el chamariz, el ruiseñor, donde eras libre. Salías a buscar espárragos trigueros y venías con un manojo enorme. ¿Recuerdas aquel día en que nos cayó un rayo a unos cinco metros de distancia? Una bandada de patos encontramos más tarde que marchaban desde la balsa del campo de golf hacia el Parc Catalunya. Te gustaba trastear con las plantas, tenías muy buena mano, estaban hermosas y vivaces. Te enfadaban los silencios cuando hablábamos por teléfono. Lo veías como un gasto inútil. Recuerdo cuando me llamabas nebot y te reías con esa risa fresca que daba gusto contemplar. ¿Ves? Al final no fue nadie a tu funeral, tantos amigos que iban a buscarte y luego en las malas ninguno de ellos estuvo. El que sí estuvo fue el David, el rubio de la sala de máquinas. Bueno, yo tampoco fui, no puedo hablar. Pero yo, ya me conoces, no soporto ningún funeral, ni de amigos ni de nadie. En fin, espero que seas parte de la naturaleza, aquella que tanto amabas y tanto te apasionaba. Vuelvo a repetir, eras hombre de campo, y amabas la naturaleza, te encantaba estar rodeado de árboles, y cómo dijiste, viviste tu vida a tu manera, y eso es lo esencial de la vida, vivir los momentos como a uno le gusta vivirlos. Pasaste momentos malos, pero fuiste tú siempre, en lo bueno y en lo malo.

Al final en este mundo de pasarelas y escaparates es toda una aberración mórbida donde todo es efímero, todo es fachada, Anna Wintour tuvo una educación isabelina y odia el negro, black is beautiful, pégate una escapada al mundo del extrarradio, donde todos vamos con jeans y con camisas de franela, tu oropel en las páginas couché, tus ínfulas de rica con pamela como sombrero simboliza la descomposición del mundo. En tus páginas cada reportaje es una puesta en escena, peinados distintos, cambiarse cada cinco minutos, por eso hay chicas que se dedican a la cocaína. Llevar un reloj Cartier y una prenda Versacce te hace ir a la moda, pero en ello implicas al mundo infantil de la India y Bangladesh, ahora la moda china tiene su espacio en el estercolero de Londres, New York, Paris, Milán y Madrid. Este mundo del glamour cada vez se parece a una película de Federico Fellini, a ocho y medio, al final para ser exactos nos guardamos las vergüenzas en una caja de galletas de mantequilla y seguimos engordando, nos retirarán la ilusión por vestir con glamour, nunca el apetito. La moda china es de peor calidad aunque es explotadora como la vuestra, pero de fácil adquisición para el populacho, además crea tallas grandes. Fachada, pura fachada, maquillaos desganadas, montaos en el carro de la tele basura. Los gordos y rechonchos no tenemos talla en ninguna marca de Vogue. Yo, Capplannetta, y mi amigo, Otto Calcanhotto, estamos gordos pero ustedes sólo quieren un mundo estandarizado, un mundo de estereotipos y martingalas espectaculares. Esto es espectáculo. No puede ser otra cosa, Hollywood es la protagonista de vuestra mala reputación. Anna, cambia esa cara, vestirás muy bien, pero estás mal follada, parezco grosero, aunque prefiero realismo sucio, que envoltorio.
Posted on 2:24

El señor Jorge estaba siempre que sí los socialistas, que hay que hacer la revolución, que aborrecía a Stalin, y prefería a Trotsky, aunque eso lo decía ahora, ahora que el telón de acero había sucumbido, al igual que la URSS, y toda la mandanga. Y me preguntaba: -¿tú que eres, de izquierdas o de derechas? Yo le contesté: - que le digo que yo soy apolítico, no creo en la política. Y el contestó: -Pues eso está mal, la juventud debe tener ideales por los que luchar. Llegamos al destino y le ayudé a llevar los tablones, pues pesaban mucho y el hombre estaba ya mayor. Mientras tanto me iba diciendo: -venga ánimo, que te voy a llevar a un sitio a comer pollo a la brasa, buenísimo. Yo le contesté: -¿A comer pollo a la brasa me va a llevar? Yo creía que íbamos al Ritz. Él se reía y me decía: - Esta juventud sin ideales, al Ritz nada menos, ¿crees que soy millonario? Y yo le afirmé: -Tiene usted más dinero que los zares de Rusia. Y él riendo y cansado me dijo: -A esos de nada les sirvió el dinero, las joyas y las riquezas, y mira cómo acabaron. Acabamos de meter los tablones y me dijo: -Venga, vamos a la pollería, yo te invito.
Al llegar al restaurante había poca gente, pero todos con pollo a la brasa en sus platos. Nos sentamos en una mesa para dos y pedimos pollo a la brasa con patatas fritas. Me fui a lavarme las manos, ya que las tenía ásperas de haber tocado los tablones de la obra. El señor Jorge también se dispuso a lavarse las manos, el lavabo era pequeño, apenas cabíamos los dos para lavarnos, cuando llegamos a la mesa ya estaba el pollo servido con sus patatas fritas, pedimos para beber Fanta de naranja. Estábamos comiendo y yo le dije: -para mí la pechuga, y el dijo: -Bien, pues para mí el muslo, yo no hago distingos. Nos pusimos manos a la obra, y digo manos a la obra porque yo comí con las manos, el señor Jorge utilizaba tenedor y cuchillo. Todo el restaurante nos miraban sorprendidos, y yo le dije al personal con un tono alto de voz: -Nada me gusta más que comer con las manos. Miré al señor Jorge y me hacía ademanes de desaprobación. Mientras yo iba dejando puros huesos del pollo, el señor Jorge tenía una carnicería que le insinué: -Menuda carnicería, como esa ni las de Napoleón. El señor Jorge se mantuvo avergonzado y rojo de la vergüenza que estaba pasando conmigo. Acabamos de comer el pollo a la brasa y no pedimos ni café, nos fuimos enseguida. Cuando lo dejé en la puerta de la casa donde él vivía me dijo: -Menudo impresentable estás hecho. Y yo le repliqué: -Es que se me olvidaba que era usted aristócrata. Y el señor Jorge se fue muy disgustado, tan disgustado que no me llamó nunca más para ningún porte. Y ahora me arrepiento, no se puede ser ni déspota ni prepotente ni impertinente. El señor Jorge no es malo, ahora que lo pienso: -¿qué será del señor Jorge y su retranca comunista? Espero que esté bien, sólo eso.

Jugando a Alguien voló sobre el nido del cuco me topé con el abismo de ser otra persona, aunque jamás sea Charles Manson, y mucho menos Mark Chapman, tampoco he pretendido ningún magnicidio como Lee H. Oswald, tampoco quiero hacer una matanza en Puerto Hurraco, no soy el saca mantecas, ni soy un ogro, Capplannetta es otro, y no ese que sale en el asesinato de hormigas, ni tampoco un vil bellaco, no maté a Bin Laden, ni soy el cómplice de ningún maltrato, soy otro. No soy ni el estrangulador de Boston, ni el asesino de la baraja, No matarás, primer pecado capital, oscuridad y soledad para quienes matan. Tampoco quiero herir ni a animales, ni a personas, pues vive a tu manera, pero no hagas daño a nadie, no te arrepentirás, quisiera invertir mi futuro en futuro para todas las especies del planeta, la tecnología salvará la Tierra, Salud para Sarah Harrison, Salud para Laura Poitras, Salud para Richard Stallman, Salud para Edward Snowden, Salud para Julian Assange, Salud para Jacob Appelbaum, Salud para Linus Torvalds, ellos son los directores de nuestro mañana. Yo soy Capplannetta, otro.

Rogaban la máxima difusión de la noticia, en tres meses de confinamiento era la primera vez que los cisnes criaban sus polluelos, al parecer cuando los polluelos de cisne hicieron eclosión de los huevos alguien estaba esperando para robar los polluelos y llevárselos a su finca. Era lógico, Capplannetta pensó: -Quienes tengan finca han robado los polluelos, los papás de éstos cisnes estaban desesperados, pasaron los meses y los polluelos crecieron. Un día soleado que Capplannetta paseaba después de haber estado confinado cinco meses por el coronavirus, éste fue a un paraíso cerca de Sabadell, este paraíso era Sant Miquel del Fai, en este lugar había unos acuíferos y una fauna espectacular. Y allí en este lugar encontró a los cisnes substraídos del Parc Catalunya de Sabadell, al parecer había uno en negro, se mantenía firme en la línea entre belleza y apariencia de un payaso, era ambiguo contemplar los cisnes, preguntó por el lugar si los cisnes llevaban mucho tiempo en el acuífero y la gente decía que no sabía nada, al final encontró a una chica y ésta le informó que trajeron una camada de polluelos cisne hacía un tiempo, Capplannetta dedujo que sí, que aquellos eran los cisnes sustraídos del Parc Catalunya en Sabadell, y pensó: -Cabrones, nos han robado los cisnes y uno era negro, pero se fue tranquilo, se dijo así mismo, han tenido suerte, al menos no han hecho una tortilla francesa con los huevos, o se los han hecho a la cerveza para comérselos, ahora están creando belleza como también apariencia de payasos con su pico bermellón pintoresco y esa particularidad de ser un cisne propiamente.

De pequeño quería ser astronauta de mayor, pero me embelesaron las cosas de la vida terrestre, me topé con misterios, con chicas atractivas y me puse una cazadora de mi padre de cuero y me hice heavy metal, todo eso ocurrió hasta que me hice rumbero. Pero en mi infancia cogía mi Madelman y lo hacía volar en astronave por los muebles de la casa de mis padres, a modo de escafandra le puse el casco de moto del kit motociclista. Me lo pasaba Teta. Mi infancia ha sido pura felicidad, mis padres se llevaban bien, mis hermanos eran muy pacientes conmigo, en fin, una infancia como Dios manda. El Madelman era esquiador, con el kit de esquiador, pero yo me las ingeniaba para que pareciera un astronauta. No he tenido demasiados juguetes en mi infancia, me atraían más los juguetes baratos que los caros. Antes que astronauta prefiero la palabra cosmonauta. Infancia feliz, de la que me olvidé hace unos veinticinco años, años de inocencia, años de amor que me daban mis padres, amor de mis hermanicos, todo era perfecto, los abuelos vivos y yo jugando por debajo de las mesas. Felicidad que se me esfumó como un paraíso perdido imposible ya de recuperar. La paciencia de mi padre, los besos sonoros de mi madre, se acabaron mis juegos con mi hermano, éramos felices. Vida de Nocilla y merendilla.