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Soñar por soñar con un mundo escrito, un mundo que asoma desde el interior, una mirada fija al abismo, una carcajada sin sombra. Siempre quise tener un diario de abordo, una bitácora de mares tranquilos, un lugar donde abrirme pues estos xx no son mis ojos. Para ser una persona como yo hace falta algo más que haber nacido para el sacrificio. Hace falta inventar vuelos de halcón y mecerse en la luna mientras aúllan los lobos. Hace falta haber navegado por extramuros largas temporadas con tempestades y marejadas donde fácil es naufragar. Mar de soliloquios, mar de palabras, venga, no seas mal pensado ya que el pasado no volverá, y si piensa volver, que sepa que me rompieron la guitarra y ya no hay más apetito en ir de mano en mano, ya soy otra persona, prefiero soñar por soñar que ir en busca de un sueño imposible. Por un lado me asolan los pececillos de plata, son criaturas que se esconden llevando en su trasero tenazas, y cuando quiero ser solamente canción me contagio de escorbuto y dejo mis páginas que se las lleve el agua, yo soy un batiburrillo de fragancias que provienen desde nostalgias comunes. Soy la mezcla de vainilla y crema de chantillí, soy la rota plegaria que nunca se rezó.

Ayer, sin ir más lejos, me ocurrió una cosa que ya me ha ocurrido otras veces, aunque ésta vez fue con mi amigo Juan A. Herdi. Estuvimos hablando a lo mejor una hora y algo más, ya que Juan A. tiene una conversación siempre o casi siempre interesante, y le estaba contando episodios de mi etapa de cantaor flamenco y las frases, al menos cuenta me di, eran un desastre por completo. En la conversación lo mezclaba todo como si quisiera decirlo todo de una vez, y me convertí en un parlanchín patoso que, entre sus lapsus verbales y lo nervioso que me pone hablar por teléfono, no daba pie con bola y me hice un lío, no creo que Juan A. se riera de mí en absoluto, pero yo sí sentí vergüenza de lo mal que me expresaba. El asunto es que a veces me ocurre que quiero decir cosas y acabo diciendo otras. Dicen que esto es debido a que cuando tratas de utilizar un lenguaje enrevesado cometes más errores que cuando hablas como tú eres, aunque con soltura, pero mi dilema no es ese, mi dilema proviene de que como tengo acento sureño trato de mejorarlo siseando y con esta intención, que es normal, como la de querer que se le entienda a uno, entonces me convierto en un conversador patoso y torpe, porque para nada soy un gran conversador, digamos que mi vocabulario parte de la palabra escrita, tampoco suelo ser muy elocuente hablando, en realidad hablo muy mal, puedo parecer un hombre sencillo, o un hombre del extrarradio, así que es tontería que trate de fingir quien en realidad no soy metiéndome en galimatías verborreicos. Mi pasado habla más de mí presente que, aquello del presente que trate (irremediablemente) de fingir un futuro, por el que ya es muy poco probable que cambie de naturaleza verbal. Empecé a interesarme por la cultura hace bien poco, y no soy un gran lector (debo admitir) pero estoy empezando a serlo. Ante todo soy honesto. He tenido un pasado del cual me avergüenzo, aunque no me avergüenzo de lo que soy, pues Dios me puso en la Tierra no solamente porque en este mundo debe haber de todo. Puse remedio. Y nunca es tarde si la dicha es buena. Yo, aunque ya lo dijeran otros en su tiempo preciso, confieso que he vivido. He vivido vida, vida en todas sus vertientes, vida de la que intuyo cierta bendición divina, pues he tenido mucha suerte para acabar como he acabado, aunque ustedes no comprendan el porqué lo digo. Aunque no soy la sombra de lo que fui, pero sigo cantando la misma canción libertaria que libera a los hombres de su esclavitud. Me consuela pensar en eso, me consuela pensar que un día me puse a lomos de Rocinante y partí hacia la aventura y el nuevo despertar. Así como tantos otros literatos lo hicieron como Rimbaud, Baudelaire, Whitman, Yeats, Neruda y Virginia Woolf, confinados o viajeros vivieron una vida junto a la palabra, la escrita y la hablada. Se han dado casos como el de un experimento en la Universidad de California donde se estudió la manera de hablar de hombres junto al cuerpo desnudo de una mujer atractiva, y el resultado era apabullante, al parecer todos en general se entorpecían en un lapsus verbal que era del todo imposible que pudieran remediar. Y también creo que es preferible usar una forma de hablar sencilla y nada aparatosa, para que te entiendan todos sin excepción. Hablen bien, carajo, no cuesta ni una puta mierda.
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Últimamente ando algo disperso, quisiera hacer mucho para acabar haciendo nada. Ahora escribo esto a media noche, entre sábado y domingo de ramos. Esto quiere decir que comienza la Semana Santa, pero con esta pandemia que nos mantiene a todos cautivos, hay que intentar distraerse con lo que se pueda. He estado leyendo por Google un artículo sobre Rafael de Penagos, sí, el que introdujo el Art Decó y el modernismo en España, eso, en el plano pictórico del siglo XX, creo que nunca lo he dicho, pero colecciono libros ilustrados. Tengo una pequeña fortuna en estos libros, son colecciones que nunca abandono del todo, hubo un tiempo que coleccionaba pipas y cachimbas, también soy algo fetichista, como también romanticón, jamás prestaré algo a lo que le tengo verdadero cariño. Mi amor por las cosas y los detalles comenzó desde mi infancia, primero fueron juguetes y después fueron objetos que dejaron cierta impronta en mi recuerdo y paso mi vida cuidando de estas cosas, de estas delicatessen de la belleza. Soy muy meticuloso, quizá hasta la obsesión. Entre mis colecciones de libros ilustrados guardo un ejemplar de la editorial Galaxia Gutenberg, es un libro grande y con todo el teatro de Willian Shakespeare, con ilustraciones de Jaume Plensa, le tengo gran cariño. También guardo el libro oficial de España 1982, por aquel año fueron los mundiales en España, yo no soy mucho de fútbol, pero ese libro es parte de mi infancia, también reservo otros libros para cuando quiero entregarme a la nostalgia. Bueno, llámenme cursi, o tonto, o como quieran hacerlo, yo soy feliz así y no hago ningún daño a nadie.

Muchos se conforman con ser mero actor secundario en esta vida repleta ella de protagonistas. Cada uno vive su vida a su manera, yo me conformo con ver la vida venir, en dar un diagnóstico antes que la enfermedad lo mate a uno, es difícil a veces, influyen demasiados factores a la contra, pero hay cosas tan evidentes que te saltan a la vista. A veces tener demasiado protagonismo te pone delante ante lo elemental, alguna gente no siente vergüenza ajena, y menos de sí mismos, por ello les encanta la exhibición, pero los hay a quienes los calas con que abran la boca o con verles la cara. Yo, por educación, callo. Por eso dirán aquello de quién calla otorga, ¿y qué se otorga? El beneficio de la duda. Es mejor darle a todo el mundo el papel de presunto, salvo a los que no tengan ningún perdón, ¿y qué hecho en la vida no debe perdonarse? Dos, a mi parecer, son las cosas que no perdonaría jamás, la ingratitud y la barbarie vista con ojos de hombre noble y justo. Yo he podido pecar de muchas cosas en la vida, pero nunca de ingrato o bestia, aunque el adjetivo bestia está visto desde una visión impropia de bestias humanas, yo llamaría bárbaro al que daña a un pueblo, al bellaco, al que origina un holocausto, o una masacre. Eso para mí es deleznable. Por eso hay personas que no merecen la vida, aunque se las perdone, porque éstos están desprovistos de humanidad. Lo que es penoso es juzgar a una minoría enferma (enfermos de esquizofrenia ejem.) porque aquel que padece de la misma causa que esa minoría haya cometido una barbaridad. Eso es injusto, y produce una estigmatización social nada agradable.

Hoy, otra vez, ha venido mi padre a traerme víveres y tabaco. Cerraba sus brazos como queriéndome dar un abrazo desde la distancia. Me ha traído hasta alcohol desinfectante. Mi padre es un valiente con setenta y dos años que tiene. Como los quiero, y más en estos tiempos en que nos tenemos que dar abrazos desde la lejanía, besos al aire, conversaciones por videoconferencia. Las tecnologías son muy útiles, pero no bastan para tener una vida con plenitud. Ninguna tecnología puede suplir el cariño humano, ese calor adosado a nosotros y que se da gratuito, sin hacernos preguntas del porqué lo entregamos, pero lo entregamos a manos llenas, y el que no lo haga irá como un motor en una cadena de montaje, de mano en mano hasta que ya sea sólo la parte de un aparato. Ignorando su procedencia, su destino, su función, y hasta su fecha de caducidad. Cuando llegue el día de su jubilación poco importará, ya que es un aparato, un artefacto sin alma. Yo, probablemente, tenga una vida parecida a la de estos motores. Aunque yo tengo alma. Un alma que conocen aquellos que me vieron en sus vidas y tal vez me recuerden con cariño, otros, quizá, me odien desde su resentimiento. Pero allí donde estéis pensad que estoy a un metro de vosotros, digo esto porque yo ya estoy cansado de buscar y buscar, de repetir mi canción, y quizá sea eso, que os escondéis o me huis a mi llegada y tal vez estéis hartos de mi repetida cantinela. Saludos desde el confinamiento, ahora estamos todos encerrados y pronto caerá la tinta sobre esta misiva creando lágrimas corridas que se pierden y quedan en el blanco/negro soporte un borrón que se derrama.

Entre los pájaros de mesa (ahora prohibidos en Catalunya) se encuentran cuatro razas aptas para concursar en un concurso pajaril para pájaros de pañuelo. Está el pájaro Pinzán, que es pájaro que se alimenta de insectos y de semilla grande, pero lo que más le gusta es el cañamón, que proviene de la planta del cáñamo, que puede ser marihuana. También come una semilla llamada mijo, y negrillo, también alpiste y tiene un cante que va de menos a más, lo llaman a este tipo de cante rusinyolear, ya que es pariente del rusinyol, que es un pájaro común en el paisaje de los Pirineos de Catalunya. Otro pájaro que es muy habitual es el Colorín, comúnmente llamado Jilguero, en Catalunya le dicen Cadernera. Sin duda es mi preferido y el que mejor cante tiene, se puede mezclar con canarios. Después está el verderón, ya que su plumaje es verde, en Catalunya se le llama verdú. A mí en especial no me gusta, tiene un cante feo, aunque yo tuve un verderón que daba volteretas en su jaula. También (por último) está el Pardillo, conocido en Catalunya como passarell, tiene un cante gracioso y peculiar, este también puede mezclarse con canarios, aunque es muy difícil sacar adelante sus crías. A las mezclas entre canarios con pájaros silvestres o de mesa (concurso) se les llaman mixtos. Después está mi pájaro preferido pero no puede concursar en una mesa aunque es un deleite escucharle por los pases y explanadas de Catalunya, y es el Chamariz. El Chamariz tiene el cante más bonito que se puede escuchar, el de más algarabía, también los he visto mixtos, o mezclados con canarios. Tener un Chamariz es tener un pájaro alegre siempre pinturero. Es un pájaro que gusta de ciudad y monte. Es pariente del gorrión común y de el Pardillo. Nosotros cazábamos a través del “arbolito” con cruelas untadas en liria de muérdago. Se quedaba su plumaje enganchado entre la pegajosidad de la liria de muérdago, y te dabas prisa o se desenganchaban. Usábamos como reclamo diversos pájaros en sus jaulas camufladas con arbustos. Ahora que estamos todos “confinados” supongo que estamos un poco enjaulados, como éstos animalitos. Ellos tenían su comida, para el Colorín lo bueno es la semilla de cardo, por eso lo verás entre cardos borriqueros, el pardillo es de negrillo, aunque también le gusta el cardo, pero el Chamariz es de miga de pan y las semillas pequeñas. Las personas somos muy parecidas al mundo pajaril. Debo de decir que al igual que suele ocurrir en la vida de las personas el mundo pajarero es un mundo machista, pues sólo van a concurso los machos, las hembras se reservan a la cría, y está prohibido tenerlas en cautividad, de cualquier especie. Ahora que pienso, en mi adolescencia he tenido muchas jaulas, pero en realidad el enjaulado soy yo. No sé, es mi impresión. Entre vicios y reclusiones solamente recuerdo bien el tacto frío de una jaula. De mi confinamiento.

Hace unos días llamé a un amigo tras el transcurso de lo que popularmente es conocido como el “confinamiento” por el COVID-19. Eran horas para cenar y mi amigo se estaba preparando la cena, se escuchaba por el auricular telefónico explosiones breves debido a los huevos fritos que se estaba preparando con arroz a la cubana me dijo, me advirtió que iba a cenar, que después me llamaba él, yo accedí, era comprensible; y al rato me llamó. Empezamos nuestra charla hablando de cine, después de literatura y acabamos hablando de mujeres, mi amigo enseguida expuso el tema de las piernas femeninas (no todas hermosas y agradables al instinto sexual masculino) y yo le seguí el hilo diciendo que en el cine siempre hubo piernas de escándalo, y enseguida sacamos el tema de los senos, parte atractiva en según qué mujeres, enseguida intercambiamos aspectos como la revista Playboy y hablando de chicas que por discreción no diré aquí sus nombres. Mi amigo, que es oriundo de Bilbao, en seguida me dijo que en el País Vasco es el lugar de España donde menos se folla, la verdad, no lo sé, no quiero meterme en camisa de once varas, pero es posible, el norte es frío y gris, pero creo que es relativo. Enseguida le corté y le dije que los que no follamos somos nosotros, y más ahora con los tiempos de reclusión debido al “coronavirus”, en fin, digo esto por que yo creo que la gente folla cuando la dejan, excepto las bestias. Me gusta el sexo, aunque para mí lo importante es el “quién”, es de enorme importancia, he tenido experiencias negativas que aquí es mejor omitir. Mi consejo es que follen, que se desfoguen, la retención de sexo es proclive a la mala leche y eso conlleva a depresión; es necesario.