Posted on 1:10

En el night clubbing, cerca del puerto, acaba de desembarcar un buque de pesca de filipinos en el viejo Callao. Buscan hembra peruana y despliegan sus aparejos de pesca y están deseando desembarcar. Llegan al night clubbing, las chicas les piden que les inviten a una copa, siempre la dinámica es la misma, ¿qué tipo de asquerosidades se encontrarán con estos filipinos? Hace poco una compañera agarró la sifilis por un pescador venido de Australia. Qué lejos están las putas de sus hogares de a media luz y habitación de luz roja, han escarbado un agujero en el suelo, para meter la cabeza como el avestruz. Cruzando el Canal de Panamá existen otras derrotadas mujeres, yo prefiero estar célibe o hacer el onanismo, que quitarles cualquier ápice de dignidad. Las mujeres de América son fruta madura, mango, guayaba y maracuyá, con granadilla, platanito y lúcuma. están son las cosas que a mí me hicieron amar la vida, y por eso he de volver al lugar aquel donde una vez fui feliz. ¿Viste cómo no es que sea que una Venus se marchite si no es el tiempo el que pasa? Pues no pasa el tiempo, somos nosotros los que el tiempo sumamos, y no hay gallina vieja sin sueño. Todo es sutil en la noche.

¿No te das cuenta que no puede ser? No sé quién te ha metido la tontería esa de querer tocar el fuego. No aguantarías ni tres segundos tocando el fuego, su calor quema, es imposible que toques el fuego. Lo hemos hablado ya infinidad de veces y tú sigues empeñado en tocarlo, incluso hemos ido al hospital a curarte las quemaduras, y total ¿para qué? ¿Qué te meterías en el bolsillo tocando el fuego? No lo conseguirías ni siquiera con un traje ignífugo, el traje aguantaría un instante y luego la calor lo destruiría sin tregua alguna. Antes utilizaba el fuego la inquisición para purificar las almas en nombre de Dios, ¿pero porqué se te ha metido esa idea de tocar el fuego? Y más ahora y en este punto del planeta, ni en Groenlandia aguantarían cinco segundos con la mano desnuda en el fuego, arderías, como si tocas con tu mano mojada la electricidad, de igual forma arderías, es insoportable el calor tan destructor que tiene el fuego, sólo da paz a un metro apartado de él, debe estar estanco si es electricidad, debes de respetarlo, por eso dirán, digo yo, la frase esa hecha de No juegues con fuego. Te voy a contestar a lo que dices: el fuego es tu sombra, es la luz en la oscuridad de la noche, el fuego está vivo, y vive, aunque éste viva a espaldas de mí, el fuego tiene poder. Un poder que crece y se hace un monstruo imbatible.

Para dar un salto mortal lo más necesario es tener un público. También es preciso decir que no todos los saltos mortales son iguales. Un verdadero salto mortal es más espectacular cuanto más huevos tenga. Hablando en plata. Es cuestión de público y de cojones. Estás preparado para dar el salto mortal pero a última hora tienes un ataque de pánico, sabes que no puedes tomar ningún tranquilizante, porque si no sería un aterrizaje a los brazos de Morfeo a lo bestia, sería algo brutal, como si al tirarte al colchón te dieras una hostia suprema. Resulta que con tranquilizantes sería como marcharte a la cama, un salto mortal como Dios manda debe de disponer de mucha valentía, debes ir vestido con ropa cómoda, una capa blanca con lentejuelas y un antifaz también blanco, ya que es importante que nadie te conozca lo más mínimo. Te subes al trapecio, allí te espera el compañero trapecista que dará el salto contigo y te sujetará. También está la otra opción de dar el salto mortal por una rampa gigante conduciendo un vehículo como un coche. Bien, ya estás preparado para dar el salto mortal, todo el mundo está expectante, les da igual como si sales indemne o te partiste la crisma saltando, el público está sediento de acción, te dispones para dar el salto y viene hacia ti un gato negro, muy negro, y a ti como no eres supersticioso te da igual, estás en el punto de salida y estás preparado para coger velocidad, de repente te vienen súbitas ganas de ir al baño, te pregunta el representante, que son ganas superiores o menores y tú le contestas que las dos. El representante está decepcionado, entiende que estás acojonado y no quieres dar el salto mortal, ese que te hará famoso, el que te catapultará al éxito de inmediato, de repente sales del baño. Concienzudo, el público ya se está cansando, de repente das el salto, te abres camino hacia la otra rampa que te espera al otro lado, parece que llegas, llegaste, pero no, caes en medio de un lodazal, pero lo has intentado, ¿quién sabe? Es tu primera vez, nada sale perfecto la primera vez, te dan un premio de consolación, de repente te pones a llorar y te preguntas: -¿para qué sirvió jugarte la vida? Fracasaste dando el salto mortal, aquel que te llevará a la fama, el que te catapultará hacia el éxito inmediato.

¡Por favor! Les pido silencio, les exijo silencio, cállense, ¿ha entrado todo el mundo ya? ¿Ha entrado ya todo el mundo? El treinta de abril comienza el sacrificio, la película hace tiempo empezó, yo soy el taquillero, el acomodador y el protagonista, ¿ha entrado ya todo el mundo? Hubo una vez que mis padres se despidieron de un ángel adolescente y ese ángel adolescente cuando lo volvieron a ver sus padres ya no era ángel, era fuente de escarnio. Era carne dispuesta para el sacrificio. ¿Ha entrado todo el mundo? Yo soy el taquillero, el acomodador y el único protagonista, ¿han contemplado alguna vez a un tren de pasajeros en la noche? Cada ventana resulta un fotograma, y así veinticuatro por segundo, ¿Han podido visualizar la película ahora que el proyector no quema, no raya, no se le pegan cabellos, no hay porqué cambiar de rollo? El treinta de abril amaneció y en la noche le designaron con un sello de agua en la frente, caballos blanco y negro, del día y de la noche, van lejanos al encuentro al trote, y el resplandor del alba lleva un sueño de cobre con el que la guitarra piensa hacerse esclava del sonido. ¿De verdad han pasado todos ya? Que no se quede nadie fuera, da igual, yo soy el taquillero, el acomodador y el único protagonista, a la derecha encontrarán sus gafas de 3D, esto es un espectáculo, el show debe continuar, aunque yo sea el taquillero, el acomodador, y el único protagonista.
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Anoche me puse a realizar mixturas y me salió una sin apenas premeditarla. El protagonista siempre era yo. Ahora y aquí os presento la mixtura que surgió, un puma y dos guacamayos a cada lado, y en medio una foto hecha en el año 2004. ¿Feliz? No recuerdo si todavía era feliz, si no lo era, o si lo estaba empezando a ser. Lo que sí sé es que todavía quiero volver a ser, cosa rara, pues hace tiempo perdí el apetito ciego e insaciable ante las utopías, lejanas utopías cada vez más lejos. Digamos que quiero ser una magnífica criatura. Quiero frecuentar los ámbitos donde no cruce mi prematura vejez, quisiera guarecerme en los confines aquellos por donde yo subía sin esfuerzo, me acompañaba en el mirar la mañana anfibia, y en el germen de la amistad junto a su brevedad momentánea me acompañaba una noche antigua, esto fue en aquella tarde en que quise ser gran verdad, por pago recibí un cuchillo estilete y un mapa, lo que no sabía mi pena solitaria que aquella noche yo mismo anunciara, aquella noche yo mismo anunciara que el agua de mi adolescente fuente se terminaba. Quiero volver a ser yo, tener la fuerza que tuve antaño, pero a mis padres ofrecerles la paz, pues se la merecen como quien merece palabra, palabra, sólo tengo que ofrecer palabra, para volver a ser yo, cruzando el río a raya. Y guarecerme entre la palabra que tanto calla. Ofrecerles a mis padres mi consagrado sol de antaño, desnudo y patético como quien lo desnuda una caterva de demonios risueños, sonrientes y perturbados, y con el asco junto a ellos como una sombra que grita y pretende ser materia.

Se habla mucho sobre el amor, quizá sea éste uno de los sentimientos que vamos conociendo de poco a poco. En la niñez el amor es inocente, en la adolescencia es puro, y en la madurez te das cuenta que no existe amor si no eres realmente un compañero, hay que comprender a la mujer, hay que cuidar de sus hijos que puede que sean también los tuyos, se debe respetar a la mujer que se ama. No es que encuentres en la mujer la felicidad, el amor es encajar una pieza en un puzzle, se comparte, se discute, se es más fuerte. Emil Cioran dijo que el amor se inventó para pasar así las tardes de domingo, yo creo que es algo más que eso. Enamorado tienes una idiotez que da hasta cierta envidia a todo aquel que no la tiene. Te sientes más seguro, con ganas de hacer lo imposible, con ganas de luchar por tu pareja. Las canciones de amor son lametones de perro en las heridas cuando éste desaparece. Por eso creo que el amor es tan bonito y todo el mundo quiere una parte del pastel. Cuando se sufre por amor el mejor consuelo es ponerte en tu sitio, ser lo que uno es en todo momento. Se puede tener un idilio de amor dentro del espacio de si éste es una simple aventura pasajera, o tal vez sea un largo matrimonio plagado éste de detalles de naturaleza amorosa, es como un juego de ambos que comparten un sentimiento común. Amar es compartir, entender y dar y recibir.

Afuera llueve pero cuando la acera está seca la ciudad es un fantasma. Calles desiertas se empeñan en no soportarnos el escupitajo, las aves median entre las calles y el cielo. Le pido a Dios que no me empañe la paz y que a los míos les proteja de este bicho traicionero. Tengo planes de futuro: viajar a Chile, ver galaxias en las páginas de un buen libro, comer porras con chocolate hasta embarrarme la cara; no existe refugio en ningún corazón de estas calles vacías que corazones no ve, insiste en no verse engalanada de personajes que preparan verbenas y gozan de silencios estridentes y cloroformos desde desmayos ocasionales en las plazas públicas, rincones éstos, donde ni los gatos se oyen gemir tras escocer a una gata, ni se ven a las pelusas en remolinos de vientos superfluos, guerra de clorofila en las coronas de hierbabuena para coronados héroes de la sanidad, carruseles de auroras desde soles noveles que sienten vergüenza porque su perro no les conoce todavía, suspenso en la metáfora de espejos frente a frente. Cuando termine esta pandemia iré a casa de mis padres a comerme un arroz con conejo, que me perdone Roger Rabbit, incluso Bugs Bunny, y los conejitos de Pascua. Estas calles desiertas son un mar de silencio, salvo que no pase algún conductor con su coche solitario en este mar ambiguo de paseos con mascota y sombrero Panamá, y gente sola que va a comprar productos de primera necesidad, no se tercia la verdad de la vida en lo que se conoce como el ruido del trasiego, no se escuchan los mundialitos de los chavales rompiendo zapatillas deportivas y revolcándose en breves campitos de césped. No se siente el GOL sostenido de los niños con los brazos en alto y el choque de manos, pues ya no se juega en equipo por un tiempo, ya sea corto o largo, tampoco el ruido del columpio hará acto de presencia, no se sienten los árboles mover sus ramas ni con el viento, la calle es un desierto, llueva finamente o con calor primaveral. Inventémonos patrones del sueño para cuando acabe la cuarentena. Si no daremos positivo y ya no podremos ver las estrellas rodeados de virus e infectados despojos que se exhiben entre tanta reclusión de cartulina.