subo en globo si te veo la entrepierna

Posted on 1:49


Te descubrí como un ángel ciego que reclama con su mano ebria una sorpresa entre tus piernas, también adquirí un fuego pegado a tu piel que como sangre reventaba en la forma y en el deseo de ti, arañé tus gemidos de penumbra tras una persiana entreabierta, y volé tras tus ojos blancos como nubes fugaces por la habitación del medio, desde tu ombligo a tu boca provoqué el gran incendio que volqué en tu cuello como una lava que quería bajar del mismo aliento que nos golpeábamos sin escucharlo, tampoco nos planteamos nunca entenderlo, yo, mujer, ando la misma senda que la naturaleza encerrada, y te llevo en mi sueño de plata, como una enredadera que pertenece a la sal del hueso desmayada, yo quiero tocar tu pelo por sí acaso me pierdo otra vez para ser calma, no entiendo de sombras si en la noche transitan las fiebres evaporadas tras el tumulto de obviedades que huyen sin saberlo, te ayudo a ser mi compañera porque me ayudas a deshacerme de quimeras eternizadas, los dos partimos hacia un viaje y cuando retornamos somos piedra que se engarza con las palabras que valen todos los silencios.

cibernética esperanza_Ella

Posted on 2:58


Como ya habré dicho en otros lugares, tanto en cenáculos improvisados, picnics familiares y en escritos varios, pusieron Internet en casa en el año 2002, en ese año yo padecía una época delicada, ya que, no sé si tardía o prematuramente, descubrí la soledad más absoluta que pudiera imaginar fuera posible, o tal vez fuere ostracismo, no es menester mío a quien confiera culpar tales desprecios del hombre contra el hombre, pero sí diré que debido a esa soledad, buscada o involuntaria, da lo mismo, soledad al fin y al cabo, soledad en la que nacieron en mí una ciega curiosidad por el medio digital, acompañada de mi ignorancia también frente al respectivo interés por entablar relaciones a través del Internet, cosa que ahora ni me pasaría por la cabeza, porque tras conocer yo los hechos ocurridos en esta experiencia personal, experiencia que me ha marcado profundamente, me es vergonzoso decir que pasaba hablando con la que fue mi esposa a través de Internet unas diez o doce horas diarias (exceptuando las horas dedicadas a otras labores y a las comidas del día) hablando de tonterías normalmente y ocupando el tiempo en compartir archivos en mp3 de una linde a otra linde, de allende a aquende. Me pregunto qué sería de haberla conocido a Ella en estos tiempos, en primer lugar me digo que tal inocencia no sería posible ya, pero si así fuera tendríamos la posibilidad de intercambiar gustos musicales a través de las cuentas correspondientes de cada uno en Spotify o en otros lares, me río al pensarlo, y disfruto de como ha cambiado todo desde entonces hasta ahora, el amor en tiempos de Spotify, seguramente titularía así algún texto escrito para Ella para y por sorprenderla, hecho que nunca se consumó, pues Ella era neófita y mostraba poco interés por mis poemas sobre Internet y nuestro amor a través de Él. Pero sí, la mayor de las veces eran diez horas, después ocurrió lo que tuvo que pasar, si quieren saberlo aquí les expongo enlace: http://www.ciberneticaesperanza.com.es/liooli  
Ahora que ha pasado el tiempo la historia sea ya otra, recuerdo mi partida a Perú en el año 2004 a buscar algo que quizá fuese un espejismo, una alucinación en la que escarbé para encontrar y acabé encontrando, como aquél que la sigue y lo acaba encontrando, lo que se proponga, sea bueno o malo, no todo fue malo, hubo momentos repletos de felicidad, de eso se trata la búsqueda, de cruzar océanos y fronteras en busca de lo que nos permite sentirnos vivos. 

el viento

Posted on 11:17


El viento se asoma rápido de vertiginoso primando sus siete cabezas transparentes por las tres calles que colindan su edificio. El viento no debería existir, grita el hombre, ya que con su soplido se le apaga el termo calentador, y no quiere salir a la estampida de frío en las carnes templadas. Pero si el viento no existiera, ¿qué murmullo de aire no alborotaría tu pelo? Tu pelo, tu pelo que grita su belleza con la voluntad que el viento lo hace salvaje de azar improvisado, si el viento no existiera, ¿como las piedras serían los pensamientos de mi amante libre? Dime, ¿qué tropel de palomas oculta el trasiego del viento? Dime, ¿cómo sonaría el saxo de Bird, la trompeta de Chet Baker, o la de Miles Davis, o la de Louis Armstrong? Dime, ¿qué aliento solitario se estrellara frente a tu pecho mientras te busco la sombra mía en los rincones profundos de tu cuerpo? Dime, ¿qué viento será el tuyo cuando me susurres cosas tan hermosas como un Te quiero a quemarropa? Dime, si cada viento tiene un nombre, ¿de qué otra manera llamarías al viento de mi gemido mientras me aprietas la sangre a oscuras? Dime, ¿qué suena si no es el viento con sus sietes cabezas transparentes por las tres calles que colindan con tu edificio? Si el espacio es un lugar que merece llenarse de algo más que de un Dios callado, de algo más que una contracorriente para las alas de un pájaro, de algo más que un espacio que no sabe ser otra cosa que vacío.

niños para siempre

Posted on 13:24


Hoy he hablado dos veces por teléfono con mis padres y en las dos veces me han parecido dos niños. Primero hablé con mi madre y después con mi padre, y las dos veces parecían dos niños, mi madre parecía una niña sin juguetes y con las rodillas en costra, mi padre, un niño harto de trabajar y también sin juguetes, con un caballo de cartón tal vez, mojado por la lluvia. Estos padres míos son unos niños, pero son unos niños que cuando eran niños tuvieron que ser mayores, mi padre un niño que se hizo hombre por la vida, mi madre, una niña que se hizo mujer por obligación. Mi madre el único regalo que tuvo en toda su infancia fueron unos zapatos de charol rojos y se pasó la noche entera mirándolos, qué nuevos eran, y como brillaban. Mis padres son como los vestigios de una cierta supervivencia humana de una generación que nació en la postguerra ya tardía y no tuvieron infancia, tuvieron que trabajar desde niños, ya que en casa eran pobres y había que llenar el estómago. Cuando hablaba con mi madre por teléfono y me relataba que había ido a la farmacia, mientras iba diciendo cada palabra se me aparecía una niña, hermosa y triste, con mi padre era distinto, parecía un niño, pero curtido y muy responsable y me daba un guiño su voz de pícaro cansado. Parece que se han quedado impregnados de infancia arrebatada, de infancia segada por sus propias manos de trabajadores incansables, de luchadores hasta la exhausta derrota, estoy muy orgulloso de los padres que tengo, por que ellos son agradecidos, y no se quejan de la vida que ahora tienen, por que ellos saben mejor que nadie que hay otra vida en blanco y negro. Otra vida peor a esta, otra vida de hambre, miseria y emigración, ellos conocen la vida calentando agua en una olla para ducharse sobre un palet, en un patio, en pleno invierno, también saben lo que es coger trenes, trenes viejos y ruidosos, saben lo que es ir a buscar agua de una fuente, saben de la luz eléctrica con una bombilla de luz escuálida, saben de las sirenas de las fábricas, de las caminatas en terrenos sin asfaltar, saben lo que son Navidades grises, conocen la mugre devoradora tras un día de trabajo de doce horas, conocen el celeste estampado en las camisas y los pantalones de campana, conocen los bailes donde bailar agarrado era pecado y conocen una época de silencios y de consignas en las iglesias. Estos niños dieron y dan su sangre y les pasa la vida como un tren nocturno y veloz como un rayo frente a ellos, y así les pasan los años a los pobres, los hijos: vida mejor sí, pero otros hijos de aquellos niños con la infancia congelada en sus auras se van, aún más lejos, aún con la infancia mejor que la de sus padres, pero se van a lamerse sus heridas y dar su callo como un caramelo que se desgasta como su juventud y ya de ancianos emana su niñez como arrebatada de un zarpazo.

a cara de perro

Posted on 12:11


Mientras que yo pago mis deudas bajo el lento mes a mes y dejo que se agote mi dinero como un niño inocente e ilusionado, con estrellas tontas en mis ojos de resignado pagador, el banquero va amasando más y más dinero sudado, le viene el dinero por todas partes, por la hormiga, por el gusano de seda, por el águila agotada, por el oso mientras hiberna, yo voy con mi dinero dando pena, una pena que sólo yo conozco, poco le importa al banquero tras sus portones de acero acorazado de qué miga cae la tristeza por mi ayuno y mi pan duro, si yo le dijera al banquero lo que me cuesta llegar a pagar cada factura a él le sonaría a primer paso para el desprecio deliberado, pues le aburre que sea tan llorica, ya que deuda a deuda tramité una sentencia tan propia, tan mía, de la que disfruté en su momento, lo que no sabe él es que me ahogo en las zonas comunes, me persigno antes de gastarme un céntimo de más, lo que el banquero ignora yo lo tengo grabado a fuego en cada suspiro, los pobres tenemos las alegrías prestadas, y así a los pobres les pasan los años, mientras que duermen su sueño de sonrisa prefabricada siguen soñando, ya que soñar es gratuito, así a los pobres les pesan los años, entre callo que se abre de herida espinosa, entre mercadillo y barata saciedad, entre precaria sumisión que al banquero no le quita su gran sueño, que es arrojar como vómito florido su riqueza a su descendencia, lo que él no sabe es que cuando todo colapse diremos los pobres: el último en perder que apague la luz y cierre la puerta. Ya que el dinero sólo servirá para encender leña.

The End

Posted on 0:16


Es el final de este hermoso viaje y es el final de todos los largos bostezos que no obtienen oxígeno, no, que no obtienen el milagro que los árboles otorgan, muere el malo en este thriller de sello universal, agoniza el telón de mentiras en la noche que traspasa paredes, los buenos recobran su alegría como el que abraza un vaso de ruina sin saberlo, como el que da calor a una bombilla prendida, porque nada es gratuito señora, nada es en balde cuando aterrizan las plegarias en el mismo punto que reúne al sufrimiento, anestesiados andamos perforados por los moralistas que se empapan de aburrimiento, que renuncian a la risa abierta, disparan las trece balas a un Judas que no traiciona por miedo, el mundo es un aullido de alimañas y los finales felices se conservan enlatados, los finales felices los pobres los conocen por micras, al contrario del que almacena quilos de sollozos cosidos al silencio, encontramos el mar después de tanto tiempo sin buscarlo, encontramos bajo los adoquines la negritud eterna, la negritud omnipotente, celebramos cada semana que los niños encuentran su raíz de doble filo, celebramos que ahora es fecunda la justicia que se predica y se predice, es cuestión de frecuentar la fiebre del zero, es cuestión de renunciar a la asquerosa canción de Navidad, es cuestión de que todos quieran, pero los que no quieren pervierten la lágrima como diamante sucio de asco y poco más. Quisiera saber de tu sangre encendida en lo oscuro, quiero gemir de poesía ardiente por el nervio y el vaso sanguíneo, quiero copular con tu tristeza que está ahí afuera, quiero copular con tu soledad que está en tu adentro ciego, tan ciego como tus entrañas, quiero unir los pares con los nones y lamer la cuchara del placer inmediato, como al que con hambre a cada minuto recompone orgasmos en la carne de los relojes. Como el que alude a las flores del tiempo para disimular que es erial su sueño en las afueras.

todo por el arte

Posted on 2:15


Admiro a esas personas con vidas desmesuradas o no, que dan su vida para y por el arte, artistas de la vida y expulsados de la calle, artistas que entregan su vida y la calle recoge con desdén sus pedazos paridos por sueños repletos de fertilidad. Esos artistas buscan la materia compleja con que hacer liria de muérdago pegajoso con nuestros sueños de peregrinos mortales que esparcen su verdad en los rastros que deja el artista, las emociones no son para todos, muchos llevan como corazón una coraza de callo y costumbre que los ciega ante la estética visual, o en la sensible cadencia de un texto purificado por la desnudez, pobres de aquellos que no encuentran la manera de emocionarse, de entrar en un estado de euforia, de ver la otra verdad que se ocupa de los placeres, que como un bálsamo, se calman unos segundos nada más de tanta crudeza que en la vida se respira.