Posted on 5:25
En la última quinta del jirón Pachamanca
se ha descubierto un hito ancestral,
se ha descubierto bella luz de oropeles
en la mesa de la sala de los Huamán,
se ha descubierto el hambre eterna de los
chanchos,
de los perros del campesino, y del mundo azul,
se ha descubierto breve telaraña en la sopa,
y una quijada de cucaracha busca largo latido
en la despensa.
También se ha descubierto
que el hombre pasa hambre, que sufre cuando le
hacen daño,
y que todo lo que le queda en la vida
es llegar a ver voltear el día tumbado en su
cama.
Tienen un cansancio de nadir derrotado que le
provocan
los chupatintas de ministerio.
Tienen una mirada fulminada
por julepes sonrientes entre jalón de ordeño
y la jalonada inercia de las tenazas,
por desidias vestidas de códigos de barras e
ingredientes,
por aromas de fritangas soberanas
y lujos en la anochecida de los esbozos.
Sufren como sufre la Tierra.
Respiran como respira la vida
y aman como los hombres aman.
Este mundo juega a la vil trampa
del todo te pertenece,
del comerse al mundo en un lonchecito,
del zamparse el esqueleto de pájaro
en la sombra vacía del sendero descalzo.
Ha muerto el sol hace siglos
dicen que lo han visto andar como alma penando
por las huchas de porcelana rotas
y por las pestañas de los niños de la calle
que llevan bala reluciente en sus pistolas.
Se levantan los buenos cristianos
llevando su fe en el estómago
y resumen su día murmurando:
¡Hoy hemos comido! ¡A Dios Gracias!
Los tiranos con ansia de poder meridional
cosen la bandera vencida de sueños y quimeras
en las marañas de cables de televisiones y
esperanzas
que tejieron los mundos allá lejos.
Los niños de la dicha sueñan hemisferios del
frío tiritar
en miradas de rabia,
escuchan la música inhalante de los mundos
sumergidos
en la cloaca,
y las niñas presumen de la volteleta del viento
que revolea en sus suspiros
con una dulce franja dorada anhelante del
amanecer sin dueño.
Nacen las olas en el susurro del viento,
nacen las tempestades sembrando la semilla
de la aurora en las ilusiones de azúcar,
se beben las gaseosas bambeadas los
crisantemos
morados de súbita apariencia trillada.
Se engarzan en el cabello las vinchas del
tedio
los niños maricas de cielo en la trastienda.
Los pobres queremos brillar
como lo hacen las estrellas hermosas tras las
cortinas
de muselinas
que nos separan en nuestra vida
de mostradores remotos y escaparates aledaños.
Posted on 6:59
Y redundo en aquella página donde un niño se quedaba sin recreo, trauma de siete filos, moneda que nadie ahorra, lágrima de nadir entre el asfalto y el barranco, musa que gime en la gallera abandonada, porque tú fuiste tú constante y no sonante, y vuelves a mí hecha una refugiada de nuestra derrota, las veces que te oí cantar esa canción en la paz de tu habitación son las veces que me apresuro a compadecerme de mis recuerdos. Como perro callejero ya no ladro a la gente que pasa, me aparto las moscas mordiendo al aire, y resido ahora en la antepenúltima hora mascando el mundo que me da de comer. Sigo siendo aquel peregrino sin camino, tú cambiaste tu soledad por sangre, te quiero y eso a nadie más le duele.

Cuando escuché y videé algunos conciertos ofrecidos por Bill Evans en la televisión estadounidense no me percaté quien era este hombre delgado con gafas de pasta y su cigarrillo en la boca omnipresente, él con su peinado con la raya al lado y engominado tocaba el piano de manera ambiental, podías estar comiendo y bebiendo y su música parecía como sacada de una película, y ésta, su banda sonora original. De él me gustan varios temas, pero lo que más me gusta es un disco llamado Coffee and Cigarretes, en este disco se hace evidente lo que decía antes, se puede estar en un restaurante comiendo y bebiendo y su música ser parte de una banda sonora (la de los comensales) donde los figurantes o deleitadores de su música son parte de una puesta en escena, ya que mientras se graba el disco aparecen sonando vajillas y cubiertos como si Evans tocara el piano para gente en un restaurante. Decía éste que la música jazz era la nueva música moderna clásica del momento, pero con una diferencia, y es que en la música clásica había que escribir en partitura lo que ahora en la modernidad se grababa en estudio o en directo, y esto daba lugar a diferentes improvisaciones de un mismo tema de jazz. En la música clásica no se podía grabar y por eso lo de escribirla en partituras que siempre sonaban igual mientras las ejecutaba el intérprete.
Posted on 4:56

Termina el año y yo he perdido la esperanza varias veces en los doce meses. Empieza un año y termina este y otro siguiente también terminará. Todos como libros que pasan entre lo que miramos con un principio y un final. Como lectores de nuestra existencia vemos nuestro vértigo cruzar abismos y una azul velocidad reptar por el asfalto. Aferrados al simulacro pactado de la fiesta nocturna nos preguntamos porqué los suicidas se han ido antes. Dejamos ceniceros llenos, platos vacíos y copas agotadas y vemos los años correr como una tortuga que va lenta pero segura en su peregrinaje. 365 días con sus noches pasan por nuestros ojos, el tedio no se ha ido todavía ni tampoco la paloma exhausta, por ello brindamos y en ese brindis la agonía de los relojes segundo a segundo nos late adentro, nosotros buscamos en el exterior, sabemos que hay algo fuera, allá a lo lejos se escucha una música en altavoces y luces alumbran de cara al cielo, vámonos allí, allí buscamos al duende del parque, mientras los años sudan el óxido de las carnes que mortifican.
Mucha gente puede ver en el hecho de que salga poco como una pérdida de tiempo, pero yo no lo veo así, en mi casa lo tengo casi todo, pobres de aquellos que buscan en la calle lo que no tienen en casa.
La rareza de mi soledad la hallaréis en que lo que muchos ven en mí no lo soy y en lo que realmente soy no puede verme.
He tenido más éxito en Facebook y en Twitter y en la vida diciendo una medio verdad que diciendo la gran verdad.
La locura está más cerca de los sensatos que de los insensatos, pero una cosa es segura, nadie está a salvo.
En la hojarasca seca de este otoño frío existe aquel rincón todavía desconocido, le mean los perros, el viento lo encarcela, es como cuando te preguntan de niño que si a Mamá o a Papá, ¿a quién quieres más Cecilio Olivero Muñoz, tú que por fin hallaste el rastro por el que la dignidad de los hombres está en manos de déspotas aberrantes? Mis padres me enseñaron la ley suprema de callarme cuando lo fuere preciso, miraos déspotas de este mundo cruel, ningún libro ni ningún padre os enseñará a callaros la boca, sí, cuando lo sea preciso, cuando lo fuere oportuno, vosotros, ciegos e insaciables déspotas, os entrego mi corazón pero mi casa es mi casa. Os entrego este poema, no está registrado, coméroslo, si todavía os queda un hilo de escrúpulo.