
El día que me suicide me arrepentiré un segundo después de haberme suicidado, masticaré la sombra de mi ser por los pasillos palpando la horizontal cuesta de mi juventud sin opio ni abrigo, el día que yo me suicide seguirán con la revancha estúpida los buenos ciudadanos del Real Madrid y los buenos ciudadanos del fútbol club Barcelona, mutilarán la cumbre que les da emoción entre dos paralelas que pelean por un triunfo casi lejano, el día que me suicide los congresistas americanos seguirán con su lucha entre conservadores republicanos y demócratas liberales y yo no seré nada, yo seré una nada esculpida porque a mí se abrazará la derrota con un canto frío que me desmantelará las 24 horas en una esquinita apartado de todo, seguirán yendo a frecuentar las amapolas al trigo escupiendo sus semillas en la esperanza de un pan negro, el día que yo me suicide me habré quitado la vida, pero la vida seguirá el vértigo en la arteria del tráfico y del neón marchito, la ciudad será un infarto de sangre bombeada y todo seguirá su camino, su carretera camino de casa, para llegar al dulce hogar que huele a piel de melocotón y calma oscura en los rincones donde aúlla la noche con docenas de lobos, y la mortaja de los días peores se esfumará de olvido y otra vez abriré mis ojos, y otra vez daré un primer paso, y todo será migaja de tedio y tristeza, a menos que comprobemos que el sol se pone en pie a diario y como un asco del que no quiero tener memoria me esparciré en la bocanada de desierto y naufragio que los hombres contemplan a dos pasos, el día que yo me suicide mi hermano dejará de ser mi guardián ausente, y mi hermana se acordará entonces de que tuvo un hermano injertado en su recuerdo, el día que yo me suicide golpeará mi padre su destino de llaga eterna y se olvidará de mí de la manera más trágica, mi madre perderá la cabeza y preguntará a quien me conoció si me han visto en la pezuña de la adolescencia, preguntará y preguntará fuera de ella, preguntará a los infiernos de los parques y todos los domingos hará -si puede- mi comida preferida. El día que me suicide vivirá la dicha en los corazones que desconocen la manera que tienen la verdad y la mentira de ir las dos de la mano hasta que las diseccione el párpado abierto hacia el abismo. No, no se preocupen que no voy a suicidarme, todos en algún momento de sus vidas son unos suicidas y tal vez se suicidarían si no perdieran la vida con ello, sólo aquellos a los que ya no les queda ninguna esperanza son los que se atreven a hacerlo, pero se arrepienten cuando se disuelven de nada entre la nada, se arrepienten de suicidarse por que no tienen lo físico de las caricias, ni lo sólido de un abrazo o un beso, no lo hacen por que hay un lugar para las risas abiertas con amigos y con cerveza, con noche de verano y luz de luna, con canciones salidas desde los corazones que aman, se arrepienten de no haber hecho el esfuerzo de intentar vivir, y acariciar a tu madre y a tu padre, y besarles miles de veces en la frente, por que lo físico tiene remedio, por que lo metafísico es cuestión de intentarlo, por que el final está asignado para nosotros y vendrá sin esperarlo y sin quererlo, el final es una piel que nos abandona llevándose nuestro latido, nuestro suspiro, nuestro gemido en la aurora precisa. Por eso la vida con sus días malos y buenos es vida que nos gusta protagonizarla.
Si has tocado ya fondo, o si pasaste al lugar de donde no se vuelve, yo te digo ahora que te aferres a la mirada y al olfato, y descarta de una vez aquello que oigas, toques o saborees, lo único certero en esta vida es el sentimiento que de verdad sientas, lo que los demás vean en ti, piensen o hagan es una enfermedad que se cura sin pensarla, si de verdad has tocado fondo, si pasaste al lugar de donde no se vuelve piensa, que no hay un día igual mientras tus esperanzas se anuden a cada desfallecimiento, piensa que la única certeza, la otra, es llegar a casa vencido, vencido de noes, y darte al final cuenta que se van muy sencillamente por las tuberías que van a parar a la cloaca, en esta vida no hay certezas, hay realidades prefabricadas.

Tengo el corazón con los secretos abiertos,
quizá sea por eso que no me importe abrir mis secretos sin yo saberlo,
tengo el corazón como un pájaro cien veces muerto, yo te quería tanto
que cuando dormías acariciaba tu silencio y te hacía caracolas en tu
pelo, y te besaba el sueño sin saber de él, yo te quería tanto que
esperaba enamorado a que me susurrara el viento para que replegara tu
infancia de niña traviesa, una niña partida en dos mitades, las mitades
de unos padres, los tuyos, que se separaban entre tu trauma perforado, y
yo te tenía pena por que te quería y tú no sabías eso, y nunca lo
sabrás por que odiabas mis poemas, yo te quería tanto que las diez horas
de jornadas laborales yo te perseguía a ciegas por el laberinto de la
imaginación, y te pensaba ebrio de tus gemidos evaporados por mi alegría
efervescente, y te esperaba limpio y nuevo, te amaba suave y sin
límites, te quise tanto y ahora quizá te quiera un poco, poco, por que
el que quiere una vez quiere muchas, y quien quiere muchas veces
amontona pocos, como semillas de frutos que se recogen cuando la cosecha
es soledad, yo te quise tanto que me volví palabra para nombrarte,
cuchillo para vengarte, plegaria para rezarte, promesa para
desengañarme, y rastro para perderte, yo te quise tanto que ahora guardo
un recuerdo, a momentos malo y en otros bueno, pero yo te quise tanto,
que si te quisiera otra vez comprendería de una vez por todas que todo
tiene solución menos la muerte.

Los cipreses esperan la peregrinación del corazón roto, mientras los hace danzar el viento de noviembre con su siempre firme mansedumbre de resignación, los relojes hacen el stop perpetuo entre el crisantemo que es un iris fundido de prisa vegetal, se refugia fugitivo el dolor del duelo entre las comisuras de la hora que empalaga de lágrima y suspiro la melaza espesa del "no sé si podré llegar a verte entre la vertical despedida vacía de ti". Se sientan las esperanzas en el lomo de mosquito y la larva verídica de gusano, se sientan inseguras de tristeza nerviosa, pido piedad para el llanto de quién no espera, pido piedad para la madre ahogada en vinagre, pido piedad para el fantasma del recuerdo oxidado, y un rastro de musgo trepador sentencia la inercia ciega de los calendarios en el crepúsculo, no soy yo quien le teme a la rosa negra, tan solo temo al resplandor que la espina sostiene en mi piel que trashumante se convierte en miseria de vida deshojada, como las alegrías que pasan sin cabeza por la mirada los viernes de cada semana. Ahora mido el radio de mi ombligo y lo comparo con mi última bocanada y pienso que los dos miden la misma verdad, por que entre el parto y el cementerio sólo un pestañeo separa al esqueleto de su vacua mortaja sin equipaje.
Posted on 1:21
Hoy he comprendido que sólo yo puedo ayudarme, nada ni nadie me puede ayudar, pero quiero dejar constatado que la música de mi corazón no dejará de ser este eco, me enemistaré, me repudiarán, me quedaré solo, quizá vacío, para mí la música debe ser una improvisada comunicación que al mundo no extrañe, no pido que besen un pensamiento escuálido, quiero que no se preocupen por la manera que suene esta balada, cosa imposible, pero no puedo dejar de intentarlo, al igual que vosotros, yo tampoco puedo ayudaros, si el último movimiento de la sinfonía dicen que es libre, por qué tanta hipocresía, no hay nada más libre que la soledad, música, música, música, más música por favor, dejad que suenen campanas, cítaras y panderos, mi sonata está triste, como este niño que habla sólo con dios, un corazón está solo cuando habla solo y a solas tararea con dios.
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Mamá, mañana parto a la mar, he oído cantos
de sirenas y Neptuno me espera para cenar, Mamá, mañana parto, partiré
desde el pormenorizado punto en el que regresar, Mamá, cruzaré el océano
eternizado y la noche exprimirá mi sal de soledad y mi botón
desabrochado, Mamá, solo y con rumbo a tres pies retrasado, partiré
hacia la mar y el azul será mi verdad, y el sol mi menoscabo, Mamá,
mañana parto, atracaré en las Indias con mi oro castellano, arribaré a
Yucatán y de ahí partiré a Santiago, no sé si de Chile o de Cuba, pero
la mar será mi destino caribeño o austral donde renunciaré a la luz del
faro, la mar y mi soledad, mi verdad y mi nudo gordiano, mi barco, yo
capitán y mi barco no tripulado, mi destino en Panamá, mi mirada de
timón y sal, mi ciclón y mi tedio varado, Mamá, tu hijito mañana
partirá, me espera Hong Kong, Singapur y un cuadrante de vestigios de
sueños fracasados, Mamá, la historia es el viaje, el destino es lo
callado, da lo mismo que llegue si he de arribar, o si lucho con vientos
huracanados, un tiburón se comió mi pesca antes de llegar al puerto tan
esperado, un marino fleta su barco para la mar, pero Mamá, atrás deja
un pasado, parto para mi verdad, poco me importa la soledad, si no me
dejan atracar, poco importa el naufragio, si lamento lamentaré no cruzar
por este mar que supura a mi paso, bajo constelación y cuadrante
inexacto, cruzaré el mar, lo demás quedó en tierra amarrado.